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domingo, 26 de enero de 2014

TAMBIÉN SOLA

Hace ya algún tiempo escribí un post que tenía un titulo parecido a este. En él hablaba de las cosas que podía hacer y sentía desde mi soledad. H. se había ido unos días de campamento y para mi, esa soledad recuperada, era un estado extraño, tan acostumbrada me encontraba ya su compañía cotidiana.

Ahora, la que tiene que hacer cosas sola es ella. Porque H. crece y la vida nos lo va pidiendo.

Hace unos meses atendí a una mujer que me contaba que su hija había empezado a ir al colegio sola con 7 años. Desde su casa al colegio, que estará a unos 20 minutos andando, debe atravesar dos importantes avenidas y varias calles pequeñas. Inicialmente esa niña hacia cada mañana ese trayecto sola porque su madre, monoparental y con escasos apoyos, trabajaba y no podía llevarla. Poco tiempo después ella perdió el trabajo pero lo niña siguió yendo al colegio sola "porque ya sabía hacerlo". Y a mi me trasmitía ese relato una sensación de desamparo e incluso una valoración de negligencia que no he podido sacarme de la cabeza desde entonces.

He tardado mucho en dejar a H. hacer cosas sola (bajar a tirar la basura, ir a la tienda de la calle trasera a comprar,...). Siento temor pues no puedo acompañarla con la mirada (mis ventanas dan a un luminoso patio interior pero no a la calle). Y siento temor pero creo que ya es necesario. Es necesario porque en algo más de dos años irá al instituto sola (ahora su cole queda en dirección a mi trabajo pero el instituto queda en otra dirección). Estoy segura que todos los niños que acuden andando al centro lo hacen solos y ella lo hará también. Y también porque había empezado a temerle a la calle: "Y si me roban", "Y si alguien me lleva" (cosas que yo nunca le de dicho). Y yo no quiero que le tema.

Siempre he pensado que uno de los grandes retos de la crianza es trasmitir que hay que esperar de la vida cosas buenas aunque exista la posibilidad de que sucedan cosas malas, ante las que debemos estar preparados y con herramientas que nos permitan solucionarlas. No quiero que H. le tema a la calle, porque me parece que es mayoritariamente un lugar seguro pero reconozco que tengo que trabajarme la templanza y la serenidad.

"Un niño acompañado es un asunto privado. Un niño solo es un asunto colectivo". Francesco Tonucci     





















































Curiosamente uno de los días que le pedí que bajara sola a llevar las cosas del reciclaje, frente a los dos caminos posibles yo le pedí que fuera por el menos transitado (me parece más seguro en relación al tráfico) pero ella me pidió ir por el otro. "Hay más gente, me conocen, puedo pedirles ayuda.". "Si me pasa algo tendrás a quien preguntar si me ha visto"...La escucho y sonrio, sabia que es.

Provoca una enorme ambivalencia ver cómo se van de nuestro amparo seguro. Esa mezcla  de temor difuso al daño que puedan recibir y el orgullo de verles crecer, ampliar horizontes, salir de la zona de confort. 

Los hijos crecen y nos hacen crecer. Que difícil es saber a veces cuál es el momento exacto, el mejor momento para exponerlos a esas cosas que, aún suponiendo un esfuerzo emocional, les ayudarán a estar mejor preparados para enfrentar los retos de individuación que tan importantes son en el desarrollo de un adulto sano y equilibrado. En ello estoy, estamos...

Porque si se tienen alas, es para volar... 






 

martes, 21 de enero de 2014

SINRAZÓN

Hace una semana que regresé de mis vacaciones de Navidad. Unas vacaciones que para mí significan siempre cosas hermosas: la posibilidad de disfrutar de mi familia extensa, mucha y bien avenida (menudo tesoro), la posibilidad de perderme física y emocionalmente en unos paisajes y una naturaleza que me emocionan hasta erizarme la piel, la posibilidad de tener tiempo,... para perderlo.

Dicho ésto, trece días después de volver, sabiendo todo lo que eso me supone, el primer tÍtulo que se me ocurrió para este post es "abducida". Sí, abducida, por la sensación de secuestro que tengo. La he cambiado porque es una palabra fea y porque no quiero referirme a un hecho que es y ya, sino que deseo encontrar sentido al sin sentido y avanzar en mejorar mis sensaciones.

Como ya contaba a algunos amigos, esta semana nos ha pasado un poquito de todo: aviso de que nos quedábamos sin canguro para dos tardes, pequeños accidentes domésticos, inconvenientes "inmovilizantes" con el coche,...y una suerte de pequeñas incidencias que nos han tenido prácticando aquello de "nada perturbe tu paz" y pensando en aquello a lo que en mi tierra de origen llamamos "mal de ojo"*...

A pesar de estas múltiples menudencias, los días han pasado con dos sensaciones sobrevolandolo todo y me he sentido secuestrada sí. Secuestrada como madre, por los deberes de mi hija y, secuestrada como psicólogo, por la crisis económica que me ronda.

Sí, nos secuestran los deberes. Cuando las tardes de mi hija y las mías no nos ofrecen el tiempo para poder jugar, entonces hay algo que funciona mal, porque un niño debe tener tiempo para jugar. Tengo la sensación de que toda la semana pasada hemos estado acudiendo al colegio, haciendo deberes, estudiando para exámenes y aparte de eso, sólo cubriendo necesidades básicas (comer, dormir, asearse,...) y así, día tras día. Esa no es la infancia que deseo para mi hija. 

He hablado con su tutora (de la cuál tengo una impresión muy favorable) y tras esa conversación parece que la situación se reconduce algo. Ella misma coincide conmigo en que un niño no puede pasar las tardes haciendo deberes. "Estaré más atenta a exigirle que trabaje mas en clase, para que no lleve tanto trabajo a casa". Sí, eso quiero, que trabaje en clase, para eso acude al cole y después, en casa, queremos tener espacio para vivir más cosas: tiempo para hablar y contarnos, tiempo para dejar volar la imaginación, tiempo para saltar, correr, brincar, tiempo para perderlo, tiempo para hacer planes, tiempo para pasear...tiempo suyo y nuestro que el trabajo académico nos estaba robando. Llevamos unos días bien, sin apenas deberes para casa. Veo nuestra paz, su sonrisa. Me siento mejor, espero que dure. 


Y nos secuestra la crisis. Como el mes de Enero es mes de las memorias, de rendir cuentas a los "financiadores" de nuestro trabajo, estamos pensando en el qué y en el cómo de este año y visto así en conjunto, la situación y nuestro hacer, la sensación es algo desoladora. 

Trabajo en una ONG de apoyo a población en situación de vulnerabilidad. En este contexto de precarización social creciente, una de las cosas que claramente refleja la realidad de la población que atendemos, es que todos manifiestan un riesgo elevado en el ámbito económico. Hay un mapa cada vez más homogéneo en lo que antes presentaba mayor diversidad, la sensación de que el riesgo más alto antes de esta crisis estaba relacionado con otros factores más particulares: problemas de salud, adicciones, desestructuración familiar, malos tratos, etc… problemas en los que tenía sentido nuestro trabajo con personas ayudandolas a plantear mejor sus vidas en base a la comprensión y transformación de una realidad que siempre ofrecía opciones. 

Hoy en día la sensación que tengo es que es tan imperiosa la dificultad para la cobertura de necesidades básicas que lo que hacemos es repartir ayuda humanitaria (y menos mal!!!), con una engorrosa gestión que da garantías a los financiadores de que la ayuda llega, pero que nos secuestra a nosotros, los profesionales de la intervención psicosocial en nuestro quehacer, convirtiendonos en gestores administrativos de unos fondos que siempre son insuficientes y un paño caliente en una realidad más global que es preciso transformar de fondo. 


Me pregunto, en ambos casos, cómo recuperar la vida que hoy sólo nos deja sobrevivir, y ese es el verdadero arte de estos días, seguir encontrando los espacios de luz, esperanza y crecimiento.   En ello estamos, creemos que cada cosa tiene que estar, pero en su justa medida y sin olvidarnos de cuál es más importante y trascendente.

Quisiera tener la certeza de que vamos encontrando el rumbo...


*  El mal ojo, es una creencia popular-supersticiosa según la cual una persona tiene la capacidad de producir mal a otra persona sólo con mirarlacomo proceso, puede venir dado de manera voluntaria o involuntaria, y es, según la creencia popular, efecto de la envidia o admiración del "emisor", que a través de su mirada (ya sea directa, en símbolo o incluso mental) provoca un mal en el envidiado/admirado


domingo, 20 de octubre de 2013

REFERENTES

De todas las definiciones que he revisado y repensado, probablemente la que más se acerca a lo que buscamos es esta: Persona o cosa que sirve como base, modelo o punto de comparación. Sí, un referente.


 
Liya Kebede, modelo etíope. Ha creado una Fundación que lucha por reducir la mortalidad de las madres, bebés y niños en los países menos desarrollados y la mejora general de sus condiciones de Salud
Desde hace mucho tiempo un grupo de madres y padres como yo, que hemos adoptado a niños de origen racial diferente al nuestro y, sobretodo, diferente al predominante en los países en los que residimos; nos preguntamos, qué referentes o modelos positivos tendrán nuestros hijos para sentir que esa diferencia racial (aunque nos pese el término), no limita sus posibilidades de crecimiento en lo personal, lo familiar, lo profesional...

La duda (y la preocupación) tiene que ver mucho con la frecuencia con la que las minorías que representan en el país en el que viven, son mayoritariamente minorías excluidas, víctimas en muchos casos de importantes procesos de segregación y de actos de racismo y xenofobia. Nuestros hijos, en ese delicado proceso de construcción de su identidad, tendrán que integrar lo que son, niños y niñas criados en el marco de nuestras propias referencias culturales y raciales, que sin embargo, presentan exteriormente rasgos que les definen ¿erroneamente? con otras referencias. Léase, que cuando dejan de ir de nuestra mano, son lo que otros ven en ellos cuando les miran: negros, latinos, asiáticos,...

Y no lo digo yo, lo dice la realidad que se impone a los deseos. No en balde pasan cotidianamente cosas como estas que no tienen graves consecuencias ¿no? pero molestan y desgastan.

Viviendo como lo hago yo, en una ciudad pequeña, los referentes raciales de mi hija, en su mayoría son inmigrantes económicos y cuesta, cuesta mucho, que ella pueda verse en un espejo donde las personas de su color de piel le muestren oportunidades y no carencias. Mamá ¿Todos los negros son pobres?...Mamá ¿Una chica negra se puede casar con un chico blanco?...Mamá ¿Puede  una chica negra ser maestra?. Y tiene dudas, claro, porque no conoce otra realidad cercana. 

Esos padres, dentro de los que me incluyo, hacemos importantes esfuerzos por reflejarles otras realidades. Encontramos muchos referentes en otros lugares...en ciudades más grandes, ...en otros países, ...a lo largo de la historia. Y se los muestro, sí; pero me quedo con la duda porque siento que esas referencias son lejanas porque no están en su cotidianidad. 

Puedo hablarle de poco compañeros de trabajo de raza negra, o puedo señalarle a pocas personas de raza negra trabajando, como yo, en las tiendas, oficinas y lugares públicos a los que acudimos....los ve haciendo venta ambulante y perseguidos por la policía, los ve vendiendo cosas mientras pasean por las playas que visitamos en verano, los ve durmiendo en la calle o pidiendo...Aunque las hay, en mi circulo de amigos no conoce ninguna pareja interacial, ni siquiera en la gente del barrio o de la ciudad que conocemos. En su escuela no hay ningún docente de otra raza... 

Y claro, puedo vivir en otro país o en otra ciudad, pero vivo en esta. Y mi hija, necesita evidencias, no buenas intenciones. Ya sabemos que una imagen vale más que mil palabras.


domingo, 22 de septiembre de 2013

LOGROS

En unos días finalizará la jornada laboral continua que hago durante los meses de verano. En unos días, no sé cuantos, comenzará a refrescar el tiempo. Mucho tardó en llegar el sol y el calor, pero también mucho se está quedando. Hemos iniciado el curso escolar. Los amigos ya hablan de ir a la Sierra a recoger castañas.  En unas horas celebraremos el equinoccio de otoño en este lado del mundo. Hemos regresado esta semana de las vacaciones tardías. Sí, cambia, todo cambia.

Quizás por esa serie de cambios regulares yo hago mi particular recuento de logros veraniegos.

No ha sido el más intenso, ni el más disfrutado de mis veranos pero con haberlo sobrevivido con bienestar, nos damos por satisfechos. Importante ese ejercicio de darse cuenta de las cosas que se tienen y no sólo de aquellas que están ausentes.

Me quedo con dos.

Primero, he vuelto a disfrutar de la cotidianidad de los días con mis padres. Y sigue siendo tan significativo para mi. Al hacerlo vivo dos procesos, les hago participes de mi mundo, de las cosas y las gentes que me acompañan, que me alimentan, les muestro mi vida, una vida que tiene mucho de lo que ellos posibilitaron. Intento devolverles la tranquilidad de mi bienestar, a ellos; que tanto han tenido que padecer mi lejanía física. Y, al hacerlo, también me descubro en ellos, reconozco cuantas cosas en mi les pertecen en origen. El gusto por el hogar, la bienvenida a los amigos, las madrugadas para salir a vivir, el irnos pronto a la cama, el amor por la naturaleza y las cosas sencillas...veo mi huella genética y me provoca ternura. Algunas cosas hacen incierto el futuro de los siguientes encuentros y, cada uno a su manera, busca formulas emocionales para garantizarlos. Cuando los planes de verse otra vez son inciertos, ayuda hacer promesas, porque hay que mantener viva la llama de la esperanza. 

Segundo, le hemos ganado la batalla a los problemas de Matemáticas. H. terminó el curso escolar con la certeza (ella siempre es una mujer de certezas) de que ella, para los problemas, no servía. Y, cierto era, porque ni siquiera lo intentaba. Simplemente veía el enunciado y lo siguiente era echar a cara o cruz la respuesta. Tras los primeros fracasos en el razonamiento asumió (decidió) que eso no era para ella y se rindió. Vivimos de las rentas del primer trimestre y así aprobamos Mates pero por los pelos. Esto tenía mal pronóstico. Y digo tenía porque a fuerza de practicar problemas, acompañarla en el razonamiento, resolver adecuadamente los primeros y REFORZAR hasta la saciedad esos logros, ahora ya sabe que puede. 

Y el reforzar va en mayúsculas porque he ido un paso más allá de lo habitual. 

Como su discurso era tan intensamente negativo, a medida que hemos ido teniendo éxito la he obligado a mirarse en el espejo y cambiar su "NUNCA resuelvo bien un problema" por un "A VECES, CUANDO LO PIENSO DESPACIO, sé resolver problemas". Y luego pasamos al MUCHAS VECES... para terminar con "cuando hay un problema, lo pienso, estoy atenta a los detalles y lo resuelvo". Delante del espejo, una, dos, tres veces...las que hicieran falta hasta sacarle una sonrisa. Hemos pasado del 2% resuelto con éxito -por azar-, a más del 90%. Simplemente se dio la oportunidad. Bueno más bien le obligué a dársela. Lo he hecho en tono jovial, exagerando mi emoción, teatralizando la alegría del logro pero he sido absolutamente firme en algo. Tenía que decírselo a sí misma ante el espejo, mirándose. Y he logrado, hemos logrado, que se lo crea.

Qué bien!!.

Y son dos hechos pequeños, a veces obvios para quien los mira sin detenerse en ellos, pero son muy significativos, hablan de la vida que tenemos y tendremos y sobretodo hablan de la esperanza. Y sin esperanza (y el trabajo que supone construirla), es imposible avanzar.

Avanzamos sí, sin prisa y sin pausa.




martes, 11 de junio de 2013

LO IMPORTANTE ES LA ACTITUD...


H. y yo estudiamos matemáticas, sí estudiamos ambas, reconozco que aún soy capaz de reaprender cosas que había olvidado por desuso. Estudiamos, entonces, de buen grado, queremos -más ella que yo- sacar un diez. Ella lo anhela, pero lo cree imposible. Un diez que a mi me da igual, pero del que la creo capaz. Dos formas de ver la vida, así somos de entrada.


Quiero ayudarla a conseguirlo y me topo con sus dificultades, que creo están menos en sus posibles capacidades, y más en sus tajantes actitudes y percepciones frente al aprendizaje escolar, o tendré que decir ¿ante el fracaso?.

Último tema de Matemáticas de 3º de Primaria, "Los datos y su representación gráfica". Ella misma me lo dice: "Esto es muy fácil mamá, es como dibujar". Exactamente querida, es decir cosas con dibujos y a ti te encanta dibujar.

Repasamos uno de los dos conceptos teóricos: La Moda. "La moda es el dato que más se repite dentro de una Tabla de datos"....Leemos, memorizamos, decimos con otras palabras, repetimos la información fundamental del concepto "más"... Creo que lo tenemos. Dejo pasar unos minutos mientras hacemos otras cosas. Y vuelvo.

- ¿Qué es la Moda?. Me mira. Titubea...
- "...es el dato que está en la tabla de datos..."
- Veo que tienes la idea pero hay algo importante que se te olvida. Piénsalo.
- Es el dato de la tabla, ya te lo he dicho!
- H. dicho así no está bien,  te falta algo pequeño pero muy importante, sin esa parte no estás hablando de la moda, sino de todos los datos.

Se enfada, se tensa...
 - Ya te lo he dicho!!!
 Para evitar la escalada....Le pido volver a leerlo....

Lo lee y me dice.
- Ves! es lo que dije!!
- No me has dicho lo que pone el libro. A lo que tu dices le falta esto: "más se repite" y eso es lo más importante. Lo puedes decir con otras palabras pero esa idea debe estar y en tu explicación no estaba.
- Pues no lo dije, pero lo pensé!!!
- Puede ser...pero si no logras decir o escribir lo que piensas, los profesores no pueden evaluarte en todo lo que sabes.

Y respiro y trato de quitarle hierro al asunto pero me preocupa. Porque cada vez más, "es el dato que más se repite". Esa resistencia, no a aceptar sus dificultades, sino a aceptar su falta de éxito a la primera. Y se está volviendo frágil frente a su sensación de fracaso porque no se está dando la oportunidad de pensar, de reflexionar, de aprender. Puede con ella la necesidad de ganar. Y empieza a ver estas pérdidas como algo esencial e irremediable y no como algo circunstancial, y con posibilidades de cambiar. Y de cambiar para mejor.

¿Cómo puede corregir un error, suplir una carencia o resolver un problema si le cuesta aceptar su existencia? Y creo que le cuesta porque piensa que la define. No lo vive como un reto, sino como un estigma. Y nuestro sistema escolar tan proclive a estigmatizar se lo va a poner en bandeja de plata así que no necesitamos ayudarlo. Al contrario, debemos luchar contra él. Pero no se bien como hacerlo.

Mi hija se está convirtiendo en su enemiga y tendrá que vencer sus miedos para ser tan grande como puede ser. Me pregunto si desde mis certezas y mi amor incondicional sabré guiarla para que transite ese camino de piedras. Cruzo los dedos para que encuentre maestros que sepan entenderlo y modelarlo sanamente. Porque sí, tristemente, creo que es una cuestión de suerte. Y no debería.







domingo, 31 de marzo de 2013

PERDER...

A todos nos gusta ganar. Sin embargo aprender a perder es una cosa imprescindible en la educación emocional de cualquier ser humano.

Hace seis meses H. empezó a jugar al baloncesto. Tras un primer intento de vincularla al deporte a través del atletismo aprovechando sus evidentes capacidades, las más obvias fantasías y los más tangibles recuerdos de Addis Abeba, descartamos esa opción por algunas dificultades prácticas y también por su individualismo. H. necesitaba un equipo para competir desde el esfuerzo conjunto, y no competir desde lo individual frente a otros.

Seis meses después, sólo puedo afirmar que hemos sido muy sabias.

Ya he hablado en otras ocasiones de las cosas buenas que esta decisión ha propiciado pero ahora quería hablar de otro de los muchas aprendizajes que H. ha tenido que hacer en este camino y sobre el que yo, su madre, he tenido que ir trabajando y también aprendiendo.

Hace cinco meses que empezaron a jugar partidos, uno por semana, salvo alguna excepción. Los hemos perdido todos menos uno. Todo hay que decir que hemos ganado el más importante. Ganamos el que jugamos el día de su cumpleaños, así que celebramos el doble cuando todavía sentíamos que ésto de ganar o perder podía ser una cuestión de alternancia...

Sin embargo la experiencia de cada sábado, nos está curtiendo en  la derrota. Y a mi, madre observadora y cómplice con otros padres y madres, que a diferencia mía, son casi todos hijos e hijas del baloncesto; me está haciendo aprender mucho. Hemos tenido partidos de todo tipo, los perdidos por paliza, los perdidos por dejadez, los perdidos de forma ajustada, los perdidos tras ir ganando, los perdidos porque ni nos enteramos de los errores, los perdidos porque nos faltó definición, los perdidos porque madrugamos mucho, y pare usted de contar...siempre son varias las razones...En cada derrota muchas cosas que aprender y en ello trabajamos cada una/uno con su hija...


Pero quizás lo más importante es que tejiéndose sobre cada derrota, yo observo que el mejor aprendizaje es: jugamos porque nos gusta, si ganamos, mejor, pero no es lo que pereguimos, al menos a estas alturas, que todo se andará. Llegará un momento en que será preciso competir, dejarte la piel en la victoria y llorar de rabia en las derrotas pero aún tienen ocho años y creo que son otras las cosas de las que han de alimentarse.

Yo las veo sonreír cada vez que llegan a la cancha tras cinco meses de partidos perdidos, las veo jugar con inocencia y celebrar al equipo y casi siempre a los rivales. Me sorprende que H. tan dolida en la derrota y tan competitiva siempre, tras estos cinco meses vuelva de cada partido hablando con relativa objetividad de los errores cometidos, observando en detalle las cosas que provocaron el resultado adverso, señalando alternativas a lo hecho para haber cambiado el resultado del partido, manteniéndose atenta a esos errores la vez siguiente, valorando esa nueva oportunidad que le brinda cada sábado. Me parece que esa actitud inteligente, ante el mal sabor de una derrota, la hace más fuerte y es un aprendizaje que, al formar parte de una actitud, se amplía y extiende a otros contextos, en los que necesitará la misma o mayor templanza.

Hoy he visto perder a unos de mis chicos del tenis español. Lo he visto emocionarse al hablar y sin embargo mantener la frente en alto, sonreír, saludar desde un agradecido "nos vemos aquí, otra vez, el año que viene". La vida siempre nos da nuevas oportunidades para poder demostrar lo que hemos aprendido a partir de la experiencia. Más nos vale haberlo hecho.





domingo, 13 de enero de 2013

DUDAS RAZONABLES

Hace unas horas:
 
- Mamá, he pensado que también cuando sea mayor puedo ser maestra de niños de primaria. (Hasta ahora quería ser albañil)

- Ah! Qué bien!. Si te gusta, es una buena idea.

Silencio unos minutos.

- Mamá ¿Se puede ser maestra si eres negra?

- Si claro! el color de la gente no importa para que seas bueno en tu trabajo.

Silencio otra vez. Luego una pregunta que es una sentencia:

- Entonces ¿Por qué no conozco ninguna maestra negra?

Entonces, soy yo la que piensa. 

Una de las grandes dificultades que tenemos los padres de hijos pertenecientes a minorías es que somos tildados de exagerados cuando hablamos de las dificultades que tendrán nuestros hijos para ser tratados como iguales, cuando dejen de ir de nuestra mano. Cuando hablamos de las limitaciones que el color de su piel pondrá en su día a día. Empezando por las que se pondrán ellos....Como consecuencia del espejo en el que se miran.

Evidentemente, yo podré trabajar para que mi hija no se haga esa pregunta, para que deje de ver ese rasgo de su piel como un factor limitante para el desarrollo de todas sus potencialidades. Sin embargo, no bastará.  Hay espacios de desarrollo personal que sólo se ganan plenamente a base del espejo, el reconocimiento y la aceptación que marcan otros y a veces nos faltan modelos que seguir.

Mi amiga E. hablaba de ello en este post. Y hoy lo he recordado ante la pregunta de H.

Por eso celebro cada uno de los referentes negros y positivos que puedo ofrecerle a mi hija. Y quisiera que estuvieran más cerca de nuestra cotidianidad. Ella los necesita para sentirse mejor, para no pensar en el color de su piel.

Hace unos meses me preguntaba... ¿Mamá una chica negra se puede casar con un blanco?. Después de respirar, le pregunte ¿Cómo? y entonces sentenció.
 
- Mamá hasta que no me enseñes a una chica negra que "está" con un chico blanco no voy a estar con los blancos 


- A ver explícamelo un poco...

- Si mamá. Si no hay negras que esten con blancos, entonces tendré que estar con los negros. 

- Ah! no te preocupes hay muchas ya te enseñaré alguna....Y añado ¿Y si te enseño un negro con una blanca tambien vale? 

- No, porque la negra soy yo... 

Y no dejé de pensar en ello hasta que lo encontré ... ¿qué te parecen estos dos? ¿Te valen?. 

Se queda callada unos minutos y me dice. 

- Tengo una madre estupenda!

Yo, le respondo:

- También tengo una hija estupenda....

Y pienso, una hija que mira mucho, se da cuenta de mucho y por suerte, me habla de ello.




miércoles, 26 de diciembre de 2012

UN PASO ADELANTE

Tratadme como un ser excepcional, y lo seré. Sí señor.

Tras muchos temores por los posibles retos que suponía pasar a 3ro de primaria; tras múltiples, en este caso “terrores”,  que inspiraban los candidatos a profesor tutor; la suerte y la vida nos hicieron un regalo: nos encontrarnos a R. dándonos la bienvenida el primer día de clase.

R. tiene, como media, 15 años menos que el resto de la plantilla de profesores de la escuela pública a la que va H. La edad no es imprescindible, pero ayuda a tener ganas. Y ella las tiene. El primer día, no sabíamos lo que ella sería, pero ese desconocimiento ya era una buena noticia frente a las fantasías que nos acompañaron todo el verano.

Durante días escuché a H. alabar a su nueva profesora y tras la primera reunión confirmé que ese desconocimiento se estaba llenando de cosas buenas. La escuché hablar de nuestros hijos y no pude más que sonreír.  Nos habló de sus defectos pero sobretodo les elogió y alabó tanto, que me preguntaba si eran los mismos niños que el curso anterior. Su maestra de entonces no dejó de hablar mal de ellos en dos años.  

Personalmente, me gusta que me señalen mis errores. Sin embargo, con la misma agudeza que espero identifiquen y me hablen de éstos para poder corregirlos; deseo que me señalen las cosas buenas que tengo y de las que puedo echar mano para superarlos. Cuando alguien sólo es capaz de hablar de tu parte mala, a mi me parece una persona de alma pobre y peor espíritu. Y a esos, hay que silenciarlos o cuanto menos, mantenernos alejados. Más lejos si del sistema educativo hablamos.

Pero no, tenemos a R. Tenemos la enorme alegría de tener a R. Tras dos años de desencanto académico, nunca he visto a mi hija tan motivada por el aprendizaje. Es cierto que ha sido agotador porque la cantidad de deberes nos ha superado muchos días, pero en ningún momento la he visto renegar de su profe o de sus propias capacidades. Sólo ha estado cansada -mejor hago el plural-, pero nunca he sentido que tuviera falta de ganas.

La reflexión que motiva estas líneas tiene que ver con un comentario reiterado que me hace sonreír: “Mamá, R. nos ha dicho que somos tan listos que ha tenido que enseñarnos unas cosas de 4to. Y ya las hemos aprendido! Sabes? 4to. va a ser mucho más fácil”. Tendremos un verano optimista.

Y pensar en eso me hace recordar a todos los que vieron cuánto habíamos conseguido, y lo celebraron con nosotros. En los que aprendieron de nuestras fortalezas para amortiguar nuestras debilidades y animarnos a superarlas. En todos los que creyeron que podíamos dar más y nos lo pidieron. En todos los que nos motivaron para esforzarnos e ir más allá de lo mucho que ya habíamos logrado. 

Pienso en R. y el bien que le está haciendo a mi hija a fuerza de afecto y exigencia. Vamos a tener que seguir dando las gracias. Las GRACIAS en mayúsculas porque ésto no es algo anecdótico son las bases de la autoestima de mi hija. Y no puedo trabajarlas sola y únicamente desde este lado del espejo.

GRACIAS R. que afortunados son tus alumnos. Y nosotros, sus madres y padres.  

viernes, 5 de octubre de 2012

EN LAS DISTANCIAS CORTAS...



Nací en una ciudad de casi 6 millones de habitantes y he vivido allí casi la mitad de mi vida. Cuando vives en un lugar tan grande, tan lleno, (y tan hermoso en mi recuerdo), es fácil que los espacios en los que desarrollas tu vida, no te sean del todo cercanos. Además de grande, todo fue siempre “lejos”. Desde niña me pasé una parte significativa del día de aquí para allá. En bus, en coche, pagando, haciendo autostop...,de aquí para allá, como parte de la vida. Con algunas ventajas de las que he sido consciente según me he hecho mayor, pero también con importantes desventajas. 

Me he pasado veintitantos años lejos de las cosas más significativas del día a día…de la escuela, del trabajo, de los amigos, de la familia. La distancia limitaba posibilidades de encuentros, de cosas compartidas, del mejor aprovechamiento. El tiempo de los traslados nos quitaba media vida. Recuerdo haber sentido que, salvo los fines de semana, yo nunca veía el sol en mi casa. Salía de noche, volvía de noche. Es lo que tienen los días tropicales, son cortos.

Por mis ansias de tener un mundo más amplio, he pasado buena parte de la otra media vida en una ciudad que no llega a los 160 mil habitantes. Cuando llegué a ella, esa sensación de moverme a pie, (esa y muchas otras), me hacía flotar de felicidad. Caminaba media hora y me salía de la ciudad!!!. Todo, absolutamente todo, me parecía cerca. Y esas ansias de un mundo amplio nunca adormecidas, se dieron cuenta de la calidad de vida que suponía en el día a día que entre mi casa, la escuela de mi hija y el lugar donde trabajo no hubiera más de 15 minutos a pie. 

Durante el mismo día en el que antes no veía el sol en mi casa, hoy veo tantas cosas: amanece, vamos al trabajo y de camino nos encontramos la escuela; en ese camino y sus pequeñas variantes dos parques infantiles, el carril bici, varias plazas, una gran superficie, farmacia, banco, quiosco de prensa, gasolinera, cafeterías y bares, el bazar de los chinos, que no falte…un poquito, de todo lo necesario. Eso es calidad de vida, no lo que tienes sino lo que puedes saborear.

Me gusta que muchos servicios y muchos contactos sean posibles al alcance de la mano, a la medida de nuestros pasos. Pensaba en ello porque he caído en cuenta del privilegio que me supone cuando pienso en la locura que desee siempre: vivir en la capital!!!. Allí es donde sucede todo. Y es cierto, sucede, pero no siempre puedes disfrutarlo; que vivir en una ciudad grande tiene sus costes.

Las distancias físicas de mis días, son cortas y lo celebro.

Hay, sin embargo, otras distancias que pesan más. Aquellas que te separan del abrazo de tus afectos más sólidos.  

Me descubro a menudo preguntándome cuánto tiempo más pasaré aquí. Como si no tuviera dudas en relación a que éste, es un lugar de tránsito. Y cuando pienso en ello, acontece de un tiempo a esta parte, que el lugar definitivo es un lugar aún más pequeño, muy pequeño, más abarcable aún que este. Un pueblo diminuto lleno de montañas y de mar. El pueblo de los abuelos y así… vuelta a empezar. El que ha tenido cercanía quiere amplitud…

Ciertamente para unir unas necesidades y otras, benditas sean las nuevas tecnologías!

sábado, 15 de septiembre de 2012

RUTINA


Pregunta P. qué tal llevo la rutina de la semana. Esa en la que ha empezado el cole y, sin abuelos, vuelvo a tener horarios irremediables. Tiene razón en preguntar, el domingo tuvo que cargar con mi tristeza ante la inminencia del duro cambio de los buenos hábitos veraniegos.

Lo pienso. Inmediatamente sé que no es rutina lo que he sentido esta semana, al contrario, es “afán”, como dirían mis amigos colombianos. Hay días que envidio la soledad de P. Él trabaja sólo en su oficina –con su planta, que le hace compañía- pero no cambio este frenesí por esa soledad. Cuando estás con otros, cuando miras a otro y escuchas las historias que te narran, tu vida nunca es rutinaria. Porque no dejas de pensar y sentir con él o con ella. No dejas de repensarte.

Desde hace cinco años tengo otra viviendo conmigo 24h. Vaya diferencia. No me aburro insisto, aunque a ratos extrañe algo de soledad. H. me hace sentir y pensar mucho. Sí, aún más de lo que ya lo hacía solita. Y no era poco.

Trabajo en equipo y tengo suerte. Mi vida laboral está acompañada. Tengo compañía y contraste y eso es bueno y sano. Allí, ampliando la mirada, somos muchos más. Allí van a vernos otros muchos que esperan que podamos ayudarles. Es lo que tiene trabajar en una ONG, te da fama de bueno. Y eso terrible.

A lo largo de este mes estaremos al 50% por diversas, buenas y merecidas circunstancias, así que los que estamos recibimos el doble. El doble de historias. El doble de angustias. Y es imposible estar angustiado y aburrido por la rutina al mismo tiempo. P., de la rutina, ni rastro.

En momentos difíciles, y éstos lo son, siempre me pregunto cuánto dolor puedo recibir sin que surja el mío. Cuanta angustia, sin que desaparezca mi serenidad. Cuanta rabia, sin gritar las mías. Pero siempre, cuando parece que te vas a romper, aparece alguien y te alegra el día. O tu vas y buscas la alegría si has aprendido a cuidarte (es lo que tiene la experiencia). Estamos en Ferias en esta bella ciudad, sigue haciendo calor. Y eso me produce una alegría inmensa.


Entonces, en el trabajo y en la calle, ves una sonrisa, un logro, una decisión firme –aunque sea mala-. Ves el camino a seguir en ese campo minado que es la vida de los que vienen a vernos y te sientes útil. A veces, en aquello que vienen a pedirte. Otras, en aquello que vienen necesitando y no saben pedir. Alguien con quien compartir, que les escuche, les ayude a pensar, a priorizar, a decidir, a llorar, o a rabiar…Y hacer todo eso no es rutina.

Cuando anticipas lo peor, sólo pueden sucederte cosas buenas. Ha sido una buena semana.

P. siento mi tensión y mi tristeza. Yo no soy así, sólo que a veces me asusto. Y claro, está todo lo demás.