La llegada progresiva del final del verano
tiende a envolvernos en una cierta nostalgia por las cosas buenas que acaban. Y
yo soy dada a las nostalgias y a veces me pasan factura.
Tras la última factura veraniega importante, hace ya un par de años,
decidí que cuando el verano acabara en su luz, su calor, su sin-horario y sus
fiestas, yo iba a enfocar mi mirada en todas las cosas buenas que empezaban,
que los comienzos siempre me han resultado especialmente inspiradores...y en ello andamos.
Pienso que...
...sigue amaneciendo para mi y para los que
quiero, ¿es que acaso habrá algo mejor que eso?. Y amanecemos con salud, que lo
demás llega, va llegando, se consigue.
...cuando dejas las vacaciones para el final
del verano, que es lo que siempre me ha gustado, volver de ellas; coincidiendo
con los cambios de final de temporada, siempre te ofrece un agradable sabor a
reencuentro. Sí, me encuentro otra vez con las cosas que forman parte de nuestra cotidianidad, esas que nos acompañan a lo largo del resto de estaciones. Estos han sido días de muchos encuentros. De abrazos y sonrisas amplias.
De alegría. De afecto. Estamos en ferias, sigue el buen tiempo. Todo ayuda.
...empieza a sentirse la que aún es brisa
fresca y la brisa fresca, refresca. Lo refresca y alivia todo. Lo suaviza. Y no está mal.
...empieza o empezará a transformarse el
paisaje natural y a los colores del otoño casi, casi, nada le gana. Planes de otoño, sí. Nada mejor que hacer planes.
...H. coge sus libros, los nuevos y los
usados, y los huele. Mi hija es una chica de olores. Se entusiasma, se
emociona. Le encanta volver al cole. Los abre, revisa los contenidos. Me mira y
me dice tajante: "Que lo sepas, voy a suspender". Yo sonrío y pienso queda inaugurado el
curso escolar 2014-2015. Y sonrió porque ¿Qué hacer?...empezaremos la batalla de convencerla (que
es la parte más difícil) de que no será así, si trabajamos por evitarlo (porque capaz,
es). Lo que más me gusta de H. es todo lo que me obliga a aprender.
...comienza el baloncesto, comienzan los
scouts, comienzan las extraescolares. Se reduce nuestro tiempo sí, pero crecen
los espacios de relación y crecimiento. Veo a H. madurar física y
emocionalmente a pasos agigantados y mucha responsabilidad tienen en ello los
grupos en los que se mueve y las experiencias de trabajo en equipo que esos
espacios posibilitan. Como me gusta mirar atrás y confirmar que, desde mis
dudas e inexperiencia, he ido tomando buenas decisiones para mi hija.
...comienza el reto (y es que me gustan los
retos) de hacer frente al pesimismo académico de H., a la mala fama que
precede a la profesora que le ha tocado y que ya se vislumbra pero de la que
ella aún no es consciente (y que dure). El reto de compensar esa balanza
después de dos años de bonanza con una maestra a la que nunca le agradeceremos
lo suficiente el bien emocional que ha hecho a nuestros hijos e hijas. Unas son de cal y otras de arena y la vida siempre te ofrece de las dos. Más vale que aprendas a saborear las unas y a esquivar en la medida posible las otras.
...comienza (siguen) los retos laborales, que
no son pocos y son complejos. Que no tienen fin. Que nos obligan a crear y
redefinir. A tolerar algunas cosas, a mantener con convicción otras, a animar,
postergar y priorizar. A defender a pesar del conflicto. A disfrutar de los avances aunque sean pequeños. A ver los espacios de consenso y reconocimiento a través de esos cristales
a veces tan opacos. Tiempo de seguir cultivando la sabiduría y la serenidad, desde el
equilibrio entre la razón y la emoción. Respiremos, sonriamos, acompañemos. No
podemos rendirnos.
...construir planes en el futuro siempre nos ayuda a seguir caminando. Nos encontraremos otra vez, familia, amigos, verano. Mientras prometemos disfrutar del camino.
Este blog es un regalo. Yo quería tenerlo y alguien que me quiere me lo regaló. Yo quería que mi casa tuviera ventanas y puertas y él me regaló una casa entera. El lo llenó de sol y yo de otoño. Todo tiene su momento. Este es el mío. No tiene un tema, solo tiene un fin aunque todavía no sé cuál es. Está aquí, es mi regalo. Cuidaré de él.
Mostrando entradas con la etiqueta Normalidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Normalidad. Mostrar todas las entradas
sábado, 13 de septiembre de 2014
domingo, 26 de enero de 2014
TAMBIÉN SOLA
Hace ya algún tiempo escribí un post que tenía un titulo parecido a este. En él hablaba de las cosas que podía hacer y sentía desde mi soledad. H. se había ido unos días de campamento y para mi, esa soledad recuperada, era un estado extraño, tan acostumbrada me encontraba ya su compañía cotidiana.
Ahora, la que tiene que hacer cosas sola es ella. Porque H. crece y la vida nos lo va pidiendo.
Hace unos meses atendí a una mujer que me contaba que su hija había empezado a ir al colegio sola con 7 años. Desde su casa al colegio, que estará a unos 20 minutos andando, debe atravesar dos importantes avenidas y varias calles pequeñas. Inicialmente esa niña hacia cada mañana ese trayecto sola porque su madre, monoparental y con escasos apoyos, trabajaba y no podía llevarla. Poco tiempo después ella perdió el trabajo pero lo niña siguió yendo al colegio sola "porque ya sabía hacerlo". Y a mi me trasmitía ese relato una sensación de desamparo e incluso una valoración de negligencia que no he podido sacarme de la cabeza desde entonces.
He tardado mucho en dejar a H. hacer cosas sola (bajar a tirar la basura, ir a la tienda de la calle trasera a comprar,...). Siento temor pues no puedo acompañarla con la mirada (mis ventanas dan a un luminoso patio interior pero no a la calle). Y siento temor pero creo que ya es necesario. Es necesario porque en algo más de dos años irá al instituto sola (ahora su cole queda en dirección a mi trabajo pero el instituto queda en otra dirección). Estoy segura que todos los niños que acuden andando al centro lo hacen solos y ella lo hará también. Y también porque había empezado a temerle a la calle: "Y si me roban", "Y si alguien me lleva" (cosas que yo nunca le de dicho). Y yo no quiero que le tema.
Siempre he pensado que uno de los grandes retos de la crianza es trasmitir que hay que esperar de la vida cosas buenas aunque exista la posibilidad de que sucedan cosas malas, ante las que debemos estar preparados y con herramientas que nos permitan solucionarlas. No quiero que H. le tema a la calle, porque me parece que es mayoritariamente un lugar seguro pero reconozco que tengo que trabajarme la templanza y la serenidad.
Curiosamente uno de los días que le pedí que bajara sola a llevar las cosas del reciclaje, frente a los dos caminos posibles yo le pedí que fuera por el menos transitado (me parece más seguro en relación al tráfico) pero ella me pidió ir por el otro. "Hay más gente, me conocen, puedo pedirles ayuda.". "Si me pasa algo tendrás a quien preguntar si me ha visto"...La escucho y sonrio, sabia que es.
Provoca una enorme ambivalencia ver cómo se van de nuestro amparo seguro. Esa mezcla de temor difuso al daño que puedan recibir y el orgullo de verles crecer, ampliar horizontes, salir de la zona de confort.
Los hijos crecen y nos hacen crecer. Que difícil es saber a veces cuál es el momento exacto, el mejor momento para exponerlos a esas cosas que, aún suponiendo un esfuerzo emocional, les ayudarán a estar mejor preparados para enfrentar los retos de individuación que tan importantes son en el desarrollo de un adulto sano y equilibrado. En ello estoy, estamos...
Porque si se tienen alas, es para volar...
Ahora, la que tiene que hacer cosas sola es ella. Porque H. crece y la vida nos lo va pidiendo.
Hace unos meses atendí a una mujer que me contaba que su hija había empezado a ir al colegio sola con 7 años. Desde su casa al colegio, que estará a unos 20 minutos andando, debe atravesar dos importantes avenidas y varias calles pequeñas. Inicialmente esa niña hacia cada mañana ese trayecto sola porque su madre, monoparental y con escasos apoyos, trabajaba y no podía llevarla. Poco tiempo después ella perdió el trabajo pero lo niña siguió yendo al colegio sola "porque ya sabía hacerlo". Y a mi me trasmitía ese relato una sensación de desamparo e incluso una valoración de negligencia que no he podido sacarme de la cabeza desde entonces.
He tardado mucho en dejar a H. hacer cosas sola (bajar a tirar la basura, ir a la tienda de la calle trasera a comprar,...). Siento temor pues no puedo acompañarla con la mirada (mis ventanas dan a un luminoso patio interior pero no a la calle). Y siento temor pero creo que ya es necesario. Es necesario porque en algo más de dos años irá al instituto sola (ahora su cole queda en dirección a mi trabajo pero el instituto queda en otra dirección). Estoy segura que todos los niños que acuden andando al centro lo hacen solos y ella lo hará también. Y también porque había empezado a temerle a la calle: "Y si me roban", "Y si alguien me lleva" (cosas que yo nunca le de dicho). Y yo no quiero que le tema.
Siempre he pensado que uno de los grandes retos de la crianza es trasmitir que hay que esperar de la vida cosas buenas aunque exista la posibilidad de que sucedan cosas malas, ante las que debemos estar preparados y con herramientas que nos permitan solucionarlas. No quiero que H. le tema a la calle, porque me parece que es mayoritariamente un lugar seguro pero reconozco que tengo que trabajarme la templanza y la serenidad.
![]() | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| "Un niño acompañado es un asunto privado. Un niño solo es un asunto colectivo". Francesco Tonucci |
Provoca una enorme ambivalencia ver cómo se van de nuestro amparo seguro. Esa mezcla de temor difuso al daño que puedan recibir y el orgullo de verles crecer, ampliar horizontes, salir de la zona de confort.
Los hijos crecen y nos hacen crecer. Que difícil es saber a veces cuál es el momento exacto, el mejor momento para exponerlos a esas cosas que, aún suponiendo un esfuerzo emocional, les ayudarán a estar mejor preparados para enfrentar los retos de individuación que tan importantes son en el desarrollo de un adulto sano y equilibrado. En ello estoy, estamos...
Porque si se tienen alas, es para volar...
viernes, 31 de mayo de 2013
CICLOS Y CICLONES....
Hace unos meses yo sentía que me ahogaba...
...pero sucede otra vez, el tiempo pasa, todo es un ciclo que se cumple riguroso. Cuando llega el otoño, mi estación preferida del año, yo inicio un ciclo que me llena de tormentas, me clavo como nunca un reloj al pecho y al cerebro, y empiezo a sacar cuentas, a contar minutos, a hacer encaje de bolillos entre trabajo y escuela. En esos largos meses siento el viento como un ciclón que siempre amenaza, que siempre me lleva (nos lleva), corriendo de un lado a otro, o quizás no corriendo, pero sí a un ritmo más rápido que el deseado. Con lo que a mi me gusta pasear!.
...pero hoy acaba Mayo y yo recupero buena parte de mi vida. No en horas, que al final son las
mismas, sino en rutinas. A partir de hoy, mis tardes son mías. Ya no juego al tetrics sino más bien al mikado y realmente me gusta más, cada vez es distinto y hay más posibilidades y retos. No todo es encajar, no todo es correr para encajar, sino que es una sorpresa y una posibilidad, y tu eres más dueño de tus posibilidades. Es estrategia y riesgo. Y eso me resulta sin duda más apetecible.
Y me acuerdo como si fuera hoy de la tristeza que sentía en aquella tarde que me despedía de muchas cosas. Y pienso en lo vivido desde entonces. Pienso, en que las cosas que perdía aquella tarde, están aquí otra vez, porque son mías, sólo tengo que dejar que el tiempo pase. Y pienso que este es, este año más que nunca, un año de aprendizaje.
Porque este ha sido un año escolar compartido. Madre e hija, cada una a su escuela, a experimentar y aprender. H. ha descubierto con pasión y con dolor el mundo de los deberes. Por suerte, lo ha hecho de la mano de la mejor de las maestras posibles. Este año nos asoma a lo que será un camino difícil, un anticipo de los esfuerzos y de la constancia que necesitaremos para avanzar.
Yo, por mi parte, he vuelto a estudiar, o más bien a aprender, que no es lo mismo. Y, realmente, con buenos maestros, es una delicia. Y M. sigue siendolo pero tiene razón, los años a los dos nos han hecho mejores. Más sabios pero también más humildes. Y se nota. En estos meses, además de ser madre he sido más cosas. He vuelto a pensar en mi de forma sostenida. En mi como mujer, en mi como profesional. Vuelvo a confiar en el valor de aquello que tanto me ha gustado hacer siempre y se estaba desdibujando entre papeles de auditorías. Me gusta la psicología y me gusta sentirme útil. En este tiempo de emociones exacerbadas ha venido muy bien agudizar la mirada y organizar la estrategia para ver todo lo positivo que seguimos teniendo.
Así que dio mucho de sí, a pesar de mi tristeza. Avancé, crecí, maduré, cerré y abrí, recuperé y despedí, reí y lloré. Abracé. Escribí. Ayudé, pedí,...hice tantas cosas y el tiempo pasó y estamos aquí, otra vez... Vivas y con muchas ganas.
Verano, aunque estás indeciso, bienvenidas sean tus tardes...por echarnos unas risas siempre en buena compañía. Por todos los viajes que llegarán. Por todo el tiempo que nos dedicaremos a jugar, a brillar y, sin duda, a amar.
...pero sucede otra vez, el tiempo pasa, todo es un ciclo que se cumple riguroso. Cuando llega el otoño, mi estación preferida del año, yo inicio un ciclo que me llena de tormentas, me clavo como nunca un reloj al pecho y al cerebro, y empiezo a sacar cuentas, a contar minutos, a hacer encaje de bolillos entre trabajo y escuela. En esos largos meses siento el viento como un ciclón que siempre amenaza, que siempre me lleva (nos lleva), corriendo de un lado a otro, o quizás no corriendo, pero sí a un ritmo más rápido que el deseado. Con lo que a mi me gusta pasear!.
...pero hoy acaba Mayo y yo recupero buena parte de mi vida. No en horas, que al final son las
mismas, sino en rutinas. A partir de hoy, mis tardes son mías. Ya no juego al tetrics sino más bien al mikado y realmente me gusta más, cada vez es distinto y hay más posibilidades y retos. No todo es encajar, no todo es correr para encajar, sino que es una sorpresa y una posibilidad, y tu eres más dueño de tus posibilidades. Es estrategia y riesgo. Y eso me resulta sin duda más apetecible.
Y me acuerdo como si fuera hoy de la tristeza que sentía en aquella tarde que me despedía de muchas cosas. Y pienso en lo vivido desde entonces. Pienso, en que las cosas que perdía aquella tarde, están aquí otra vez, porque son mías, sólo tengo que dejar que el tiempo pase. Y pienso que este es, este año más que nunca, un año de aprendizaje.
Porque este ha sido un año escolar compartido. Madre e hija, cada una a su escuela, a experimentar y aprender. H. ha descubierto con pasión y con dolor el mundo de los deberes. Por suerte, lo ha hecho de la mano de la mejor de las maestras posibles. Este año nos asoma a lo que será un camino difícil, un anticipo de los esfuerzos y de la constancia que necesitaremos para avanzar.
Yo, por mi parte, he vuelto a estudiar, o más bien a aprender, que no es lo mismo. Y, realmente, con buenos maestros, es una delicia. Y M. sigue siendolo pero tiene razón, los años a los dos nos han hecho mejores. Más sabios pero también más humildes. Y se nota. En estos meses, además de ser madre he sido más cosas. He vuelto a pensar en mi de forma sostenida. En mi como mujer, en mi como profesional. Vuelvo a confiar en el valor de aquello que tanto me ha gustado hacer siempre y se estaba desdibujando entre papeles de auditorías. Me gusta la psicología y me gusta sentirme útil. En este tiempo de emociones exacerbadas ha venido muy bien agudizar la mirada y organizar la estrategia para ver todo lo positivo que seguimos teniendo.
Así que dio mucho de sí, a pesar de mi tristeza. Avancé, crecí, maduré, cerré y abrí, recuperé y despedí, reí y lloré. Abracé. Escribí. Ayudé, pedí,...hice tantas cosas y el tiempo pasó y estamos aquí, otra vez... Vivas y con muchas ganas.
Verano, aunque estás indeciso, bienvenidas sean tus tardes...por echarnos unas risas siempre en buena compañía. Por todos los viajes que llegarán. Por todo el tiempo que nos dedicaremos a jugar, a brillar y, sin duda, a amar.
lunes, 6 de mayo de 2013
MATRIMONIO...
...En la salud y en la enfermedad: H. llevaba varios días sin
esa vitalidad desbordante que la caracterizaba. No me extrañaba, fue una locura el
ritmo de vida que asumimos ese trimestre. Normal era que nos pasara factura, no habíamos llegado a tiempo de poner en marcha las correcciones necesarias. El cuerpo, es muy sabio, y protesta nuestros excesos.
Localizados los motivos, sin que ninguno pareciera especialmente grave, H. había estado algo malita y esa tarde finalmente había vomitado. Era la segunda vez que lo hacía en cuatro años que llevaba conmigo. Había tenido fiebre una decena de veces, como mucho. Su respuesta positiva a los medicamentos, era inmediata. H. no sabía estar enferma. Por aquel entonces ella llevaba unos días preocupada por su estado de salud, sabiendo que había algo que no estaba en su sitio. Ese día, tras vomitar, preguntó: "¿Mamá, me voy a morir?" y yo, me desvivía por explicarle que no, que solo era que había cometido algunos excesos el día anterior, y que la comida de ese día le habría sentado mal, pero que eso, que podía pasarnos a todos, no era la antesala de la muerte...
Como por suerte yo tampoco me enfermo nunca, ese día comprendí que ella no tenía un repertorio conductual y emotivo que le ayudara a saber que eso era rutina, y que, a situaciones como esas, sobreviviríamos, probablemente, muchas veces más...Como así fue.
...En la pobreza y en la riqueza.
En la misma escena,
abrazada a mi y asustada, me decía: "Mamá ¿el médico cuesta dinero o es
gratis?". "Es gratis", le contesté. Y añadí: "..y aunque costara dinero, tenemos dinero. La salud es lo más importante, y siempre habrá dinero para eso" (hoy comienzo a dudarlo, como las cosas allá afuera sigan así).
Pensé entonces que a lo mejor había estado repitiendo mucho "No podemos, porque no tenemos tanto dinero". "Trabajo mucho porque necesitamos el dinero". "No sé si lo podrán traer los Reyes porque cuesta mucho dinero"....
O, a lo mejor, era que con su pregunta simple de unos días antes "¿Mamá pero... por qué no compra comida la gente de África para poder comer? y mi respuesta, "Por que no tienen dinero cariño" no fue suficiente, y a las pruebas (con la siguiente pregunta) me remito. "...Pues que trabajen!" contestó...Y yo repliqué: "no siempre es fácil tener trabajo..."
Y entonces, te detienes y tratas de hacer simple lo complejo (y no encuentras la forma de hacerlo)...
Pensé entonces y pienso ahora en las certezas interiores y exteriores que les dejamos a nuestros hijos en herencia, en los compromisos que asumimos (y de qué manera) con las personas que amamos.
No creo en el acto donde nos juramentamos en matrimonio con otro, aunque respeto a quienes deciden asumirlo como ritual. Creo en los compromisos que asumimos y que mantenemos presentes en cada momento de la cotidianidad de todos los días.
Hoy he recordado esta escena. La persona con la que más cerca he estado de ese juramento (en el terreno afectivo) me cuenta de su deseo de ser padre con su pareja.
Pienso en sus hijos y en la forma en que llegarán a él y pienso en mi hija y en la forma en que llegó a mi. En el compromiso que me une a ella. Y sí, hija, me comprometo a velar por ti, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza...todos los días de mi vida.
Porque la maternidad y/o paternidad es una decisión, para siempre.
Localizados los motivos, sin que ninguno pareciera especialmente grave, H. había estado algo malita y esa tarde finalmente había vomitado. Era la segunda vez que lo hacía en cuatro años que llevaba conmigo. Había tenido fiebre una decena de veces, como mucho. Su respuesta positiva a los medicamentos, era inmediata. H. no sabía estar enferma. Por aquel entonces ella llevaba unos días preocupada por su estado de salud, sabiendo que había algo que no estaba en su sitio. Ese día, tras vomitar, preguntó: "¿Mamá, me voy a morir?" y yo, me desvivía por explicarle que no, que solo era que había cometido algunos excesos el día anterior, y que la comida de ese día le habría sentado mal, pero que eso, que podía pasarnos a todos, no era la antesala de la muerte...
Como por suerte yo tampoco me enfermo nunca, ese día comprendí que ella no tenía un repertorio conductual y emotivo que le ayudara a saber que eso era rutina, y que, a situaciones como esas, sobreviviríamos, probablemente, muchas veces más...Como así fue.
...En la pobreza y en la riqueza.
En la misma escena,
abrazada a mi y asustada, me decía: "Mamá ¿el médico cuesta dinero o es
gratis?". "Es gratis", le contesté. Y añadí: "..y aunque costara dinero, tenemos dinero. La salud es lo más importante, y siempre habrá dinero para eso" (hoy comienzo a dudarlo, como las cosas allá afuera sigan así). Pensé entonces que a lo mejor había estado repitiendo mucho "No podemos, porque no tenemos tanto dinero". "Trabajo mucho porque necesitamos el dinero". "No sé si lo podrán traer los Reyes porque cuesta mucho dinero"....
O, a lo mejor, era que con su pregunta simple de unos días antes "¿Mamá pero... por qué no compra comida la gente de África para poder comer? y mi respuesta, "Por que no tienen dinero cariño" no fue suficiente, y a las pruebas (con la siguiente pregunta) me remito. "...Pues que trabajen!" contestó...Y yo repliqué: "no siempre es fácil tener trabajo..."
Y entonces, te detienes y tratas de hacer simple lo complejo (y no encuentras la forma de hacerlo)...
Pensé entonces y pienso ahora en las certezas interiores y exteriores que les dejamos a nuestros hijos en herencia, en los compromisos que asumimos (y de qué manera) con las personas que amamos.
No creo en el acto donde nos juramentamos en matrimonio con otro, aunque respeto a quienes deciden asumirlo como ritual. Creo en los compromisos que asumimos y que mantenemos presentes en cada momento de la cotidianidad de todos los días.
Hoy he recordado esta escena. La persona con la que más cerca he estado de ese juramento (en el terreno afectivo) me cuenta de su deseo de ser padre con su pareja. Pienso en sus hijos y en la forma en que llegarán a él y pienso en mi hija y en la forma en que llegó a mi. En el compromiso que me une a ella. Y sí, hija, me comprometo a velar por ti, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza...todos los días de mi vida.
Porque la maternidad y/o paternidad es una decisión, para siempre.
Publicado por
Montse Hernández P.
en
07:21
No hay comentarios:
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
Crianza,
Familia,
Fantasías,
Hijos,
Infancia.,
Lágrimas,
Maternidad,
Miedo,
Normalidad,
Preguntas,
Resiliencia,
Sentimientos
domingo, 10 de marzo de 2013
CURIOSA
H. pregunta mucho. Pregunta siempre, y desde siempre. H. pregunta porque quiere saber y quiere entender.
Lo primero es sencillo, todavía pregunta por cosas que yo sé, que puedo explicarle o que, como dicen que se debe, al menos se donde buscar. Lo segundo, contestarle para que entienda, he descubierto que a veces es algo más complejo de lo que se supone.
Ser madre de una niña curiosa me ha hecho darme cuenta de la cantidad de las cosas asumidas que tenemos los adultos, cosas que nos parecen lógicas, evidentes y en las que raras veces pensamos, dejándolas, subliminalmente, formar parte de nuestra vida. Ciertamente buena parte de ellas, cuando se preguntan o mencionan de la forma adecuada, activan nuestra parte racional y somos capaces de generar argumentos para analizarlas, defenderlas o invalidarlas pero, otras, lo que hacen es reflejarnos nuestra inercia frente a decisiones de otros y herencias no cuestionadas en medio de tantas batallas cotidianas.
Esta semana H. me preguntaba Mamá ¿Cuál es el día del Hombre? a partir de conocer la existencia de un día de la Mujer. Dos días después escuchando noticias sobre la elección del futuro Papa, me decía Mamá ¿También hay Mama?.
Y así, a bote pronto, te ponen a pensar en todo lo que supone celebrar el día de la mujer "trabajadora" y los motivos para conmemorarlo y en recuerdo de qué, y en lo mucho que ha llovido desde entonces, y no siempre para mejor, en la conmemoración del día. En las contradicciones que me supone celebrarlo que E. y L. explican mejor que yo. ¿Cómo educar en la igualdad sin partir de reconocer la diferencia? ¿Cómo educar a mi hija, para que actúe como igual a cualquier chico, cuando la sociedad no hace más que reflejarle una situación de desigualdad? Tendrá que ser más y mejor, para ser considerada una igual. Es complicado. Me resulta complicado.
Y así enlazo una pregunta con la otra.
Y me pongo a pensar también, en si esta negativa de la Iglesia a reconocer el sacerdocio de las mujeres, no es otra forma más de machismo y patriarcado negando la participación y visibilidad a sus miembros más numerosos: " La Iglesia católica es mayoritariamente femenina en sus bases; la componen un 61% de mujeres, organizadas en distintas órdenes religiosas, frente a un 39% de hombres, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos. Pese a ello, el gobierno eclesial, la toma de decisiones, y la visibilidad de la institución están casi exclusivamente en manos de varones. ¿Por imperativo evangélico?" No, definitivamente, no. Y quien quiera más detalles que lea. Así que, ideas religiosas aparte, la verdad me faltan explicaciones que me valgan para explicarle a la curiosa H. por qué no hay "Mama", para guiar a los fieles de esta Iglesia que hace aguas por todos lados.
Me gano la vida preguntando y ayudando a encontrar respuestas. Sabía muchas preguntas y algunas respuestas antes de ser madre, pero H. me obliga cada día a pensar y responder más. Y eso me ayuda a crecer. Cuanto te debo hija!. Tus ojos y tu curiosidad me hacen ver más y sobretodo, mejor.
Lo primero es sencillo, todavía pregunta por cosas que yo sé, que puedo explicarle o que, como dicen que se debe, al menos se donde buscar. Lo segundo, contestarle para que entienda, he descubierto que a veces es algo más complejo de lo que se supone.
Ser madre de una niña curiosa me ha hecho darme cuenta de la cantidad de las cosas asumidas que tenemos los adultos, cosas que nos parecen lógicas, evidentes y en las que raras veces pensamos, dejándolas, subliminalmente, formar parte de nuestra vida. Ciertamente buena parte de ellas, cuando se preguntan o mencionan de la forma adecuada, activan nuestra parte racional y somos capaces de generar argumentos para analizarlas, defenderlas o invalidarlas pero, otras, lo que hacen es reflejarnos nuestra inercia frente a decisiones de otros y herencias no cuestionadas en medio de tantas batallas cotidianas.
Esta semana H. me preguntaba Mamá ¿Cuál es el día del Hombre? a partir de conocer la existencia de un día de la Mujer. Dos días después escuchando noticias sobre la elección del futuro Papa, me decía Mamá ¿También hay Mama?.
Y así, a bote pronto, te ponen a pensar en todo lo que supone celebrar el día de la mujer "trabajadora" y los motivos para conmemorarlo y en recuerdo de qué, y en lo mucho que ha llovido desde entonces, y no siempre para mejor, en la conmemoración del día. En las contradicciones que me supone celebrarlo que E. y L. explican mejor que yo. ¿Cómo educar en la igualdad sin partir de reconocer la diferencia? ¿Cómo educar a mi hija, para que actúe como igual a cualquier chico, cuando la sociedad no hace más que reflejarle una situación de desigualdad? Tendrá que ser más y mejor, para ser considerada una igual. Es complicado. Me resulta complicado.
Y así enlazo una pregunta con la otra.
Y me pongo a pensar también, en si esta negativa de la Iglesia a reconocer el sacerdocio de las mujeres, no es otra forma más de machismo y patriarcado negando la participación y visibilidad a sus miembros más numerosos: " La Iglesia católica es mayoritariamente femenina en sus bases; la componen un 61% de mujeres, organizadas en distintas órdenes religiosas, frente a un 39% de hombres, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos. Pese a ello, el gobierno eclesial, la toma de decisiones, y la visibilidad de la institución están casi exclusivamente en manos de varones. ¿Por imperativo evangélico?" No, definitivamente, no. Y quien quiera más detalles que lea. Así que, ideas religiosas aparte, la verdad me faltan explicaciones que me valgan para explicarle a la curiosa H. por qué no hay "Mama", para guiar a los fieles de esta Iglesia que hace aguas por todos lados.
Me gano la vida preguntando y ayudando a encontrar respuestas. Sabía muchas preguntas y algunas respuestas antes de ser madre, pero H. me obliga cada día a pensar y responder más. Y eso me ayuda a crecer. Cuanto te debo hija!. Tus ojos y tu curiosidad me hacen ver más y sobretodo, mejor.
Publicado por
Montse Hernández P.
en
21:08
No hay comentarios:
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
Argumentario,
Celebraciones,
Crianza,
Dualidad,
Dudas,
Educación,
Herencia,
Hijos,
Historia.,
Instituciones,
Maternidad,
Mundo,
Normalidad,
Preguntas
lunes, 7 de enero de 2013
EN TRANSITO II
Como cada año, desde hace muchos, yo he comenzado hace un par de días mi segundo transito, ese proceso lento y sutil que me lleva de un lado a otro de mi vida....
Mañana, saldremos de este hogar para llegar al nuestro. Aunque éste, de alguna forma, también lo es. Aquí también nos sentimos en casa, aunque nunca hemos vivido en ella. Esta casa nos conoce como ave de paso, pero aquí tenemos a nuestra familia. Quizás por eso, ésta, es también mi casa. Creo que puedo tener esa idea porque yo no me fui de este hogar sino de otro. Esta no es la casa de mi niñez, ni de mi adolescencia, es otra. Esta no es la casa de mis padres (aunque lo es) es sólo, nuestra casa en este lado del mundo. Un hogar en préstamo afectivo en el que hemos tenido que echar raíces, mis padres reincidiendo, mi hermano y yo, esforzándonos por hacerlo, aunque hoy nos parezca tan natural la vida en ella.
Mañana, nuestro paisaje se transformará radicalmente. Eso a veces me duele hasta físicamente. Dejaré de ver el mar que ha formado siempre parte de mi añoranza y dejaré de ver montañas entre las que me siento cobijada. Mi mundo se volverá de secano y mi vista se perderá en el horizonte. Buscaremos la hermosura también en ello, porque es un ejercicio de salud emocional amar los lugares en los que permanecemos.
Mañana, cambiarán los colores de mi paisaje, desde estos verdes y azules en todos los matices, a los amarillos y ocres de las tierras de Castilla. Dejaré el pueblo con encanto, para volver a la ciudad que también lo tiene. Y se agradece.Mañana, descansaran mi oídos de los gritos y la algarabía que llenan las horas de esta casa, y los cambiaré por el silencio y la conversación a pares con la bella etíope. Y aún anhelando el silencio, añoraré sus voces y, sirva de inciso, también la tuya.
En unas horas pasaremos de ser diez, a ser dos, y en esa división familiar, ganaremos y perderemos. Nunca llueve a gusto de todos, ni siquiera de nosotros mismos.
Dejaré los senderos y paseare por las calles repletas de coches y de rostros. Dejare el mar infinito por el río, a falta de aquel, bienvenido sea....y todo ésto, incluso antes de pensar que dejaré los 20ºC para enfrentarme a los 10ºC. Y lo que nos queda. Aunque los días crecen y su luz vale casi tanto como cualquier verano.
Dejaré todo este modelo de crianza que tan poco se parece a la mía. Preguntándome por enésima vez en la vida donde residen las razones de tanta diferencia, cuál es mi papel en esa crianza ajena y cual será el destino de la misma. Y cada vez, las mismas rabias, las mismas dudas, la misma impotencia y al mismo tiempo, la misma inevitable ternura.
Desde hace días estoy en ello, con la cabeza puesta ya en la despedida y el destino. Mañana se irá mi cuerpo. Y el corazón que viaja en las nubes de este mar, llegará unos días más tarde. Siempre llega. Debe seguir, es lo que toca. Confiando en el siguiente transito. Esos que tanto nos transponen pero, cierto es, tanta adicción nos generan.
Hasta pronto. Nunca es tarde si la dicha es buena
Publicado por
Montse Hernández P.
en
21:08
No hay comentarios:
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
Canarias,
Ciudades,
Compañía,
Dualidad,
Dudas,
Encuentros,
Familia,
Ganancias,
Naturaleza,
Normalidad,
Palabras,
Pérdidas,
Prioridades,
Relaciones,
Salamanca,
Sentimientos,
Tiempo
domingo, 23 de diciembre de 2012
...DE TU MANO
H. a veces necesita que le tiendan la mano para sentirse más cómoda.
Algún tiempo después de verse muchas veces reflejada en un espejo, H. se dio cuenta de que era negra y eso comenzó a interrogarla. Comenzó a tener dudas, incluso, a tener temores.
Mientras no lo supo, se movía con soltura. Amaba a la gente, así en general. Regalaba besos a diestra y siniestra, a propios y extraños, y se relacionó sin dudas ni temores. El mejor ejemplo, sus compañeros de clase a quienes quiere y la quieren con entusiasmo.
En algún momento, sin embargo, ese reflejo de su negritud la llenó de dudas. Y con esas dudas, no ha sabido claramente manejar el significado que el color de su piel le reflejaba.
Por un lado, recibe un mensaje normalizador de mi parte, de una parte importante de su entorno, que reconoce su diferencia en el marco de otras diferencias posibles, y le otorga un significado amplio, enriquecedor. Tan condicionante como muchos otros, que te colocan en situación de minoría, que no de desventaja.
Por otro lado, sin embargo, recibe un mensaje más subliminal (social), o explícito de algunos niños del cole (curiosamente pertenecientes a otra minoría) en negativo. Y ese segundo mensaje "cala". Y hace que a menudo, su respuesta a mi pregunta sobre el por qué teme hacer algo absolutamente normal a nivel de relación social, es. "...pero es que yo soy negra".
H. tiene dudas y no sabe si puede andar espontáneamente por el mundo...
Debido a los condicionantes que en ocasiones genera eso en su primer encuentro con otros niños, este año la he apuntado a dos actividades extraescolares que implicaban necesariamente relaciones con niños ajenos a su entorno habitual (y protegido) del colegio.
El primer día de una de ellas, conocimos a V., otra niña de su edad a quien veíamos por primera vez, sin ningún tipo de referencia previa. V. sin la mediación de ningún adulto le sonrió y le dijo...que trenzas tan bonitas!...y, nos minutos más tarde,..que piel más suave!...y así cada día, todos los días, a lo largo de estos tres meses. V. le sonríe, le alaba, se le iluminan los ojos cuando la ve, la elige cuando hay que hacer pareja y la hace sentir valiosa.
V. no sabe cuanto le debemos!!!.
Esa respuesta de V. ha favorecido que H. se relajara. Al relajarse, se ha mostrado más dispuesta a dar el tiempo que las relaciones necesitan para iniciarse, crecer, consolidarse. Tres meses después, no es sólo V., son la mayoría de las compañeras las que hacen que H. sonría, bromee, se desinhiba, abrace...Yo la veo hacerlo y sonrío. Ella me lo cuenta porque le parece un hecho excepcional (habrá que darle tiempo también para que relativice). H. se siente importante para el grupo.
H. se ha olvidado de que pertenece a una minoría. Ahora se ha vuelto más importante para ella sentir que forma parte de ese algo que forman todas. Creo que ha dejado de pensar en el color de su piel. Eso la vuelve la niña que es y de la que a veces se olvida: una niña alegre y feliz, una niña capaz y competente, una niña a la que le gusta mucho la gente
V. no me cansaré nunca de dártelas:....GRACIAS.... GRACIAS... GRACIAS...
Algún tiempo después de verse muchas veces reflejada en un espejo, H. se dio cuenta de que era negra y eso comenzó a interrogarla. Comenzó a tener dudas, incluso, a tener temores.
Mientras no lo supo, se movía con soltura. Amaba a la gente, así en general. Regalaba besos a diestra y siniestra, a propios y extraños, y se relacionó sin dudas ni temores. El mejor ejemplo, sus compañeros de clase a quienes quiere y la quieren con entusiasmo.
En algún momento, sin embargo, ese reflejo de su negritud la llenó de dudas. Y con esas dudas, no ha sabido claramente manejar el significado que el color de su piel le reflejaba.
Por un lado, recibe un mensaje normalizador de mi parte, de una parte importante de su entorno, que reconoce su diferencia en el marco de otras diferencias posibles, y le otorga un significado amplio, enriquecedor. Tan condicionante como muchos otros, que te colocan en situación de minoría, que no de desventaja.
Por otro lado, sin embargo, recibe un mensaje más subliminal (social), o explícito de algunos niños del cole (curiosamente pertenecientes a otra minoría) en negativo. Y ese segundo mensaje "cala". Y hace que a menudo, su respuesta a mi pregunta sobre el por qué teme hacer algo absolutamente normal a nivel de relación social, es. "...pero es que yo soy negra".
H. tiene dudas y no sabe si puede andar espontáneamente por el mundo...
Debido a los condicionantes que en ocasiones genera eso en su primer encuentro con otros niños, este año la he apuntado a dos actividades extraescolares que implicaban necesariamente relaciones con niños ajenos a su entorno habitual (y protegido) del colegio.
El primer día de una de ellas, conocimos a V., otra niña de su edad a quien veíamos por primera vez, sin ningún tipo de referencia previa. V. sin la mediación de ningún adulto le sonrió y le dijo...que trenzas tan bonitas!...y, nos minutos más tarde,..que piel más suave!...y así cada día, todos los días, a lo largo de estos tres meses. V. le sonríe, le alaba, se le iluminan los ojos cuando la ve, la elige cuando hay que hacer pareja y la hace sentir valiosa.
V. no sabe cuanto le debemos!!!.
Esa respuesta de V. ha favorecido que H. se relajara. Al relajarse, se ha mostrado más dispuesta a dar el tiempo que las relaciones necesitan para iniciarse, crecer, consolidarse. Tres meses después, no es sólo V., son la mayoría de las compañeras las que hacen que H. sonría, bromee, se desinhiba, abrace...Yo la veo hacerlo y sonrío. Ella me lo cuenta porque le parece un hecho excepcional (habrá que darle tiempo también para que relativice). H. se siente importante para el grupo.
H. se ha olvidado de que pertenece a una minoría. Ahora se ha vuelto más importante para ella sentir que forma parte de ese algo que forman todas. Creo que ha dejado de pensar en el color de su piel. Eso la vuelve la niña que es y de la que a veces se olvida: una niña alegre y feliz, una niña capaz y competente, una niña a la que le gusta mucho la gente
V. no me cansaré nunca de dártelas:....GRACIAS.... GRACIAS... GRACIAS...
Publicado por
Montse Hernández P.
en
01:27
2 comentarios:
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
Alegría,
Amigos,
Apoyos,
Compañía,
Dualidad,
Dudas,
Empatía,
Encuentros,
Ganancias,
Identidad,
Logros,
Miedo,
Miradas,
Normalidad,
Relaciones,
Sentimientos,
Sonrisas
domingo, 18 de noviembre de 2012
RÁPIDO
En la clase de Lengua de H. están aprendiendo de adjetivos...
Yo como madre, también. Mis ojos y nuestro pediatra lo ven. H. crece quizás demasiado rápido. Con la ayuda de la ciencia agudizamos nuestra mirada y parece que sí, que crece un poquito más rápido de lo recomendable. En otros tiempos la reflexión era "te ha tocado crecer rápido" pero, estamos en estos. Ahora, parece que hay algunas cosas que podemos decidir, en estos tiempos la ciencia nos permite sopesar si la dejamos crecer según le ha tocado o la ayudamos a ir más despacio, que igual así saborea más la vida y cada cosa llega a su momento.
Cuando conocí a H. ya había crecido demasiado rápido. Le había tocado la mala lotería de perder a sus cuidadores primarios y cuando no tienes quien te cuide, aprendes (por supervivencia) a cuidar de ti mismo. H. a los dos años y medio, hacía cosas que no hacen en este lado del mundo, ni los niños de seis. Era asombrosa, que también es un adjetivo.
Como madre, incluso sin las últimas noticias, pienso que crece demasiado rápido. Su niñez, como la de muchos niños de muchas madres, se me escapa entre los dedos. Me enfrento a la ambivalencia de añorar a la niña que fue, que está siendo aún, frente a la ilusión que me supone el verla crecer en todos los ámbitos. Soy yo la que quizás se ha vuelto lenta para asimilar a la misma velocidad, la vorágine del día a día.
Llegué a la maternidad tarde para la norma social. A tiempo, para el criterio personal. A veces pienso que podía haberme animado antes porque hubiera sido madre más veces, pero no nos sobraban los motivos. Ahora todavía pienso que seré madre más veces pero me lo planteo de formas alternativas. A las familias de hoy, les ha dado por seguir nuevos modelos y escaparse de los tradicionales, igual eso nos beneficia. En algunos de ellos podría estar mi contraparte. A ver si tenemos suerte. Más, quiero decir, que suerte tenemos ya y mucha. Claro! no ha sido de gratis. La hemos trabajado mucho. Y nos alegramos. La suerte también es algo que se conquista
Me entristece ese crecer a toda prisa. Sobretodo cuando es el cuerpo el que manda. Cuando creces irremediablemente, cuando tu pantalón preferido deja al descubierto algo más que tu talón, cuando ya no puedes ponerte esa camiseta que te quedaba tan bonita, cuando las zapatillas del verano no te sirven para el otoño, cuando ya no estás cómoda en la playa sólo con la parte de abajo del traje de baño. Quizás desde la consciencia de que la vida sólo va en una dirección y que cada etapa vivida, no se vuelve a recuperar. Ese crecer rápido me produce nostalgia.
Quiero disfrutarte pequeña. Pero te miro de cerca y descubro que ese crecer físico que me inquieta, viene de la mano de una madurez que nos ayuda a ambas, de una asombrosa capacidad de mirarte, de reconocerte y regularte, que habla mucho y muy bien de ti. Creces y crecemos querida mía habrá que asumirlo, sonreír, animarte y acompañarte. En eso estamos.
Yo como madre, también. Mis ojos y nuestro pediatra lo ven. H. crece quizás demasiado rápido. Con la ayuda de la ciencia agudizamos nuestra mirada y parece que sí, que crece un poquito más rápido de lo recomendable. En otros tiempos la reflexión era "te ha tocado crecer rápido" pero, estamos en estos. Ahora, parece que hay algunas cosas que podemos decidir, en estos tiempos la ciencia nos permite sopesar si la dejamos crecer según le ha tocado o la ayudamos a ir más despacio, que igual así saborea más la vida y cada cosa llega a su momento.
Cuando conocí a H. ya había crecido demasiado rápido. Le había tocado la mala lotería de perder a sus cuidadores primarios y cuando no tienes quien te cuide, aprendes (por supervivencia) a cuidar de ti mismo. H. a los dos años y medio, hacía cosas que no hacen en este lado del mundo, ni los niños de seis. Era asombrosa, que también es un adjetivo.
Como madre, incluso sin las últimas noticias, pienso que crece demasiado rápido. Su niñez, como la de muchos niños de muchas madres, se me escapa entre los dedos. Me enfrento a la ambivalencia de añorar a la niña que fue, que está siendo aún, frente a la ilusión que me supone el verla crecer en todos los ámbitos. Soy yo la que quizás se ha vuelto lenta para asimilar a la misma velocidad, la vorágine del día a día.
Llegué a la maternidad tarde para la norma social. A tiempo, para el criterio personal. A veces pienso que podía haberme animado antes porque hubiera sido madre más veces, pero no nos sobraban los motivos. Ahora todavía pienso que seré madre más veces pero me lo planteo de formas alternativas. A las familias de hoy, les ha dado por seguir nuevos modelos y escaparse de los tradicionales, igual eso nos beneficia. En algunos de ellos podría estar mi contraparte. A ver si tenemos suerte. Más, quiero decir, que suerte tenemos ya y mucha. Claro! no ha sido de gratis. La hemos trabajado mucho. Y nos alegramos. La suerte también es algo que se conquista
Me entristece ese crecer a toda prisa. Sobretodo cuando es el cuerpo el que manda. Cuando creces irremediablemente, cuando tu pantalón preferido deja al descubierto algo más que tu talón, cuando ya no puedes ponerte esa camiseta que te quedaba tan bonita, cuando las zapatillas del verano no te sirven para el otoño, cuando ya no estás cómoda en la playa sólo con la parte de abajo del traje de baño. Quizás desde la consciencia de que la vida sólo va en una dirección y que cada etapa vivida, no se vuelve a recuperar. Ese crecer rápido me produce nostalgia.
Publicado por
Montse Hernández P.
en
19:26
No hay comentarios:
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
Crianza,
Dudas,
Familia,
Herencia,
Infancia,
Logros,
Miradas,
Normalidad,
Pérdidas,
Prioridades,
Sentimientos,
Sonrisas,
Tiempo
viernes, 28 de septiembre de 2012
ME PIDO...
Cuando empecé a escribir estas líneas hacía una hora que terminaba mi jornada laboral oficial. Esa jornada laboral que ultimamente a nivel emocional, y a veces también a nivel práctico, no acaba. Llevo semanas de jornada continua emocionalmente hablando. A ratos me despejo porque los años me han enseñado a cuidarme, a saber darme mimos, para que no me venza el ruido de la batalla...pero a veces tampoco es fácil porque al final el ruido no está solo en nuestras mesas sino que está en la calle, en las plazas, en el telediario y en todos los espacios en los que física o emocionalmente, nos movemos...
Pero hoy es viernes y me debo un descanso. Mañana, será más y probablemente será mejor.
Yo para mañana me pido dormir, ocho horas en lugar de cinco o seis.
Me pido ver la peli que saqué de la biblioteca y no devolverla sin ver porque no encuentro el espacio de tiempo y silencio para disfrutar de algo que tanto me gusta.
Me pido leer el libro que he sacado de la biblioteca.
Y leer también el libro que tengo empezado y avanzado de las vacaciones y que es la promesa de la vida profesional futura.
Me pido pensar (y soñar) con estos meses de vida que nos esperan, y hacer planes más allá del trabajo. Planes con los amigos que me hablan de viajes, de plantas, de obras de arte, de fotografía, de niños...conversaciones con amigos que sabemos que somos más que la crisis que nos ronda y aún así honrar a los que la están viviendo tan de cerca.
Me pido, mejor, me resigno, a cambiar la ropa de verano por la de otoño y así descubrir lo que nos vale y lo que no y clasificarla y prepararla para dársela a quien ahora le pueda sacar provecho.
Me pido tener el tiempo de llevar a arreglar la bici de H. para que podamos irnos de paseo aprovechando las bondades del otoño
Me pido descansar de tantas angustias ajenas amortiguadas un poco las propias
Me pido, porque es fin de semana, descansar de esas acciones erráticas que llevan a la gente de aquí para allá sin lograr avanzar.
Me pido descansar de protocolos y burocracias para conseguir cualquier cantidad de dinero que siempre es insuficiente.
Y me pido descansar de las angustias del no me alcanza, no llego, no tengo, no puedo...porque como decía en estos días, a través de las palabras de otro, empezaré a hacer algo donde estoy, con lo que tengo y con lo que puedo.
Pido encontrar el camino más corto para llegar a la mejor respuesta de la manera más rápida. Pido ser capaz de ser justa y también sentir que soy tratada con justicia.
Pido el bien común que me toca negociar, sin embarrar todo lo que nos une, a cuenta de lo que nos separa.
Y me pido confiar en el mundo que mi hija heredará. Y no es poco el trabajo que nos queda por delante.
Pero hoy es viernes y me debo un descanso. Mañana, será más y probablemente será mejor.
Yo para mañana me pido dormir, ocho horas en lugar de cinco o seis.
Me pido ver la peli que saqué de la biblioteca y no devolverla sin ver porque no encuentro el espacio de tiempo y silencio para disfrutar de algo que tanto me gusta.
Me pido leer el libro que he sacado de la biblioteca.
Y leer también el libro que tengo empezado y avanzado de las vacaciones y que es la promesa de la vida profesional futura.
Me pido pensar (y soñar) con estos meses de vida que nos esperan, y hacer planes más allá del trabajo. Planes con los amigos que me hablan de viajes, de plantas, de obras de arte, de fotografía, de niños...conversaciones con amigos que sabemos que somos más que la crisis que nos ronda y aún así honrar a los que la están viviendo tan de cerca.
Me pido, mejor, me resigno, a cambiar la ropa de verano por la de otoño y así descubrir lo que nos vale y lo que no y clasificarla y prepararla para dársela a quien ahora le pueda sacar provecho.
Me pido tener el tiempo de llevar a arreglar la bici de H. para que podamos irnos de paseo aprovechando las bondades del otoño
Me pido descansar de tantas angustias ajenas amortiguadas un poco las propias
Me pido, porque es fin de semana, descansar de esas acciones erráticas que llevan a la gente de aquí para allá sin lograr avanzar.
Me pido descansar de protocolos y burocracias para conseguir cualquier cantidad de dinero que siempre es insuficiente.
Y me pido descansar de las angustias del no me alcanza, no llego, no tengo, no puedo...porque como decía en estos días, a través de las palabras de otro, empezaré a hacer algo donde estoy, con lo que tengo y con lo que puedo.
Pido encontrar el camino más corto para llegar a la mejor respuesta de la manera más rápida. Pido ser capaz de ser justa y también sentir que soy tratada con justicia.
Pido el bien común que me toca negociar, sin embarrar todo lo que nos une, a cuenta de lo que nos separa.
Y me pido confiar en el mundo que mi hija heredará. Y no es poco el trabajo que nos queda por delante.
viernes, 21 de septiembre de 2012
CONSCIENCIA...
Ha llegado a mis manos, quiero decir a mis ojos, este suspiro de la vida de Lotte.
La veo crecer y pienso en la niña que tengo en casa, en las fotos que no le pude tomar y en todas las que, desde que puedo, le tomo. Porque nuestra vida es sólo un suspiro. Y a menudo no los disfrutamos lo suficiente.
Disfrutémonos; todos. Más.
La veo crecer y pienso en la niña que tengo en casa, en las fotos que no le pude tomar y en todas las que, desde que puedo, le tomo. Porque nuestra vida es sólo un suspiro. Y a menudo no los disfrutamos lo suficiente.
Disfrutémonos; todos. Más.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
LA REALIDAD...
Decía mi amigo R. para mi desesperación personal: “La realidad es la realidad”
Ayer, camino a casa, tras el cole…
“Mamá, sabes que A. (un compañero de clase) ya no va al cole porque ha venido la policía y le ha quitado su casa porque no la pagaban. Ahora viven en la calle, y eso que tienen un bebé”
Dado que va a su clase desde hace cinco años, tengo alguna información sobre la familia de A. Puede que sean usuarios regulares de nuestros Servicios Sociales (padres en paro antes de que el paro colapsara este país, absentismo escolar, y en general, su apariencia y sus actitudes en las reuniones del cole...). Puede también que me equivoque.
Quizás los padres de A. forman parte de esas estadísticas que viven quebrándonos la paz desde hace años y que cada día sientes más cerca, más frecuentes, más normales. Que terrible que lo normal sea lo frecuente. Para muestra un botón
He tenido que dar respuesta a una batería de angustias en relación al dinero que tenemos, si podremos pagar la casa, si la policía también vendrá a buscarnos a nosotros, si el bebé estará bien durmiendo en la calle.
He estado preguntándome si toda esta angustia colectiva (que buena base tiene) podemos mantenerla al margen de nuestros hijos, haciéndoles inmunes al dolor que supone. O si más bien, deberíamos dejarla pasar algo masticada ya, para que aprendan algo de las crueldades del mundo adulto –y le den valor a las virtudes de la niñez-; aprendan algo del valor de cada una de las cosas que tienen, materiales (casa, juguetes, libros…) e inmateriales (un hogar, afecto, salud,…) y que a veces creen les corresponden por derecho inalienable.
No tengo una respuesta clara porque en la vida la angustia innecesaria está de sobra. Sólo sé que H. hoy ha llegado del cole muy contenta. Ha logrado arreglar un desperfecto de su mochila. “Ya no tenemos que comprar otra mamá!...que bueno que podemos ahorrar!”.
Yo hay días que pienso lo mismo que Felipe. Y a veces es todos los días
Publicado por
Montse Hernández P.
en
17:15
No hay comentarios:
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
Argumentario,
Crianza,
Dudas,
Empatía,
Escasez,
España,
Ganancias,
Hijos,
Infancia.,
Miedo,
Miradas,
Normalidad,
Pérdidas,
Preguntas,
Resiliencia.,
Sentimientos,
Sonrisas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




















