Mi amiga E. siempre dice una frase que a mi me parece perfecta para explicar mi necesidad, pero no resuelve mi desazón: "Haz que esperen lo mejor. Preparales para lo peor".
Hace tiempo que no veo el telediario, la razón es clara, no me informa y me enfurece la manipulación informativa, la descompensación en los temas de interés, la parcialidad, la subjetividad,...y un largo etc. Me decanto por la prensa escrita o por la red, que ofreciéndome más alternativas (perspectivas) también me permite profundizar en lo que me interesa, en la extensión y con el rigor que deseo.
El fin de semana pasado, sin embargo, me despisté, y allí nos pilló, frente a la tele. El telediario y sus grandezas. La guerra, las epidemias, la corrupción, la pederastia. Error, enorme el descuido. O no. Por que si no, ¿cuándo hablamos de estos temas?
H. curiosa para todo lo que le rodea. Mira el telediario con atención. Y sufre, como lo hace quien no conoce de maldades y por lo tanto le preocupan y le indignan. Le asustan. ¿Cómo si no?. Nosotros ya estamos adormecidos frente abusos e injusticias. Y el peligro no lo vemos, no nos moviliza si no está tocando nuestra puerta. Y qué tristeza da esa consciencia.
H. pregunta con angustia y eso dónde es?...y por qué no hacen nada?...por qué no se hablan, por qué no se escuchan?...por qué no les dan lo que piden?...por qué se disparan?...Y yo termino realmente atormentada por su angustia y la que me provoca un mundo que mal hago en dejarle en herencia.
Y hay cosas con las que me defiendo, frente a las que no tengo argumentos pero tengo palabras y puedo explicarle las sin razones que nos llevan a muchas cosas que no entiende. Procuro educarla en valores que serán los que posibiliten que ella, y los suyos, los de las generaciones futuras, puedan construir un mundo mejor que el que les estamos dejando.
Pero hay temas en los que yo me quedo sin palabras, sin razones, sin explicaciones.
Noticia: detienen un pederasta. Se ven las imágenes, hablan de las niñas y ella me dice ¿Qué ha pasado? ...y mis segundos de silencio le anuncian la importancia del tema. Y le digo, le doy la explicación más sencilla posible, sin faltar a la verdad. Y es mi miedo. Y es su cara el horror...pregunta y pregunta y yo siento el esfuerzo que hago por enfrentarla a lo que no tiene una explicación. Y, si eso pasa, si eso es una posibilidad de la que debo protegerla y enseñarle a protegerse, cómo trabajar con ella al mismo tiempo, que la calle es un lugar seguro y que el mundo está lleno de gente buena.
Decía Francisco Tonucci que "los adultos enseñan a los niños a no abrir la puerta a nadie, a no
pararse con nadie, a no aceptar nada de otras personas… porque cada
desconocido es un potencial enemigo; esto es terrible"...." en general tenemos miedo, un miedo del que es responsable,
en muchas ocasiones, la globalización de la información". Dice es inaceptable
que por noticias como la que comento y su eco en los medios de comunicación "...porque es una noticia que impacta y engancha; los adultos estemos "encarcelando" a nuestros hijos". Y cuenta esta anécdota: "Cuando en un pueblecito de Italia presenté el tema de la
autonomía de los niños, una madre me decía “Eso está muy bien, pero yo
tengo miedo”, ¿miedo de qué? le pregunté, “de los pedófilos, por
ejemplo”. Cuántas veces habéis tenido un problema de pedofilia en
vuestro pueblo, “en nuestro pueblo ¡nunca!” (queriendo decir que era
inimaginable) y entonces, por qué tiene miedo, “porque lo vi en la
televisión”.
Continua Tonucci "Este es un motivo suficiente para tener miedo, pero es un
miedo injustificado. Todos los años son muchos más los niños que mueren
ahogados en una piscina y sin embargo a nadie se le ocurre que dejen de
bañarse. Una de las experiencias más peligrosas para un niño es viajar
en el coche de su madre y de su padre, y esto lo hacemos a diario…" Y visto así como que también te obligas a matizarte, pero cómo lo trasmites con este bombardeo mediatico. Por un lado, creo en la necesidad de visibilizar ciertos delictos que permanecen ocultos para terror de las víctimas silenciadas y, por otro, este bombardeo te provoca reacciones que tampoco se ajustan a la realidad.
Volviendo al origen que importante es hablar de esto a los niños, no sólo de esa violencia directa y explícita, física o sexual, sino por las cosas que se le aproximan y a las que a veces no le damos la importancia que merecen...cosas que tienen que ver con la manipulación emocional que se ejerce desde el poder de la adultez sobre la inocencia de la niñez y hablo de ser expuesto a la mirada lasciva de otro, de obligarle a ver, tocar, actuar a la fuerza o con un consentimiento que no es pleno y que muchas veces se da por miedo, o aún peor, por la relación afectiva que se tiene con el agresor.
Los abusos a menores de edad se dan en todas las clases sociales,
ambientes culturales o razas. También, en todos los ámbitos sociales. En más del 70% de los casos los actores del abuso son personas que proceden del
círculo familiar o de amistades del menor o distintos tipos de conocidos de la familia. Cómo protegerles de semejante estadística sin caer en la paranoia.
Pues hablando del tema, preparándoles para lo peor, quitando el acento del actor y poniéndolo en lo que provoca: sufrimiento, culpa, incomodidad. No es sólo lo que es, un beso por ejemplo; es lo que te hace sentir cuando no deseas darlo o recibirlo. Si algo te hace sufrir, te hace sentir incómodo, sentirte culpable o asqueado, entonces tienes que hablar de eso con otro adulto.
Y ese otro adulto...
TIENE QUE CREERLE.
Tiene que AYUDARLE A PROTEGERSE.
Tiene que GARANTIZARLE QUE DETENDRÁ la situación de abusos de la cual el o ella NO SON RESPONSABLES.
Y solo así, aún conociendo de cerca o de lejos, la maldad y el horror, podrá sentir que se encuentra en un lugar seguro.
Qué difícil. Que imprescindible.
Este blog es un regalo. Yo quería tenerlo y alguien que me quiere me lo regaló. Yo quería que mi casa tuviera ventanas y puertas y él me regaló una casa entera. El lo llenó de sol y yo de otoño. Todo tiene su momento. Este es el mío. No tiene un tema, solo tiene un fin aunque todavía no sé cuál es. Está aquí, es mi regalo. Cuidaré de él.
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domingo, 12 de octubre de 2014
viernes, 26 de julio de 2013
TIERRA
Hace diez años viajé a Argentina con dos amigas. Al final de ese viaje G. me regaló una botellita pequeña con tierra rojiza que había recogido en Iguazú. Ese viaje, fue una celebración de la vida y de la amistad. La cumplida promesa de conocer un lugar con el que soñaba desde niña.
Ese regalo marcó el comienzo de una tradición. Desde entonces, intento traerme un trocito de tierra de los lugares que me son especialmente significativos. Esos centimetros cúbicos de arena que van del blanco al negro pasando por diversos matices. También del terracota al amarillo, y varias gamas de marrones. Todos muestra de la diversidad que tanto me gusta. Esas botellas llenas de tierra y arena me recuerdan la vida vivida en esos lugares. Que casi siempre, es una buena vida.
La tierra habitualmente representa el suelo firme, las certezas, los nutrientes que nos ofrece la naturaleza, nuestro alimento y cobijo, el lugar de nuestras raíces. Raíces que nos dan certezas incluso a los que tenemos alas y no hemos dejado de volar -ni queremos-.
Tres de esos botes tienen una relevancia emocional importante para mí.
La primera es blanca y la recogí en una hermosa playa del Caribe Venezolano en el último viaje que hice a mi tierra. Lo hice acompañada de los amigos de la infancia que han permanecido en mi vida adulta. Amigos que sólo llenan mi vida de sonrisas y lugares que sólo llenan mi corazón de amor por la belleza de la tierra en que nací, a pesar de aquello en lo que se ha convertido.
La segunda es negra. Es arena volcánica de la Playa del Faro en la Isla de La Palma. La playa del pueblo en el que nacieron mis padres y deseo acabar mis días en esa visión tan romántica que atesoro de mi vejez. Esa playa de aguas cristalinas que tantas imágenes familiares me evoca.
La tercera es la arena que recogía junto a H. en el monte Entoto, a 3000 metros de altitud y con la ciudad de Addis Abeba a nuestros pies. Lo hicimos unos días antes de regresar a nuestra casa. En medio de un paisaje natural plagado de eucaliptos, y de un paisaje humano cargado de sonrisas y grandes esfuerzos físicos.
Me gustan las cosas que me nutren. Me gusta sentir que en el salón de mi casa, situada en plena meseta castellana, lejos de esas montañas y de esos mares, hay un trozo pequeño de los mundos que viven en mi.
Por cierto, me acabo de dar cuenta, no tengo ninguna botellita con tierra, de esta "tierra". Habrá que poner remedio.
Ese regalo marcó el comienzo de una tradición. Desde entonces, intento traerme un trocito de tierra de los lugares que me son especialmente significativos. Esos centimetros cúbicos de arena que van del blanco al negro pasando por diversos matices. También del terracota al amarillo, y varias gamas de marrones. Todos muestra de la diversidad que tanto me gusta. Esas botellas llenas de tierra y arena me recuerdan la vida vivida en esos lugares. Que casi siempre, es una buena vida.
La tierra habitualmente representa el suelo firme, las certezas, los nutrientes que nos ofrece la naturaleza, nuestro alimento y cobijo, el lugar de nuestras raíces. Raíces que nos dan certezas incluso a los que tenemos alas y no hemos dejado de volar -ni queremos-.
Tres de esos botes tienen una relevancia emocional importante para mí.
La primera es blanca y la recogí en una hermosa playa del Caribe Venezolano en el último viaje que hice a mi tierra. Lo hice acompañada de los amigos de la infancia que han permanecido en mi vida adulta. Amigos que sólo llenan mi vida de sonrisas y lugares que sólo llenan mi corazón de amor por la belleza de la tierra en que nací, a pesar de aquello en lo que se ha convertido.
La segunda es negra. Es arena volcánica de la Playa del Faro en la Isla de La Palma. La playa del pueblo en el que nacieron mis padres y deseo acabar mis días en esa visión tan romántica que atesoro de mi vejez. Esa playa de aguas cristalinas que tantas imágenes familiares me evoca.
La tercera es la arena que recogía junto a H. en el monte Entoto, a 3000 metros de altitud y con la ciudad de Addis Abeba a nuestros pies. Lo hicimos unos días antes de regresar a nuestra casa. En medio de un paisaje natural plagado de eucaliptos, y de un paisaje humano cargado de sonrisas y grandes esfuerzos físicos.
Me gustan las cosas que me nutren. Me gusta sentir que en el salón de mi casa, situada en plena meseta castellana, lejos de esas montañas y de esos mares, hay un trozo pequeño de los mundos que viven en mi.
Por cierto, me acabo de dar cuenta, no tengo ninguna botellita con tierra, de esta "tierra". Habrá que poner remedio.
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Montse Hernández P.
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viernes, 31 de mayo de 2013
CICLOS Y CICLONES....
Hace unos meses yo sentía que me ahogaba...
...pero sucede otra vez, el tiempo pasa, todo es un ciclo que se cumple riguroso. Cuando llega el otoño, mi estación preferida del año, yo inicio un ciclo que me llena de tormentas, me clavo como nunca un reloj al pecho y al cerebro, y empiezo a sacar cuentas, a contar minutos, a hacer encaje de bolillos entre trabajo y escuela. En esos largos meses siento el viento como un ciclón que siempre amenaza, que siempre me lleva (nos lleva), corriendo de un lado a otro, o quizás no corriendo, pero sí a un ritmo más rápido que el deseado. Con lo que a mi me gusta pasear!.
...pero hoy acaba Mayo y yo recupero buena parte de mi vida. No en horas, que al final son las
mismas, sino en rutinas. A partir de hoy, mis tardes son mías. Ya no juego al tetrics sino más bien al mikado y realmente me gusta más, cada vez es distinto y hay más posibilidades y retos. No todo es encajar, no todo es correr para encajar, sino que es una sorpresa y una posibilidad, y tu eres más dueño de tus posibilidades. Es estrategia y riesgo. Y eso me resulta sin duda más apetecible.
Y me acuerdo como si fuera hoy de la tristeza que sentía en aquella tarde que me despedía de muchas cosas. Y pienso en lo vivido desde entonces. Pienso, en que las cosas que perdía aquella tarde, están aquí otra vez, porque son mías, sólo tengo que dejar que el tiempo pase. Y pienso que este es, este año más que nunca, un año de aprendizaje.
Porque este ha sido un año escolar compartido. Madre e hija, cada una a su escuela, a experimentar y aprender. H. ha descubierto con pasión y con dolor el mundo de los deberes. Por suerte, lo ha hecho de la mano de la mejor de las maestras posibles. Este año nos asoma a lo que será un camino difícil, un anticipo de los esfuerzos y de la constancia que necesitaremos para avanzar.
Yo, por mi parte, he vuelto a estudiar, o más bien a aprender, que no es lo mismo. Y, realmente, con buenos maestros, es una delicia. Y M. sigue siendolo pero tiene razón, los años a los dos nos han hecho mejores. Más sabios pero también más humildes. Y se nota. En estos meses, además de ser madre he sido más cosas. He vuelto a pensar en mi de forma sostenida. En mi como mujer, en mi como profesional. Vuelvo a confiar en el valor de aquello que tanto me ha gustado hacer siempre y se estaba desdibujando entre papeles de auditorías. Me gusta la psicología y me gusta sentirme útil. En este tiempo de emociones exacerbadas ha venido muy bien agudizar la mirada y organizar la estrategia para ver todo lo positivo que seguimos teniendo.
Así que dio mucho de sí, a pesar de mi tristeza. Avancé, crecí, maduré, cerré y abrí, recuperé y despedí, reí y lloré. Abracé. Escribí. Ayudé, pedí,...hice tantas cosas y el tiempo pasó y estamos aquí, otra vez... Vivas y con muchas ganas.
Verano, aunque estás indeciso, bienvenidas sean tus tardes...por echarnos unas risas siempre en buena compañía. Por todos los viajes que llegarán. Por todo el tiempo que nos dedicaremos a jugar, a brillar y, sin duda, a amar.
...pero sucede otra vez, el tiempo pasa, todo es un ciclo que se cumple riguroso. Cuando llega el otoño, mi estación preferida del año, yo inicio un ciclo que me llena de tormentas, me clavo como nunca un reloj al pecho y al cerebro, y empiezo a sacar cuentas, a contar minutos, a hacer encaje de bolillos entre trabajo y escuela. En esos largos meses siento el viento como un ciclón que siempre amenaza, que siempre me lleva (nos lleva), corriendo de un lado a otro, o quizás no corriendo, pero sí a un ritmo más rápido que el deseado. Con lo que a mi me gusta pasear!.
...pero hoy acaba Mayo y yo recupero buena parte de mi vida. No en horas, que al final son las
mismas, sino en rutinas. A partir de hoy, mis tardes son mías. Ya no juego al tetrics sino más bien al mikado y realmente me gusta más, cada vez es distinto y hay más posibilidades y retos. No todo es encajar, no todo es correr para encajar, sino que es una sorpresa y una posibilidad, y tu eres más dueño de tus posibilidades. Es estrategia y riesgo. Y eso me resulta sin duda más apetecible.
Y me acuerdo como si fuera hoy de la tristeza que sentía en aquella tarde que me despedía de muchas cosas. Y pienso en lo vivido desde entonces. Pienso, en que las cosas que perdía aquella tarde, están aquí otra vez, porque son mías, sólo tengo que dejar que el tiempo pase. Y pienso que este es, este año más que nunca, un año de aprendizaje.
Porque este ha sido un año escolar compartido. Madre e hija, cada una a su escuela, a experimentar y aprender. H. ha descubierto con pasión y con dolor el mundo de los deberes. Por suerte, lo ha hecho de la mano de la mejor de las maestras posibles. Este año nos asoma a lo que será un camino difícil, un anticipo de los esfuerzos y de la constancia que necesitaremos para avanzar.
Yo, por mi parte, he vuelto a estudiar, o más bien a aprender, que no es lo mismo. Y, realmente, con buenos maestros, es una delicia. Y M. sigue siendolo pero tiene razón, los años a los dos nos han hecho mejores. Más sabios pero también más humildes. Y se nota. En estos meses, además de ser madre he sido más cosas. He vuelto a pensar en mi de forma sostenida. En mi como mujer, en mi como profesional. Vuelvo a confiar en el valor de aquello que tanto me ha gustado hacer siempre y se estaba desdibujando entre papeles de auditorías. Me gusta la psicología y me gusta sentirme útil. En este tiempo de emociones exacerbadas ha venido muy bien agudizar la mirada y organizar la estrategia para ver todo lo positivo que seguimos teniendo.
Así que dio mucho de sí, a pesar de mi tristeza. Avancé, crecí, maduré, cerré y abrí, recuperé y despedí, reí y lloré. Abracé. Escribí. Ayudé, pedí,...hice tantas cosas y el tiempo pasó y estamos aquí, otra vez... Vivas y con muchas ganas.
Verano, aunque estás indeciso, bienvenidas sean tus tardes...por echarnos unas risas siempre en buena compañía. Por todos los viajes que llegarán. Por todo el tiempo que nos dedicaremos a jugar, a brillar y, sin duda, a amar.
domingo, 19 de mayo de 2013
ANA Y LAS CASAS
Ayer Ana celebró su cumpleaños. Bueno ayer fue el cumpleaños de dos de las Anas que forman parte de mi vida. Ambas tan significativas.
Una, Ana C. compañera de mil batallas laborales y de mil experiencias vitales, a diario frente a mi mesa. La otra, Ana M., pronto hará catorce años que no la veo. Después de verla poco, pero intenso. Ella representó muchode lo mejor que tuvimos mientras vivimos en el lugar del mundo que nos encontró.
Ana M., llegó a mi vida cuando vivir era trabajar. Y llenó el trabajo, de vida. De buena vida y de sonrisas. A través de sus ojos, sus relatos y su compañía conocimos lo mejor su país que sigue siendo algo mío. Un país que llegó en el momento propicio, formando parte de una de esas grandes buenas decisiones que tomé en la vida.
A.M. es arquitecto y cuando la vida nos reunió, eramos parte del mismo equipo de trabajo. Equipo que se formó intentando apoyar, entre otras, a parte de las 285 mil personas que perdieron sus viviendas como consecuencia de uno de los más desoladores huracanes que ha azotado el Mar Caribe. Allí dejé aparcada mi idea romántica de la cooperación y descubrí su complejidad y sus riesgos. Pero en eso no entraré, porque me duele y estamos de cumpleaños.
Ella me preguntaba hace unos días a propósito de un trabajo en el que está inmersa ¿Por qué crees, desde el punto de vista humano, no económico, que un damnificado insiste en volver a una vivienda a pesar del riesgo?. Con su pregunta, como casi siempre, pasa el interruptor y retrocedo catorce años de mi vida. Pensé en aquellos cerros y los de mi tierra que tantas veces son noticia por los deslizamientos, pensé en nuestra experiencia de trabajo, en los damnificados de los CHAT* que fueron construidos para tres meses y tres años después seguían allí. Pero esa, también es otra historia.
Yo le contesté, pero he seguido dándole vueltas.
Creo -le dije- que tiene que ver con que los lugares que habitamos no son sólo espacios físicos sino que son lugares emocionales. Al abandonarlos, es como si abandonaramos parte de nuestra historia y de lo que somos. No dejamos cuatro paredes, dejamos lo que hemos vivido en ellas. Eso, si miramos de puertas adentro. Después hay algo que tiene que ver con los lugares conocidos y con el miedo a lo desconocido. En tu barrio tu te mueves fluidamente en tus rutinas, en tus hábitos: sabes dónde están las tiendas, dónde para el autobús, dónde puedes conseguir algo o alguien que necesitas: qué vecina me cuida los niños, quién me puede regalar huevos, dónde puedo estacionar y cuáles son las rutas más seguras...En un territorio nuevo, la casa es más segura quizás, pero todo lo demás, es más frágil. Al menos, de entrada. Creo que minimizamos el riesgo real en el plano físico que una nueva riada o deslizamiento puede provocar, porque lo que perdemos emocionalmente, es mayor.
No sé si hay algo cierto en ésto que intuyo. Sin embargo su pregunta ha levantado el polvo de mis recuerdos y he estado recordando las casas que han cobijado mis días. Los hogares (que no es lo mismo) que en ellas he formado a base de relaciones, sentimientos, emoción. En la riqueza de lo vivido en los espacios físicos que fueron y cuanto de la persona que soy se forjó en cada uno de ellos.
Anoche, celebrando el cumpleaños de A.C. vimos un vídeo que su compañero le regaló. Un vídeo con deseos de feliz cumpleaños que le han llegado de distintas partes del mundo. Ha sido un momento muy emotivo pero es que A.C. -como yo-, ha vivido mucho y bien (y lo que nos queda!) y ha decidido hacerlo en muchos sitios y eso se celebra pero también se llora. Y lloras sí, de tristeza por los que no están al alcance de tu mano y tanto anhelas abrazar; pero también de alegría porque formar un hogar no es fácil, y ella (yo también) hemos tenido la enorme suerte, la inmensa fortuna, de haberlo podido (y sabido) disfrutar.
Y me despido de ambas de otra forma compartida en la que siempre os tengo presente
* Centros Habitacionales de Alojamiento Temporal
Una, Ana C. compañera de mil batallas laborales y de mil experiencias vitales, a diario frente a mi mesa. La otra, Ana M., pronto hará catorce años que no la veo. Después de verla poco, pero intenso. Ella representó muchode lo mejor que tuvimos mientras vivimos en el lugar del mundo que nos encontró.
![]() |
| Ruimas Mayas de Copán |
A.M. es arquitecto y cuando la vida nos reunió, eramos parte del mismo equipo de trabajo. Equipo que se formó intentando apoyar, entre otras, a parte de las 285 mil personas que perdieron sus viviendas como consecuencia de uno de los más desoladores huracanes que ha azotado el Mar Caribe. Allí dejé aparcada mi idea romántica de la cooperación y descubrí su complejidad y sus riesgos. Pero en eso no entraré, porque me duele y estamos de cumpleaños.
Ella me preguntaba hace unos días a propósito de un trabajo en el que está inmersa ¿Por qué crees, desde el punto de vista humano, no económico, que un damnificado insiste en volver a una vivienda a pesar del riesgo?. Con su pregunta, como casi siempre, pasa el interruptor y retrocedo catorce años de mi vida. Pensé en aquellos cerros y los de mi tierra que tantas veces son noticia por los deslizamientos, pensé en nuestra experiencia de trabajo, en los damnificados de los CHAT* que fueron construidos para tres meses y tres años después seguían allí. Pero esa, también es otra historia.
Yo le contesté, pero he seguido dándole vueltas.
Creo -le dije- que tiene que ver con que los lugares que habitamos no son sólo espacios físicos sino que son lugares emocionales. Al abandonarlos, es como si abandonaramos parte de nuestra historia y de lo que somos. No dejamos cuatro paredes, dejamos lo que hemos vivido en ellas. Eso, si miramos de puertas adentro. Después hay algo que tiene que ver con los lugares conocidos y con el miedo a lo desconocido. En tu barrio tu te mueves fluidamente en tus rutinas, en tus hábitos: sabes dónde están las tiendas, dónde para el autobús, dónde puedes conseguir algo o alguien que necesitas: qué vecina me cuida los niños, quién me puede regalar huevos, dónde puedo estacionar y cuáles son las rutas más seguras...En un territorio nuevo, la casa es más segura quizás, pero todo lo demás, es más frágil. Al menos, de entrada. Creo que minimizamos el riesgo real en el plano físico que una nueva riada o deslizamiento puede provocar, porque lo que perdemos emocionalmente, es mayor.
No sé si hay algo cierto en ésto que intuyo. Sin embargo su pregunta ha levantado el polvo de mis recuerdos y he estado recordando las casas que han cobijado mis días. Los hogares (que no es lo mismo) que en ellas he formado a base de relaciones, sentimientos, emoción. En la riqueza de lo vivido en los espacios físicos que fueron y cuanto de la persona que soy se forjó en cada uno de ellos.
Anoche, celebrando el cumpleaños de A.C. vimos un vídeo que su compañero le regaló. Un vídeo con deseos de feliz cumpleaños que le han llegado de distintas partes del mundo. Ha sido un momento muy emotivo pero es que A.C. -como yo-, ha vivido mucho y bien (y lo que nos queda!) y ha decidido hacerlo en muchos sitios y eso se celebra pero también se llora. Y lloras sí, de tristeza por los que no están al alcance de tu mano y tanto anhelas abrazar; pero también de alegría porque formar un hogar no es fácil, y ella (yo también) hemos tenido la enorme suerte, la inmensa fortuna, de haberlo podido (y sabido) disfrutar.
Y me despido de ambas de otra forma compartida en la que siempre os tengo presente
* Centros Habitacionales de Alojamiento Temporal
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Montse Hernández P.
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domingo, 10 de marzo de 2013
CURIOSA
H. pregunta mucho. Pregunta siempre, y desde siempre. H. pregunta porque quiere saber y quiere entender.
Lo primero es sencillo, todavía pregunta por cosas que yo sé, que puedo explicarle o que, como dicen que se debe, al menos se donde buscar. Lo segundo, contestarle para que entienda, he descubierto que a veces es algo más complejo de lo que se supone.
Ser madre de una niña curiosa me ha hecho darme cuenta de la cantidad de las cosas asumidas que tenemos los adultos, cosas que nos parecen lógicas, evidentes y en las que raras veces pensamos, dejándolas, subliminalmente, formar parte de nuestra vida. Ciertamente buena parte de ellas, cuando se preguntan o mencionan de la forma adecuada, activan nuestra parte racional y somos capaces de generar argumentos para analizarlas, defenderlas o invalidarlas pero, otras, lo que hacen es reflejarnos nuestra inercia frente a decisiones de otros y herencias no cuestionadas en medio de tantas batallas cotidianas.
Esta semana H. me preguntaba Mamá ¿Cuál es el día del Hombre? a partir de conocer la existencia de un día de la Mujer. Dos días después escuchando noticias sobre la elección del futuro Papa, me decía Mamá ¿También hay Mama?.
Y así, a bote pronto, te ponen a pensar en todo lo que supone celebrar el día de la mujer "trabajadora" y los motivos para conmemorarlo y en recuerdo de qué, y en lo mucho que ha llovido desde entonces, y no siempre para mejor, en la conmemoración del día. En las contradicciones que me supone celebrarlo que E. y L. explican mejor que yo. ¿Cómo educar en la igualdad sin partir de reconocer la diferencia? ¿Cómo educar a mi hija, para que actúe como igual a cualquier chico, cuando la sociedad no hace más que reflejarle una situación de desigualdad? Tendrá que ser más y mejor, para ser considerada una igual. Es complicado. Me resulta complicado.
Y así enlazo una pregunta con la otra.
Y me pongo a pensar también, en si esta negativa de la Iglesia a reconocer el sacerdocio de las mujeres, no es otra forma más de machismo y patriarcado negando la participación y visibilidad a sus miembros más numerosos: " La Iglesia católica es mayoritariamente femenina en sus bases; la componen un 61% de mujeres, organizadas en distintas órdenes religiosas, frente a un 39% de hombres, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos. Pese a ello, el gobierno eclesial, la toma de decisiones, y la visibilidad de la institución están casi exclusivamente en manos de varones. ¿Por imperativo evangélico?" No, definitivamente, no. Y quien quiera más detalles que lea. Así que, ideas religiosas aparte, la verdad me faltan explicaciones que me valgan para explicarle a la curiosa H. por qué no hay "Mama", para guiar a los fieles de esta Iglesia que hace aguas por todos lados.
Me gano la vida preguntando y ayudando a encontrar respuestas. Sabía muchas preguntas y algunas respuestas antes de ser madre, pero H. me obliga cada día a pensar y responder más. Y eso me ayuda a crecer. Cuanto te debo hija!. Tus ojos y tu curiosidad me hacen ver más y sobretodo, mejor.
Lo primero es sencillo, todavía pregunta por cosas que yo sé, que puedo explicarle o que, como dicen que se debe, al menos se donde buscar. Lo segundo, contestarle para que entienda, he descubierto que a veces es algo más complejo de lo que se supone.
Ser madre de una niña curiosa me ha hecho darme cuenta de la cantidad de las cosas asumidas que tenemos los adultos, cosas que nos parecen lógicas, evidentes y en las que raras veces pensamos, dejándolas, subliminalmente, formar parte de nuestra vida. Ciertamente buena parte de ellas, cuando se preguntan o mencionan de la forma adecuada, activan nuestra parte racional y somos capaces de generar argumentos para analizarlas, defenderlas o invalidarlas pero, otras, lo que hacen es reflejarnos nuestra inercia frente a decisiones de otros y herencias no cuestionadas en medio de tantas batallas cotidianas.
Esta semana H. me preguntaba Mamá ¿Cuál es el día del Hombre? a partir de conocer la existencia de un día de la Mujer. Dos días después escuchando noticias sobre la elección del futuro Papa, me decía Mamá ¿También hay Mama?.
Y así, a bote pronto, te ponen a pensar en todo lo que supone celebrar el día de la mujer "trabajadora" y los motivos para conmemorarlo y en recuerdo de qué, y en lo mucho que ha llovido desde entonces, y no siempre para mejor, en la conmemoración del día. En las contradicciones que me supone celebrarlo que E. y L. explican mejor que yo. ¿Cómo educar en la igualdad sin partir de reconocer la diferencia? ¿Cómo educar a mi hija, para que actúe como igual a cualquier chico, cuando la sociedad no hace más que reflejarle una situación de desigualdad? Tendrá que ser más y mejor, para ser considerada una igual. Es complicado. Me resulta complicado.
Y así enlazo una pregunta con la otra.
Y me pongo a pensar también, en si esta negativa de la Iglesia a reconocer el sacerdocio de las mujeres, no es otra forma más de machismo y patriarcado negando la participación y visibilidad a sus miembros más numerosos: " La Iglesia católica es mayoritariamente femenina en sus bases; la componen un 61% de mujeres, organizadas en distintas órdenes religiosas, frente a un 39% de hombres, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos. Pese a ello, el gobierno eclesial, la toma de decisiones, y la visibilidad de la institución están casi exclusivamente en manos de varones. ¿Por imperativo evangélico?" No, definitivamente, no. Y quien quiera más detalles que lea. Así que, ideas religiosas aparte, la verdad me faltan explicaciones que me valgan para explicarle a la curiosa H. por qué no hay "Mama", para guiar a los fieles de esta Iglesia que hace aguas por todos lados.
Me gano la vida preguntando y ayudando a encontrar respuestas. Sabía muchas preguntas y algunas respuestas antes de ser madre, pero H. me obliga cada día a pensar y responder más. Y eso me ayuda a crecer. Cuanto te debo hija!. Tus ojos y tu curiosidad me hacen ver más y sobretodo, mejor.
Publicado por
Montse Hernández P.
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21:08
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