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viernes, 18 de septiembre de 2020

AL SALIR DE CLASE

H. ha vuelto al Instituto. Y el Instituto ha vuelto a nuestra casa.

La relación entre nuestros hijos adoptados y le escuela es una pesadilla, real o temida, para muchos padres adoptivos. Supongo que para muchos otros también, aunque por distintos motivos.

Sin embargo, y a pesar de los grandes esfuerzos académicos que le supone, puedo decir que H., primero en la escuela, y luego en el Instituto, ha sido una persona feliz.  De hecho, muy feliz. Pero esas rentas de felicidad pasada, ya se le estaban acabando.

 

H. y yo hemos pasado un confinamiento sereno. Para el caos y la locura que se vivía afuera. Para la alta exigencia que me ha supuesto el trabajo/teletrabajo. Para lo absurda que ha sido esta escuela on line. Nosotras hemos sobrevivido con salud mental, mucho afecto, gran cercanía y complicidad y suficientes reflexiones compartidas y aprendizajes. Todo esto gracias a nosotras mismas, un balcón lleno de luz. Gracias a un perro y a que nuestro hogar se encuentra a dos manzanas del campo. No extrañamos la ciudad y su bullicio; extrañamos la libertad de movernos al encuentro de la naturaleza. Cuando no te dejan pisar el portal de tu casa, soñar carreteras secundarias, bosques y mar, suena a utopía. Ya llegaría, pero antes tenían que llegar otras cosas.

El desconfinamiento ya nos ha costado un poco más. Volver a trabajar, y con ello dejar estar. Nos dejaron salir sí, pero no pudimos recobrar la vida que teníamos y eso se ha ido notando. Nos fuimos llenando de silencios, de cierto hastío, de una dejadez que, no supervisada, comenzaba a preocuparme. Una nube gris se estaba apoderando del ya pesimista espíritu de mi niña-mujer.

Poco a poco hemos sido conscientes de todo lo que nos faltaba y una de esas cosas era el Instituto. Que quede claro, no los estudios, sino el instituto. El ambiente, la algarabía, los encuentros, los cinco minutos entre clase y clase, el patio del recreo...el bajar y subir juntos contando las batallitas del día. Y tras esto, el llegar a casa, hablar y hablar. Contarse, contar. Y, sobre todo, sentir, sentir, sentir...palpitar.

Inicialmente, nos dijeron que comenzaría una semana más tarde que los primeros chicos que volvían al instituto. Casi le da algo. Posteriormente, nos avisaron que comenzarían antes, pues ese retorno escalonado era demasiado escalonado para las autoridades.

El miércoles fue su primer día de Instituto. Un par de horas, pero han bastado...Hacía tiempo que no la veía tan radiante.

La mitad de los deseos concedidos. ¡¡¡mayoría de chicas!!!... y, todo sea dicho, no está en la clase de sociales. Hoy, hablando de esta dicha reflexiona, "es que los chicos, cuando son mayoría, se empoderan". Al iniciar la etapa no obligatoria de escolarización reciben a los jóvenes de los centros concertados que no están dispuestos a pagar una educación no subvencionada. Lo quieren todo.

Personas nuevas a las que conocer, seguir ampliando horizontes, referencias.... La mitad de los profes conocidos, algunos temidos, frente a los que ha luchado batallas en las que ha resultado vencedora. Algunas de las cuales, han sido mías. Sostenerla, hacerla resistir, empoderarla. Todos están allí para aderezar nuestras comidas.

Desde su llegada a mi vida hago menos de un 10% de jornada por teletrabajo y aun así tengo que defenderla. De no tenerla no podría desayunar con ella o comer con ella y eso sigue resultándome un derecho placentero, más allá de que sea percibido como un privilegio. Eso me permite disfrutar de este telediario escolar.

En el Instituto, medidas, las esperadas de las que pueden cumplirse fácilmente: gel, mascarillas, accesos limitados. Lo del aforo ya es más complejo. Ella insiste en que son muchos, pero hay suficiente separación. Se aglomeran inevitablemente en las tres entradas/salidas del Instituto, que alberga a más de 600 estudiantes.... como lo haríamos nosotros al salir de un concierto o del cine; como se aglomeran los abuelos al salir de misa los domingos. Al estar en Bachillerato, les sugieren que salgan del Instituto en el recreo (hay una gran plaza pública en las cercanías) así son menos en el patio.  Qué difícil lo tienen los docentes y directivos implicados en esta vuelta a la educación presencial.

Creo que lo que nos queda es cruzar los dedos, insistirles en lo que deben hacer para que esta felicidad permanezca. Ya no se trata de que estés sano tú, tiene que estar sana toda su clase. Y vivir lo que nos dejen.

Mi amiga E., un afecto recuperado tras el confinamiento, ha estado trabajando en una propuesta “De vuelta” al cole, que ha puesto el énfasis en la humanidad de ese contexto escolar. En los cuidados emocionales que han de acompañar la protección sanitaria. Cuidar el cuerpo y alma. Tendremos que apostar por ello.

https://www.splora.es/spaciodevuelta/

 






domingo, 26 de marzo de 2017

REGALOS...

El viernes pasado, H.,  como viene siendo habitual, fue a un cumpleaños. Indicador de pertenencia al que todo padre debería estar atento...

Cómo me parece recomendable en todo adulto referente de un hijo preadolescente, un rato después de llegar le pedí me enseñara las fotos del evento. Yo sabía con quien iba y a qué lugar pero me interesa, además, la letra pequeña que tanta información aporta... Vi fotos que en nada se distancian de los clásicos y vi un vídeo que se habían grabado mientras entregaban los regalos a la cumpleañera.N. a quien hemos conocido este año, invitó a su cumple, a mi hija y cuatro compañeras más... 

H. ha pasado al Instituto este año y eso ha supuesto un cambio de centro, por suerte nada traumático. En el Instituto, va a un grupo que sigue una metodología especial (es un Aula TIC donde las asignaturas se imparten a través de nuevas tecnologías). Ese hecho hace, que a veces no sea especialmente valorado al elegir la continuidad de los estudio. Se le presupone un nivel más exigente (nada más alejado de la realidad) y muchos padres piensan que ya tienen suficiente con pasar a la ESO como para añadir más dificultad.

Gracias a una campaña previa a favor, esa fama hizo que al elegirla se mantuviera el mismo grupo de niños que venía del cole, casi en su totalidad. Es un grupo muy cohesionado y, sobretodo, un grupo de padres muy conocido. Así, el tránsito al Instituto ha sido sencillo y sin traumas. A mi me preocupaban un poquito más los niños que se incorporaban...Desde el primer día estoy atenta a ellos y he ido viendo como se incorporan nombres a los relatos cotidianos de H. que es como el telediario a la hora de informar de la realidad

En relación a N. que es la que nos ocupa, H. siempre me ha hablado bien de ella aunque es cierto que la relación parece requerir ciertas dosis de paciencia. N. es una chica muy insegura académicamente hablando, que necesita ser reforzada constantemente, que siempre teme no estar a la altura a pesar de lo mucho que se esfuerza. N. tiene buenas notas en todas las asignaturas pero con las Mates necesita apoyo escolar extra, al que también acude mi hija.

N. tiene también desde el punto de vista de H. unos padres muy exigentes, al menos eso me cuenta afirmando que no valoran sus esfuerzos sino los resultados que la niña obtiene. H., que se sorprende ante los grandes esfuerzos que hace su compañera para lograr satisfacer las expectativas de sus padres, se pasa todo el día reivindicando que no debe ser así. A pesar de ello, también es cierto que H., se queja de tener que esgrimir una paciencia enorme (que no tiene) por responder a las demandas de su amiga buscando comprobación a si está haciendo las cosas bien...Cuando H. me habla de N. yo siempre me acuerdo de Dory, el entrañable personaje de "Buscando de Nemo"...porque según mi hija N. habla con angustia, se mueve constantemente, necesita comprobarlo todo, tiene una risa nerviosa...

El cumpleaños nos pilló sin mucho margen para pensarlo...Mamá, mañana a las 16.30 celebramos el cumpleaños de N. en tal sitio. Y, partir de ahí, he sido espectadora de todo lo demás.

H. me contó que le había hecho una caja sorpresa de regalo donde ella tenía que meter la mano por un agujero y podía sacar pequeños presentes y papelitos con mensajes. Se esmeró mucho en la decoración (pensó más en eso el día anterior que en su examen de Mates...) pero bueno, lo importante, porque sí, es lo importante, es el vídeo que se grabaron.


En él se ve a la cumpleañera rodeada por sus cinco amigas, siendo regalada y sonriendo mucho, con la algarabía algo exagerada pero propia de estos tiempos. En él, ella sonreía con los pequeños regalos y leía los papelitos que sacaba de la caja: "N. te queremos", "N. no cambies, eres especial". "Gracias por hacernos sonreír con tu risa contagiosa"...y con cada frase una piña de abrazo entre todas.

Es un acto simple, unas frases sencillas, edulcoradas por esta fase de exaltación de la amistad adolescente, pero realmente me ha emocionado verlas. Allí, haciendo esto espontáneamente por una niña nueva, una niña con tantas inseguridades. H. llegó muy feliz y creo que N. esa noche se fue a su cama con la sensación de que era una persona especial e importante y que sus amigas la querían mucho.

Y yo pensé: realmente en la vida no necesitas nada más que sentir que te quieren y a veces eso solo depende de que alguien se atreva a decirlo. Y ya si además te dan un abrazo y lo correspondes, pues es la gloria. Tan simple. A menudo, tan escaso.

Además hay que decir que H. volvió diciendo "Y sus padres también son majos..." ...porque entre otras cosas, pienso yo,  a los padres nos da paz saber que a nuestros hijos les quieren, aunque no siempre aprueben Matemáticas. Digo yo, porque lo contrario, aprobar y no ser querido, seguro que no te ayuda a ser feliz.

Feliz Cumpleaños N....gracias por regalarnos la oportunidad de vernos reflejados en ti.





martes, 11 de octubre de 2016

RECONCILIACIÓN

Colombia, un país que he aprendido a querer en la distancia.

La primera mano tendida que sentí en esta tierra era colombiana. Nos unió esta ciudad en la que los dos acabábamos de aterrizar. Fue N. alguien tan especial, tan significativo en mi vida en aquel momento, de hace casi un cuarto de siglo, que a través de sus ojos aprendí a amar y a sentir aquella tierra vecina, justo cuando había dejado de serlo.

He estado allí dos veces, para enamorarme de la forma más romántica que uno puede amar en América: olvidándose de lo demás. En uno de esos viajes, recuerdo que no fuimos a donde quisimos sino a donde era posible ir sin riesgos. Los militares en la mesa con nosotros, organizando las vacaciones.

Unos años después de que Colombia entrara en mi corazón, comencé a escuchar y leer historias de víctimas del conflicto armado que llegaron aquí buscando refugio y futuro. Y a través de ellos y de algunas otras personas colombianas, mi amor por su país se hizo incondicional. No sólo amo su belleza como país, sino también la extraordinaria calidad humana de sus gentes, que han tenido que lidiar a lo largo de su vida contra tantos estigmas negativos.

En estos días convulsos pienso en ellos. Y en las lecturas que hice sobre reconciliación política cuando Guatemala me tenía hechizada. Sobre la reconstrucción del tejido social, cuando se habían cometido en ese mismo tejido, tantas atrocidades. Cómo perdonar, cómo aceptar esa presencia compartida con tus propios verdugos en nombre de una paz mayor...

Ignatieff, uno de los autores que más ha escrito sobre este tema, leemos ...reconciliarse significa romper la espiral de la venganza intergeneracional, sustituir la viciosa espiral descendente de la violencia, por la virtuosa espiral ascendente del respeto mutuo. 

Sé muy poco, por no decir nada, de política, así en general, pero sé mucho de sentimientos. He visto llorar y sufrir a mucha gente que huyó del conflicto y lo ha vivido en carne propia a lo largo de su vida. He pensado en ellos cuando veo que en las zonas donde el conflicto ha hecho más daño, ha ganado el SI a la Paz. Pienso en cómo se vive, que a pesar de tu SÍ, otros digan NO a tu paz, porque no les convence en sus mínimos, en sus costes...o aún peor, porque les da igual y no han salido a posicionarse. 

Y así llevo días pensando en esas víctimas que SI querían la PAZ frente a una guerra que sobretodo ellos han padecido...No dejo de preguntarme...¿Donde acaban los derechos de las víctimas? ¿Donde está su poder de perdonar, de reconciliarse con su propia historia si son otros (y no necesariamente los agresores) los que se lo niegan?

Le han dado a Juan Manuel Santos el premio Nobel de la Paz....porque por lo menos lo está intentando...ojalá que como quienes le precedieron: Rigoberta Menchú, Oscar Arias, ...muchos otros; nunca deje de intentarlo. 



* Carlos Martín Beristain es médico y especialista en educación para la salud. Desde 1989 ha trabajado en El Salvador, México, Guatemala, y en Colombia, en programas de atención a personas y comunidades afectadas por la violencia, y apoyo a los grupos de derechos humanos. Fue asesor de salud mental del Proyecto de Reconstrucción de la Memoria Histórica y coordinador del informe Guatemala Nunca Más.



domingo, 5 de abril de 2015

ACOMPAÑADA


Siempre me ha llamado la atención que la entrada más visitada de este blog sea una que titulé SOLA.

Pienso en la extraña atracción que ejerce esa palabra, intuyendo que quien la busca, requiere más bien de lo contrario. De compañía, en su soledad.

Por razones que no vienen al caso, he aprendido desde muy pequeña a sentirme a gusto estando sola. Y esa capacidad, la he percibido siempre como un don. Tengo habilidades sociales, me gusta la gente, de hecho, me gusta mucho, pero son dos cosas distintas. 

Para mí la compañía forma parte de lo que DESEO pero no de lo que NECESITO. Es verdad, que como todo ser humano, estoy expuesta a vaivenes en el peso que uno y otra (deseo y necesidad) tienen a lo largo del tiempo. 

Sigo contando como puntuales los momentos en que siento la necesidad de tener compañía y, por lo tanto, mi necesidad suele ser satisfecha con facilidad. Pero pienso en ello, por lo que a mi me falta y a otros sobra o viceversa. Por las implicaciones negativas, en un segundo plano, de esa virtud o ese defecto. 

Sigo pensando que la necesidad de compañía nos hace esclavos. Supongo que como cualquier necesidad. Porque las necesidades nos OBLIGAN a la búsqueda, porque en su satisfacción se nos va  la vida, a veces literalmente. En otras, sin embargo, sólo perdemos la posibilidad de vivir con mayor plenitud obsesionados por esa búsqueda. Y ésto, menuda faena es.

En estos días de vacaciones, de descanso elegido sin otro fin que olvidarnos de los excesos cotidianos, pienso en ello mirando alrededor. Consciente de las ausencias, de mis ausencias. En lo que significan para mí y en lo que significan para H.


"Yo quiero tener un padre"... ese es su deseo literal desde siempre y no me extraña, adoptada y negra, además debe cargar con mi monoparentalidad.  Y en la niñez (a veces hasta mucho más tarde) todo lo que nos hace diferentes, nos perturba. A mi esas circunstancias no me suponen ningún problema en lo personal, pero es cierto, que yo primero elaboré lo que supondrían y luego decidí. Lo que no medí, lo que no medimos, es que al decidir a menudo imponemos nuestras decisiones a nuestros hijos. Y como lo tengo claro en sus ventajas y desventajas pues trato de ayudarla a manejarlo lo mejor posible y yo creo que está yendo bien. Son nuestras circunstancias y con ellas hay que aprender a vivir.

A pesar de esto, cada vez soy más consciente de que en la tarea educativa o de la crianza, educar un hijo en solitario tiene sus dificultades añadidas. Si además, como en mi caso, se suma que no hay una red familiar a disposición (por la distancia física que me separa de mi familia, avión de por medio), la dificultad se transforma en muchas cosas:

...Miedo sí, siento miedo, un miedo enorme, a que me pase algo que me impida cuidar de ella. Trato de lúcidamente decidir a cargo de quien debe quedar en mi ausencia. Y pensar eso, más allá del afecto que tiene garantizado, es un reto enorme cuando toda tu familia vive a kilómetros, cuando en mi ausencia, perderme a mí, al menos ahora, en los siguientes años, implicaría también para ella, perder todo lo que son sus referencias: escuela, entorno, actividades, los afectos cotidianos. Y no, no se merece esa segunda pérdida masiva.

... Tristeza, por obligarla a vivir con la parte negativa que para ella tienen mis decisiones, y que la obligan desde muy joven a superar obstáculos arraigados en el imaginario popular en los que ella siempre está en situación de desventaja que la obligará a luchar más por ser mujer, tener que dar explicaciones por ser negra y adoptada y a tener que construir una identidad bicultural mucho más compleja de gestionar internamente y con el entorno ...y el que diga que no es así, miente o carece de ojos e intuición.

...Preocupación, y quizás esta es la más reciente. Yo no tengo ninguna duda de estar ejerciendo la maternidad lo mejor que puedo. Soy una persona con muchas herramientas, soy proactiva y tomo decisiones siempre. Puedo estar equivocada al hacer, pero nunca dejo de hacer. Otra cosa, es que pueda asumir tareas que deben realizar dos. Dos que se complementen.  Porque yo, soy solo una.

La vida en pareja, la buena vida en pareja, es algo que me parece sumamente complejo. Y criar en pareja seguramente (porque esta parte no la he probado nunca) lo debe ser aún más. Pero a ratos la anhelo por lo que supondría en lo personal (pero eso es otro capítulo) y en lo que supondría para H.

...extraño alguien que matice para ella (y a veces para mí) aquello digo y en lo que creo firmemente. A veces necesito que alguien desde su adultez, matice mis certezas y con ello le de a ella más opciones. "Mamá, siempre tienes la razón"...y ella la tiene a veces y se la doy cada vez que puedo. Pero a veces estaría muy bien que la razón la tuviera un tercero. Para que el hecho de que ganara una no dejara necesariamente a la otra como perdedora en solitario. Y sí, cada vez que puedo cada una tiene "una parte de razón". El problema son las otras veces.

...extraño alguien que la consuele cuando yo debo ser dura. Porque lo soy. Hay cosas que no hay que permitir pero ese rato que la dejo sufrir en soledad, me gustaría que alguien la acompañara y le ayudara a aceptar que las cosas no son como ella quiere. Ahora me toca ser dura, dejarla en su tristeza y luego retomar. Calmar, acompañar, reflexionar. Ser al mismo tiempo la mala (que genera frustración) y la buena (que calma, acompaña, acuna) sería mucho, muchísimo más sencillo, si lo hiciéramos entre dos y a poder ser alternando roles.

...extraño a alguien que me ayude a calibrar mis ideas y opiniones al respecto de las cosas, apoyar (o no) mis decisiones como algo visto desde dos visiones, y por qué no, a compartir los gastos... porque todo cuesta, no sólo tiempo, sino también esfuerzo y dinero y a menudo ni mi tiempo ni mis ingresos (incluso mis esfuerzos) alcanzan para todo lo que estaría bien hacer.


...extraño a alguien que, en la logística cotidiana, comparta lo doméstico y las atenciones que requiere H. principalmente en las tareas del cole. Yo siempre tengo que elegir, hace tiempo que asumí que no soy una supermujermadre: no puedo ayudarla a terminar los deberes, preparar la cena y llamar a los abuelos para ver como siguen al mismo tiempo. De tres cosas que siempre necesito hacer, solo hago una o dos. Y no es poco, pero no es suficiente desde lo que me gustaría.

...extraño a alguien que me ayude a tener un tiempo para mi sin sentir que ella deja de disfrutar de un tiempo compartido con adultos o con otros. Lo tiene, con otros adultos significativos, pero ella siente que si no estoy, ella está sola compartiendo con otras familias que si están juntas entre sí. Si hubiera una pareja, si ella tuviera un padre, su familia compartiría con otras familias y a veces, como suele suceder con familias amigas, hay uno de los padres que se queda en casa disfrutando de su tiempo o hace sus cosas. Y nadie tiene carencias. Ella ahora siente que las tiene por eso necesita ir/estar con su familia, que soy yo. Y yo me pierdo a mi en ese camino.

...extraño que alguien la eduque con sus vivencias, perspectivas, apetencias... además de hacerlo yo porque esa diversidad la hará más rica en sus percepciones de la realidad.

...extraño un tiempo nuestro, además de un tiempo mio. Igual que sería valioso entender la presencia de un tiempo vuestro.

Y sí, es más cómodo ideológicamente porque lo otro implica negociación no siempre fácil. Pero unos días agradecemos la comodidad y otros lamentamos la complejidad. De todo hay.

Y hoy ha tocado pensar en esto pero se que a fin de cuentas, unos días mejor y otros peor, la vida tiene sentido porque no hay nada "que nos quite lo bailao" *


* "que me quiten lo bailao" es una expresión popular que se utiliza para decir que las consecuencias negativas que puedan aparecer después de algo que ya ha sucedido, no pueden anular el placer de lo ya hecho. En otras palabras, cuando ya has vivido algo gratificante, no importa lo que suceda después porque ya nadie te lo puede arrebatar.

 

lunes, 29 de diciembre de 2014

ADVERSIDAD

P. siempre me dice "para sufrir solo hay que querer". Y yo creo que tiene razón.

Es verdad que a algunas personas el sufrimiento les llega por razones obvias pero, para la gran mayoría de la gente, el sufrimiento es una actitud. Una actitud que viene determinada por su tendencia a creer que lo que les sucede es el peor de los males, algo irreparable y dejará en su vida una huella que permanecerá para siempre. 

Sí, da igual que sea que no les sonó el despertador, su catarro haya empeorado, les hayan puesto una multa, o la persona de la que están enamoradas no sienta lo mismo por ellas. Sea lo que sea, les amarga el día, lo cual ya está mal, pero es que además tienen el arte de amargarselo (o al menos eso intentan) a los demás. Esos, a los que casi nunca les pasa algo que sea tan malo, tan grave o tan descorazonador, como a ellos.

H. tiene esa tendencia natural. Sufre. Anticipa males. Focaliza defectos. Es sensible a lo que no funciona de la vida y, en ese orden de ideas pare usted de contar. En general, es una niña jovial, solo hasta que una pequeña circunstancia le amarga el día, entonces  ella se transforma rumiando y rumiando su desgracia. 

Yo, por genética o educación, soy lo contrario. Y eso me hace feliz, ser como soy. Por eso reconozco que ver esa tendencia en H. me hace sufrir, porque la veo sufrir a ella. Ya sabéis, mimetismo materno filial.

Sin embargo, algo está cambiando. 

Hace unas semanas H. preparaba un baile para el acto de Navidad del Colegio. La indumentaria del baile, decidieron incluiría un sombrero de copa, de estos cargados de brillantina. Inicialmente, plateada, porque H. y yo ya lo habíamos comprado para otro baile. A dos días del baile una de sus amigas me escribe preguntándome cual de los dos sombreros dorados que me enseñaba en una fotografía era el que debía comprarse, le indiqué cuál pero le recordé que era color plata. Me dijo entonces: "...pero si H. nos ha dicho dorado". Sonreí. Otra más de sus virtudes..."Dorado o Plateado, da igual, mamá"...



Y sí da igual, en ciertas ocasiones, pero si quieren ir todas iguales más te vale que digas el color correcto. Y así terminaba el día, todas con el sombrero dorado, como H. había indicado y ella con uno plateado. Serenidad que se avecina un tsunami.

Le expliqué lo que sucedía y la responsabilidad que ella tenía en ello porque nunca le había importado distinguir ciertas cosas. Odia que la corrijan, pero eso no la lleva a aprender (para evitar la corrección) sino a rechazar a quien la corrige. Serenidad y Paciencia. ¿O no era eso criar,? un acto de paciencia infinito y de tesón y constancia inigualable. Pues sí, en eso creo, en eso estamos.

Ella no lo pidió explícitamente, pero anticipando la tragedia le dije: "Tiene remedio, falta un día, podemos comprar otro". El precio era insignificante y sin duda mucho menor que el pagaría H. por su error remarcando con ello su diferencia y, sobretodo, dejando de disfrutar del baile que con tanto entusiasmo había preparado con sus amigas. 
A mi me esperaba un día terrible y sin margen laboral para la compra en horario comercial pero ponderando costes y logros, con una torre de trabajo para casa, salí de trabajar a las ocho de la tarde, a buscar el sombrero dorado a la tienda que hay al lado de casa, esa en la que días antes habíamos comprado el plateado. 

"No hay, se han agotado" nos dice el dependiente. Me miró con cierta tristeza y le ofrecí: ¿Quieres que probemos en otro sitio? Sí, por favor. 

Mientras, en el trayecto, comenzó serena a explicarme que lamentaba su error, que nunca más olvidaría la diferencia entre ambos colores. Y que si no encontrábamos pues no pasaba nada. Segunda tienda: "Están agotados". 

Yo, asombrada con su serenidad y la ausencia de catastrofismo, con la visión constructiva que le estaba dando al asunto, le dije 

-¿Lo intentamos en otra? 
- Sí. 
 - Tendrás que entrar y mirar sola porque tendré que aparcar en doble fila
Ella, a veces aprehensiva para estas cosas contestó: "Sí, no hay problema". 

Lo hizo buscando y nada en su cara reflejaba sufrimiento. Tercer intento: Tampoco había. 

Entró al coche, la miré esperando su derrumbe pero estaba entera. 

Cariño, son casi las nueve y media, sólo tendremos tiempo de intentarlo en un sitio más pero será más difícil porque para ir a ese, sí tendré que aparcar. "Lo intentamos", me dijo sonriendo. 

Como mi buena estrella es inmensa, tras una vuelta, en hora punta para buscar un sitio donde aparcar, en un barrio donde los aparcamientos brillan por su ausencia.  Allí estaba, en la calle de atrás de la tienda, un sitio para aparcar nos estaba esperando. 

Entramos corriendo a la tienda. Buscamos con la mirada y nada. Ya rendida la busqué y le dije: nos vamos. Y ella me miró sonriendo: Míralos, están ahí!!!. Lo tenemos!!!, un sombrero de copa dorado.

Bailó con su sombrero. Feliz, sonriente, segura.


Antes, tuvimos una conversación interesante. Gracias mamá, me dijo, por ayudarme a buscarlo. Yo sonreí jugando con ella a distinguir dorado y plateado en mil ejemplos de imágenes. Y señalando al final que no es lo mismo, ni esa ni muchas otras cosas a las que ella, por no aceptar la corrección, no les da importancia.  Y no aceptarlo, no aprenderlo, tiene sus consecuencias.

Y hablamos también de lo importante que es pensar en las soluciones y no en los problemas. Buscar con constancia y con esperanza. Confiar, insistir. Atraer hacia nosotros las posibilidades, enfrentarnos a aquello que nos cuesta, para lograr aquello que queremos. 

Esa noche me tocó trasnochar algo para terminar el trabajo que me llevé a casa pero lo hice feliz. Orgullosa de ella. Y se lo dije muchas veces esa noche. Si tu te hubieras rendido a la primera, si hubieras empezado a quejarte, a hablar de la mala suerte que tenías, a echarle la culpa a otro por la confusión; seguramente yo hubiera regresado a casa, cargando tanto tu desaliento como el mio. Pero no, esta vez no, esta vez fuiste más fuerte que la adversidad y por eso tuviste una recompensa. No siempre es así, le dije, y también hay que aceptarlo pero, por esta vez, lo hemos logrado y vamos a disfrutarlo.