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miércoles, 15 de febrero de 2017

AFRO Y SAN VALENTÍN

Tengo en casa una preadolescente de pelo Afro.

...y no es solo que lo tenga afro, sino que tiene pelo para dos cabezas.

...a lo largo de estos años (doce) hemos trabajado un día sí y otro también porque se quiera a si misma, en todas sus circunstancias, con sus bondades y desdichas, siempre subjetivas, en cuanto a los determinantes de su dotación genética. Y ese es un trabajo que se construye a base de presencias, de discursos, de miradas y de convicciones.

Su melena afro desde mi punto de vista es espectacular pero coincido con ella en que, para estudiar, más vale que la lleve recogida, por su bienestar académico y, sobretodo, por el de la persona que se sienta detrás de ella. Así, a lo largo de toda primaria; al cole, su cabello ha ido recogido con trenzas (made in home) que sus esfuerzos físicos y emocionales nos han costado, o; con coleta, una solución rápida, sencilla y en un momento dado autogestionable (lo que se agradece en el día a día).

En el último año, con ese despertar a veces radical y a veces sutil de la preadolescencia, H. ya no quiere llevar trenzas (una opción válida), y como con todo, prefiere acabar rápido, para dedicarse el resto del tiempo que parecía sobrarnos, a mirarse en el espejo.

Yo, que desde siempre trabajo para que su autoestima le permita vivir plenamente, sintiéndose maravillosa en todas sus circunstancias, celebro de puertas adentro y con ella, todos sus procesos de reconciliación y enamoramiento, con aquello que es como es y no puede cambiarse.

Ayer, en su instituto, celebraban San Valentín. Con esa excusa, los chicos de los últimos cursos de la ESO organizaron una actividad para recaudar fondos para su viaje de fin de curso. La actividad consistía en encargar semanas atrás, flores (claveles) o chucherías (piruletas o gominolas de corazón) para regalárselos por sorpresa a sus amigos el día de San Valentín . En torno al hecho, se fue creando un clima de expectación y emoción muy gracioso, porque es que H. se emociona con la vida.

Lo interesante del evento para mi ha sido verla vestirse por la mañana y descubrir que había decidido llevar su melena al viento, léase suelto, en todo su esplendor. Entonces he caído en cuenta que a lo largo del año, en aquellas ocasiones en las que quería verse especialmente guapa y llamativa, su opción ha sido llevar ese pelo del que de niña ha renegado "lo suficiente", ese pelo "que sólo le gusta así a los mayores", sí, ese mismo, llevarlo libre y en toda su magnitud. Transformar ese "es que todos me miran" en tono de vergüenza de hace unos años, en "es que me gusta que me miren y tengo con qué"...

Y volvió a casa sí, rodeada de claveles, con las gominolas en el estómago y con "un todo el mundo me dijo que bonito!"; sí, los mayores pero también los menores como ella, que la quieren mucho y que se abren a otros conceptos de lo que es hermoso más allá de lo habitual

H. siempre ha sido poderosa en su ser; pero hay cosas que ha tenido y tiene que conquistar en su empoderamiento personal: su condición de adoptada, el color de su piel, su cabello...y en ello estamos y no nos va mal.




lunes, 3 de agosto de 2015

ELLA

Literalmente no fue ella quien la colocó en mis brazos. Pero yo sí siento ese hilo que desde sus brazos la llevo a los mios.

Hoy hace ocho años que abracé a mi hija por primera vez. Pienso a veces en aquel día, pero cuando esos recuerdos llegan el día del aniversario, pienso más en ella. En su madre etíope. En su madre que lo es, y que al mismo tiempo no pudo serlo.

Pensarla me hace evocar hoy el día de mi cumpleaños. Al salir al cole el amanecer parecía de cuentos. H. emocionada me dice Mira mamá!!! parece que ahí está Dios!!. Le dije, es mi cumpleaños, desde el cielo me están regalando este hermoso amanecer...

Seguro son los abuelos que de esta forma te dicen Feliz Cumpleaños. Contestó. Y también estará mi madre etíope para felicitarte.


La miro y sonrío. ¿Cómo si no?.


Los padres adoptivos tenemos que trabajar nuestro propio vínculo con la familia de origen de nuestros hijos porque al hacerlo -y no es casi nunca una tarea fácil- estamos enseñando a nuestros hijos a integrar esas dos realidades que de alguna forma dan continuidad y fluidez a la historia de vida que les acompaña.


La búsqueda de los orígenes, esos pasos que una persona adoptada o su familia adoptiva emprenden para retomar contacto con su pasado pre-adoptivo son un pilar importante sobre en el que se asentará la base de su identidad personal, de su satisfacción personal. De su felicidad.

A veces sólo se desea tener certezas sobre la identidad de los padres biológicos, otras más bien se desea (y a veces únicamente) obtener informaciones generales sobre el pasado y sus referentes (a veces sin necesidad de identificar a una persona en concreto). Saber sobre las circunstancias, decisiones y azares que les han llevado de una familia a la otra.

Siguen sin ser mayoría las familias en las que el origen, los orígenes de la vida de sus hijos o hijas y sus circunstancias inmediatamente posteriores, son abordados con naturalidad, ayudando a poner palabras a lo que se conoce o a lo que se intuye que pudo haber pasado, incluso a lo desconocido, para permitir completar el puzzle, construir la historia, y si fuera el caso, acompañar en el dolor, siempre sumando afectos que son los que posibilitan la sanación. 

Se fantasea con la idea de que las heridas sanan si no se tocan, olvidando que a veces esas heridas, si no se limpian y curan, explorándolas, pueden dar origen a una infección. Es decir, a un daño mayor. No es fácil curar heridas pero seguro que todos coincidimos en que no por difícil es recomendable dejar de hacerlo


Me alegra que podamos nombrar a la madre de H. que ella pueda entenderla (a fecha de hoy) como un personaje integrado en la narrativa de nuestras vidas. Que imagine que me regala cosas, que me pida que le cuente historias de lo que yo creo o se que pasó. 

Hablamos a veces, sí. No siempre lo hacemos en el mismo tono afectivo pero me siento segura al acompañarla en su dolor, que muchas veces se vuelve mio; sin miedo a la historia que dio origen a "nuestra" historia. Me alegro de sonreirle a lo que sabemos y de ser prudentes con lo que desconocemos. Me alegra caminar despacio aprendiendo del camino.

El amor es para mi un sentimiento incondicional. Y amo todo lo que eres pero también todo lo que eras antes de que llegaras a mi. Le tengo un profundo respeto. Y también una enorme gratitud. 

Nadie dijo que fuera fácil pero estoy segura de que vale la pena.

 



sábado, 18 de julio de 2015

DE PARTO

S. ha sido madre por primera vez hace unos días. Pregunté por ella, que había tenido un embarazo tan radiante. Está bien, feliz, con su pequeño que es un santo, pero está cansada. Han sido veinte horas de parto.

En estos días recuerdo el mio. Duró casi un mes, el parto, digo. Que el embarazo administrativo duró algo más de año y medio. Mi parto es el mes que pasó entre ver la foto de la niña que me habían asignado, confirmar con todos los datos disponibles que quería ser su madre, que un juicio ratificara en una sentencia que todos estaban de acuerdo con esa decisión, ir a su encuentro y abrazarla por primera vez. Un parto.

En ese largo mes mi vida cambio para siempre. Y cada día soy más consciente de ello.

Buena parte de ese mes, que ocupa buena parte del mes de julio y los primeros días de agosto; en los últimos años lo he pasado sola pues H. está de campamento. Tengo mucho tiempo para pensar en él, sin ruido y sin obligaciones, sin horarios, con trasnochos, voces adultas, mucho cine, comidas a deshoras, caminatas, improvisando (y cada día más...). Pienso en ella claro está, pero desde la certeza de su felicidad, me dedico a recrearme en una vida solo mía para bien y para mal.

De aquel mes recuerdo la indescriptible emoción de su llegada. De su llegada con nombre y apellido. Con ese nombre precioso, sencillo, pronunciable, ante el que caí rendida sin importar los planes previos. De su celebrada llegada "es una niña", sabiendo que de haber sido niño lo quería con la misma fuerza. Recuerdo los amores con P. ajeno a toda esta historia y que sin embargo cobijó con sus brazos y su sonrisa mis horas de espera para hacerlas cortas, redescubriendo con él que finalmente las noches tenían mañanas que les seguían y que también eran mías. 

Recuerdo las llamadas, las cartas, los apoyos,...ese movimiento de afecto colectivo que me daba unas fuerzas extraordinarias para emprender ese viaje emocional que no tiene un viaje de vuelta, en el que siempre se va hacia adelante. Recuerdo la organización de los detalles del viaje y te recuerdo a ti, ahora recién estrenado como padre, acompañandome como siempre, "en la salud y en la enfermedad. En la riqueza y en la pobreza".... En la valentía y en los temores. 

Y la recuerdo a ella, desde la primera foto, ajena a mi. De gesto serio, mirada triste pero intensa...y recuerdo la siguiente, con la sonrisa más perfecta que había visto nunca, mientras se acercaba sonriente extendiendo sus brazos. Amor 1-Miedo 0. Empezamos bien.


Recuerdo ese mes y pienso en este. Pienso en P. y extraño las cosas dulces que vivimos, en ese y otros veranos siguientes. Y pienso en ti mientras te veo convertirte en mujer. Mientras veo esa enorme sonrisa de la que eres dueña, brillar y aparecer en cada una de las fotos de las ultimas semanas. Te veo crecer a pasos agigantados. Lo haces por fuera, y es justo decir, que también por dentro. Creces, como vives. Corriendo.Y yo trato de seguirte.

¿Para qué servirán un parto de veinte horas y un embarazo de tantos años?...entre otras cosas para reafirmar el amor. Porque cuando tienes a tu hijo delante (también creo que pasa con los sobrinos :-)...) la vida se relativiza, se redimensiona, se transforma o se vuelve del revés como dice mi otra amiga S. que también ha celebrado en estos días su maternidad adoptiva. Sirve para saber que vas a estar allí para siempre. Aunque a veces la vida te enseñe que puede que no sea así para todo el mundo.

En estos días, en este mes, el telediario -y mi vida- están llenos de madres. De buenas y malas madres. De las biológicas, que han hecho cosas terribles, aparentemente malas muy malas -que alguien nos cuente la parte que no sale en el telediario-. De las Adoptivas, que parecen buenas pero ¿recordais las mismas noticias? también las hay malas muy malas. 

Y finalmente de las madres subrogadas, que no sabemos aún en que lugar colocar...y yo pienso en sus hijos, en lo que ellos piensan y sienten al respecto de ellas. Pienso en las madres que les traen al mundo, en un parto breve (como la mía) o largo como el de S. En un parto biológico como el de S., o en uno administrativo como el mío, y en esos otros que lo mezclan, dejándonos un poco a la deriva en lo ético, en lo moral, en lo valido, en lo posible....

Y en todos los casos sólo espero que sus hijos, nuestros hijos, sean capaces de llegar a buen puerto. Una vida, medianamente plena y serena, sobretodo respecto a sus orígenes y su identidad. 

Y pienso en el buen puerto, porque no puedo más con mis ganas de Mar.





domingo, 5 de abril de 2015

ACOMPAÑADA


Siempre me ha llamado la atención que la entrada más visitada de este blog sea una que titulé SOLA.

Pienso en la extraña atracción que ejerce esa palabra, intuyendo que quien la busca, requiere más bien de lo contrario. De compañía, en su soledad.

Por razones que no vienen al caso, he aprendido desde muy pequeña a sentirme a gusto estando sola. Y esa capacidad, la he percibido siempre como un don. Tengo habilidades sociales, me gusta la gente, de hecho, me gusta mucho, pero son dos cosas distintas. 

Para mí la compañía forma parte de lo que DESEO pero no de lo que NECESITO. Es verdad, que como todo ser humano, estoy expuesta a vaivenes en el peso que uno y otra (deseo y necesidad) tienen a lo largo del tiempo. 

Sigo contando como puntuales los momentos en que siento la necesidad de tener compañía y, por lo tanto, mi necesidad suele ser satisfecha con facilidad. Pero pienso en ello, por lo que a mi me falta y a otros sobra o viceversa. Por las implicaciones negativas, en un segundo plano, de esa virtud o ese defecto. 

Sigo pensando que la necesidad de compañía nos hace esclavos. Supongo que como cualquier necesidad. Porque las necesidades nos OBLIGAN a la búsqueda, porque en su satisfacción se nos va  la vida, a veces literalmente. En otras, sin embargo, sólo perdemos la posibilidad de vivir con mayor plenitud obsesionados por esa búsqueda. Y ésto, menuda faena es.

En estos días de vacaciones, de descanso elegido sin otro fin que olvidarnos de los excesos cotidianos, pienso en ello mirando alrededor. Consciente de las ausencias, de mis ausencias. En lo que significan para mí y en lo que significan para H.


"Yo quiero tener un padre"... ese es su deseo literal desde siempre y no me extraña, adoptada y negra, además debe cargar con mi monoparentalidad.  Y en la niñez (a veces hasta mucho más tarde) todo lo que nos hace diferentes, nos perturba. A mi esas circunstancias no me suponen ningún problema en lo personal, pero es cierto, que yo primero elaboré lo que supondrían y luego decidí. Lo que no medí, lo que no medimos, es que al decidir a menudo imponemos nuestras decisiones a nuestros hijos. Y como lo tengo claro en sus ventajas y desventajas pues trato de ayudarla a manejarlo lo mejor posible y yo creo que está yendo bien. Son nuestras circunstancias y con ellas hay que aprender a vivir.

A pesar de esto, cada vez soy más consciente de que en la tarea educativa o de la crianza, educar un hijo en solitario tiene sus dificultades añadidas. Si además, como en mi caso, se suma que no hay una red familiar a disposición (por la distancia física que me separa de mi familia, avión de por medio), la dificultad se transforma en muchas cosas:

...Miedo sí, siento miedo, un miedo enorme, a que me pase algo que me impida cuidar de ella. Trato de lúcidamente decidir a cargo de quien debe quedar en mi ausencia. Y pensar eso, más allá del afecto que tiene garantizado, es un reto enorme cuando toda tu familia vive a kilómetros, cuando en mi ausencia, perderme a mí, al menos ahora, en los siguientes años, implicaría también para ella, perder todo lo que son sus referencias: escuela, entorno, actividades, los afectos cotidianos. Y no, no se merece esa segunda pérdida masiva.

... Tristeza, por obligarla a vivir con la parte negativa que para ella tienen mis decisiones, y que la obligan desde muy joven a superar obstáculos arraigados en el imaginario popular en los que ella siempre está en situación de desventaja que la obligará a luchar más por ser mujer, tener que dar explicaciones por ser negra y adoptada y a tener que construir una identidad bicultural mucho más compleja de gestionar internamente y con el entorno ...y el que diga que no es así, miente o carece de ojos e intuición.

...Preocupación, y quizás esta es la más reciente. Yo no tengo ninguna duda de estar ejerciendo la maternidad lo mejor que puedo. Soy una persona con muchas herramientas, soy proactiva y tomo decisiones siempre. Puedo estar equivocada al hacer, pero nunca dejo de hacer. Otra cosa, es que pueda asumir tareas que deben realizar dos. Dos que se complementen.  Porque yo, soy solo una.

La vida en pareja, la buena vida en pareja, es algo que me parece sumamente complejo. Y criar en pareja seguramente (porque esta parte no la he probado nunca) lo debe ser aún más. Pero a ratos la anhelo por lo que supondría en lo personal (pero eso es otro capítulo) y en lo que supondría para H.

...extraño alguien que matice para ella (y a veces para mí) aquello digo y en lo que creo firmemente. A veces necesito que alguien desde su adultez, matice mis certezas y con ello le de a ella más opciones. "Mamá, siempre tienes la razón"...y ella la tiene a veces y se la doy cada vez que puedo. Pero a veces estaría muy bien que la razón la tuviera un tercero. Para que el hecho de que ganara una no dejara necesariamente a la otra como perdedora en solitario. Y sí, cada vez que puedo cada una tiene "una parte de razón". El problema son las otras veces.

...extraño alguien que la consuele cuando yo debo ser dura. Porque lo soy. Hay cosas que no hay que permitir pero ese rato que la dejo sufrir en soledad, me gustaría que alguien la acompañara y le ayudara a aceptar que las cosas no son como ella quiere. Ahora me toca ser dura, dejarla en su tristeza y luego retomar. Calmar, acompañar, reflexionar. Ser al mismo tiempo la mala (que genera frustración) y la buena (que calma, acompaña, acuna) sería mucho, muchísimo más sencillo, si lo hiciéramos entre dos y a poder ser alternando roles.

...extraño a alguien que me ayude a calibrar mis ideas y opiniones al respecto de las cosas, apoyar (o no) mis decisiones como algo visto desde dos visiones, y por qué no, a compartir los gastos... porque todo cuesta, no sólo tiempo, sino también esfuerzo y dinero y a menudo ni mi tiempo ni mis ingresos (incluso mis esfuerzos) alcanzan para todo lo que estaría bien hacer.


...extraño a alguien que, en la logística cotidiana, comparta lo doméstico y las atenciones que requiere H. principalmente en las tareas del cole. Yo siempre tengo que elegir, hace tiempo que asumí que no soy una supermujermadre: no puedo ayudarla a terminar los deberes, preparar la cena y llamar a los abuelos para ver como siguen al mismo tiempo. De tres cosas que siempre necesito hacer, solo hago una o dos. Y no es poco, pero no es suficiente desde lo que me gustaría.

...extraño a alguien que me ayude a tener un tiempo para mi sin sentir que ella deja de disfrutar de un tiempo compartido con adultos o con otros. Lo tiene, con otros adultos significativos, pero ella siente que si no estoy, ella está sola compartiendo con otras familias que si están juntas entre sí. Si hubiera una pareja, si ella tuviera un padre, su familia compartiría con otras familias y a veces, como suele suceder con familias amigas, hay uno de los padres que se queda en casa disfrutando de su tiempo o hace sus cosas. Y nadie tiene carencias. Ella ahora siente que las tiene por eso necesita ir/estar con su familia, que soy yo. Y yo me pierdo a mi en ese camino.

...extraño que alguien la eduque con sus vivencias, perspectivas, apetencias... además de hacerlo yo porque esa diversidad la hará más rica en sus percepciones de la realidad.

...extraño un tiempo nuestro, además de un tiempo mio. Igual que sería valioso entender la presencia de un tiempo vuestro.

Y sí, es más cómodo ideológicamente porque lo otro implica negociación no siempre fácil. Pero unos días agradecemos la comodidad y otros lamentamos la complejidad. De todo hay.

Y hoy ha tocado pensar en esto pero se que a fin de cuentas, unos días mejor y otros peor, la vida tiene sentido porque no hay nada "que nos quite lo bailao" *


* "que me quiten lo bailao" es una expresión popular que se utiliza para decir que las consecuencias negativas que puedan aparecer después de algo que ya ha sucedido, no pueden anular el placer de lo ya hecho. En otras palabras, cuando ya has vivido algo gratificante, no importa lo que suceda después porque ya nadie te lo puede arrebatar.

 

sábado, 27 de septiembre de 2014

APRENDIENDO A GOLPES...

La espera de una asignación en un proceso de adopción es un tiempo que requiere de templanza.  Precisa de moderación en el deseo, en la fantasía y en la aceptación de un plazo temporal que, en muchas variables, controlas mucho menos que en un embarazo.

Yo tuve la suerte de tener gente prudente alrededor. Afectos que hicieron las preguntas justas, que dieron los ánimos precisos en consideración de la realidad y que fueron capaces de hacerme reír en aquellos meses de gran inquietud.


Entre muchos otros, y porque viene al caso, recuerdo una tarde de otoño en la hermosa ciudad en la que viven M. y P. Tras pasear por la playa, fuimos a tomarnos algo y como siempre, hablamos de H., de ella  antes de que lo fuera. Cuando ya empezamos a desvariar sobre el futuro, ellos me decían que tenía que estar preparada para muchas cosas. Empezamos a bromear con las cosas que podían ser difíciles, sin ser trascendentales. Una de las muchas bromas de aquella tarde afirmaba que mi hija (o hijo) podía venir con graves problemas de dentición. La dura espera no sería nada, comparado con lo duro que sería asumir el coste de su arreglo!!. 

P. y yo nos acordamos mucho de aquella tarde. Meses después me acompañó a su encuentro y pudo ser testigo privilegiado del mismo.

Mi hija, al verme por primera vez, se acercó sonriente hacia mi con sus brazos muy abiertos. Imposible pensarlo en aquel momento, más allá de esa sonrisa que iluminó nuestro encuentro. Sí lo hicimos más tarde, junto a otras mil valoraciones más trascendentales. Su dentadura, era perfecta.

Ciertamente H. tiene unos dientes muy bonitos. Comenzó a mudarlos muy joven y los siguientes salieron igual de perfectos. 

Yo creo que habían pasado tan sólo un par de meses tras haber mudado sus dientes incisivos de leche. Me separé de ella por una semana. Hasta entonces no nos habíamos separado más de una noche y siempre en la misma ciudad. Ella viajó con sus abuelos, yo me reuniría con ellos una semana después. Una experiencia que no ha querido repetir sin mi presencia a pesar de desear estar allí.

Cada día un parte de preocupaciones. La frase final sólo ofrecía dos posibilidades: Quiero que vengas ó Quiero irme contigo.

Al tercer día, "Mamá.... A. (su primo de la misma edad) me tiró una piedra y me ha partido un diente. Quiero irme contigo".... Respiré hondo y hablé poco, que si no....

Nadie entiende que yo no culpo a A. de lo sucedido. Aunque de nada me valdría pues A. es un intocable. Responsabilizo a los adultos que no detuvieron un juego que podía haber provocado males mucho mayores. El diente, es lo de menos, aunque también me importa. "Los niños que siempre inventan juegos peligrosos...", "Fue porque tu no estabas...", "Casi no se nota...". Ninguna explicación, asunción de responsabilidad que me dejara a gusto. ¿Por qué nadie asume que lo sucedido es la consecuencia de lo que se permite o más bien de cómo se permite jugar?. 

No quise hacer un drama por tres razones: primera, fui yo la que decidí dejarla marchar conociendo los riesgos, segundo; realmente debes fijarte en el diente para ver que falta un segmento en una esquina, unos lo ven en seguida, otros no se han dado cuenta todavía y, tercero; no tiene vuelta atrás. O sí.

Hace unos meses la llevé para una revisión. Sigue perfecta. Quise hacerlo por la sanidad privada para calmar mis caldeados ánimos con la atención de la pública (es un error lo sé). O no. La profesional que nos atiende nos dice que la Sanidad Pública cubre el gasto si ha sido por un traumatismo antes de los 12 años. Me pregunto porqué la Sanidad Pública nunca me avisó de ello.

En unos días iremos para que corrijan el defecto y H. que es muy aprehensiva con el tema sanitario va y viene en angustias por el posible dolor, por la inyección de la anestesia, por el qué me van a hacer...y la conversación va y viene en nuestra cotidianidad desde hace días. 


Hace dos o tres días me dijo tras hablar del tema "Si A. y yo no hubiéramos jugado a tirarnos piedras, esto no hubiera pasado. Con las piedras se juega de otra manera" Y yo, como siempre, termino riéndome porque no había logrado en todas las conversaciones sobre el tema que asignara la responsabilidad a los participantes, ella y su primo. Siempre fueron otros los responsables de lo sucedido y ella la absoluta víctima.

Pero sucede, como casi siempre, sólo necesita tiempo y reflexión interna. Lección aprendida, sí. A golpes, a miedos, a inquietud...




sábado, 13 de septiembre de 2014

EMPEZAR

La llegada progresiva del final del verano tiende a envolvernos en una cierta nostalgia por las cosas buenas que acaban. Y yo soy dada a las nostalgias y a veces me pasan factura. 

Tras la última factura veraniega importante, hace ya un par de años, decidí que cuando el verano acabara en su luz, su calor, su sin-horario y sus fiestas, yo iba a enfocar mi mirada en todas las cosas buenas que empezaban, que los comienzos siempre me han resultado especialmente inspiradores...y en ello andamos.

Pienso que...

...sigue amaneciendo para mi y para los que quiero, ¿es que acaso habrá algo mejor que eso?. Y amanecemos con salud, que lo demás llega, va llegando, se consigue.

...cuando dejas las vacaciones para el final del verano, que es lo que siempre me ha gustado, volver de ellas; coincidiendo con los cambios de final de temporada, siempre te ofrece un agradable sabor a reencuentro. Sí, me encuentro otra vez con las cosas que forman parte de nuestra cotidianidad, esas que nos acompañan a lo largo del resto de estaciones. Estos han sido días de muchos encuentros. De abrazos y sonrisas amplias. De alegría. De afecto. Estamos en ferias, sigue el buen tiempo. Todo ayuda.

...empieza a sentirse la que aún es brisa fresca y la brisa fresca, refresca. Lo refresca y alivia todo. Lo suaviza. Y no está mal.

...empieza o empezará a transformarse el paisaje natural y a los colores del otoño casi, casi, nada le gana. Planes de otoño, sí. Nada mejor que hacer planes.

...H. coge sus libros, los nuevos y los usados, y los huele. Mi hija es una chica de olores. Se entusiasma, se emociona. Le encanta volver al cole. Los abre, revisa los contenidos. Me mira y me dice tajante: "Que lo sepas, voy a suspender". Yo sonrío y pienso queda inaugurado el curso escolar 2014-2015. Y sonrió porque ¿Qué hacer?...empezaremos la batalla de convencerla (que es la parte más difícil) de que no será así, si trabajamos por evitarlo (porque capaz, es). Lo que más me gusta de H. es todo lo que me obliga a aprender.

...comienza el baloncesto, comienzan los scouts, comienzan las extraescolares. Se reduce nuestro tiempo sí, pero crecen los espacios de relación y crecimiento. Veo a H. madurar física y emocionalmente a pasos agigantados y mucha responsabilidad tienen en ello los grupos en los que se mueve y las experiencias de trabajo en equipo que esos espacios posibilitan. Como me gusta mirar atrás y confirmar que, desde mis dudas e inexperiencia, he ido tomando buenas decisiones para mi hija. 

...comienza el reto (y es que me gustan los retos) de hacer frente al pesimismo académico de H., a la mala fama que precede a la profesora que le ha tocado y que ya se vislumbra pero de la que ella aún no es consciente (y que dure). El reto de compensar esa balanza después de dos años de bonanza con una maestra a la que nunca le agradeceremos lo suficiente el bien emocional que ha hecho a nuestros hijos e hijas. Unas son de cal y otras de arena y la vida siempre te ofrece de las dos. Más vale que aprendas a saborear las unas y a esquivar en la medida posible las otras.

...comienza (siguen) los retos laborales, que no son pocos y son complejos. Que no tienen fin. Que nos obligan a crear y redefinir. A tolerar algunas cosas, a mantener con convicción otras, a animar, postergar y priorizar. A defender a pesar del conflicto. A disfrutar de los avances aunque sean pequeños. A ver los espacios de consenso y reconocimiento a través de esos cristales a veces tan opacos. Tiempo de seguir cultivando la sabiduría y la serenidad, desde el equilibrio entre la razón y la emoción. Respiremos, sonriamos, acompañemos. No podemos rendirnos.

...construir planes en el futuro siempre nos ayuda a seguir caminando. Nos encontraremos otra vez, familia, amigos, verano. Mientras prometemos disfrutar del camino.







domingo, 17 de agosto de 2014

AMOR DEL BUENO

En las últimas semanas ha estado con nosotros E. 

Cuando pienso en él, recuerdo este texto. No porque E. sea un chico (ya mayor de edad) difícil de llevar, disrruptivo, violento. Al contrario, es tremendamente dócil. Demasiado para mi gusto. Pero es verdad, no hace fácil que le podamos querer. Es callado, huraño, seco, pesimista, solitario...

Y todo esto se nota más frente a la luz de sus hermanos, que brillan con una luz enorme.



He tenido la suerte de disfrutarle en la cotidianidad, en un ambiente tranquilo, alejados del ruido de su propio hogar. Todos a su alrededor esperan un milagro de su estancia en nuestra casa. Como si yo fuera mágica y pudiera cambiar su historia (o mejor, su interpretación de la historia) en dos plumazos. Hace falta tanto silencio para aprender a escucharle, tanta paciencia para esperarle, tantas ganas para invitarle a salir....

Sin embargo, siempre he sabido que debajo de esa coraza, de ese muro de contención enorme, hay un alma atormentada pero infinitamente bondadosa...

Hoy hemos estado dando un paseo por este lugar, un sitio hermosísimo...



En medio de este paisaje tan sereno, en medio del silencio que nos acompañó durante buena parte de la caminata, de pronto habla:

"Me quiero hacer un tatuaje pero papá y mamá no me dejan". Obvio. Así son. Y cada uno es lo que es. No hay que estar a favor ni en contra, sólo hay que escuchar...

¿Sí?...¿Y qué quieres tatuarte?... Responde sin dudas: Tres corazones, uno por cada uno de mis hermanos y un nombre "Guasara".

No hice la asociación rápidamente y por eso pregunté ¿Quién es ella? para recordar la respuesta antes de escucharla.

Guasara, era compañera de clase de E. Murió de un cáncer vertiginoso cuando ambos tenían 10 años. Ha pasado de ésto casi una década. Y así de presente está.

Si en lugar de decir "Ni se te ocurra hacerte un tatuaje" 
 ...preguntáramos y escucháramos ... podríamos seguir pensando que no nos gustan los tatuajes pero estaríamos seguramente muchísimo más cerca del corazón del protagonista de esta historia. Una cercanía que pide a gritos, aunque nadie lo ve. Aunque nadie se toma el tiempo para ofrecérsela. Y me siento tan feliz de haberle escuchado. Estas cosas me hacen quererle aún más.

Mientras, H. que nos escuchaba me decía. "Mamá y yo me voy a tatuar en el brazo un corazón con la palabra LOVE"... y entonces yo, apunto de decir en el acto "Ni se te ocurra....", respiré profundo y dije: ¿Si?... ¿estas segura?...y tal debió ser mi cara que cambió de idea y me dijo "O no, mejor unas mariquitas".

Escuchar, no es fácil, no. Pero vale la pena. Y, sobretodo, ayuda a salvar vidas.



domingo, 27 de julio de 2014

COMPROMISOS...

Me ha pasado otra vez hace unas semanas. H. ha estado malita, con una fiebre que no cesó a la primera como estábamos acostumbrados. Como consecuencia de ello, como es habitual reparamos mucho más en la salud y, sobretodo, en las consecuencias de su ausencia. Y desde ese primer momento allí, ante su fragilidad, otra vez estas ideas

Y lo curioso es que vienen juntas, como antes. Pero vamos por partes.

H. ha estado con fiebre dos días, nuestro record en malestar, en duración, pero sobretodo en intensidad. No bajaba con los remedios habituales. He pasado muchas horas a su lado pensándola y pensándome. Sintiendo esas noches en comparación con las primeras noches de enfermedad que viví a su lado. He tomado consciencia del rodaje que tenemos. No es mucho. No es nada, pero es distinto. Ahora ya no hay miedo. Tengo más criterio. Confío más en mi.

Y es que a veces el miedo no cabe. E. es una de las personas más aprensivas que conozco. O quizás debo decir que era. No sabía lo que le esperaba. Pocas semanas antes de ser madre le dijeron que algo no iba bien. Y ella, que no se hacía un reconocimiento médico estando sana, por no enterarse de nada que pudiera ser malo, tuvo que enfrentarse a la realidad de un problema grave en el corazón de su hija. Han pasado diez años. En medio, su hija ha sido una maravillosa superviviente, radiante diría yo. Y junto a ella, su madre; su madre que es mi heroína, porque ella ha tenido que transformarse entera. Y esa fuerza me sobrecoge.

Imaginar el mal es mucho peor que enfrentarse a él y cuando tienes que hacerlo, lo haces, porque el amor no te da otra opción. El amor monopoliza tu vida para bien y para mal,... en la salud y en la enfermedad...

Y también en la riqueza y en la pobreza... y es que H. anda revuelta porque estoy intentando que me dejen los libros del próximo curso y ella no entiende porque no los compramos nuevos y ya no encuentra argumentos para defender su postura. Así nos encuentra la vida hablando de L. "Mamá, ellos nunca se van de vacaciones"...."bueno amor no todo el mundo puede irse de vacaciones, cuesta dinero y a lo mejor hay que utilizar ese dinero para otras cosas"..."Mamá que ellos no son pobres! L. siempre lleva los libros del cole nuevos y además, tiene móvil!!!". Me consta que en algún momento la familia de L. ha tenido dificultades en la cobertura de sus necesidades básicas, pero eso no tiene por qué saberlo mi hija. De esa solvencia, que ella ve y yo se que no existe, saca unas conclusiones que la colocan en una desventaja que ella no entiende, porque nosotros, sí nos vamos de vacaciones. Y es que a pesar de sus intentos, también me niego, por ahora, a comprarle un móvil.

Qué difícil es en esta sociedad trasmitirle ciertos valores a tus hijos, sobretodo si quieres respetar los criterios que tienen otros en sus actuaciones, si has de respetar el contexto en el que estas decisiones se toman con información que no es prudente revelar. Qué difícil es establecer parámetros que ayuden a nuestros hijos a entender la pobreza como resultado de unas circunstancias que a todos nos pueden tocar y, sobretodo, como algo que contribuimos a crear los demás, desde una postura de consumo, a veces negligente. Cómo enseñarle a no mortificarse por eso, a no tenerle miedo, sino respeto, tanto a la pobreza como a la enfermedad. Cómo hacerla consciente -y prudente- en sus deseos? Cómo ayudarla a disfrutar de cuánto tiene, que es mucho, aunque no siempre logre tener todo lo que desea?.

Creo que lo que más me gusta de la crianza, es el aprendizaje que me supone, por los retos que me coloca delante....sin duda alguna, en un compromiso que no entiendo de otra forma, que para siempre.