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domingo, 6 de septiembre de 2020

FIESTA

Hoy han publicado oficialmente el Programa de las "No fiestas" de nuestra ciudad. Nuestro Ayuntamiento, dicen, ha querido mantener el compromiso de contratación con los artistas, mayoritariamente locales. El público no podrá estar en las actuaciones, que podrán visualizarse a través del canal de YouTube de la corporación local.

¿Tiene sentido?

Me suena tan absurdo. No llego a decir que este mal, solo forma parte de la distopía en la que estamos inmersos.

Normalmente, no estamos aquí en ferias, pero cuando estamos, las disfruto. Disfruto la vida en la calle en las postrimerías del verano. Aunque algunos años, para  la llegada de las ferias ya había comenzado el otoño climatológico. Así es esta ciudad. Extrañaré ser público. Los fuegos artificiales, los pinchos fuera de los bares y a cualquier hora del día, el teatro para todos los públicos, los conciertos gratuitos en las plazad de la ciudad, las actuaciones de calle. Cuando acaben las ferias, yo volveré a trabajar a jornada partida. Menuda ilusión. Porque sí, es oficial, algunas buenas cosas que hemos aprendido con la pandemia se mantendrán. Y otras no. Y no compensa, porque me da a mi que perdemos siempre del mismo lado.

Soy fuerte y templada, pero comienzo a extrañar tantas cosas. No sé si es porque este estado de semiconfinamiento consciente no tiene un final tan claro, como para mí lo tenía el confinamiento. El estado de alarma está regulado legalmente.

He disfrutado del verano. Mucho, dadas las circunstancias....pero este no poder hacer planes. Este no poder propiciar, disfrutar, de los encuentros con TODA la gente que queremos, "no conviviente" y que vive en esta ciudad. No poder hacerlo con libertad, sin sentir que estamos haciendo algo que nos perjudica a todos, sin mascarillas, sin pensar en nuestras patologías y riesgos, a ratos, me agobia.

Diez días y les mandaremos al cole como si no pasara nada. Volvemos al trabajo (algunos), como si no pasara nada. Pero, la verdad es que pasa, nos está pasando. Esta doble tabla de medir según a quien convenga. Según hasta donde tengamos que invertir dinero, asumir responsabilidades, argumentar, me desencanta, por no decir enfada. 

De la responsabilidad individual a la colectiva. De la responsabilidad de la base a la cima. Distopía sí, pero siempre desigual.


Por lo demás, el sol sigue surcando el cielo. Ya no tan alto y no supera la pared lateral del edificio. Ya no da de frente en la ventana de nuestro salón. Mi termostato latino lo nota. Ha refrescado, como diría mi madre. Pienso en ella y en todos y como el mantra de "Los 100", repito...que volvamos a vernos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

VIEJA

...yo tendría unos doce años cuando vi la primera estría de mi cuerpo. En ese momento pensé que era una señal inequívoca de alguna enfermedad que comenzaba a manifestarse. Pero no, era la genética. Había olvidado darle a mi cuerpo la elasticidad. Permitir crecer sin huellas, lo que por naturaleza (y no por kilos) debía crecer. No sé cuánto tardé en saber que no estaba enferma sino que me hacía mayor. Como llevan años apareciendo, ya forman parte de mi cotidiano paisaje corporal, y nos vamos entendiendo mejor.

...tenía veintinueve años la primera vez que me teñí el pelo. La abundancia de hebras blancas, no me hacía mayor, que yo mayor soy desde siempre. Sólo estaba ahí, otra vez la genética haciendome trampa. Esta familia longeva (que afortunados!!!) me condena al cabello blanco y con ello me ha dado la excusa perfecta para cambiar. Así que vamos del pelirrojo al castaño oscuro, a veces uniforme, casi siempre a trozos y matices, como me gusta a mi la vida. 

...cuando decidí hacer las maletas otra vez y marcharme a sentir el aire fresco sobre mi piel, yo tenía treinta y dos años. Y mi cuerpo protestó. Que son estos cambios y así tan bruscos!. Me vuelves loco!..  Y se expresó: dejé de menstruar. La regla volvió cuando el cuerpo se adaptó al clima y la alimentación, cuando el espíritu se serenó. Algo más de un año después, anticipando el viaje de regreso (porque yo suelo vivir en el futuro), el cuerpo protestó otra vez, y esta vez se estaba realmente enfadado. Dejó de menstruar otra vez, pero fue tanto, que con mi necesidad de maternar, ya me preocupé. Y al médico me fui. Esperé la cita cuatro meses, la consulta casi dos horas y me atendió diez minutos para sentenciar: "Quizás tenga usted una menopausia precoz". Salí de allí y pensé: Con el tiempo que me has dedicado, ni hablar. Y así fue, la regla volvió a los pocos meses, simplemente cuando el espíritu se recuperó. Han pasado casi doce años y aquí sigue, acompañandome mes a mes.

Y aunque estas señales no me dicen nada de mi vejez, pienso en ellas estos días cuando me miro en el espejo y otras huellas (obviemos los detalles) me recuerdan que sigo envejeciendo. Y que bien poder verlo!!... y quererme mucho así, vieja y todo.




Y no, no es mi cumpleaños...pero es que mi linea de vida si lo está.

H. cumplirá su primera década en unas semanas. Diez años. La década prodigiosa. Yo envejezco. Ella se hace mayor. Lo veo. Lo siento. Se avecina una nueva realidad.

Unas semanas antes, mi padre cumplirá ochenta y un años. Hasta hace unos años no era conciente de su vejez. Ahora lo soy, a cada segundo, en cada poro de mi piel.

Esa piel mía en la que veo el rastro de la herencia biológica que me ha dejado mi padre. Esa piel mía tan blanca al lado de la piel negra de mi hija. Y en ese contraste la vida que nos une y nos separa. 

Esa piel mía, tan suave para según qué manos. 

"¿Por qué me acaricias tanto mamá?"

Yo sonrío. Y le contesto: yo, es que hablo con la piel.







domingo, 5 de octubre de 2014

LO PERDIDO...

Empiezo. Hace unos días se ha muerto el disco duro de nuestro viejo ordenador. No puedo decir que fue inesperadamente. Es cierto que no le dí la importancia que merecían a todas esas señales que avisaban que algo no iba bien. Así, un día como cualquier otro, N. intentaba descubrir qué impedía la conexión a Internet, de pronto el viejo aparato se apagó en medio de un estertor y no volvió a arrancar. 

¿Tienes algo importante aquí? preguntó N...Y yo, que apenas lo he usado en los últimos siete años, le dije: No lo sé. Y es verdad, no lo sé. Mi memoria, que sigue siendo prodigiosa para algunas cosas, en otros ámbitos se desdibuja. Y me preocupa porque también es una señal.

Cuando N. me preguntó sólo alcancé a decirle que no tenía claro si allí había algo importante (que supongo que sí). Allí recogí mi vida durante seis años, los que mediaron entre mi regreso a esta tierra y la llegada a mi vida de mi hija. Pensé, si no lo recuerdo con intensidad, entonces quizás no hay nada que, más que importante, sea imprescindible. Porque importante es todo lo que acontece en mi vida y más cuando se revisa de vez en cuando. Así que a bote pronto lo que siento que he perdido es la posibilidad de la nostalgia, esa que aparece cuando repasas hechos y momentos con la perspectiva del tiempo. Y lo pienso desde la certeza de que hay cosas que, en lo tangible, he perdido para siempre.

Sigo. En estas últimas semanas hemos tenido que elegir algunas cosas. Con la llegada del curso escolar mi horario laboral pasa de ser jornada continua a ser jornada partida. Así, con el otoño, como los árboles pierden sus hojas, yo pierdo la posibilidad de decidir qué quiero hacer en un tercio de mi tiempo. Llevo días pensando en las cosas que elegimos para esas tardes (extraescolares), en las cosas que llegan para cubrir esas horas (deberes) y en el horario que negocio y me construyo, a base de pedir flexibilidad en la forma de entender el trabajo. 

Ahora que ya parece que está construido el calendario escolar llevo días pensando en las cosas que hemos perdido, en las que dejaremos de hacer, y en lo que hay de renuncia y aceptación en ello. Con la tibieza que ofrece la sensación de que sólo se trata de una temporada. Cuando llegue junio, si estamos vivas, mis tardes volverán a ser mías.

Una vuelta más. Ayer decía R. que quizás no estaba eligiendo la mejor opción pero sí la que la hacía más feliz. Con este mensaje respondía a una serie de mensajes, con demasiados espectadores para mi gusto, que resultaban de una ruptura afectiva con una pareja de muchos años. Desde hace meses comparto esa triste decisión desde la cercanía que me une a ambos miembros de la pareja. El desamor duele (a veces el amor también) pero hay tantas formas de manejarlo. 

En los últimos años, varias parejas amigas que llevaban el suficiente tiempo juntos, como para pensarlas sólidas, han decidido cambiar el rumbo y separarse. Con ello, han evocado una ruptura de pareja especialmente significativa para mi y las pérdidas que supuso (que son ganancias) y he vuelto a pensar en ello otra vez. Me alegro de haber optado también no por lo que parecía mejor, sino por lo que me hacía más feliz. Y no es que estuviera yo mal acompañada, es que no era más feliz que sola. 

Pienso en la gestión de las rupturas, quién deja y quién es dejado, quién ha elegido qué y cuándo. La misma historia de separación admite a menudo varias lecturas de elecciones hechas. Y entonces insisto en que eso que pierdes como posibilidad futura, esa vida de pareja, no debe impedirte ver, ni valorar, todo lo que ganaste en el pasado por haber vivido esa experiencia. No será más, pero fue. Y que nos quiten lo bailado.

Y más. Desde mi historia familiar y personal como migrante, desde mi experiencia laboral y personal trabajando con migrantes, he escuchado a lo largo de estos años miles de historias que hablan de pérdidas. El que migra gana, sin duda, pero esas ganancias no son visibles siempre desde el primer momento, por lo menos no de forma integrada con la consciencia de las pérdidas. Y te preparas para pérdidas evidentes sin ser consciente de que serán igual de significativas las pérdidas más sencillas y cotidianas: la visión de un paisaje, un acento, el aroma de cierta comida, las tardes de charlas con los amigos, los ruidos de tu amanecer, la humedad del aire, las miradas.  

 Termino. Cuando eliges (cuando tienes la libertad de elegir) es obvio que ganas. Ganas aquello que, dentro de las opciones que había, te pareció mejor (entre otras cosas porque parecía que te hacía más feliz y eso bien vale el intento). En estos días en los que pienso tanto en lo perdido, me reafirmo en la necesidad de tomar consciencia de ello, de no minimizarlo, de valorarlo en su justa medida, de aceptar el hueco que dejará en nuestras vidas, de hacer el duelo, permitirse la tristeza, la rabia y el desamor; pero también reconciliarse con el valor que tuvo, guardándole un espacio privilegiado y mimado en nuestra memoria.


viernes, 19 de septiembre de 2014

INSTALADAS....

Tarde de viernes...saco la cuenta. Doce días...

Me sorprende que en doce días cambie tanto el paisaje, el de adentro y el de afuera...

Hace doce días yo estaba de vacaciones, con mi familia, al lado del mar, bajo un sol que calentaba; a ratos, incluso demasiado. Y, sobretodo, hace doce días yo tenía fuerzas para luchar con lo que fuera. Tenia tanta paz que sentía que podía con todo. 

En sólo doce días aquí estoy, haciendo equilibrios tras la tormenta. Yo como el tiempo. Otoñal

Sí, ya estamos instaladas...


Instaladas en el otoño, lo más evidente. He visto menos, mucho menos el sol. El viento y la lluvia se han apoderado de nuestros días. Ponte zapatos cerrados, saca las bufandas y las chaquetas. Ten a mano el paraguas, o mójate, que a veces también viene bien para refrescar el alma. Y las ideas...

Instaladas en el colegio, con malos pronósticos. H. ya me lo anuncia: "voy a suspender". A la profe que le ha tocado le preceden más comentarios en contra (y dicen que denuncias en la inspección de educación) que alabanzas que alguna también he oído. Y menos mal. Al parecer depende de "si te agarra manía o no", "si eres chica o chico" y otras lindezas que como criterios educativos me parecen "fantásticos". Así que será un año movidito, y cómo será largo, prefiero empezar las batallas con calma. Me consuelo pensando que esta era la opción "buena"..." porque al menos les enseña". En la otra clase el profesor es "un vago"... pero es simpático dicen los niños del año pasado. Maravilla de sistema educativo. Primera semana de clase: H. 1 - Profe 0. A pesar de algún detalle, yo lo celebro porque cuando H. piensa que algo está en contra de ella, la batalla es inmensa. Así que allí estaremos, dispuestos a poner a favor las subjetividades de la susodicha docente.


Instaladas en el trabajo, y ya dan ganas de salir corriendo. Esta semana he vivido una especie de tsunami laboral. Creo que para todos se han acabado las vacaciones al mismo tiempo. Y después de sacudirme la angustia y la tristeza, me sale la rabia que siempre es más operativa para visualizar soluciones. Hacer más porque las familias estén mejor, con soluciones duraderas, y que eso no nos lleve por delante a los que estamos en medio. Que reto. Para mi, no sólo es necesario, sino que se vuelve imprescindible. De la gestión que hagamos de esto dependerá el mundo en el que vivirá mi hija y las oportunidades que tenga. Y da susto. Pero compromete.

Instaladas, ¿cómo si no? en la búsqueda de la conciliación de un trabajo a jornada partida y el cuidado de una hija como madre monoparental, en una ciudad en la que no tengo redes familiares y la gran mayoría de los amigos (agradecidos estamos) tiene trabajo. Como cada año, aquí estamos sentados midiendo tiempos, encajando actividades, obligaciones, apetencias, compromisos. Lo hago con menos angustia que otros años pero enfrentando los cambios que nos vienen y explorando los retos que nos suponen, negociando opciones, calibrando la vida de los siguientes nueve meses. Sí, cada año escolar, es para mi un parto, en todos los sentidos...


A pesar de que hay ratos en los que quiero desinstalarme de todo esto, es también cierto, que la mayor parte de estos doce días he contemplado un hermoso amanecer. De esos que detienen mi mirada y me aprietan el corazón. Y es que a mí, cuando amanece bonito, me dan ganas de salir a comerme el mundo. Aunque a veces, en las tardes de lluvia, se me olvide...


domingo, 17 de agosto de 2014

AMOR DEL BUENO

En las últimas semanas ha estado con nosotros E. 

Cuando pienso en él, recuerdo este texto. No porque E. sea un chico (ya mayor de edad) difícil de llevar, disrruptivo, violento. Al contrario, es tremendamente dócil. Demasiado para mi gusto. Pero es verdad, no hace fácil que le podamos querer. Es callado, huraño, seco, pesimista, solitario...

Y todo esto se nota más frente a la luz de sus hermanos, que brillan con una luz enorme.



He tenido la suerte de disfrutarle en la cotidianidad, en un ambiente tranquilo, alejados del ruido de su propio hogar. Todos a su alrededor esperan un milagro de su estancia en nuestra casa. Como si yo fuera mágica y pudiera cambiar su historia (o mejor, su interpretación de la historia) en dos plumazos. Hace falta tanto silencio para aprender a escucharle, tanta paciencia para esperarle, tantas ganas para invitarle a salir....

Sin embargo, siempre he sabido que debajo de esa coraza, de ese muro de contención enorme, hay un alma atormentada pero infinitamente bondadosa...

Hoy hemos estado dando un paseo por este lugar, un sitio hermosísimo...



En medio de este paisaje tan sereno, en medio del silencio que nos acompañó durante buena parte de la caminata, de pronto habla:

"Me quiero hacer un tatuaje pero papá y mamá no me dejan". Obvio. Así son. Y cada uno es lo que es. No hay que estar a favor ni en contra, sólo hay que escuchar...

¿Sí?...¿Y qué quieres tatuarte?... Responde sin dudas: Tres corazones, uno por cada uno de mis hermanos y un nombre "Guasara".

No hice la asociación rápidamente y por eso pregunté ¿Quién es ella? para recordar la respuesta antes de escucharla.

Guasara, era compañera de clase de E. Murió de un cáncer vertiginoso cuando ambos tenían 10 años. Ha pasado de ésto casi una década. Y así de presente está.

Si en lugar de decir "Ni se te ocurra hacerte un tatuaje" 
 ...preguntáramos y escucháramos ... podríamos seguir pensando que no nos gustan los tatuajes pero estaríamos seguramente muchísimo más cerca del corazón del protagonista de esta historia. Una cercanía que pide a gritos, aunque nadie lo ve. Aunque nadie se toma el tiempo para ofrecérsela. Y me siento tan feliz de haberle escuchado. Estas cosas me hacen quererle aún más.

Mientras, H. que nos escuchaba me decía. "Mamá y yo me voy a tatuar en el brazo un corazón con la palabra LOVE"... y entonces yo, apunto de decir en el acto "Ni se te ocurra....", respiré profundo y dije: ¿Si?... ¿estas segura?...y tal debió ser mi cara que cambió de idea y me dijo "O no, mejor unas mariquitas".

Escuchar, no es fácil, no. Pero vale la pena. Y, sobretodo, ayuda a salvar vidas.



martes, 29 de julio de 2014

LA MIRADA DE LOS OTROS

"Es en la mirada de los otros donde te vuelves a construir" Jorge Font

He vuelto a ver "La vida de los otros" y he recordado este texto que escribí hace algunos años y que hoy retomo, altero, matizo. 

 "Voyeur" lo titulé y pensé al hacerlo: Somos todos, así que es plural. ¿Cuál es el plural voyeur?...nunca recibí clases de francés.
 

Antes de ser madre, iba mucho al cine. Al cine, cine, al local. Me gusta la pantalla grande. Desde entonces, aparte del precio que ha crecido para perderse, no es fácil encontrar espacios, compañías, ánimos para volver a ese formato. Pero, cuando claudico, cuando me rindo y veo algo en la pantalla del televisor o, aún peor, en la del ordenador, pienso en todo lo que me estoy perdiendo. En todas esas historias que siempre me devuelven la vida. Incluso las que me desgarran el corazón. Los campamentos de H. me han llevado a las pantallas, en los tres formatos. De esa melancolía de historias bien contadas, nace este recuerdo epistolar....

Hacía meses que no iba al cine. Fui ayer y he vuelto hoy. Dos películas buenas, una alemana "La vida de los otros" y la otra danesa "Después de la Boda". Me han gustado ambas aunque la primera más, quizás porque creo que es más real. Vuelvo a casa bajo la lluvia pensando en la grata sensación que me deja el cine. 


Desde que oí hablar de ella estoy pensando en el impacto que tiene en nuestras vidas, "La vida de los otros". Ya sea que mires o escuches. Que lo hagas furtivamente protegido por la oscuridad del cine o desde una ventana que te oculta tras la cortina. Puede que la vayas leyendo a capítulos o la escuches acompañada de melodía. Ya sea que te sientes simplemente a mirar en un parque o en una terraza, que escuches la radio o las oigas "en la consulta" ..las historias que otros viven o nos cuentan, nos atrapan y transforman, y eso da miedo pero es una suerte. 


Nos metemos en la vida de la gente y dejamos que la gente entre en la nuestra, a menudo de forma poco precavida, y entonces sus vidas nos tocan y nos transforman, se quedan con nosotros cuando ellos se van, tiñen nuestros paisajes, cambian nuestras referencias, perturban nuestras certezas y quedamos atrapados entre el miedo que eso nos provoca y la fascinación de ver transformarse el mapa de nuestro certero mundo.


Las historias ajenas nos distraen de las propias y eso es sencillo, que se queden a vivir con nosotros ya es algo más perturbador. He pasado el fin de semana con muchas personas para lo que es habitual. La mitad "oficialmente" desconocidas y me sorprendía conocer tantos detalles íntimos de sus vidas, reconociendo que paralelamente y por simple deducción lógica, seguramente ellas sabrán otros tantos de la mía. Conozco detalles muy personales de compañeros de camino simplemente porque antes fueron personas con las que trabajé o con quienes compartí momentos de intimidad en otras circunstancias alejadas de las actuales (y de alguna manera de esto hablamos en "Después de la Boda"), de cómo la gente se queda en nuestras vidas incluso cuando no está en ellas.


Soy una voyeur, lo reconozco. Se me da mejor mirar y escuchar que hablar. Tengo una extraña capacidad para hurgar en la intimidad de la gente sin que esta se sienta agredida (al menos eso creo porque pocas veces he recibido una señal de que así fuera)...

Pienso en las historias que vivimos, y en cómo las narramos. 

Y sabes qué, las cosas que nos dijimos, con palabras o sin ellas, por decirlas, y también por omitirlas, están esta noche conmigo; mientras tomo un café, entre la luz tenue... con los claros sonidos de este hogar de paredes de papel!...

jueves, 29 de mayo de 2014

PERTENENCIAS

M. vive muy lejos de aquí. Como yo, no vive en el lugar que la vio nacer. Ambas fuimos emigrantes por placer y eso hizo más fácil la partida. Creo, sin embargo, que ambas hubiéramos querido volver. El devenir de los hechos fue postergando ese regreso y llegó un punto en el que lo descartamos como opción. Al menos, a corto plazo. Nunca se sabe. Y de eso sabemos mucho en mi familia.

M. hace unos días reflejaba en su muro de Facebook que cumplía diez años la asociación, que en su ciudad aglutinaba a los emigrantes de mi país. Imaginaba el lugar en el que vive, como un lugar pequeño.  Me sorprendía que hubiera un volumen suficiente de expatriados para formar una asociación que quisieran mantener viva nuestra identidad cultural. Que trabajara por ayudarla, por ayudarnos, a mantener viva nuestra pertenencia.


M. y yo nacimos en un país maravilloso, que abrió siempre sus manos a los llegados de otras tierras. Lo sé, lo he sabido y sentido siempre. Somos un pueblo acogedor, aunque vivimos tiempos difíciles. Al leer la nota de M., y el trasfondo que refleja, sentí mucha tristeza. Tristeza, por todas las migraciones forzadas de las que he sido testigo todos estos años por mi trabajo. Tristeza, por las vivencias de muchos amigos que no tuvieron eso que definimos entonces como suerte o fortuna. Ellos se han ido, pero porque se sintieron expulsados.

Esa referencia también me hizo pensar en algunos nombres de mi infancia. La Hermandad Gallega, el Centro Catalán, El Club Libanés, El Centro Italo, El Hogar Canario...Nombres que no entendía en su trascendencia entonces (me parecían una versión light de una secta, de un grupo cerrado y poco animado a incorporar a los distintos) y que, ahora, desde nuestras migraciones, comprendo en su justa medida...

Cuando M. colocó la nota, yo evoqué con añoranza esos lugares porque ahora sí, desde la distancia, con la ausencia a cuestas, entiendo el rol tan importante que juegan en el mantenimiento del sentido de pertenencia...Y es que todos necesitamos "pertenecer", porque en esa pertenencia tenemos un espejo que define mucho de lo que somos...

Pertenecer y ser aceptado por un grupo es, según Maslow y otros autores, una necesidad humana fundamental. Maslow, padre de una de las principales teorías de la motivación, afirma que la mayoría de los seres humanos desea pertenecer y ser parte de algo más grande que ellos mismos. Inicialmente, esa necesidad de pertenencia se satisface en el ámbito familiar pero, a la par del desarrollo humano, se extiende progresivamente al grupo de amigos, al barrio o a la comunidad donde vivimos y, sucesivamente, a las diferentes asociaciones y redes culturales o sociales con las que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida. 


Pertenecer y ser aceptado en un grupo, nos permite desarrollar relaciones sólidas y estables con otras personas y, sobretodo, participar del flujo afectivo que las recorre. Porque la necesidad de pertenencia es, en última instancia, la necesidad de dar y recibir afecto de otras personas, de ser parte de un entramado sólido de relaciones afectivas que nos nutren y que sostienen nuestra existencia. 

Cuando migras, ese grupo de pertenencia en el que te reconoces se rompe. Y en ese proceso todos, unos más y otros menos, unos antes y otros despues, nos rompemos. Cada uno a su manera y con sus consecuencias. También aquí, cada historia es única y, casi siempre, es compleja.

La identidad cultural, además de proporcionar elementos concretos de referencia y comparación, resume todo el universo simbólico que caracteriza a un grupo, estableciendo patrones singulares de interpretación de la realidad, códigos de vida y de pensamiento que definen nuestro ser y nuestro sentir. La identidad nos da una realidad colectiva común, una herencia, un inconsciente colectivo que facilita ciertos procesos de relación. El sentido de pertenencia es la adscripción a ese universo simbólico común que otorga significado y sentido

Hoy, mirando atrás, reivindico el valor de esas colectividades de migrados que sin distraerte de otros procesos de socialización e integranción, constituyen el soporte afectivo sobre el cual se asienta la esencia de lo que somos más allá de la migración. 

Y pienso en esto cuando pienso en mí, pero también cuando pienso en mi hija. En su identidad y su sentimiento de pertenencia. Y no  logro definirlas con certeza. Le pasará como a mi, que en todos sitios soy, pero no soy. Por eso somos "raras" o, como prefiere decirme P., "especiales".


jueves, 24 de abril de 2014

MATERNIDADES

Ayer me decía H. "Mamá, quiero ir a una boda".

"Ya has ido" le dije. Pensó y me dijo, sí, a tres.

Y entonces pensé en esas mujeres que se casaron. S. y C. compañeras de vida y de viajes. Amigas. Estrenadas este último año como madres. Sí, finalmente la pandilla se anima a procrear.

De ambas, con pocas semanas de diferencia escuche la misma frase: "No sabes cuántas veces he pensado en ti" (desde que son madres). Dicen, que aunque siempre supieron de la valentía que suponía mi maternidad, ahora logran dimensionar mejor los esfuerzos que puede haberme supuesto. Y yo las escucho y sonrío, pero al mismo tiempo me dan ganas de llorar. Porque sí, lo volvería hacer sin dudas, que digo dudas, lo volvería a hacer con mas certezas de las que tuve, pero eso no le quita ni un ápice al esfuerzo que me ha supuesto. Que me supone. Y a veces estoy muy cansada. Otras, es que simplemente no tengo oxigeno y me quedo sin aire. Nada que no curen unas horas de sueño y de silencio. Yo, como el ave fénix.

Elegí libre y concientemente, después de pensarlo mucho. Elegí responsablemente, conmigo, con mis circunstancias.  Y ese siempre ha sido el argumento más contundente.

Lo que me emociona de la situación, es que me siento más comprendida, ahora. Porque antes, pensaban e imaginaban, y ahora sienten en propia piel. La maternidad redimensiona cosas y obliga a conjugar la revolución emocional que supone, en amor, responsabilidad y trascendencia; con la realidad que impone la gestión de la vida cotidiana, en horarios laborales, derechos laborales, la vida en pareja o la monoparentalidad, los servicios de apoyo a la conciliación, el sistema sanitario, el sistema educativo, las ayudas sociales y pare usted de contar...la gestión del día a día, día si y otro también, con alguien que depende de ti. Es complicado y  sin apoyos (y a veces hasta con ellos) requiere de tu calma y tu serenidad.

Cuando parecía que la opción era "sin compañero" yo elegí no embarazarme para ser madre porque aunque imagino un vínculo mágico, no estoy segura de haber podido soportar sola todos los cambios físicos y hormonales que supone un embarazo, el parto, los primeros meses, por muchos apoyos temporales que hubiera tenido. 


Celebro que H. haya llegado a mi vida "mayor" si puede llamarse mayor a una niña que no ha cumplido los tres años. La he celebrado cada día al acostarme y cada día al amanecer y ver que seguía a mi lado...pero eso no quita los días difíciles, que años después siguen existiendo para convencerme de que no acabarán nunca. Y no está en ellos sino en su contraste, en los muchos días maravillosos que me he permitido vivir, donde está la exacta dimensión de mi valentía...

Pero S. y C. me han hecho recordar unas líneas que escribí tras un par de semanas de convivencia y que hoy rescato en honor a los días duros...porque existen pero como todos, pasan...

Parte de guerra, veinte días después (escrito a dos o tres amigos lo suficientemente cercanos de corazón para entenderme sin entrar en pánico y lo suficientemente lejanos en distancia, como para pensarse lo de presentarse en la puerta de casa)...


...estoy agotada de no estar sola....no me queda nada que aprender 

...H. sabe que puede llorar con todo lo que represente un "no". Y eso es agotador...sobretodo cuando en seis de cada diez rabietas, molesta con mis decisiones H. decide repetir en todo agudo y por todo el tiempo que haga falta la vocal "a", a juegos de diferentes intensidades "aaaaaaaaaaaa". El otro día estuvo como media hora "taladrándome el oído" y en este caso sólo pretende demostrar que la que manda es ella y que, o le hago caso, o va a torturarme. Esto se hace día tras día y cotidianamente bastante duro. Avanzo en saber regularlas, que para eso estamos aquí, pero a veces creo que moriré en el intento...

...como es tan maravillosa, allí por donde pasa va repartiendo besos, todos quedan fascinados y la complacen en cuanto pide. Conclusión: debe pensar que le ha tocado la peor madre del mundo que es la única que no complace siempre sus deseos.

...acto seguido se va con todos menos conmigo y a mi se me arruga el corazón. Se que me quiere, pero lo sé y a veces quiero sentirlo. 

...todo el mundo quiere conocerla y hemos quedado todos los días con alguien lo cuál agrava todo lo anterior. Comenzaré un período de abstinencia porque si no voy/vamos a colapsar.

...hoy la he llevado al pediatra, para la exploración se ha puesto HISTÉRICA simplemente con que le quitara la ropa. Insisto HISTÉRICA...debía sentir que la queríamos matar: se revolcaba y retorcía como nunca y no sabéis cuánta fuerza tiene. Éramos cuatro y casi no podemos. Le ha salido hasta espuma por la boca y los gritos se deben haber oído en la Plaza Mayor. Me ha arañado todo lo que ha querido e incluso ha intentado por unos minutos morderme (de haberlo logrado me hubiera arrancado un trozo de carne seguro). Ha sido horrible, para ella y para mí.

...me han salido unas ronchas horribles en la cara, brazo y pecho. Fui al medico pero con el tratamiento no han remitido (y el médico tenía cara de preocupación), hoy me ha dicho que puede ser otra cosa y me ha mandado otro tratamiento a ver qué tal. Suena horrible y se que costará erradicar lo que sea, así que entre lo que me pican -por suerte a intervalos- y lo que significan -a nivel de estética- tengo mis fortalezas algo disminuidas.

...además de toda la gente que quiere ver a H., la otra mitad de la humanidad y la familia (duplicada en intensidad) quiere "saber de H." así que me llaman. Ella odia que me llamen al menos la mitad de las personas porque eso significa que no la miro y entonces siempre se pone a hablarme-gritarme y si la ignoro le da una rabieta en la que grita más (desquiciante...) 

...le encanta "ir de paseo" pero no le gusta caminar, con lo cuál hasta ayer, porque a partir de hoy he hecho huelga, quiere que la cargue!!! Pesa 14 kilos, de allí la huelga.

...ya lo sabía, muchas madres adoptivas hablan de eso, pero una cosa es saberlo y otra vivirlo. Es evidente que no es mi hija biológica y por lo tanto cualquier persona se siente en el derecho de preguntar por tu intimidad: En sólo una semana he tenido que oír "pobrecita" muchas veces, ¿Qué le pasó a sus padres?, ¿De donde es?, ¿Hace cuanto que está aquí?, ¿Te habrá costado mucho?... y esta partecita no hace más que empezar...

Creo que no tengo nada más de lo que quejarme...de resto sigo convencida de estar en el lugar correcto. Cuando inicie este proceso mi vida cambió y yo comencé a irradiar felicidad, era una apuesta arriesgada pero la necesitaba. 

Hoy, muchos años después, con muchos partes de guerra a cuesta, con ella, con la sociedad, con los horarios laborales y la tan cacareada conciliación, sigo afirmando que tomé la decisión correcta.
Nadie dijo que sería fácil, yo tampoco pude imaginar cuánto iba a ser de mejor.


H., gracias por hacerme vivir, en los días buenos y en los malos. Y gracias también, por enseñarme a aprender, en los días malos, porque a todos ellos siguió un día que fue mejor.

Y gracias S. y C. porque siempre he sabido que estabais allí. 



martes, 1 de abril de 2014

TENGO...

Desde hace unas horas, 47 años...

Tengo una hija preciosa, noble, intensa, que me recuerda, como cada amanecer y cada vez que se me olvida, que estoy viva...

Tengo unos padres inmensos, de cuya entrega y amor incondicional, soy cada día más consciente...

Tengo una familia magnifica, que me hace sentir segura y cobijada, aunque siempre estoy a muchos kilómetros...Mención honorífica a esos cuatro sobrinos a los que amo con locura y cuyo afecto y amor siento a pesar del poco roce.

Tengo un hermano de otro planeta (lo mismo dirá el de mí) que me da siempre un motivo para defenderle. Tengo una cuñada, que lo salvó del miedo y nunca se lo agradeceré lo suficiente.

Tengo amistades inquebrantables a las que me une un vínculo que ha soportado el paso de los años y la ausencia impuesta por la distancia. Y eso emociona.

Tengo buenos amigos y gente cercana que hacen mi día a día más sencillo, más amable, más fácil, y sin duda alguna, mejor.

Tengo varios ahijados, co-madres y con-padres que me ayudan a creer en el futuro

Y tengo un gran numero de conocidos y queridos, desperdigados por medio mundo, que me han ayudado siempre a que mi horizonte geográfico y emocional fuera más amplio.
 
Tengo una casa que es mi hogar, en la que me siento a gusto y cuya hipoteca aún no me quita el sueño. Pero también he tenido muchas otras casas que me han acogido por distintas razones y a las que siempre apetece volver...


Tuve el coste pero también la fortuna, de haber vivido en muchos sitios y de haber aprendido a relativizar algunas certezas identitarias que me acercan a la idea de las "pertenencias" múltiples a pesar de tu identidad. Gracias Amin Maalouf por explicarlo de forma tan sencilla.

Tengo la suerte de tener al menos un gran amor y, en general, buenos recuerdos de aquellos a quienes amé. Tengo ganas de enamorarme. Sí, otra vez. Que no se aprende.

Tengo un trabajo, con lo cual parece que formo parte de un sector casi privilegiado de la sociedad. 

Tengo un trabajo que me ayuda a sentirme útil para otros y eso, al final del día, ayuda.

Tengo salud. Una salud de hierro. Y mi hija la ha heredado. Tenemos suerte.


Tengo la capacidad de percibir, reflexionar, razonar, decidir, optar...

Tengo un corazón que es sensible y fuerte (siempre)... y lúcido (pero eso sólo a veces)... Tengo la suerte de que me guste que sea así.

Tengo memoria...y una especial debilidad por las listas.

Y hoy, cargada de lluvia, tengo la necesidad de recordar-me*, todo lo que me hace grande...porque últimamente, a ratos, me siento chiquita.

...



* Recordar: Volver a pasar por el corazón