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miércoles, 15 de febrero de 2017

AFRO Y SAN VALENTÍN

Tengo en casa una preadolescente de pelo Afro.

...y no es solo que lo tenga afro, sino que tiene pelo para dos cabezas.

...a lo largo de estos años (doce) hemos trabajado un día sí y otro también porque se quiera a si misma, en todas sus circunstancias, con sus bondades y desdichas, siempre subjetivas, en cuanto a los determinantes de su dotación genética. Y ese es un trabajo que se construye a base de presencias, de discursos, de miradas y de convicciones.

Su melena afro desde mi punto de vista es espectacular pero coincido con ella en que, para estudiar, más vale que la lleve recogida, por su bienestar académico y, sobretodo, por el de la persona que se sienta detrás de ella. Así, a lo largo de toda primaria; al cole, su cabello ha ido recogido con trenzas (made in home) que sus esfuerzos físicos y emocionales nos han costado, o; con coleta, una solución rápida, sencilla y en un momento dado autogestionable (lo que se agradece en el día a día).

En el último año, con ese despertar a veces radical y a veces sutil de la preadolescencia, H. ya no quiere llevar trenzas (una opción válida), y como con todo, prefiere acabar rápido, para dedicarse el resto del tiempo que parecía sobrarnos, a mirarse en el espejo.

Yo, que desde siempre trabajo para que su autoestima le permita vivir plenamente, sintiéndose maravillosa en todas sus circunstancias, celebro de puertas adentro y con ella, todos sus procesos de reconciliación y enamoramiento, con aquello que es como es y no puede cambiarse.

Ayer, en su instituto, celebraban San Valentín. Con esa excusa, los chicos de los últimos cursos de la ESO organizaron una actividad para recaudar fondos para su viaje de fin de curso. La actividad consistía en encargar semanas atrás, flores (claveles) o chucherías (piruletas o gominolas de corazón) para regalárselos por sorpresa a sus amigos el día de San Valentín . En torno al hecho, se fue creando un clima de expectación y emoción muy gracioso, porque es que H. se emociona con la vida.

Lo interesante del evento para mi ha sido verla vestirse por la mañana y descubrir que había decidido llevar su melena al viento, léase suelto, en todo su esplendor. Entonces he caído en cuenta que a lo largo del año, en aquellas ocasiones en las que quería verse especialmente guapa y llamativa, su opción ha sido llevar ese pelo del que de niña ha renegado "lo suficiente", ese pelo "que sólo le gusta así a los mayores", sí, ese mismo, llevarlo libre y en toda su magnitud. Transformar ese "es que todos me miran" en tono de vergüenza de hace unos años, en "es que me gusta que me miren y tengo con qué"...

Y volvió a casa sí, rodeada de claveles, con las gominolas en el estómago y con "un todo el mundo me dijo que bonito!"; sí, los mayores pero también los menores como ella, que la quieren mucho y que se abren a otros conceptos de lo que es hermoso más allá de lo habitual

H. siempre ha sido poderosa en su ser; pero hay cosas que ha tenido y tiene que conquistar en su empoderamiento personal: su condición de adoptada, el color de su piel, su cabello...y en ello estamos y no nos va mal.




domingo, 12 de octubre de 2014

TELEDIARIO

Mi amiga E. siempre dice una frase que a mi me parece perfecta para explicar mi necesidad, pero no resuelve mi desazón: "Haz que esperen lo mejor. Preparales para lo peor". 

Hace tiempo que no veo el telediario, la razón es clara, no me informa y me enfurece la manipulación informativa, la descompensación en los temas de interés, la parcialidad, la subjetividad,...y un largo etc. Me decanto por la prensa escrita o por la red, que ofreciéndome más alternativas (perspectivas) también me permite profundizar en lo que me interesa, en la extensión y con el rigor que deseo.

El fin de semana pasado, sin embargo, me despisté, y allí nos pilló, frente a la tele. El telediario y sus grandezas. La guerra, las epidemias, la corrupción, la pederastia. Error, enorme el descuido. O no. Por que si no, ¿cuándo hablamos de estos temas?

H. curiosa para todo lo que le rodea. Mira el telediario con atención. Y sufre, como lo hace quien no conoce de maldades y por lo tanto le preocupan y le indignan. Le asustan. ¿Cómo si no?. Nosotros ya estamos adormecidos frente abusos e injusticias. Y el peligro no lo vemos, no nos moviliza si no está tocando nuestra puerta. Y qué tristeza da esa consciencia.

H. pregunta con angustia y eso dónde es?...y por qué no hacen nada?...por qué no se hablan, por qué no se escuchan?...por qué no les dan lo que piden?...por qué se disparan?...Y yo termino realmente atormentada por su angustia y la que me provoca un mundo que mal hago en dejarle en herencia.

Y hay cosas con las que me defiendo, frente a las que no tengo argumentos pero tengo palabras y puedo explicarle las sin razones que nos llevan a muchas cosas que no entiende. Procuro educarla en valores que serán los que posibiliten que ella, y los suyos, los de las generaciones futuras, puedan construir un mundo mejor que el que les estamos dejando.

Pero hay temas en los que yo me quedo sin palabras, sin razones, sin explicaciones. 

Noticia: detienen un pederasta. Se ven las imágenes, hablan de las niñas y ella me dice ¿Qué ha pasado? ...y mis segundos de silencio le anuncian la importancia del tema. Y le digo, le doy la explicación más sencilla posible, sin faltar a la verdad. Y es mi miedo. Y es su cara el horror...pregunta y pregunta y yo siento el esfuerzo que hago por enfrentarla a lo que no tiene una explicación. Y, si eso pasa, si eso es una posibilidad de la que debo protegerla y enseñarle a protegerse, cómo trabajar con ella al mismo tiempo, que la calle es un lugar seguro y que el mundo está lleno de gente buena. 

Decía Francisco Tonucci  que "los adultos enseñan a los niños a no abrir la puerta a nadie, a no pararse con nadie, a no aceptar nada de otras personas… porque cada desconocido es un potencial enemigo; esto es terrible"...." en general tenemos miedo, un miedo del que es responsable, en muchas ocasiones, la globalización de la información". Dice es inaceptable que por noticias como la que comento y su eco en los medios de comunicación "...porque es una noticia que impacta y engancha; los adultos estemos "encarcelando" a nuestros hijos". Y cuenta esta anécdota: "Cuando en un pueblecito de Italia presenté el tema de la autonomía de los niños, una madre me decía “Eso está muy bien, pero yo tengo miedo”, ¿miedo de qué? le pregunté, “de los pedófilos, por ejemplo”. Cuántas veces habéis tenido un problema de pedofilia en vuestro pueblo, “en nuestro pueblo ¡nunca!” (queriendo decir que era inimaginable) y entonces, por qué tiene miedo, “porque lo vi en la televisión”. 

Continua Tonucci "Este es un motivo suficiente para tener miedo, pero es un miedo injustificado. Todos los años son muchos más los niños que mueren ahogados en una piscina y sin embargo a nadie se le ocurre que dejen de bañarse. Una de las experiencias más peligrosas para un niño es viajar en el coche de su madre y de su padre, y esto lo hacemos a diario…" Y visto así como que también te obligas a matizarte, pero cómo lo trasmites con este bombardeo mediatico. Por un lado, creo en la necesidad de visibilizar ciertos delictos que permanecen ocultos para terror de las víctimas silenciadas y, por otro, este bombardeo te provoca reacciones que tampoco se ajustan a la realidad.

Volviendo al origen que importante es hablar de esto a los niños, no sólo de esa violencia directa y explícita, física o sexual, sino por las cosas que se le aproximan y a las que a veces no le damos la importancia que merecen...cosas que tienen que ver con la manipulación emocional que se ejerce desde el poder de la adultez sobre la inocencia de la niñez y hablo de ser expuesto a la mirada lasciva de otro, de obligarle a ver, tocar, actuar a la fuerza o con un consentimiento que no es pleno y que muchas veces se da por miedo, o aún peor, por la relación afectiva que se tiene con el agresor.

Los abusos a menores de edad se dan en todas las clases sociales, ambientes culturales o razas. También, en todos los ámbitos sociales. En más del 70% de los casos los actores del abuso son personas que proceden del círculo familiar o de amistades del menor o distintos tipos de conocidos de la familia. Cómo protegerles de semejante estadística sin caer en la paranoia.

Pues hablando del tema, preparándoles para lo peor, quitando el acento del actor y poniéndolo en lo que provoca: sufrimiento, culpa, incomodidad. No es sólo lo que es, un beso por ejemplo; es lo que te hace sentir cuando no deseas darlo o recibirlo. Si algo te hace sufrir, te hace sentir incómodo, sentirte culpable o asqueado, entonces tienes que hablar de eso con otro adulto. 

Y ese otro adulto... 


TIENE QUE CREERLE. 

Tiene que AYUDARLE A PROTEGERSE. 

Tiene que GARANTIZARLE QUE DETENDRÁ la situación de abusos de la cual el o ella NO SON RESPONSABLES. 

Y solo así, aún conociendo de cerca o de lejos, la maldad y el horror, podrá sentir que se encuentra en un lugar seguro.

Qué difícil. Que imprescindible.


martes, 29 de octubre de 2013

AZUL

T. tiene unos siete años y los ojos tremendamente azules. La piel perfecta de la niñez, una hermosa cabellera rubia. Su belleza es innegable y cautiva.

Cuando la veo, sin embargo, esa belleza y su inocencia de niña, me producen una sensación ambivalente. Por un lado, la obvia, la calidez y la ternura. Por otro, el mal sabor de un recuerdo y una duda.


T. tiene un parecido físico extraordinario con una joven que conocí hace meses. La Guardia Civil la trajo a la institución en la que trabajo. Como era extranjera y no hablaba ni castellano, ni inglés, nadie había logrado hablar con ella y allí la sentaron, en mi mesa, como si yo hablara su lengua materna!!!. Nada más lejos de la realidad. Creo, sin embargo, que si hay un lenguaje que hablo y es el de asumir ciertas responsabilidades que otros delegan porque no saben qué hacer con ellas. Yo tengo la certeza de que comunicarse a ciertos niveles no es cuestión de idioma, sino de instinto.

La encontraron al amanecer de un día de semana, caminando por una de las carreteras que salen de la ciudad. Presuponían que venía de un club de alterne cosa que ella negaba rotundamente. Simplemente estaba perdida. Salió de su casa, esa en la que llevaba pocos días viviendo junto a su novio, y no sabía volver. Ningún teléfono al que llamar. Sólo su nombre y su apellido, tan común como los árboles en un bosque.

Su documentación decía que tenía 18 años recién cumplidos. Aparentaba 15 o 16. Gracias al trabajo de una interprete pudimos conocer la historia que quiso contarnos. Viajaba con su pareja, era la mayor de varios hermanos. Su familia no estaba en España pero sabían que ella sí. Todo creíble, todo increíble.

Con ayuda de la interprete le dimos información sobre aquello que ella negaba, intentando ser prudentes en el respeto a su intimidad. Le facilitamos información en su lengua sobre las posibilidades de apoyo que tenía. Le ofrecimos que hablara por teléfono con quien quisiera. A todo se negó. Sólo sonreía. No parecía ni nerviosa, ni asustada. No había consumido nada. En su lengua, su discurso era sereno y coherente. Según ella, sólo estaba perdida.

Le pregunté en qué podía ayudarla. "A llegar a casa", contestó. Simple; solo que ella no sabía donde estaba esa casa. Nada, ni una pista útil. Tras un rato de buscar en su memoria de pronto lo dijo: "cerca hay un parque con patos". 

No son muchos los lugares de esta ciudad en la que podemos encontrarlos. Fui con ella hasta allí y tras dos o tres vueltas por los alrededores localizamos un portal, y subí con ella a un piso en el que no sabía qué me esperaba. Preferí no entrar por prudencia y por respeto. Solo le recordé a ella y a quienes asomaron al dintel de la puerta, quiénes eramos, dónde estábamos y qué sabíamos. En esas personas nada sospechoso. Informé a los servicios sociales del incidente.

Meses después he vuelto a ese lugar, he entrado en esa casa donde ahora vive otra familia. He preguntado por ella y la recuerdan. Sin embargo nadie se asume como cómplice ni habla de lo que pasaba.

Llevo días pensando en ella. Pensando en el infierno. Pensando en las veces que buscando el paraíso fácil equivocamos la puerta al entrar. Pensando, como lo hice a lo largo de aquellas horas..¿había algo más que podía haber hecho por ella en contra de su voluntad?... Pensando desde mis certezas y mis errores, desde mis dudas y mis intuiciones.

Y el domingo, de excursión junto a T., viéndola, sintiéndome reflejada en su mirada, no he dejado de pensar en la responsabilidad que tenemos todos, de que ciertos infiernos desaparezcan para siempre.


 

lunes, 14 de octubre de 2013

En estos días, estoy algo silenciosa y reflexiva, sin sentirme especialmente bien. Algo temerosa vitalmente (mientras a mi alrededor todos ven mi valentía). Cuestionandome en muchas cosas. Sí, juez, conmigo misma.

En estos días, miro mucho a la gente y escucho sus motivos para ser o dejar de ser, para hacer y dejar de hacer. Veo sus logros y también sus miedos.  Comparto sus ilusiones, y busco las mías. Callada pensando. Sonrío. Lo intento, pero no me sale. Sí, juez, conmigo.

En estos días, me faltan muchos "sí" cargados de sonrisas y me sobran muchos "no". Los que más, los míos.

Me está costando encontrar la manera de educar desde el SÍ. Tengo la sensación de estar con demasiada frecuencia recordándole a H. lo que no está bien, lo que no debe, lo que no se hace de esa forma, lo que no es oportuno, lo que está feo. Y sale por mi boca, lo percibo y me torturo

Se que en paralelo la elogio mucho porque me sale con la misma fuerza del corazón. Se que está llena de virtudes que le repito hasta la saciedad. Alabar siempre es sencillo, pero qué hacer para corregir un comportamiento que no está bien. Como freno su ímpetu, cómo su intensidad desbocada, como educo su impulsividad, sus dificultades para autoregularse y respirar física y emocionalmente. Como evitar que absorba de la manera que lo hace. Como autoregularme yo, para no ahogarme con las expectativas que tengo sobre lo que está bien, en relación al comportamiento que debe tener. Qué complicado!.

Y cuando tomo consciencia de ello, de todos los "nos", de todos los días, me siento fatal.


Y entonces todo me estalla en la cara. Y me hace sonreír. 

Sentada frente a mi con su bella sonrisa

"Mamá me haces feliz".. 

La miro riéndome "¿Si? ¿De verdad? pero si estoy todo el rato diciéndote que No!"

"Claro! Me estás educando!"

Alivios que vienen bien. Sin dejar de ver lo que en mi está mal, pero regulando. Y sí, siempre ha sido así, mi juez mas estricto, soy yo.


lunes, 6 de mayo de 2013

MATRIMONIO...

...En la salud y en la enfermedad: H. llevaba varios días sin esa vitalidad desbordante que la caracterizaba. No me extrañaba, fue una locura el ritmo de vida que asumimos ese trimestre. Normal era que nos pasara factura, no habíamos llegado a tiempo de poner en marcha las correcciones necesarias. El cuerpo, es muy sabio, y protesta nuestros excesos. 

Localizados los motivos, sin que ninguno pareciera especialmente grave, H. había estado algo malita y esa tarde finalmente había vomitado. Era la segunda vez que lo hacía en cuatro años que llevaba conmigo. Había tenido fiebre una decena de veces, como mucho. Su respuesta positiva a los medicamentos, era inmediata. H. no sabía estar enferma. Por aquel entonces ella llevaba unos días preocupada por su estado de salud, sabiendo que había algo que no estaba en su sitio. Ese día, tras vomitar, preguntó: "¿Mamá, me voy a morir?" y yo, me desvivía por explicarle que no, que solo era que había cometido algunos excesos el día anterior, y que la comida de ese día le habría sentado mal, pero que eso, que podía pasarnos a todos, no era la antesala de la muerte... 

Como por suerte yo tampoco me enfermo nunca, ese día comprendí que ella no tenía un repertorio conductual y emotivo que le ayudara a saber que eso era rutina, y que, a situaciones como esas, sobreviviríamos, probablemente, muchas veces más...Como así fue.


...En la pobreza y en la riqueza.
En la misma escena, abrazada a mi y asustada, me decía: "Mamá ¿el médico cuesta dinero o es gratis?". "Es gratis", le contesté. Y añadí: "..y aunque costara dinero, tenemos dinero. La salud es lo más importante, y siempre habrá dinero para eso" (hoy comienzo a dudarlo, como las cosas allá afuera sigan así). 

Pensé entonces que a lo mejor había estado repitiendo mucho  "No podemos, porque no tenemos tanto dinero". "Trabajo mucho porque necesitamos el dinero". "No sé si lo podrán traer los Reyes porque cuesta mucho dinero"....

O, a lo mejor, era que con su pregunta simple de unos días antes "¿Mamá pero... por qué no compra comida la gente de África para poder comer? y mi respuesta, "Por que no tienen dinero cariño" no fue suficiente, y a las pruebas (con la siguiente pregunta) me remito. "...Pues que trabajen!" contestó...Y yo repliqué: "no siempre es fácil tener trabajo..."

Y entonces, te detienes y tratas de hacer simple lo complejo (y no encuentras la forma de hacerlo)...

Pensé entonces y pienso ahora en las certezas interiores y exteriores que les dejamos a nuestros hijos en herencia, en los compromisos que asumimos (y de qué manera) con las personas que amamos. 

No creo en el acto donde nos juramentamos en matrimonio con otro, aunque respeto a quienes deciden asumirlo como ritual. Creo en los compromisos que asumimos y que mantenemos presentes en cada momento de la cotidianidad de todos los días.

Hoy he recordado esta escena. La persona con la que más cerca he estado de ese juramento (en el terreno afectivo) me cuenta de su deseo de ser padre con su pareja. 

Pienso en sus hijos y en la forma en que llegarán a él y pienso en  mi hija y en la forma en que llegó a mi. En el compromiso que me une a ella. Y sí, hija, me comprometo a velar por ti, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza...todos los días de mi vida. 

Porque la maternidad y/o paternidad es una decisión, para siempre.

domingo, 31 de marzo de 2013

PERDER...

A todos nos gusta ganar. Sin embargo aprender a perder es una cosa imprescindible en la educación emocional de cualquier ser humano.

Hace seis meses H. empezó a jugar al baloncesto. Tras un primer intento de vincularla al deporte a través del atletismo aprovechando sus evidentes capacidades, las más obvias fantasías y los más tangibles recuerdos de Addis Abeba, descartamos esa opción por algunas dificultades prácticas y también por su individualismo. H. necesitaba un equipo para competir desde el esfuerzo conjunto, y no competir desde lo individual frente a otros.

Seis meses después, sólo puedo afirmar que hemos sido muy sabias.

Ya he hablado en otras ocasiones de las cosas buenas que esta decisión ha propiciado pero ahora quería hablar de otro de los muchas aprendizajes que H. ha tenido que hacer en este camino y sobre el que yo, su madre, he tenido que ir trabajando y también aprendiendo.

Hace cinco meses que empezaron a jugar partidos, uno por semana, salvo alguna excepción. Los hemos perdido todos menos uno. Todo hay que decir que hemos ganado el más importante. Ganamos el que jugamos el día de su cumpleaños, así que celebramos el doble cuando todavía sentíamos que ésto de ganar o perder podía ser una cuestión de alternancia...

Sin embargo la experiencia de cada sábado, nos está curtiendo en  la derrota. Y a mi, madre observadora y cómplice con otros padres y madres, que a diferencia mía, son casi todos hijos e hijas del baloncesto; me está haciendo aprender mucho. Hemos tenido partidos de todo tipo, los perdidos por paliza, los perdidos por dejadez, los perdidos de forma ajustada, los perdidos tras ir ganando, los perdidos porque ni nos enteramos de los errores, los perdidos porque nos faltó definición, los perdidos porque madrugamos mucho, y pare usted de contar...siempre son varias las razones...En cada derrota muchas cosas que aprender y en ello trabajamos cada una/uno con su hija...


Pero quizás lo más importante es que tejiéndose sobre cada derrota, yo observo que el mejor aprendizaje es: jugamos porque nos gusta, si ganamos, mejor, pero no es lo que pereguimos, al menos a estas alturas, que todo se andará. Llegará un momento en que será preciso competir, dejarte la piel en la victoria y llorar de rabia en las derrotas pero aún tienen ocho años y creo que son otras las cosas de las que han de alimentarse.

Yo las veo sonreír cada vez que llegan a la cancha tras cinco meses de partidos perdidos, las veo jugar con inocencia y celebrar al equipo y casi siempre a los rivales. Me sorprende que H. tan dolida en la derrota y tan competitiva siempre, tras estos cinco meses vuelva de cada partido hablando con relativa objetividad de los errores cometidos, observando en detalle las cosas que provocaron el resultado adverso, señalando alternativas a lo hecho para haber cambiado el resultado del partido, manteniéndose atenta a esos errores la vez siguiente, valorando esa nueva oportunidad que le brinda cada sábado. Me parece que esa actitud inteligente, ante el mal sabor de una derrota, la hace más fuerte y es un aprendizaje que, al formar parte de una actitud, se amplía y extiende a otros contextos, en los que necesitará la misma o mayor templanza.

Hoy he visto perder a unos de mis chicos del tenis español. Lo he visto emocionarse al hablar y sin embargo mantener la frente en alto, sonreír, saludar desde un agradecido "nos vemos aquí, otra vez, el año que viene". La vida siempre nos da nuevas oportunidades para poder demostrar lo que hemos aprendido a partir de la experiencia. Más nos vale haberlo hecho.





domingo, 10 de febrero de 2013

DISFRAZ

Como con muchas otras cosas, hay a quien le encanta, a quien le es indiferente y a quien no le gusta nada. 

Hablo de disfrazarse y yo pertenezco a este último grupo. 

Son contadas las ocasiones de mi vida adulta en las que lo he hecho, aunque reconozco que en esas pocas, lo he pasado bien. Se también con la misma certeza que, de haber podido elegir, no lo hubiera hecho.

En los últimos años de mi vida, en el ejercicio sabio de la maternidad, he animado a H. a disfrazarse. En algunas ocasiones, entre ellas este año, en lugar de comprar o heredar un disfraz que nos sirviera para estar en sintonía carnavalera, hemos decidido hacer uno nosotras mismas. 

Siendo yo una mujer negada para los trabajos manuales no ha sido pequeño el reto. Para mi sorpresa, he descubierto en esas ocasiones un enorme placer en la tarea. El entretenimiento de un rato de ilusión en la búsqueda de aquello que nos emocione y agrade como disfraz (...y que sea viable claro!), la satisfacción del ejercicio del reciclaje, de la mano de la creatividad para construir algo bonito, gastando lo menos posible, y el placer de trabajar en un ámbito el manual, tan ajeno a mis ocupaciones cotidianas más sobrecargadas de razón y emoción.

Como en muchas ocasiones, he extrañado la presencia de mi madre, costurera de profesión, mujer laboriosa y paciente, perfeccionista en su labor; tres virtudes que no siempre me acompañan y que son útiles en menesteres como los que nos han ocupado en estos días. Juntas hubiéramos hecho maravillas pero lo cierto es que nos separan muchos kilómetros y no estamos al alcance de la mano, para estas cosas que se entienden menos trascendentales.

Creo que para disfrazarse hay que mantener mucha de la ilusión infantil por jugar, de vivir el juego como una fiesta que sólo admite sonrisas y hay que saber asumir "otros personajes", (y querer hacerlo),  para con ello, ser capaz de asumir su esencia y no sólo su apariencia. Me gustan lo disfraces construidos, producto de la creatividad de sus porteadores, me reflejan motivación, trabajo e ilusión, imprescindible trio que debe acompañarnos a lo largo de la vida.

Uno de los disfraces vistos en estos días que más me ha gustado, hace referencia a una película que habla precisamente de eso, de la fuerza de las emociones y los ideales, de la necesidad de soñar y luchar por los sueños, y de lo imprescindible que es entender esa búsqueda, como un territorio de diversión y juegos. Y de cómo esa búsqueda se vive con mayor intensidad si se hace en compañía de otros. Y si son niños mejor.

Mi hija es una buena compañía, es una fuente sueños y me enseña y ayuda a jugar. Es una suerte tenerla de inspiración.




miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA REALIDAD...


Decía mi amigo R. para mi desesperación personal: “La realidad es la realidad”

Ayer, camino a casa, tras el cole…


“Mamá, sabes que A. (un compañero de clase) ya no va al cole porque ha venido la policía y le ha quitado su casa porque no la pagaban. Ahora viven en la calle, y eso que tienen un bebé”

Dado que va a su clase desde hace cinco años, tengo alguna información sobre la familia de A. Puede que sean usuarios regulares de nuestros Servicios Sociales (padres en paro antes de que el paro colapsara este país, absentismo escolar, y en general, su apariencia y sus actitudes en las reuniones del cole...). Puede también que me equivoque. 


Quizás los padres de A. forman parte de esas estadísticas que viven quebrándonos la paz desde hace años y que cada día sientes más cerca, más frecuentes, más normales. Que terrible que lo normal sea lo frecuente. Para muestra un botón

He tenido que dar respuesta a una batería de angustias en relación al dinero que tenemos, si podremos pagar la casa, si la policía también vendrá a buscarnos a nosotros, si el bebé estará bien durmiendo en la calle.
 

He estado preguntándome si toda esta angustia colectiva (que buena base tiene) podemos mantenerla al margen de nuestros hijos, haciéndoles inmunes al dolor que supone. O si más bien, deberíamos dejarla pasar algo masticada ya, para que aprendan algo de las crueldades del mundo adulto –y le den valor a las virtudes de la niñez-; aprendan algo del valor de cada una de las cosas que tienen, materiales (casa, juguetes, libros…) e inmateriales (un hogar, afecto, salud,…) y que a veces creen les corresponden por derecho inalienable.  

No tengo una respuesta clara porque en la vida la angustia innecesaria está de sobra. Sólo sé que H. hoy ha llegado del cole muy contenta. Ha logrado arreglar un desperfecto de su mochila. “Ya no tenemos que comprar otra mamá!...que bueno que podemos ahorrar!”. 

Yo hay días que pienso lo mismo que Felipe. Y a veces es todos los días 



sábado, 5 de mayo de 2012

EDUCAR...

He vuelto a tener una semana muy consciente de los esfuerzos que supone la tarea de educar. La educación es algo de todos los días y de todas las horas. Y a veces no tenemos fuerzas para hacerlo, a veces nos asaltan las dudas, sobretodo cuando el camino elegido no parece conducirnos al sitio que buscamos. Me agoto cuando al otro lado, de entrada, quien me acompaña en este camino, solo entiende el mundo hecho inicialmente de contrarios. Y de contrarios intensos como es ella. Para la bella H. el mundo académico sólo se mueve entre el "no me lo sé" y el "lo sé todo". Ambas, expresiones que reflejan que nos hemos rendido y no hay más trabajo que hacer. Qué ejercicio cotidiano de serenidad me supone el hacer que prolongue su esfuerzo, su análisis, su reflexión. Lo reconozco, no me gusta la gente que no se esfuerza.


Cómo ayudarla a transitar ese camino con el necesario esfuerzo, con la prudente espera. El camino del fracaso al éxito es un camino que nos ayuda a crecer en muchos planos. Transitándolo somos conscientes de que en nuestras manos esta la posibilidad de transformar las cosas que nos rodean y el impacto que ellas tienen en nuestra vida. 


Detente hija, que en la vida no todo es correr!. Mira, lee, piensa, intuye, aproxímate, y entonces, sólo entonces, acrcate a la respuesta. Tendrás mayores probabilidades de éxito y sobretodo habrás disfrutado del camino.

Así que el camino se presenta largo, que no es lo que temo. Toda larga caminata comienza con un paso. Sólo espero que no se presente amargo pero no son buenos tiempos para darte esas garantías. 

Tenemos muchos medios y posibilidades pero ciertamente estas sólo compensan o enriquecen la presencia fundamental del que tengas como educador oficial. Extraño a los maestros con vocación, a ver si pasamos página, que a la actual apenas hemos logrado sobrevivirla. Espero que en este caso, no aplique el refrán "Alguien vendrá, que bueno te hará". Pero incluso en ese caso, somos dos de tres. Es decir, somos más...y por supuesto, mejores.