Este blog es un regalo. Yo quería tenerlo y alguien que me quiere me lo regaló. Yo quería que mi casa tuviera ventanas y puertas y él me regaló una casa entera. El lo llenó de sol y yo de otoño. Todo tiene su momento. Este es el mío. No tiene un tema, solo tiene un fin aunque todavía no sé cuál es. Está aquí, es mi regalo. Cuidaré de él.
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domingo, 5 de abril de 2015
ACOMPAÑADA
Siempre me ha llamado la atención que la entrada más visitada de este blog sea una que titulé SOLA.
Pienso en la extraña atracción que ejerce esa palabra, intuyendo que quien la busca, requiere más bien de lo contrario. De compañía, en su soledad.
Por razones que no vienen al caso, he aprendido desde muy pequeña a sentirme a gusto estando sola. Y esa capacidad, la he percibido siempre como un don. Tengo habilidades sociales, me gusta la gente, de hecho, me gusta mucho, pero son dos cosas distintas.
Para mí la compañía forma parte de lo que DESEO pero no de lo que NECESITO. Es verdad, que como todo ser humano, estoy expuesta a vaivenes en el peso que uno y otra (deseo y necesidad) tienen a lo largo del tiempo.
Sigo contando como puntuales los momentos en que siento la necesidad de tener compañía y, por lo tanto, mi necesidad suele ser satisfecha con facilidad. Pero pienso en ello, por lo que a mi me falta y a otros sobra o viceversa. Por las implicaciones negativas, en un segundo plano, de esa virtud o ese defecto.
Sigo pensando que la necesidad de compañía nos hace esclavos. Supongo que como cualquier necesidad. Porque las necesidades nos OBLIGAN a la búsqueda, porque en su satisfacción se nos va la vida, a veces literalmente. En otras, sin embargo, sólo perdemos la posibilidad de vivir con mayor plenitud obsesionados por esa búsqueda. Y ésto, menuda faena es.
En estos días de vacaciones, de descanso elegido sin otro fin que olvidarnos de los excesos cotidianos, pienso en ello mirando alrededor. Consciente de las ausencias, de mis ausencias. En lo que significan para mí y en lo que significan para H.
"Yo quiero tener un padre"... ese es su deseo literal desde siempre y no me extraña, adoptada y negra, además debe cargar con mi monoparentalidad. Y en la niñez (a veces hasta mucho más tarde) todo lo que nos hace diferentes, nos perturba. A mi esas circunstancias no me suponen ningún problema en lo personal, pero es cierto, que yo primero elaboré lo que supondrían y luego decidí. Lo que no medí, lo que no medimos, es que al decidir a menudo imponemos nuestras decisiones a nuestros hijos. Y como lo tengo claro en sus ventajas y desventajas pues trato de ayudarla a manejarlo lo mejor posible y yo creo que está yendo bien. Son nuestras circunstancias y con ellas hay que aprender a vivir.
A pesar de esto, cada vez soy más consciente de que en la tarea educativa o de la crianza, educar un hijo en solitario tiene sus dificultades añadidas. Si además, como en mi caso, se suma que no hay una red familiar a disposición (por la distancia física que me separa de mi familia, avión de por medio), la dificultad se transforma en muchas cosas:
...Miedo sí, siento miedo, un miedo enorme, a que me pase algo que me impida cuidar de ella. Trato de lúcidamente decidir a cargo de quien debe quedar en mi ausencia. Y pensar eso, más allá del afecto que tiene garantizado, es un reto enorme cuando toda tu familia vive a kilómetros, cuando en mi ausencia, perderme a mí, al menos ahora, en los siguientes años, implicaría también para ella, perder todo lo que son sus referencias: escuela, entorno, actividades, los afectos cotidianos. Y no, no se merece esa segunda pérdida masiva.
... Tristeza, por obligarla a vivir con la parte negativa que para ella tienen mis decisiones, y que la obligan desde muy joven a superar obstáculos arraigados en el imaginario popular en los que ella siempre está en situación de desventaja que la obligará a luchar más por ser mujer, tener que dar explicaciones por ser negra y adoptada y a tener que construir una identidad bicultural mucho más compleja de gestionar internamente y con el entorno ...y el que diga que no es así, miente o carece de ojos e intuición.
...Preocupación, y quizás esta es la más reciente. Yo no tengo ninguna duda de estar ejerciendo la maternidad lo mejor que puedo. Soy una persona con muchas herramientas, soy proactiva y tomo decisiones siempre. Puedo estar equivocada al hacer, pero nunca dejo de hacer. Otra cosa, es que pueda asumir tareas que deben realizar dos. Dos que se complementen. Porque yo, soy solo una.
La vida en pareja, la buena vida en pareja, es algo que me parece sumamente complejo. Y criar en pareja seguramente (porque esta parte no la he probado nunca) lo debe ser aún más. Pero a ratos la anhelo por lo que supondría en lo personal (pero eso es otro capítulo) y en lo que supondría para H.
...extraño alguien que matice para ella (y a veces para mí) aquello digo y en lo que creo firmemente. A veces necesito que alguien desde su adultez, matice mis certezas y con ello le de a ella más opciones. "Mamá, siempre tienes la razón"...y ella la tiene a veces y se la doy cada vez que puedo. Pero a veces estaría muy bien que la razón la tuviera un tercero. Para que el hecho de que ganara una no dejara necesariamente a la otra como perdedora en solitario. Y sí, cada vez que puedo cada una tiene "una parte de razón". El problema son las otras veces.
...extraño alguien que la consuele cuando yo debo ser dura. Porque lo soy. Hay cosas que no hay que permitir pero ese rato que la dejo sufrir en soledad, me gustaría que alguien la acompañara y le ayudara a aceptar que las cosas no son como ella quiere. Ahora me toca ser dura, dejarla en su tristeza y luego retomar. Calmar, acompañar, reflexionar. Ser al mismo tiempo la mala (que genera frustración) y la buena (que calma, acompaña, acuna) sería mucho, muchísimo más sencillo, si lo hiciéramos entre dos y a poder ser alternando roles.
...extraño a alguien que me ayude a calibrar mis ideas y opiniones al respecto de las cosas, apoyar (o no) mis decisiones como algo visto desde dos visiones, y por qué no, a compartir los gastos... porque todo cuesta, no sólo tiempo, sino también esfuerzo y dinero y a menudo ni mi tiempo ni mis ingresos (incluso mis esfuerzos) alcanzan para todo lo que estaría bien hacer.
...extraño a alguien que, en la logística cotidiana, comparta lo doméstico y las atenciones que requiere H. principalmente en las tareas del cole. Yo siempre tengo que elegir, hace tiempo que asumí que no soy una supermujermadre: no puedo ayudarla a terminar los deberes, preparar la cena y llamar a los abuelos para ver como siguen al mismo tiempo. De tres cosas que siempre necesito hacer, solo hago una o dos. Y no es poco, pero no es suficiente desde lo que me gustaría.
...extraño a alguien que me ayude a tener un tiempo para mi sin sentir que ella deja de disfrutar de un tiempo compartido con adultos o con otros. Lo tiene, con otros adultos significativos, pero ella siente que si no estoy, ella está sola compartiendo con otras familias que si están juntas entre sí. Si hubiera una pareja, si ella tuviera un padre, su familia compartiría con otras familias y a veces, como suele suceder con familias amigas, hay uno de los padres que se queda en casa disfrutando de su tiempo o hace sus cosas. Y nadie tiene carencias. Ella ahora siente que las tiene por eso necesita ir/estar con su familia, que soy yo. Y yo me pierdo a mi en ese camino.
...extraño que alguien la eduque con sus vivencias, perspectivas, apetencias... además de hacerlo yo porque esa diversidad la hará más rica en sus percepciones de la realidad.
...extraño un tiempo nuestro, además de un tiempo mio. Igual que sería valioso entender la presencia de un tiempo vuestro.
Y sí, es más cómodo ideológicamente porque lo otro implica negociación no siempre fácil. Pero unos días agradecemos la comodidad y otros lamentamos la complejidad. De todo hay.
Y hoy ha tocado pensar en esto pero se que a fin de cuentas, unos días mejor y otros peor, la vida tiene sentido porque no hay nada "que nos quite lo bailao" *
* "que me quiten lo bailao" es una expresión popular que se utiliza para decir que las consecuencias negativas que puedan aparecer después de algo que ya ha sucedido, no pueden anular el placer de lo ya hecho. En otras palabras, cuando ya has vivido algo gratificante, no importa lo que suceda después porque ya nadie te lo puede arrebatar.
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Montse Hernández P.
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domingo, 25 de enero de 2015
FOTOGRAFIA
UNO. Hace unos años, encontré y traje a vivir conmigo, una foto de mi abuela, dicen que tenía 16 años. Tenerla, considerando aquellos tiempos, en aquellas condiciones socio económicas, es para mí un verdadero tesoro. Un tesoro que almaceno junto a otros retratos de media vida familiar vivida antes de mi llegada a este mundo. Porque al verlos, me siento más cerca de lo que soy y le doy muchísimo más valor al paso del tiempo, a la huella genética que, al precederme, me define.DOS. Cuando de pequeña enseñaba el álbum familiar, mis amigos me preguntaban si mi madre se había casado dos veces. En ese álbum había fotos de una boda de mi madre con alguien que no era mi padre. Y más tarde otras fotos de estudio con ambos vestidos con el traje de boda. Mi madre se casó "por poder". Uno de mis tíos ocupó el lugar de mi padre en la ceremonia en este lado del mundo, mientras él la esperaba al otro lado del océano. Una vez reunidos, decidieron dejar constancia del matrimonio.
TRES. En las semanas anteriores a mi viaje migratorio, me dio por preguntar a los amigos que habían viajado y vivido en otros países, por los consejos que podían darme para hacer de mi migración un proceso menos costoso en pérdidas y ausencias. El que todos estos años he considerado uno de los mejores fue: "LLévate fotos de la gente que quieres. No es lo mismo hablar de ellos, que poder decir, mírale, este es...y, a partir de allí, narrarte". Me traje muchas fotos, y lo celebré, lo celebré muchas veces.
CUATRO. Antes de conocer a mi hija en persona, recibí dos o tres fotografías de ella. Un par de días antes de marcharme a conocerla, recibirla en mis brazos, traerla a nuestro hogar, pensé... (pensé miles de cosas) pero entre ellas pensé que sería un bonito detalle que ella sintiera que formaba parte de este hogar antes de entrar por la puerta. Saqué una copia de una de esas fotos y la coloqué en un portaretrato en el recibidor de entrada, junto a otras fotos familiares. Cuando entró se la señalé. Mira! eres tú! Esta es tu casa. Nuestra casa.
CINCO. Como ésta es, en buena parte de las ocasiones, una ciudad de tránsito, es frecuente que los vínculos que en ella creamos tengan que pasar la dura prueba de la distancia, una vez que el curso de nuestras vidas deja de reunirnos en su seno. A. nunca vivió aquí pero con M., su hermana, he compartido hogares, aventuras y desventuras, amores y desamores, compañías para celebrar y algunas otras para el olvido. Las suficientes horas de fiesta y baile. Comidas deliciosas y paseos inolvidables. Con ella y con P. que también ha formado parte de esa historia común. Ellos son mi familia en esta tierra continental. Y como si no, viven lejos. A ellas y a él les separan casi 800Kms. Yo vivo en medio.
Hace unos años cuando ya nuestra estable vida comenzaba a asentarnos a cada uno en lo que parece nuestro hogar definitivo comenzamos a reunirnos "a mitad de camino". Sin pretender convertirlo en una tradición, en la medida de nuestras posibilidades hemos ido organizando un encuentro conjunto anual, un finde rural, que ya dura un lustro y al que hemos ido incorporando paisajes, aventuras, vida y sobretodo hijos. A. nos ha hecho llegar hace unos días un álbum maravilloso que recoge el testimonio visual de esos encuentros. Un regalo precioso.
Cuando celebremos el siguiente encuentro, con un poco de suerte, si todo sigue según lo previsto, nos acompañarán dos más. Y con ellas de la mano esperamos seguir celebrando, y retratando, la vida y los vínculos que permanecen por la solidez de las cosas en las que se fundamentaron: la sangre, la amistad, el amor, la valentía.
Y en ello pienso a estas horas. Mi amigo tenía razón. No dejéis de tomar fotografías, de atestiguar la vida vivida, de imprimirlas, y llevarlas con vosotros, de mostrarlas y compartirlas...
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Montse Hernández P.
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viernes, 19 de septiembre de 2014
INSTALADAS....
Tarde de viernes...saco la cuenta. Doce días...
Me sorprende que en doce días cambie tanto el paisaje, el de adentro y el de afuera...
Hace doce días yo estaba de vacaciones, con mi familia, al lado del mar, bajo un sol que calentaba; a ratos, incluso demasiado. Y, sobretodo, hace doce días yo tenía fuerzas para luchar con lo que fuera. Tenia tanta paz que sentía que podía con todo.
En sólo doce días aquí estoy, haciendo equilibrios tras la tormenta. Yo como el tiempo. Otoñal
Sí, ya estamos instaladas...
Instaladas en el otoño, lo más evidente. He visto menos, mucho menos el sol. El viento y la lluvia se han apoderado de nuestros días. Ponte zapatos cerrados, saca las bufandas y las chaquetas. Ten a mano el paraguas, o mójate, que a veces también viene bien para refrescar el alma. Y las ideas...
Instaladas en el colegio, con malos pronósticos. H. ya me lo anuncia: "voy a suspender". A la profe que le ha tocado le preceden más comentarios en contra (y dicen que denuncias en la inspección de educación) que alabanzas que alguna también he oído. Y menos mal. Al parecer depende de "si te agarra manía o no", "si eres chica o chico" y otras lindezas que como criterios educativos me parecen "fantásticos". Así que será un año movidito, y cómo será largo, prefiero empezar las batallas con calma. Me consuelo pensando que esta era la opción "buena"..." porque al menos les enseña". En la otra clase el profesor es "un vago"... pero es simpático dicen los niños del año pasado. Maravilla de sistema educativo. Primera semana de clase: H. 1 - Profe 0. A pesar de algún detalle, yo lo celebro porque cuando H. piensa que algo está en contra de ella, la batalla es inmensa. Así que allí estaremos, dispuestos a poner a favor las subjetividades de la susodicha docente.
Instaladas en el trabajo, y ya dan ganas de salir corriendo. Esta semana he vivido una especie de tsunami laboral. Creo que para todos se han acabado las vacaciones al mismo tiempo. Y después de sacudirme la angustia y la tristeza, me sale la rabia que siempre es más operativa para visualizar soluciones. Hacer más porque las familias estén mejor, con soluciones duraderas, y que eso no nos lleve por delante a los que estamos en medio. Que reto. Para mi, no sólo es necesario, sino que se vuelve imprescindible. De la gestión que hagamos de esto dependerá el mundo en el que vivirá mi hija y las oportunidades que tenga. Y da susto. Pero compromete.
Instaladas, ¿cómo si no? en la búsqueda de la conciliación de un trabajo a jornada partida y el cuidado de una hija como madre monoparental, en una ciudad en la que no tengo redes familiares y la gran mayoría de los amigos (agradecidos estamos) tiene trabajo. Como cada año, aquí estamos sentados midiendo tiempos, encajando actividades, obligaciones, apetencias, compromisos. Lo hago con menos angustia que otros años pero enfrentando los cambios que nos vienen y explorando los retos que nos suponen, negociando opciones, calibrando la vida de los siguientes nueve meses. Sí, cada año escolar, es para mi un parto, en todos los sentidos...
A pesar de que hay ratos en los que quiero desinstalarme de todo esto, es también cierto, que la mayor parte de estos doce días he contemplado un hermoso amanecer. De esos que detienen mi mirada y me aprietan el corazón. Y es que a mí, cuando amanece bonito, me dan ganas de salir a comerme el mundo. Aunque a veces, en las tardes de lluvia, se me olvide...
Me sorprende que en doce días cambie tanto el paisaje, el de adentro y el de afuera...
Hace doce días yo estaba de vacaciones, con mi familia, al lado del mar, bajo un sol que calentaba; a ratos, incluso demasiado. Y, sobretodo, hace doce días yo tenía fuerzas para luchar con lo que fuera. Tenia tanta paz que sentía que podía con todo.
En sólo doce días aquí estoy, haciendo equilibrios tras la tormenta. Yo como el tiempo. Otoñal
Sí, ya estamos instaladas...
Instaladas en el otoño, lo más evidente. He visto menos, mucho menos el sol. El viento y la lluvia se han apoderado de nuestros días. Ponte zapatos cerrados, saca las bufandas y las chaquetas. Ten a mano el paraguas, o mójate, que a veces también viene bien para refrescar el alma. Y las ideas...
Instaladas en el colegio, con malos pronósticos. H. ya me lo anuncia: "voy a suspender". A la profe que le ha tocado le preceden más comentarios en contra (y dicen que denuncias en la inspección de educación) que alabanzas que alguna también he oído. Y menos mal. Al parecer depende de "si te agarra manía o no", "si eres chica o chico" y otras lindezas que como criterios educativos me parecen "fantásticos". Así que será un año movidito, y cómo será largo, prefiero empezar las batallas con calma. Me consuelo pensando que esta era la opción "buena"..." porque al menos les enseña". En la otra clase el profesor es "un vago"... pero es simpático dicen los niños del año pasado. Maravilla de sistema educativo. Primera semana de clase: H. 1 - Profe 0. A pesar de algún detalle, yo lo celebro porque cuando H. piensa que algo está en contra de ella, la batalla es inmensa. Así que allí estaremos, dispuestos a poner a favor las subjetividades de la susodicha docente.
Instaladas en el trabajo, y ya dan ganas de salir corriendo. Esta semana he vivido una especie de tsunami laboral. Creo que para todos se han acabado las vacaciones al mismo tiempo. Y después de sacudirme la angustia y la tristeza, me sale la rabia que siempre es más operativa para visualizar soluciones. Hacer más porque las familias estén mejor, con soluciones duraderas, y que eso no nos lleve por delante a los que estamos en medio. Que reto. Para mi, no sólo es necesario, sino que se vuelve imprescindible. De la gestión que hagamos de esto dependerá el mundo en el que vivirá mi hija y las oportunidades que tenga. Y da susto. Pero compromete.
Instaladas, ¿cómo si no? en la búsqueda de la conciliación de un trabajo a jornada partida y el cuidado de una hija como madre monoparental, en una ciudad en la que no tengo redes familiares y la gran mayoría de los amigos (agradecidos estamos) tiene trabajo. Como cada año, aquí estamos sentados midiendo tiempos, encajando actividades, obligaciones, apetencias, compromisos. Lo hago con menos angustia que otros años pero enfrentando los cambios que nos vienen y explorando los retos que nos suponen, negociando opciones, calibrando la vida de los siguientes nueve meses. Sí, cada año escolar, es para mi un parto, en todos los sentidos...
A pesar de que hay ratos en los que quiero desinstalarme de todo esto, es también cierto, que la mayor parte de estos doce días he contemplado un hermoso amanecer. De esos que detienen mi mirada y me aprietan el corazón. Y es que a mí, cuando amanece bonito, me dan ganas de salir a comerme el mundo. Aunque a veces, en las tardes de lluvia, se me olvide...
sábado, 13 de septiembre de 2014
EMPEZAR
La llegada progresiva del final del verano
tiende a envolvernos en una cierta nostalgia por las cosas buenas que acaban. Y
yo soy dada a las nostalgias y a veces me pasan factura.
Tras la última factura veraniega importante, hace ya un par de años, decidí que cuando el verano acabara en su luz, su calor, su sin-horario y sus fiestas, yo iba a enfocar mi mirada en todas las cosas buenas que empezaban, que los comienzos siempre me han resultado especialmente inspiradores...y en ello andamos.
Pienso que...
...sigue amaneciendo para mi y para los que quiero, ¿es que acaso habrá algo mejor que eso?. Y amanecemos con salud, que lo demás llega, va llegando, se consigue.
...cuando dejas las vacaciones para el final del verano, que es lo que siempre me ha gustado, volver de ellas; coincidiendo con los cambios de final de temporada, siempre te ofrece un agradable sabor a reencuentro. Sí, me encuentro otra vez con las cosas que forman parte de nuestra cotidianidad, esas que nos acompañan a lo largo del resto de estaciones. Estos han sido días de muchos encuentros. De abrazos y sonrisas amplias. De alegría. De afecto. Estamos en ferias, sigue el buen tiempo. Todo ayuda.
...empieza a sentirse la que aún es brisa fresca y la brisa fresca, refresca. Lo refresca y alivia todo. Lo suaviza. Y no está mal.
...empieza o empezará a transformarse el paisaje natural y a los colores del otoño casi, casi, nada le gana. Planes de otoño, sí. Nada mejor que hacer planes.
...H. coge sus libros, los nuevos y los usados, y los huele. Mi hija es una chica de olores. Se entusiasma, se emociona. Le encanta volver al cole. Los abre, revisa los contenidos. Me mira y me dice tajante: "Que lo sepas, voy a suspender". Yo sonrío y pienso queda inaugurado el curso escolar 2014-2015. Y sonrió porque ¿Qué hacer?...empezaremos la batalla de convencerla (que es la parte más difícil) de que no será así, si trabajamos por evitarlo (porque capaz, es). Lo que más me gusta de H. es todo lo que me obliga a aprender.
...comienza el baloncesto, comienzan los scouts, comienzan las extraescolares. Se reduce nuestro tiempo sí, pero crecen los espacios de relación y crecimiento. Veo a H. madurar física y emocionalmente a pasos agigantados y mucha responsabilidad tienen en ello los grupos en los que se mueve y las experiencias de trabajo en equipo que esos espacios posibilitan. Como me gusta mirar atrás y confirmar que, desde mis dudas e inexperiencia, he ido tomando buenas decisiones para mi hija.
...comienza el reto (y es que me gustan los retos) de hacer frente al pesimismo académico de H., a la mala fama que precede a la profesora que le ha tocado y que ya se vislumbra pero de la que ella aún no es consciente (y que dure). El reto de compensar esa balanza después de dos años de bonanza con una maestra a la que nunca le agradeceremos lo suficiente el bien emocional que ha hecho a nuestros hijos e hijas. Unas son de cal y otras de arena y la vida siempre te ofrece de las dos. Más vale que aprendas a saborear las unas y a esquivar en la medida posible las otras.
...comienza (siguen) los retos laborales, que no son pocos y son complejos. Que no tienen fin. Que nos obligan a crear y redefinir. A tolerar algunas cosas, a mantener con convicción otras, a animar, postergar y priorizar. A defender a pesar del conflicto. A disfrutar de los avances aunque sean pequeños. A ver los espacios de consenso y reconocimiento a través de esos cristales a veces tan opacos. Tiempo de seguir cultivando la sabiduría y la serenidad, desde el equilibrio entre la razón y la emoción. Respiremos, sonriamos, acompañemos. No podemos rendirnos.
...construir planes en el futuro siempre nos ayuda a seguir caminando. Nos encontraremos otra vez, familia, amigos, verano. Mientras prometemos disfrutar del camino.
Tras la última factura veraniega importante, hace ya un par de años, decidí que cuando el verano acabara en su luz, su calor, su sin-horario y sus fiestas, yo iba a enfocar mi mirada en todas las cosas buenas que empezaban, que los comienzos siempre me han resultado especialmente inspiradores...y en ello andamos.
Pienso que...
...sigue amaneciendo para mi y para los que quiero, ¿es que acaso habrá algo mejor que eso?. Y amanecemos con salud, que lo demás llega, va llegando, se consigue.
...cuando dejas las vacaciones para el final del verano, que es lo que siempre me ha gustado, volver de ellas; coincidiendo con los cambios de final de temporada, siempre te ofrece un agradable sabor a reencuentro. Sí, me encuentro otra vez con las cosas que forman parte de nuestra cotidianidad, esas que nos acompañan a lo largo del resto de estaciones. Estos han sido días de muchos encuentros. De abrazos y sonrisas amplias. De alegría. De afecto. Estamos en ferias, sigue el buen tiempo. Todo ayuda.
...empieza a sentirse la que aún es brisa fresca y la brisa fresca, refresca. Lo refresca y alivia todo. Lo suaviza. Y no está mal.
...empieza o empezará a transformarse el paisaje natural y a los colores del otoño casi, casi, nada le gana. Planes de otoño, sí. Nada mejor que hacer planes.
...H. coge sus libros, los nuevos y los usados, y los huele. Mi hija es una chica de olores. Se entusiasma, se emociona. Le encanta volver al cole. Los abre, revisa los contenidos. Me mira y me dice tajante: "Que lo sepas, voy a suspender". Yo sonrío y pienso queda inaugurado el curso escolar 2014-2015. Y sonrió porque ¿Qué hacer?...empezaremos la batalla de convencerla (que es la parte más difícil) de que no será así, si trabajamos por evitarlo (porque capaz, es). Lo que más me gusta de H. es todo lo que me obliga a aprender.
...comienza el baloncesto, comienzan los scouts, comienzan las extraescolares. Se reduce nuestro tiempo sí, pero crecen los espacios de relación y crecimiento. Veo a H. madurar física y emocionalmente a pasos agigantados y mucha responsabilidad tienen en ello los grupos en los que se mueve y las experiencias de trabajo en equipo que esos espacios posibilitan. Como me gusta mirar atrás y confirmar que, desde mis dudas e inexperiencia, he ido tomando buenas decisiones para mi hija.
...comienza el reto (y es que me gustan los retos) de hacer frente al pesimismo académico de H., a la mala fama que precede a la profesora que le ha tocado y que ya se vislumbra pero de la que ella aún no es consciente (y que dure). El reto de compensar esa balanza después de dos años de bonanza con una maestra a la que nunca le agradeceremos lo suficiente el bien emocional que ha hecho a nuestros hijos e hijas. Unas son de cal y otras de arena y la vida siempre te ofrece de las dos. Más vale que aprendas a saborear las unas y a esquivar en la medida posible las otras.
...comienza (siguen) los retos laborales, que no son pocos y son complejos. Que no tienen fin. Que nos obligan a crear y redefinir. A tolerar algunas cosas, a mantener con convicción otras, a animar, postergar y priorizar. A defender a pesar del conflicto. A disfrutar de los avances aunque sean pequeños. A ver los espacios de consenso y reconocimiento a través de esos cristales a veces tan opacos. Tiempo de seguir cultivando la sabiduría y la serenidad, desde el equilibrio entre la razón y la emoción. Respiremos, sonriamos, acompañemos. No podemos rendirnos.
...construir planes en el futuro siempre nos ayuda a seguir caminando. Nos encontraremos otra vez, familia, amigos, verano. Mientras prometemos disfrutar del camino.
domingo, 31 de agosto de 2014
LA VIDA ES AHORA...
...Ahora que veo tu andar lento e inseguro, mientras a tu lado los niños corretean.
...Ahora que corretean JUNTOS sabiendo las pocas ocasiones que tienen de hacerlo.
...Ahora que nos sentamos a la mesa muchos, como espero siga siendo; no sólo en este ahora sino en este siempre, aunque los muchos podamos ir cambiando.
...Ahora que paso calor en verano como paso frío en invierno. Y me quejo, de cada cosa, en su momento.
...Ahora que ha tocado vendimiar la uva que nos dará el vino que celebraremos beber.
...Ahora que te puedo tocar y te puedo hablar. Hablar mirándote a los ojos, porque no siempre soy dulce y quiero que mi rostro matice mis palabras.
...Ahora que me introduzco en la cotidianidad de este hogar, para bien y para mal.
...Ahora que te llevo a la verbena, a la playa, de paseo por el monte y ejerzo a placer de tía, de hija, de hermana.
...Ahora que te veo sonreír. Incluso reírte a carcajadas. Es más, mearte de la risa. Y me rio contigo sabiendote feliz.
...Ahora que sigo admirándote sintiéndome pequeña, muy pequeña en mi capacidad de trabajo (que no es poca), frente a la tuya, que es INMENSA
...Ahora que la brisa del amanecer me despierta y mi reloj biológico siente que es hora de levantarse (que es mentira que en vacaciones no horas) pero.... "uno sólo es lo que es y anda es siempre con lo puesto".
...Ahora que por fin conocimos a H. el menor de la familia. A H. que viene abriendo las puertas a la siguiente camada
...Ahora que hemos dado la bienvenida a quien está por llegar tras dejar marchar con serenidad a L. a la que esperábamos con ilusión. Que familia más GRANDE tengo. Y no es el espacio que ocupa, es el corazón que tiene
...Ahora que pienso en ti que estás aquí, sin dejar de pensar en todos los que no están. Por los mismos motivos, con mayores dudas, conociéndome mejor.
...Ahora sí, que amanece y que como siempre, no es poco.
...Ahora que corretean JUNTOS sabiendo las pocas ocasiones que tienen de hacerlo.
...Ahora que nos sentamos a la mesa muchos, como espero siga siendo; no sólo en este ahora sino en este siempre, aunque los muchos podamos ir cambiando.
...Ahora que paso calor en verano como paso frío en invierno. Y me quejo, de cada cosa, en su momento.
...Ahora que ha tocado vendimiar la uva que nos dará el vino que celebraremos beber.
...Ahora que te puedo tocar y te puedo hablar. Hablar mirándote a los ojos, porque no siempre soy dulce y quiero que mi rostro matice mis palabras.
...Ahora que me introduzco en la cotidianidad de este hogar, para bien y para mal.
...Ahora que te llevo a la verbena, a la playa, de paseo por el monte y ejerzo a placer de tía, de hija, de hermana.
...Ahora que te veo sonreír. Incluso reírte a carcajadas. Es más, mearte de la risa. Y me rio contigo sabiendote feliz.
...Ahora que sigo admirándote sintiéndome pequeña, muy pequeña en mi capacidad de trabajo (que no es poca), frente a la tuya, que es INMENSA
...Ahora que la brisa del amanecer me despierta y mi reloj biológico siente que es hora de levantarse (que es mentira que en vacaciones no horas) pero.... "uno sólo es lo que es y anda es siempre con lo puesto"....Ahora que por fin conocimos a H. el menor de la familia. A H. que viene abriendo las puertas a la siguiente camada
...Ahora que hemos dado la bienvenida a quien está por llegar tras dejar marchar con serenidad a L. a la que esperábamos con ilusión. Que familia más GRANDE tengo. Y no es el espacio que ocupa, es el corazón que tiene
...Ahora que pienso en ti que estás aquí, sin dejar de pensar en todos los que no están. Por los mismos motivos, con mayores dudas, conociéndome mejor.
...Ahora sí, que amanece y que como siempre, no es poco.
martes, 15 de julio de 2014
MIEDOS RAZONABLES...
El verano anterior a encontrame con mi hija me fui de vacaciones a Turquía. En Estambul me encontré con E., una de esas amigas que uno cuenta con los dedos de las manos. Tanto vivimos juntas que ya no hace falta vivirse, para sentirse a la perfección. Que delicia de complicidad.
Dentro de ese viaje, considerando las opciones que tenía, decidí irme tres días a Capadocia, un viaje que gestioné por mi cuenta. Y allí me fui, sin apenas hablar inglés y sin la menor consciencia de ningún mal. Como en los mejores momentos de mi vida, estaba a rebosar de fortalezas. Disfruté de Capadocia a la que volvería muchas veces más, pero recuerdo ese viaje de manera trascendental también por una sensación que nunca antes había tenido.
De repente allí, en un "hotel con encanto", sola y lejos de todo, pensé: no hay nadie en el mundo que sepa donde estoy, si me pasa algo, si no vuelvo en el tiempo previsto, nadie sabe dónde empezar a buscarme. Y eso me pareció una negligencia. Yo hasta en las circunstancias más peligrosas y deshonrosas, siempre lo he dicho, además literalmente: "Si me muero, quiero que sepas donde ir a buscarme". Todo, claro está, para gran angustia de mi madre.
Antes de que transcurriera un año, como estaba previsto H. llegó a mi vida. Desde entonces me preocupa lo que me pasa, tanto como me preocupa lo que le pase a ella. Me cuido más, soy más prudente. Simplemente no quiero llevármela en la caída.
El año pasado cuando H. se fue de campamento por primera vez tras un par de días pensé: ninguna persona de mi entorno, sabe dónde está exactamente, quién es el responsable directo de la actividad, su teléfono de contacto o simplemente a qué hora llega y en qué lugar hay que recogerla. Decidí darle esa información a alguien por si me pasaba algo que me impidiera estar consciente para decirlo en caso de necesidad. Pensaba yo, desde mi inquietud, que si yo faltaba quería que H. tuviera al llegar un rostro amigo y no el vacío. No pienso en grandes dramas, solo hablo de la imposibilidad de ocuparte de lo que son tus responsabilidades por circunstancias que a veces no eres capaz de prever, de evitar....Que mortales somos todos.
He vuelto a tener esa sensación más veces y la he subsanado dando información y explicando lo que motiva mi necesidad. Enseguida salta el comentario sobre el hecho de que no va a pasarme nada y las risas por lo que consideran parte de mis excentricidades. Que a veces, todo hay que decirlo, yo utilizo como introducción al por qué de las cosas. Tengo la sensación de que a veces no me toman en serio y, sin embargo, lo es.
Hace unos días me escribía uno de esos amigos a los que le doy la información y la minimiza en su trascendencia. Se ha ido de vacaciones con su pareja, como todos los años, y como algunas otras veces, esta vez tocaba irse muy lejos. Su mensaje sin embargo, no me avisaba de eso que ya sabía.
Su mensaje decía: "Te reirás de mi, pero si llegara a pasarnos algo... es importante que alguien tenga esta información. Con este nivel de detalle no la maneja nadie de nuestro entorno". Te nombro entonces, nuestra informal albacea.
La carta seguía con cuatro párrafos de datos importantes, de carácter práctico, de inmensa utilidad en caso necesario y de graves efectos en caso de desconocerla. Como le decía, "...la usaré en caso necesario, que espero sea dentro de veinte años, compartiendo risas con nuestras hijas, la mía ya en casa, las de ellos por llegar. Y es que los hijos comprometen y trascienden, nos vuelven frágiles frente a nuestra propia fragilidad. Nos generan miedos bastante razonables.
Pero también a veces, quizás por la misma razón, nos hacen fuertes y nos obligan a crecer y aprender mucho más allá de los límites que creíamos tener. Me reitero, nos hacen mejores.
Dentro de ese viaje, considerando las opciones que tenía, decidí irme tres días a Capadocia, un viaje que gestioné por mi cuenta. Y allí me fui, sin apenas hablar inglés y sin la menor consciencia de ningún mal. Como en los mejores momentos de mi vida, estaba a rebosar de fortalezas. Disfruté de Capadocia a la que volvería muchas veces más, pero recuerdo ese viaje de manera trascendental también por una sensación que nunca antes había tenido.
De repente allí, en un "hotel con encanto", sola y lejos de todo, pensé: no hay nadie en el mundo que sepa donde estoy, si me pasa algo, si no vuelvo en el tiempo previsto, nadie sabe dónde empezar a buscarme. Y eso me pareció una negligencia. Yo hasta en las circunstancias más peligrosas y deshonrosas, siempre lo he dicho, además literalmente: "Si me muero, quiero que sepas donde ir a buscarme". Todo, claro está, para gran angustia de mi madre.
Antes de que transcurriera un año, como estaba previsto H. llegó a mi vida. Desde entonces me preocupa lo que me pasa, tanto como me preocupa lo que le pase a ella. Me cuido más, soy más prudente. Simplemente no quiero llevármela en la caída.
El año pasado cuando H. se fue de campamento por primera vez tras un par de días pensé: ninguna persona de mi entorno, sabe dónde está exactamente, quién es el responsable directo de la actividad, su teléfono de contacto o simplemente a qué hora llega y en qué lugar hay que recogerla. Decidí darle esa información a alguien por si me pasaba algo que me impidiera estar consciente para decirlo en caso de necesidad. Pensaba yo, desde mi inquietud, que si yo faltaba quería que H. tuviera al llegar un rostro amigo y no el vacío. No pienso en grandes dramas, solo hablo de la imposibilidad de ocuparte de lo que son tus responsabilidades por circunstancias que a veces no eres capaz de prever, de evitar....Que mortales somos todos.
He vuelto a tener esa sensación más veces y la he subsanado dando información y explicando lo que motiva mi necesidad. Enseguida salta el comentario sobre el hecho de que no va a pasarme nada y las risas por lo que consideran parte de mis excentricidades. Que a veces, todo hay que decirlo, yo utilizo como introducción al por qué de las cosas. Tengo la sensación de que a veces no me toman en serio y, sin embargo, lo es.
Hace unos días me escribía uno de esos amigos a los que le doy la información y la minimiza en su trascendencia. Se ha ido de vacaciones con su pareja, como todos los años, y como algunas otras veces, esta vez tocaba irse muy lejos. Su mensaje sin embargo, no me avisaba de eso que ya sabía.
Su mensaje decía: "Te reirás de mi, pero si llegara a pasarnos algo... es importante que alguien tenga esta información. Con este nivel de detalle no la maneja nadie de nuestro entorno". Te nombro entonces, nuestra informal albacea.
La carta seguía con cuatro párrafos de datos importantes, de carácter práctico, de inmensa utilidad en caso necesario y de graves efectos en caso de desconocerla. Como le decía, "...la usaré en caso necesario, que espero sea dentro de veinte años, compartiendo risas con nuestras hijas, la mía ya en casa, las de ellos por llegar. Y es que los hijos comprometen y trascienden, nos vuelven frágiles frente a nuestra propia fragilidad. Nos generan miedos bastante razonables.Pero también a veces, quizás por la misma razón, nos hacen fuertes y nos obligan a crecer y aprender mucho más allá de los límites que creíamos tener. Me reitero, nos hacen mejores.
miércoles, 25 de junio de 2014
NECESIDAD...
Hay cosas que son un deseo y otras que son una necesidad.
Necesitaba tiempo. Necesitaba tiempo para estar sola.
Necesitaba tiempo para estar sola en silencio.
Tiempo mio, sin otra ambición que perderlo, gastarlo o invertirlo... en no hacer nada, en no ver a nadie.
Tiempo de estar sola y cuidarme el cuerpo al mismo tiempo que cuidarme el alma.
Cuanto ruido siento alrededor. Bulla, mucha bulla. Demasiada después de tanto tiempo.
Desde hace un mes tengo las tardes libres y eso me hace feliz. Desde hace un mes acabaron las extraescolares de las tardes. Eso nos hace felices a las dos.
Desde hace un mes H. y yo compartimos tiempo, perdiéndolo. Jugamos más, conversamos más, paseamos más, incluso trasnochamos más. Es decir, ganamos mucho en calidad de relación. Y sonreímos, sonreímos mucho más, todo parece más ligero y fluye. Suena tan bien pensando en que tenemos todo el verano por delante.
Pero además, desde hace unos días, estoy sola en casa. Me levanto sabiendo que el ritmo que seguiré será el mio y no el compartido. Y por lo tanto lo gestiono mejor. Depende de mí, me conozco y me entiendo. Me regulo. Con H. cada día está todo por explorar, por compensar, con obligación de regular. Atender a sus necesidades y a las mías. Un aprendizaje y un reto diario. Algunas veces agotador. No en sí mismo, que para eso estamos, sino sumado a todos los demás.
H. es un libro abierto, una niña que habla mucho, cuenta todo. Que dure...H. habla sobretodo de lo que le emociona, y eso da gusto escucharlo. Y de lo que no funciona que para ella es mucho también.
Desde mi punto de vista tiene un don especial para la queja. Para ver lo que no funciona de cualquier cosa. H. ve el punto negro de la tela blanca, el vaso medio vacío. Las espinas de las rosas, y la única nube del cielo radiante. Así, cada día desde que amanece hasta que anochece, yo al lado de ella, reconociendo y validando quejas, señalando gozos. Lamentando lo que no funciona y pensando a ver qué hacemos con lo que nos sirve aún. Viendo el punto negro como una línea que se está abrazando (la idea no es mía). Y el liquido que falta como la fortuna de alguien que tenía sed y tuvo algo que beber. Yo a su lado jugando con los pétalos de las rosas (las naranjas mis preferidas) y observando las espinas que las cuidan para que con delicadeza podamos poner nuestros dedos en su tallo lentamente, sin dañarlas, sin dañarnos. La tregua agradecida que nos da la sombra de una nube y la certeza de que será temporal para que el sol siga brillando y nos caliente nuevamente. Todo apenas perceptible, sutil, que si no se ofende...
La dejo en el cole y voy al trabajo. Allí lo mismo, donde otros venden miserias e impotencia, tengo que ayudarles a ver posibilidades y esperanza; donde me hablan de sus carencias les reflejo sus posibilidades, donde ellos ausencia yo la búsqueda.
Estoy muy cansada. Y el cuerpo se queja y no me ayuda.
Por eso estos días los vivo como una oportunidad, atiendo únicamente mis necesidades. Me desintoxico. Es justo pero sobretodo es necesario. Queda mucho por hacer.
Necesitaba tiempo. Necesitaba tiempo para estar sola.
Necesitaba tiempo para estar sola en silencio.
Tiempo mio, sin otra ambición que perderlo, gastarlo o invertirlo... en no hacer nada, en no ver a nadie.
Tiempo de estar sola y cuidarme el cuerpo al mismo tiempo que cuidarme el alma.
Cuanto ruido siento alrededor. Bulla, mucha bulla. Demasiada después de tanto tiempo.
Desde hace un mes tengo las tardes libres y eso me hace feliz. Desde hace un mes acabaron las extraescolares de las tardes. Eso nos hace felices a las dos.
Desde hace un mes H. y yo compartimos tiempo, perdiéndolo. Jugamos más, conversamos más, paseamos más, incluso trasnochamos más. Es decir, ganamos mucho en calidad de relación. Y sonreímos, sonreímos mucho más, todo parece más ligero y fluye. Suena tan bien pensando en que tenemos todo el verano por delante.
Pero además, desde hace unos días, estoy sola en casa. Me levanto sabiendo que el ritmo que seguiré será el mio y no el compartido. Y por lo tanto lo gestiono mejor. Depende de mí, me conozco y me entiendo. Me regulo. Con H. cada día está todo por explorar, por compensar, con obligación de regular. Atender a sus necesidades y a las mías. Un aprendizaje y un reto diario. Algunas veces agotador. No en sí mismo, que para eso estamos, sino sumado a todos los demás.
H. es un libro abierto, una niña que habla mucho, cuenta todo. Que dure...H. habla sobretodo de lo que le emociona, y eso da gusto escucharlo. Y de lo que no funciona que para ella es mucho también.
Desde mi punto de vista tiene un don especial para la queja. Para ver lo que no funciona de cualquier cosa. H. ve el punto negro de la tela blanca, el vaso medio vacío. Las espinas de las rosas, y la única nube del cielo radiante. Así, cada día desde que amanece hasta que anochece, yo al lado de ella, reconociendo y validando quejas, señalando gozos. Lamentando lo que no funciona y pensando a ver qué hacemos con lo que nos sirve aún. Viendo el punto negro como una línea que se está abrazando (la idea no es mía). Y el liquido que falta como la fortuna de alguien que tenía sed y tuvo algo que beber. Yo a su lado jugando con los pétalos de las rosas (las naranjas mis preferidas) y observando las espinas que las cuidan para que con delicadeza podamos poner nuestros dedos en su tallo lentamente, sin dañarlas, sin dañarnos. La tregua agradecida que nos da la sombra de una nube y la certeza de que será temporal para que el sol siga brillando y nos caliente nuevamente. Todo apenas perceptible, sutil, que si no se ofende...La dejo en el cole y voy al trabajo. Allí lo mismo, donde otros venden miserias e impotencia, tengo que ayudarles a ver posibilidades y esperanza; donde me hablan de sus carencias les reflejo sus posibilidades, donde ellos ausencia yo la búsqueda.
Estoy muy cansada. Y el cuerpo se queja y no me ayuda.
Por eso estos días los vivo como una oportunidad, atiendo únicamente mis necesidades. Me desintoxico. Es justo pero sobretodo es necesario. Queda mucho por hacer.
jueves, 29 de mayo de 2014
PERTENENCIAS
M. vive muy lejos de aquí. Como yo, no vive en el lugar que la vio nacer. Ambas fuimos emigrantes por placer y eso hizo más fácil la partida. Creo, sin embargo, que ambas hubiéramos querido volver. El devenir de los hechos fue postergando ese regreso y llegó un punto en el que lo descartamos como opción. Al menos, a corto plazo. Nunca se sabe. Y de eso sabemos mucho en mi familia.
M. hace unos días reflejaba en su muro de Facebook que cumplía diez años la asociación, que en su ciudad aglutinaba a los emigrantes de mi país. Imaginaba el lugar en el que vive, como un lugar pequeño. Me sorprendía que hubiera un volumen suficiente de expatriados para formar una asociación que quisieran mantener viva nuestra identidad cultural. Que trabajara por ayudarla, por ayudarnos, a mantener viva nuestra pertenencia.
M. y yo nacimos en un país maravilloso, que abrió siempre sus manos a los llegados de otras tierras. Lo sé, lo he sabido y sentido siempre. Somos un pueblo acogedor, aunque vivimos tiempos difíciles. Al leer la nota de M., y el trasfondo que refleja, sentí mucha tristeza. Tristeza, por todas las migraciones forzadas de las que he sido testigo todos estos años por mi trabajo. Tristeza, por las vivencias de muchos amigos que no tuvieron eso que definimos entonces como suerte o fortuna. Ellos se han ido, pero porque se sintieron expulsados.
Esa referencia también me hizo pensar en algunos nombres de mi infancia. La Hermandad Gallega, el Centro Catalán, El Club Libanés, El Centro Italo, El Hogar Canario...Nombres que no entendía en su trascendencia entonces (me parecían una versión light de una secta, de un grupo cerrado y poco animado a incorporar a los distintos) y que, ahora, desde nuestras migraciones, comprendo en su justa medida...
Cuando M. colocó la nota, yo evoqué con añoranza esos lugares porque ahora sí, desde la distancia, con la ausencia a cuestas, entiendo el rol tan importante que juegan en el mantenimiento del sentido de pertenencia...Y es que todos necesitamos "pertenecer", porque en esa pertenencia tenemos un espejo que define mucho de lo que somos...
Pertenecer y ser aceptado por un grupo es, según Maslow y otros autores, una necesidad humana fundamental. Maslow, padre de una de las principales teorías de la motivación, afirma que la mayoría de los seres humanos desea pertenecer y ser parte de algo más grande que ellos mismos. Inicialmente, esa necesidad de pertenencia se satisface en el ámbito familiar pero, a la par del desarrollo humano, se extiende progresivamente al grupo de amigos, al barrio o a la comunidad donde vivimos y, sucesivamente, a las diferentes asociaciones y redes culturales o sociales con las que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida.
Pertenecer y ser aceptado en un grupo, nos permite desarrollar relaciones sólidas y estables con otras personas y, sobretodo, participar del flujo afectivo que las recorre. Porque la necesidad de pertenencia es, en última instancia, la necesidad de dar y recibir afecto de otras personas, de ser parte de un entramado sólido de relaciones afectivas que nos nutren y que sostienen nuestra existencia.
Cuando migras, ese grupo de pertenencia en el que te reconoces se rompe. Y en ese proceso todos, unos más y otros menos, unos antes y otros despues, nos rompemos. Cada uno a su manera y con sus consecuencias. También aquí, cada historia es única y, casi siempre, es compleja.
La identidad cultural, además de proporcionar elementos concretos de referencia y comparación, resume todo el universo simbólico que caracteriza a un grupo, estableciendo patrones singulares de interpretación de la realidad, códigos de vida y de pensamiento que definen nuestro ser y nuestro sentir. La identidad nos da una realidad colectiva común, una herencia, un inconsciente colectivo que facilita ciertos procesos de relación. El sentido de pertenencia es la adscripción a ese universo simbólico común que otorga significado y sentido
Hoy, mirando atrás, reivindico el valor de esas colectividades de migrados que sin distraerte de otros procesos de socialización e integranción, constituyen el soporte afectivo sobre el cual se asienta la esencia de lo que somos más allá de la migración.
Y pienso en esto cuando pienso en mí, pero también cuando pienso en mi hija. En su identidad y su sentimiento de pertenencia. Y no logro definirlas con certeza. Le pasará como a mi, que en todos sitios soy, pero no soy. Por eso somos "raras" o, como prefiere decirme P., "especiales".
M. hace unos días reflejaba en su muro de Facebook que cumplía diez años la asociación, que en su ciudad aglutinaba a los emigrantes de mi país. Imaginaba el lugar en el que vive, como un lugar pequeño. Me sorprendía que hubiera un volumen suficiente de expatriados para formar una asociación que quisieran mantener viva nuestra identidad cultural. Que trabajara por ayudarla, por ayudarnos, a mantener viva nuestra pertenencia.
Esa referencia también me hizo pensar en algunos nombres de mi infancia. La Hermandad Gallega, el Centro Catalán, El Club Libanés, El Centro Italo, El Hogar Canario...Nombres que no entendía en su trascendencia entonces (me parecían una versión light de una secta, de un grupo cerrado y poco animado a incorporar a los distintos) y que, ahora, desde nuestras migraciones, comprendo en su justa medida...
Cuando M. colocó la nota, yo evoqué con añoranza esos lugares porque ahora sí, desde la distancia, con la ausencia a cuestas, entiendo el rol tan importante que juegan en el mantenimiento del sentido de pertenencia...Y es que todos necesitamos "pertenecer", porque en esa pertenencia tenemos un espejo que define mucho de lo que somos...
Pertenecer y ser aceptado por un grupo es, según Maslow y otros autores, una necesidad humana fundamental. Maslow, padre de una de las principales teorías de la motivación, afirma que la mayoría de los seres humanos desea pertenecer y ser parte de algo más grande que ellos mismos. Inicialmente, esa necesidad de pertenencia se satisface en el ámbito familiar pero, a la par del desarrollo humano, se extiende progresivamente al grupo de amigos, al barrio o a la comunidad donde vivimos y, sucesivamente, a las diferentes asociaciones y redes culturales o sociales con las que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida.
Pertenecer y ser aceptado en un grupo, nos permite desarrollar relaciones sólidas y estables con otras personas y, sobretodo, participar del flujo afectivo que las recorre. Porque la necesidad de pertenencia es, en última instancia, la necesidad de dar y recibir afecto de otras personas, de ser parte de un entramado sólido de relaciones afectivas que nos nutren y que sostienen nuestra existencia.
Cuando migras, ese grupo de pertenencia en el que te reconoces se rompe. Y en ese proceso todos, unos más y otros menos, unos antes y otros despues, nos rompemos. Cada uno a su manera y con sus consecuencias. También aquí, cada historia es única y, casi siempre, es compleja.
La identidad cultural, además de proporcionar elementos concretos de referencia y comparación, resume todo el universo simbólico que caracteriza a un grupo, estableciendo patrones singulares de interpretación de la realidad, códigos de vida y de pensamiento que definen nuestro ser y nuestro sentir. La identidad nos da una realidad colectiva común, una herencia, un inconsciente colectivo que facilita ciertos procesos de relación. El sentido de pertenencia es la adscripción a ese universo simbólico común que otorga significado y sentido
Hoy, mirando atrás, reivindico el valor de esas colectividades de migrados que sin distraerte de otros procesos de socialización e integranción, constituyen el soporte afectivo sobre el cual se asienta la esencia de lo que somos más allá de la migración.
Y pienso en esto cuando pienso en mí, pero también cuando pienso en mi hija. En su identidad y su sentimiento de pertenencia. Y no logro definirlas con certeza. Le pasará como a mi, que en todos sitios soy, pero no soy. Por eso somos "raras" o, como prefiere decirme P., "especiales".
Publicado por
Montse Hernández P.
en
23:06
2 comentarios:
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