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domingo, 13 de diciembre de 2015

ESPERANZA DE VIDA...

En las últimas semanas me he encontrado nuevamente con él. Siempre viene a verme cuando necesita darme o decirme algo. Esta vez viene a pedirlo. No importa. Jamás pide y esta vez pide con razón.

Cuando le veo pienso en que hay algo que hace maravillosos a los negros rostros del África Subsahariana. Su sonrisa y sus ojos brillan como no lo harán nunca los rostros blancos. Su mirada y su sonrisa me iluminan.

E. es oficialmente y legalmente "Solicitante de Asilo", sí de esos que hace unos meses se han puesto de moda. Existían antes del verano y seguirán existiendo después cuando ya les hayamos olvidado en el telediario, porque sus solicitudes dependen de lo que allí les pasa y no de lo que aquí "concedemos". 

Pero el caso de E. es atípico. E. solicitó asilo de forma sobrevenida, después de muchos años en nuestro país. Le conocí hace dos años, cuando ya lo había pedido, así que nada tengo que ver en ello. Sus razones también son atípicas y la experiencia me dice que es más que probable que nunca le sea reconocido el estatuto de Refugiado aunque quizás sí la protección subsidiaria. 

Tras dos años renovando fielmente esa solicitud cada seis meses como manda el marco legal, aquí sigue, en situación de estancia legal. Más, mucho tiempo más de lo que inicialmente cabía esperar...Lo "habitual" sería que ya le hubieran dicho que de eso nada....

Le pregunté la última vez, más bien por curiosidad  ¿Cuándo solicitaste asilo... esperabas que te lo concedieran? ...No, me contestó....Tampoco esperaba entonces, seguir vivo a estas alturas. Y sonrió. No me importaba el futuro, porque no lo tenía...

Y base tiene, porque también tiene al menos una enfermedad que se suponía debía haberlo matado...pero ahí sigue. Vivo. Sonriendo. Tomando decisiones como si una vida larga le esperara.

E., con su actitud, hace crecer cada día su esperanza de vida. Lo hace con cada paso que da. Y yo celebro conocerle porque al hacerlo, os prometo que también crece en mi la esperanza...en la vida.

 

jueves, 29 de mayo de 2014

PERTENENCIAS

M. vive muy lejos de aquí. Como yo, no vive en el lugar que la vio nacer. Ambas fuimos emigrantes por placer y eso hizo más fácil la partida. Creo, sin embargo, que ambas hubiéramos querido volver. El devenir de los hechos fue postergando ese regreso y llegó un punto en el que lo descartamos como opción. Al menos, a corto plazo. Nunca se sabe. Y de eso sabemos mucho en mi familia.

M. hace unos días reflejaba en su muro de Facebook que cumplía diez años la asociación, que en su ciudad aglutinaba a los emigrantes de mi país. Imaginaba el lugar en el que vive, como un lugar pequeño.  Me sorprendía que hubiera un volumen suficiente de expatriados para formar una asociación que quisieran mantener viva nuestra identidad cultural. Que trabajara por ayudarla, por ayudarnos, a mantener viva nuestra pertenencia.


M. y yo nacimos en un país maravilloso, que abrió siempre sus manos a los llegados de otras tierras. Lo sé, lo he sabido y sentido siempre. Somos un pueblo acogedor, aunque vivimos tiempos difíciles. Al leer la nota de M., y el trasfondo que refleja, sentí mucha tristeza. Tristeza, por todas las migraciones forzadas de las que he sido testigo todos estos años por mi trabajo. Tristeza, por las vivencias de muchos amigos que no tuvieron eso que definimos entonces como suerte o fortuna. Ellos se han ido, pero porque se sintieron expulsados.

Esa referencia también me hizo pensar en algunos nombres de mi infancia. La Hermandad Gallega, el Centro Catalán, El Club Libanés, El Centro Italo, El Hogar Canario...Nombres que no entendía en su trascendencia entonces (me parecían una versión light de una secta, de un grupo cerrado y poco animado a incorporar a los distintos) y que, ahora, desde nuestras migraciones, comprendo en su justa medida...

Cuando M. colocó la nota, yo evoqué con añoranza esos lugares porque ahora sí, desde la distancia, con la ausencia a cuestas, entiendo el rol tan importante que juegan en el mantenimiento del sentido de pertenencia...Y es que todos necesitamos "pertenecer", porque en esa pertenencia tenemos un espejo que define mucho de lo que somos...

Pertenecer y ser aceptado por un grupo es, según Maslow y otros autores, una necesidad humana fundamental. Maslow, padre de una de las principales teorías de la motivación, afirma que la mayoría de los seres humanos desea pertenecer y ser parte de algo más grande que ellos mismos. Inicialmente, esa necesidad de pertenencia se satisface en el ámbito familiar pero, a la par del desarrollo humano, se extiende progresivamente al grupo de amigos, al barrio o a la comunidad donde vivimos y, sucesivamente, a las diferentes asociaciones y redes culturales o sociales con las que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida. 


Pertenecer y ser aceptado en un grupo, nos permite desarrollar relaciones sólidas y estables con otras personas y, sobretodo, participar del flujo afectivo que las recorre. Porque la necesidad de pertenencia es, en última instancia, la necesidad de dar y recibir afecto de otras personas, de ser parte de un entramado sólido de relaciones afectivas que nos nutren y que sostienen nuestra existencia. 

Cuando migras, ese grupo de pertenencia en el que te reconoces se rompe. Y en ese proceso todos, unos más y otros menos, unos antes y otros despues, nos rompemos. Cada uno a su manera y con sus consecuencias. También aquí, cada historia es única y, casi siempre, es compleja.

La identidad cultural, además de proporcionar elementos concretos de referencia y comparación, resume todo el universo simbólico que caracteriza a un grupo, estableciendo patrones singulares de interpretación de la realidad, códigos de vida y de pensamiento que definen nuestro ser y nuestro sentir. La identidad nos da una realidad colectiva común, una herencia, un inconsciente colectivo que facilita ciertos procesos de relación. El sentido de pertenencia es la adscripción a ese universo simbólico común que otorga significado y sentido

Hoy, mirando atrás, reivindico el valor de esas colectividades de migrados que sin distraerte de otros procesos de socialización e integranción, constituyen el soporte afectivo sobre el cual se asienta la esencia de lo que somos más allá de la migración. 

Y pienso en esto cuando pienso en mí, pero también cuando pienso en mi hija. En su identidad y su sentimiento de pertenencia. Y no  logro definirlas con certeza. Le pasará como a mi, que en todos sitios soy, pero no soy. Por eso somos "raras" o, como prefiere decirme P., "especiales".


viernes, 18 de abril de 2014

SE VAN...

Ha muerto Gabriel García Márquez. Llevo días pensando en su muerte que solo ayer se ha concretado. Que empeño tenemos ultimamente en esta crónica de muertes anunciadas!!!. 

He estado preguntándome cuál es el sentido. Hablar y seguir hablando de que pronto nos dejaran aquellos que amamos o admiramos, es como si al anunciar lo que nos causará dolor, quisiéramos mitigarlo, prepararnos mejor, que no nos pille la muerte por sorpresa...

Como si así lográramos exorcizar nuestros fantasmas.

Estarán de fiesta otra vez en el cielo dicen los que creen en él, yo pienso en múltiples alternativas, incluida esa. Todas buenas, así de sencillo es mi vinculo con la muerte. Un no lo sé que hay. Y un, como siempre en lo desconocido y novedoso, el valor en sí mismo, sin que eso signifique que se le desea.

A mi me inquietan más los supervivientes, esas viudas, esos hijos e hijas, esos hermanos y hermanas  de sangre y de vida que hoy tienen que aprender a vivir con su ausencia, con su nostalgia, con la consciencia de que ya no será más, aquí y de esta manera...

Es colombiano, se parece fisicamente a mi padre, me hechizó con sus palabras. Lo recuerdo como mi primer amor literario, ese que nunca se olvida, ese que nos hizo explorar, descubrir, tranochar y saborear,...Siempre me pregunto ante una muerte cómo hacer del duelo y del luto algo útil. Caeremos en el tópico de releer sus libros como quien revisa emocionado un álbum familiar tras la muerte de un ser querido. Y lo disfrutaremos otra vez, incluso más...

Hoy con su muerte pensé que me estaba haciendo mayor.  He sido consciente de que se está muriendo gente irremplazable (siempre ha sido así) pero estos y estas, que se están muriendo ahora, que se mestán muriendo, han sido mios en vida, desde su plenitud vital y mientras yo iba creciendo. Ellos y ellas han sido en vida, compañeros y compañeras de viaje, personas que se inspiraban y escribían a la par de mis lecturas, que componían a la par de las horas en las que yo les escuchaba, que grababan sus discos a la par de mi escucha, mis bailes, mis aplausos. Gente grande que hacia conciertos en los que yo participé como público, a los que aplaudí, grité, recomendé y alabé. Les he visto hacerse mayores, como a mis padres y me han hecho tan feliz., que estoy en deuda con ellos y les echo de menos sí. Como no puedes echar de menos a alguien que aunque maravilloso te ha sido desconocido en vida.
 
Intentaremos, por respeto, serte fieles, seguir allí y hacer por no echarte de menos, sino más bien por sentirte de más. 

Aquí, con nosotros, haciendo honor a tu sabiduría. Como bien decias, manteniendote vivo porque "...es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites" 

Adiós maestro...




sábado, 16 de febrero de 2013

CANGURO

El viernes pasado fuimos a conocer a S. que nació hace un mes y medio. A los padres de S. no les vemos mucho pero es cierto que H. ha tenido la oportunidad de ver crecer la barriga de L, la madre de S. Conocerlo fuera de la barriga, es algo que todavía le maravilla y que, como no, alborota sus sentidos y sus pensamientos.

En este caso no sólo lo ha visto. Por suerte para H., el padre de S. es un valiente, que cree en el poder de la experiencia sobre el poder de la palabra. No tardó una hora en tomar a su hijo y ponerlo en el regazo de mi hija. A ella, inmediatamente le brillaron los ojos y se le hinchó el pecho de la emoción. Mientras, el resto de mujeres de la sala (madre, abuela y tías afectivas de S.) vigilábamos de cerca todos sus movimientos, no ocurriera la desgracia de que el niño se le cayera. Pero no, allí estuvo S., cómodo y sonriente. Y a su lado la bella H., hipnotizada.

En un momento dado de ese tiempo mágico, S. protestó y la reacción instintiva de mi hija fue acunarle, palmearle y mecerle suavemente, y ese gesto tan inmediato, provocó en todos nosotros una sonrisa, aplaudiendo su buen hacer como madre. Para tranquilidad de mi niña, S. respondió a sus cuidados y se quedó placidamente adormilado.

Así acabó nuestro domingo, frío muy frío, ventoso y lluvioso por fuera. Pero cálido, tremendamente cálido, por dentro. Rodeadas de amigos que entrelazamos orígenes distintos pero unidos en los azares de la vida que nos mezclan. Celebrando al recién llegado, tomando chocolate caliente especialmente traído de la tierra de su madre. Me gustan los domingos así.

Lunes y martes de carnaval,  días festivos para los estudiantes pero laborables para sus padres, H. acude a un centro con niños de distintas edades en un proyecto gestionado por la institución en la que trabajo. Lo llamamos "El  Canguro". Esa actividad se realiza en una sala anexa de las instalaciones en las que tenemos una Guardería. Así que lunes y martes H. estuvo compartiendo con niños de entre 3 y 10 años pero viendo también a los de 0 a 3 que están en la Guardería y las rutinas que giran en torno a ellos.

Léase, hemos tenido sobredosis de maternidad. Como no podía esperarse de otra manera, nada más llegar a casa empezaba a ejercer de madre con sus muñecas. En este caso, dos mellizas (son iguales pero regaladas por separado) negras y guapas, como la bella etíope que vive conmigo.

Ciertamente como madre me emociona verla ejerciendo de madre. Ver las cosas que se plantea en cuanto a embarazos, partos y familias; como asume la crianza de sus hijos, las preguntas que me hace y las respuestas que me da. Verla en ello me hizo recordar que antes de que tuviera el primer coche de paseo de muñecas, cuando aún llevaba muy poco tiempo aquí, cuando apenas hablaba, me pidió con señas que le atara la muñeca que hacía de hija, a su espalda. Mi instinto inicial fue colocarle el bebé en la parte delantera, sobre su pecho, pero ella lo rechazaba y lo colocaba detrás. En estos días esta imagen de El Armario de Yaivi  un blog interesantísimo también ha hecho que viniera a mi memoria. Echadle un vistazo, desde distintos ámbitos ofrece mucha información que invita a la reflexión y a la emoción.

Para mi sorpresa, buscando imágenes de lo que pensaba era un privilegio africano me encontré con este blog . Está en inglés pero como las imágenes no tienen idioma, me sirven para darme cuenta de que esa necesidad emocional (de contacto piel con piel) y funcional (de tener dos manos libres para trabajar) no es exclusiva de África, y ni siquiera es actual. Mujeres (y sí, creo que sólo más recientemente hombres) de todos los lugares y todos los tiempos, han apostado por esta forma de sentir y compartir la vida y las emociones al lado de sus hijos e hijas. De cerca. De piel a piel. No en balde dicen que el roce hace el cariño. Disfrutenlas, que merece a pena. Y como muestra un botón...
 


domingo, 13 de enero de 2013

DUDAS RAZONABLES

Hace unas horas:
 
- Mamá, he pensado que también cuando sea mayor puedo ser maestra de niños de primaria. (Hasta ahora quería ser albañil)

- Ah! Qué bien!. Si te gusta, es una buena idea.

Silencio unos minutos.

- Mamá ¿Se puede ser maestra si eres negra?

- Si claro! el color de la gente no importa para que seas bueno en tu trabajo.

Silencio otra vez. Luego una pregunta que es una sentencia:

- Entonces ¿Por qué no conozco ninguna maestra negra?

Entonces, soy yo la que piensa. 

Una de las grandes dificultades que tenemos los padres de hijos pertenecientes a minorías es que somos tildados de exagerados cuando hablamos de las dificultades que tendrán nuestros hijos para ser tratados como iguales, cuando dejen de ir de nuestra mano. Cuando hablamos de las limitaciones que el color de su piel pondrá en su día a día. Empezando por las que se pondrán ellos....Como consecuencia del espejo en el que se miran.

Evidentemente, yo podré trabajar para que mi hija no se haga esa pregunta, para que deje de ver ese rasgo de su piel como un factor limitante para el desarrollo de todas sus potencialidades. Sin embargo, no bastará.  Hay espacios de desarrollo personal que sólo se ganan plenamente a base del espejo, el reconocimiento y la aceptación que marcan otros y a veces nos faltan modelos que seguir.

Mi amiga E. hablaba de ello en este post. Y hoy lo he recordado ante la pregunta de H.

Por eso celebro cada uno de los referentes negros y positivos que puedo ofrecerle a mi hija. Y quisiera que estuvieran más cerca de nuestra cotidianidad. Ella los necesita para sentirse mejor, para no pensar en el color de su piel.

Hace unos meses me preguntaba... ¿Mamá una chica negra se puede casar con un blanco?. Después de respirar, le pregunte ¿Cómo? y entonces sentenció.
 
- Mamá hasta que no me enseñes a una chica negra que "está" con un chico blanco no voy a estar con los blancos 


- A ver explícamelo un poco...

- Si mamá. Si no hay negras que esten con blancos, entonces tendré que estar con los negros. 

- Ah! no te preocupes hay muchas ya te enseñaré alguna....Y añado ¿Y si te enseño un negro con una blanca tambien vale? 

- No, porque la negra soy yo... 

Y no dejé de pensar en ello hasta que lo encontré ... ¿qué te parecen estos dos? ¿Te valen?. 

Se queda callada unos minutos y me dice. 

- Tengo una madre estupenda!

Yo, le respondo:

- También tengo una hija estupenda....

Y pienso, una hija que mira mucho, se da cuenta de mucho y por suerte, me habla de ello.




martes, 6 de noviembre de 2012

PEDIR

En mis mundos, este es el verbo que escucho con mayor frecuencia. Cada día más, con más matices. 

Hace unos días mi amiga de Marte nos contaba en este post  sus particulares malabares. Su objetivo, lograr que sus hijos estuvieran atendidos y cuidados, uno de esos días festivos en los que a ella le toca trabajar y sus ellos no tienen cole. Solo leer el post ya cansaba mentalmente ese encaje de bolillos, pero, además, en los comentarios ella hablaba y decía " una de las grandes enseñanzas de la monoparentalidad es que aprendes a pedir ayuda". Yo añado: te conviertes en un maestro de las posibilidades y aprendes que estás mucho más acompañado de lo que a veces crees. Que sin tener consciencia de ello, formas parte de una tribu que hace las veces de familia (y encantados están!!!) ... Claro!, siempre que tu te animes a pedirlo.

A mi pedir siempre me ha costado mucho. Crecí en un entorno en el que no era fácil pedir ayuda (por soledad que no por hostilidad) y aprendí a necesitar sólo aquello que yo misma podía proveerme. Eso no suena bien, pero lo cierto es que eso me hizo una mujer autónoma, independiente y valiente, digo, por ver el lado bueno. Quizás se me ha ido la mano muchas veces: si quieres que alguien te regale flores, quizás tengas que esperar un poco antes de salir a buscarlas tu. En la misma línea y por la misma época, el hombre más especial de cuantos me han rodeado, me decía, tu no has tenido hijos antes porque no has podido fertilizarte a tí misma...y razón tenía!!! comentario que ha dado para muchas risas y otras tantas lágrimas.

Pues bien, a mi también mi hija me ha enseñado a pedir, mucho más de lo que hubiera deseado (y soy consciente de que es aún poco), pero ese acto me está suponiendo un proceso de aprendizaje bonito como ser humano. Te vuelves mucho más sensible al valor de los demás y se lo reflejas, y te haces mucho más humilde frente a tus fortalezas, y por tanto, te vuelves mucho más humano. 

Hace unos meses comencé a participar someramente del Banco del Tiempo de mi ciudad. Antes de hacerlo coincidí en un foro de reflexión con uno de sus promotores y él me decía: el que dinamiza la sociedad es el que pide, no el que da. Pidamos pues!

Reconforta encontrarte la bondad de alguien dispuesto a dar y a compartir. Reconforta sentir que el bien que te hace le otorga valía a su gesto y a él como persona. Sólo tu pidiéndole posibilitas su valor. Si no lo demandas, nunca podrá expresarlo.

Trabajo en un servicio de atención a personas en situación de vulnerabilidad. Como podéis imaginar en los últimos cuatro años han crecido exponencialmente las demandas de ayudas para la cobertura de necesidades cada vez más básicas. A menudo, una de las cosas que tenemos que trabajar con las personas que atendemos es la dignidad que implica el que pidan. Definitivamente pedir está mal visto. Los que pueden evitarlo, lo evitan y quienes no pueden hacerlo porque la necesidad obliga, se sienten indignos, merecedores sólo de la mirada lastimosa del otro y eso es totalmente falso. No hay de qué avergonzarse. Pedir si necesitas es sano.

Hay que ser valiente para pedir y reconocer que el otro te hace falta.

Y eso creo, que nos hacemos falta. Y cada vez más.

Pues por pedir, que no quede 

 

jueves, 1 de noviembre de 2012

LA MUERTE Y LOS MORIBUNDOS

Retomo hoy, que como latina, prefiero conmemorar el Día de los Muertos; este texto que escribí hace unos meses, un día cualquiera. Nuestros muertos están siempre con nosotros, no sólo hoy, pero quizás hoy más.

"La Muerte y los Moribundos" es el título de un buen libro de Elizabeth Klubber-Ross, una psiquiatra pionera de la humanización de la atención a pacientes terminales. En su día, me tocó leer, no se si por placer o por angustia, muchas cosas de ella. Me resultaban muy interesantes sus observaciones sobre el buen morir y lo que podemos hacer los que estamos cerca de quien se muere. Eso no tiene mucho que ver con lo que ahora escribo (o sí) pero es que pensar en la muerte siempre trae su nombre a mi memoria.

Hace unos meses la madre de S. una compañera de clase de mi hija,  me dice en medio de una conversación trivial sobre las batallitas de nuestras niñas. "Sí, S. me dice qué graciosa es H.!. Si estamos hablando de Galileo Galilei ella levanta la mano y pregunta ¿Esta muerto?...Si decimos que Cristobal Colón descubrió América ¿...pero está muerto? pregunta H. y así con todos". La escucho y sonrío recordando la cantidad de veces que me pregunta en relación a su abuelo ¿Está muerto? ¿Se va a morir? (...y está bien, no le pasa nada) o en todas las muchas conversaciones que hemos tenido sobre la muerte...¿A los muertos los tiramos a la basura también ? (3 años); Qué suerte si nos morimos dentro de casa porque como está el techo no nos deja pasar y no podemos irnos al cielo! (4 años); Si tu te vas a morir yo me agarro de ti para irme contigo (4-5 años). Aparte de su afán por saber Cómo se muere la gente, querer visitar cementerios, ver muertos para ver cómo están y esas cosas...Al lado de eso (y supongo que porque podemos hablar tranquilamente del tema) ni una pesadilla, ni angustias detectadas, ni miedos más allá de estas conversaciones, "simplemente" curiosidad.

Sonrío con tristeza sí, como se llora de alegría.

Cuando un niño cercano a nosotros tiene dos años y pierde a sus padres, somos muy conscientes del dolor y de la pérdida que ese niño tendrá.

Cuando alguien adopta a un niño de dos años que ha perdido a sus padres, pensamos en la suerte que ha tenido. ¿De qué? me pregunto.

Que difícil resulta que no se minimice el daño y la perdida previa que ha vivido un niño que es dado en adopción. Que se entienda que la vida de antes, es la misma vida y que sobre ese dolor mayor, se pueden asentar otras cosas buenas para ambas partes, pero que antes, se ha perdido algo muy significativo. Y todo deja huella.

Se que H. fue una niña querida y cuidada. No veo en ella rastros de daño emocional, por eso quiero a su familia. Esa familia, al quererla, le dio las bases para la salud emocional que yo hoy disfruto. Viendo lo que hay allá afuera más me vale estar agradecida a mi. Nunca le he temido a la muerte y mi relación con ella es muy serena pero reconozco que no quiero que me pase nada, que me den vida para vivirla pero sobretodo para que H. no tenga que pasar otra vez por esa pérdida. No te puedes quedar sin madre dos veces, aunque llegará el día en que así sea, mejor esperamos y nos fortalecemos para poder integrarlo sanamente en nuestra vida.

Lleva cinco años conmigo y aunque puede sonar extraño que lo diga  en los últimos meses noto mucho "que me quiere". Parece una tontería pero no creo que sea fácil -o al menos a mi no me resulta nada fácil, sentir que el otro me ve y me quiere-, con amor de adentro, con amor profundo. Por eso tengo la ternura alborotada. Por eso sonrío aunque sea con tristeza.

"El amor" es una cosa intensa. Y da mucho miedo perderlo. No me extraña que para mi hija "saber y sentir" la muerte, sea importante. Y en eso pienso, hoy, de forma evidente pero también muchos otros días. Pienso en mis muertos, en los suyos y en los nuestros...porque forman parte de nuestra vida.

viernes, 12 de octubre de 2012

CELEBRACIONES...

Pienso; como siempre en un día festivo, en las cosas que celebramos con cada aniversario. 

Celebrar, según dicen los que saben, tiene varios matices...y yo, puesta a festejar, que es lo que más me gusta y me parece más sano, voy a celebrar hoy...

...haber dormido ocho horas por primera vez en quince días.

...haber terminado un libro que me ha gustado y que habla de cosas que me hacen pensar en otras, y ellas; en otras y así sucesivamente. Y celebro gracias a J. tener identificado el siguiente.

...pero celebro sobretodo, tener la certeza de haber recuperado mi capacidad para desear leer, encontrar el momento y saber disfrutarlo.

...celebro haber empezado a hacer algo, en lo que lo ganado, es infinitamente mayor que el gran esfuerzo que estoy haciendo para poder realizarlo. Estoy cansada de hacer esfuerzos por cosas que aportan solo lo suficiente, lo justo, lo mediocre. 

...celebro que esa decisión de hace meses, esa idea de futuro que madura lentamente, se esté concretando.  Y celebro que resulte, no tan bueno como esperas, sino mucho mejor. Un gran motivo de celebración.Y lo que nos queda!. Gracias M. y M. Sois estupendos en muchas cosas.

...y ya puestos, también voy a celebrar, que estas horas de antes, en buena compañía y mejor reflexión y aprendizaje, me devuelven el eco de muchas cosas buenas que tengo y no siempre veo. A veces, me cuesta asumir que hay cosas complejas que pueden hacerse de forma sencilla. Que un buen resultado, producto de una tarea sencilla, no minimiza la complejidad que lleva tras de sí y, más bien al contrario, te hace más valioso.

...celebro volver a tener la certeza de que lo humano multiplica por mil la potencia de lo profesional y que, sin embargo, lo segundo sin lo primero, tiene muchas carencias. Cuando logras que ambas cosas estén juntas para lograr tus objetivos, entonces eres, definitivamente, muy bueno.

...y claro!...celebro que en medio de tanta exigencia en tiempos, aún hayamos encontrado el tiempo de estudiar juntas, y que a pesar de mis culpas, mi hermosa hija africana, haya obtenido un par de notables esta semana que son producto de nuestro esfuerzo conjunto, de nuestra fe y de nuestra estrategia. Juntas somos más. Pero sobretodo juntas, recuperamos la certeza de todo lo que podemos ser cada una cuando está sin la otra.

...y más aún, y eso también es un gran motivo, celebro a todos esos amigos y compañeros de viaje que a lo largo de estas semanas nos han echado una mano para llegar a todo, para mantener la sonrisa, para recordarnos la pertenencia.

...ah! que no se me olvide (aunque sólo sea por el desgaste que me provoca) celebro que mi cochecito ha pasado la ITV (léase para los no iniciados ) y confirmar que mi taller sigue siendo un lugar confiable, en el que me reciben siempre con una sonrisa, un buen consejo, flexibilidad y disposición. 

...celebro saber, porque me lo hace saber, que hay amores que duran para siempre. Y que eso es independiente de compartir tu vida con alguien. Aunque las dos cosas juntas son un premio y me lo pido! aunque no pueda imaginarlo con claridad.

...y quiero festejar, que no me tengo que abrigar aún, que no he puesto la calefacción, que aún paseo a placer por estas calles, que sigo tomándome cafés en las terrazas (J. siempre un placer!). Soy una mujer de luz y de calor, y ambos se están yendo despacito y así poquito a poco llevo mejor las cosas.

Y no voy a seguir aunque podría. Estoy convencida de que las gafas con las que miras hacen mucho del paisaje que percibes. Estamos bien, tenemos mucho que celebrar...

Con lo otro, el Día de la Hispanidad, el Día de la Virgen del Pilar, el Día del Ejercito, el día de la Fiesta Nacional la verdad es que más que certezas (como en las celebraciones) lo que tengo son dudas, muchas dudas, muchas preguntas, preguntas sin respuestas...y de celebrar nada, más bien urticaria.


Y para compensar pienso en este chico que siempre ha sabido decir muy bien muchas cosas y que además nos ha dejado muchas, pero que muchas horas de baile, que todo hay que decir, extraño mucho.



martes, 11 de septiembre de 2012

ENTRE EL TIEMPO Y EL DESTIEMPO...



Últimamente me fallan los recuerdos…Hace unos días me encontré, en dos momentos del día, con dos personas diferentes. Me saludaron con la mejor de las sonrisas y con alegría de verme. Yo no sabía quienes eran. He tardado algunos minutos de conversación -que se me hicieron eternos- en recordarlas. Me asusta no recordar. Por eso hago ejercicios de memoria.

Me gustan mucho los aniversarios. Me gusta celebrar y conmemorar, que son dos verbos distintos. Me gusta que existan hitos que anclen nuestra memoria y nuestra consciencia; fechas, que nos inviten a recordar, en el mejor sentido de Galeano. Que nos inviten a volver a pasar por el corazón.

En estos días de inicios de ciclos, de exploraciones buscando una sincronía en el tiempo, también nos toca celebrar nuestro año nuevo, quién sabe cuál de los dos está a destiempo.

Sin duda los mejores recuerdos de mi infancia, son las fiestas con las que celebrábamos en mi casa el Año Nuevo. Eran dos días de fiesta, cinco-seis familias migrantes, y todos los allegados, que algunas veces fueron muchos. Todos celebrando estar juntos, disfrutar de un lugar maravilloso (como extraño el buen tiempo en navidad…fresquito pero a gusto), comiendo rico, bebiendo lo suficiente, bailando lo demasiado. Al amanecer de grandes y chicos, chocolate y pan dulce. Volvería a mi infancia y adolescencia sólo por revivir esas noches viejas y años nuevos.

Margaritas Meskal
Mi papá siempre ha preferido esas fiestas a las navideñas y siempre me ha dicho: "quiero despedir un año y empezar el siguiente, junto a los míos”. Desde que H. está conmigo nuestra celebración del Año Nuevo “es doble”. Vaya suerte la mía!!. En Etiopía, una de las costumbres de ese día es regalar margaritas amarillas (la margarita Meskal que crece en las zonas altas) y cantar y bailar las canciones de Año Nuevo.


Para saber más unos y no repetirnos otros, los interesados en los motivos de esa celebración a destiempo -o no-, podéis pinchar aquí Calendario etíope

Yo por mi parte, llena de encuentros y despedidas, sólo puedo decir: Año Nuevo, bienvenido seas…Melkam Addis Amet para todos...