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viernes, 31 de julio de 2015

NACER MUJER

En estos días sin obligaciones ni horarios vitales me he dedicado, entre otras cosas, a ver películas. Es una de las cosas que más hacía y he dejado de hacer con la maternidad... porque no me sobra el tiempo y porque, aunque lo intento, el cansancio me vence y me quedo dormida apenas me relajo en silencio. Así, cuando aparece la oportunidad, incluso a veces la buena compañía, yo me dejo llevar por las otras historias y las otras vidas que tanto me hacen sentir y pensar, disfrutando de ese eco que resuena en mi interior, casi siempre moviendome de mi zona de confort. 


Dos de las películas que he visto estos días me hablan de lo que significa ser mujer en otros lugares del mundo. Desde la mirada de dos niñas que pronto dejaran de serlo. En todos los sentidos. 

 














Recibí emocionada la noticia de la asignación de mi hija. Mentiría si dijera que no prefería una niña aunque creo que hubiera querido con igual intensidad al niño que me hubieran asignado. Una niña, en medio de tantos niños (en la familia abundan los chicos), es una alegría que se duplica, incluso se multiplica. Celebramos su llegada y, además, su género.

Nacida mujer. Que alegría!. Mucho que celebrar y mucho aún por lo que luchar.

Cada tres segundos una niña en el mundo es obligada a casarse antes de haber cumplido los 18, la de edad en que se las considera adultas, según la Convención de los Derechos del Niño. Casi una de cada cuatro adolescentes de entre 15 y 19 años del planeta —70 millones— han sido víctimas de violencia física; cada diez minutos, muere una por ello. En los países en desarrollo, la principal causa de fallecimiento de chicas son las complicaciones derivadas del embarazo y el parto: 50.000 pierden la vida cada año. Unos 140 millones de pequeñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina, un número que aumenta en dos millones cada año... Todos estos datos son solo un puñado de los muchos recogidos en el informe - See more at: http://elpais.com/elpais/2014/10/10/planeta_futuro/1412954575_928101.html#sthash.7p2JqCaE.dpufLa adopción vista desde el antes, pero sobretodo desde el después, tiene muchos claroscuros que cada uno de nosotros gestiona desde donde puede y sabe. Desde donde se responabiliza

A veces, entre mis claroscuros adoptivos, me asalta esa ligera culpa de haberla privado de lo que supone el crecer entre los suyos, con sus raíces, con la capacidad de reconocerse en el espejo del otro que tiene en frente.... Pero entonces leo, escucho, pienso. Medito y pongo en la balanza y me matizo porque soy consciente de quizás haberla salvaguardado de otras circunstancias...

Ser mujer o ser hombre implica unos retos específicos ligados a tu género y al rol asociado a él según tu cultura....Y a veces son tremendos...

"Cada tres segundos una niña en el mundo es obligada a casarse antes de haber cumplido los 18, la de edad en que se las considera adultas, según la Convención de los Derechos del Niño. Casi una de cada cuatro adolescentes de entre 15 y 19 años del planeta —70 millones— han sido víctimas de violencia física; cada diez minutos, muere una por ello. En los países en desarrollo, la principal causa de fallecimiento de chicas son las complicaciones derivadas del embarazo y el parto: 50.000 pierden la vida cada año. Unos 140 millones de pequeñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina, un número que aumenta en dos millones cada año... "...y podemos seguir.  Todos estos datos son solo un puñado de los muchos recogidos en el informe “Estado Mundial de las Niñas 2014” que se puede consultar aquí
Cada tres segundos una niña en el mundo es obligada a casarse antes de haber cumplido los 18, la de edad en que se las considera adultas, según la Convención de los Derechos del Niño. Casi una de cada cuatro adolescentes de entre 15 y 19 años del planeta —70 millones— han sido víctimas de violencia física; cada diez minutos, muere una por ello. En los países en desarrollo, la principal causa de fallecimiento de chicas son las complicaciones derivadas del embarazo y el parto: 50.000 pierden la vida cada año. Unos 140 millones de pequeñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina, un número que aumenta en dos millones cada año... Todos estos datos son solo un puñado de los muchos recogidos en el informe - See more at: http://elpais.com/elpais/2014/10/10/planeta_futuro/1412954575_928101.html#sthash.7p2JqCaE.dpuf



Tremendo.

Celebro ser mujer y la celebro a ella. Es fácil hacerlo estando en este lado del mundo pero no me salva de sentir el dolor de otras mujeres, en muchas partes del mundo donde nacer mujer es una tragedia; ni me hace menos consciente de que aquí, en este lado del susodicho mundo, también queda mucho por hacer...



domingo, 5 de abril de 2015

ACOMPAÑADA


Siempre me ha llamado la atención que la entrada más visitada de este blog sea una que titulé SOLA.

Pienso en la extraña atracción que ejerce esa palabra, intuyendo que quien la busca, requiere más bien de lo contrario. De compañía, en su soledad.

Por razones que no vienen al caso, he aprendido desde muy pequeña a sentirme a gusto estando sola. Y esa capacidad, la he percibido siempre como un don. Tengo habilidades sociales, me gusta la gente, de hecho, me gusta mucho, pero son dos cosas distintas. 

Para mí la compañía forma parte de lo que DESEO pero no de lo que NECESITO. Es verdad, que como todo ser humano, estoy expuesta a vaivenes en el peso que uno y otra (deseo y necesidad) tienen a lo largo del tiempo. 

Sigo contando como puntuales los momentos en que siento la necesidad de tener compañía y, por lo tanto, mi necesidad suele ser satisfecha con facilidad. Pero pienso en ello, por lo que a mi me falta y a otros sobra o viceversa. Por las implicaciones negativas, en un segundo plano, de esa virtud o ese defecto. 

Sigo pensando que la necesidad de compañía nos hace esclavos. Supongo que como cualquier necesidad. Porque las necesidades nos OBLIGAN a la búsqueda, porque en su satisfacción se nos va  la vida, a veces literalmente. En otras, sin embargo, sólo perdemos la posibilidad de vivir con mayor plenitud obsesionados por esa búsqueda. Y ésto, menuda faena es.

En estos días de vacaciones, de descanso elegido sin otro fin que olvidarnos de los excesos cotidianos, pienso en ello mirando alrededor. Consciente de las ausencias, de mis ausencias. En lo que significan para mí y en lo que significan para H.


"Yo quiero tener un padre"... ese es su deseo literal desde siempre y no me extraña, adoptada y negra, además debe cargar con mi monoparentalidad.  Y en la niñez (a veces hasta mucho más tarde) todo lo que nos hace diferentes, nos perturba. A mi esas circunstancias no me suponen ningún problema en lo personal, pero es cierto, que yo primero elaboré lo que supondrían y luego decidí. Lo que no medí, lo que no medimos, es que al decidir a menudo imponemos nuestras decisiones a nuestros hijos. Y como lo tengo claro en sus ventajas y desventajas pues trato de ayudarla a manejarlo lo mejor posible y yo creo que está yendo bien. Son nuestras circunstancias y con ellas hay que aprender a vivir.

A pesar de esto, cada vez soy más consciente de que en la tarea educativa o de la crianza, educar un hijo en solitario tiene sus dificultades añadidas. Si además, como en mi caso, se suma que no hay una red familiar a disposición (por la distancia física que me separa de mi familia, avión de por medio), la dificultad se transforma en muchas cosas:

...Miedo sí, siento miedo, un miedo enorme, a que me pase algo que me impida cuidar de ella. Trato de lúcidamente decidir a cargo de quien debe quedar en mi ausencia. Y pensar eso, más allá del afecto que tiene garantizado, es un reto enorme cuando toda tu familia vive a kilómetros, cuando en mi ausencia, perderme a mí, al menos ahora, en los siguientes años, implicaría también para ella, perder todo lo que son sus referencias: escuela, entorno, actividades, los afectos cotidianos. Y no, no se merece esa segunda pérdida masiva.

... Tristeza, por obligarla a vivir con la parte negativa que para ella tienen mis decisiones, y que la obligan desde muy joven a superar obstáculos arraigados en el imaginario popular en los que ella siempre está en situación de desventaja que la obligará a luchar más por ser mujer, tener que dar explicaciones por ser negra y adoptada y a tener que construir una identidad bicultural mucho más compleja de gestionar internamente y con el entorno ...y el que diga que no es así, miente o carece de ojos e intuición.

...Preocupación, y quizás esta es la más reciente. Yo no tengo ninguna duda de estar ejerciendo la maternidad lo mejor que puedo. Soy una persona con muchas herramientas, soy proactiva y tomo decisiones siempre. Puedo estar equivocada al hacer, pero nunca dejo de hacer. Otra cosa, es que pueda asumir tareas que deben realizar dos. Dos que se complementen.  Porque yo, soy solo una.

La vida en pareja, la buena vida en pareja, es algo que me parece sumamente complejo. Y criar en pareja seguramente (porque esta parte no la he probado nunca) lo debe ser aún más. Pero a ratos la anhelo por lo que supondría en lo personal (pero eso es otro capítulo) y en lo que supondría para H.

...extraño alguien que matice para ella (y a veces para mí) aquello digo y en lo que creo firmemente. A veces necesito que alguien desde su adultez, matice mis certezas y con ello le de a ella más opciones. "Mamá, siempre tienes la razón"...y ella la tiene a veces y se la doy cada vez que puedo. Pero a veces estaría muy bien que la razón la tuviera un tercero. Para que el hecho de que ganara una no dejara necesariamente a la otra como perdedora en solitario. Y sí, cada vez que puedo cada una tiene "una parte de razón". El problema son las otras veces.

...extraño alguien que la consuele cuando yo debo ser dura. Porque lo soy. Hay cosas que no hay que permitir pero ese rato que la dejo sufrir en soledad, me gustaría que alguien la acompañara y le ayudara a aceptar que las cosas no son como ella quiere. Ahora me toca ser dura, dejarla en su tristeza y luego retomar. Calmar, acompañar, reflexionar. Ser al mismo tiempo la mala (que genera frustración) y la buena (que calma, acompaña, acuna) sería mucho, muchísimo más sencillo, si lo hiciéramos entre dos y a poder ser alternando roles.

...extraño a alguien que me ayude a calibrar mis ideas y opiniones al respecto de las cosas, apoyar (o no) mis decisiones como algo visto desde dos visiones, y por qué no, a compartir los gastos... porque todo cuesta, no sólo tiempo, sino también esfuerzo y dinero y a menudo ni mi tiempo ni mis ingresos (incluso mis esfuerzos) alcanzan para todo lo que estaría bien hacer.


...extraño a alguien que, en la logística cotidiana, comparta lo doméstico y las atenciones que requiere H. principalmente en las tareas del cole. Yo siempre tengo que elegir, hace tiempo que asumí que no soy una supermujermadre: no puedo ayudarla a terminar los deberes, preparar la cena y llamar a los abuelos para ver como siguen al mismo tiempo. De tres cosas que siempre necesito hacer, solo hago una o dos. Y no es poco, pero no es suficiente desde lo que me gustaría.

...extraño a alguien que me ayude a tener un tiempo para mi sin sentir que ella deja de disfrutar de un tiempo compartido con adultos o con otros. Lo tiene, con otros adultos significativos, pero ella siente que si no estoy, ella está sola compartiendo con otras familias que si están juntas entre sí. Si hubiera una pareja, si ella tuviera un padre, su familia compartiría con otras familias y a veces, como suele suceder con familias amigas, hay uno de los padres que se queda en casa disfrutando de su tiempo o hace sus cosas. Y nadie tiene carencias. Ella ahora siente que las tiene por eso necesita ir/estar con su familia, que soy yo. Y yo me pierdo a mi en ese camino.

...extraño que alguien la eduque con sus vivencias, perspectivas, apetencias... además de hacerlo yo porque esa diversidad la hará más rica en sus percepciones de la realidad.

...extraño un tiempo nuestro, además de un tiempo mio. Igual que sería valioso entender la presencia de un tiempo vuestro.

Y sí, es más cómodo ideológicamente porque lo otro implica negociación no siempre fácil. Pero unos días agradecemos la comodidad y otros lamentamos la complejidad. De todo hay.

Y hoy ha tocado pensar en esto pero se que a fin de cuentas, unos días mejor y otros peor, la vida tiene sentido porque no hay nada "que nos quite lo bailao" *


* "que me quiten lo bailao" es una expresión popular que se utiliza para decir que las consecuencias negativas que puedan aparecer después de algo que ya ha sucedido, no pueden anular el placer de lo ya hecho. En otras palabras, cuando ya has vivido algo gratificante, no importa lo que suceda después porque ya nadie te lo puede arrebatar.

 

domingo, 26 de enero de 2014

TAMBIÉN SOLA

Hace ya algún tiempo escribí un post que tenía un titulo parecido a este. En él hablaba de las cosas que podía hacer y sentía desde mi soledad. H. se había ido unos días de campamento y para mi, esa soledad recuperada, era un estado extraño, tan acostumbrada me encontraba ya su compañía cotidiana.

Ahora, la que tiene que hacer cosas sola es ella. Porque H. crece y la vida nos lo va pidiendo.

Hace unos meses atendí a una mujer que me contaba que su hija había empezado a ir al colegio sola con 7 años. Desde su casa al colegio, que estará a unos 20 minutos andando, debe atravesar dos importantes avenidas y varias calles pequeñas. Inicialmente esa niña hacia cada mañana ese trayecto sola porque su madre, monoparental y con escasos apoyos, trabajaba y no podía llevarla. Poco tiempo después ella perdió el trabajo pero lo niña siguió yendo al colegio sola "porque ya sabía hacerlo". Y a mi me trasmitía ese relato una sensación de desamparo e incluso una valoración de negligencia que no he podido sacarme de la cabeza desde entonces.

He tardado mucho en dejar a H. hacer cosas sola (bajar a tirar la basura, ir a la tienda de la calle trasera a comprar,...). Siento temor pues no puedo acompañarla con la mirada (mis ventanas dan a un luminoso patio interior pero no a la calle). Y siento temor pero creo que ya es necesario. Es necesario porque en algo más de dos años irá al instituto sola (ahora su cole queda en dirección a mi trabajo pero el instituto queda en otra dirección). Estoy segura que todos los niños que acuden andando al centro lo hacen solos y ella lo hará también. Y también porque había empezado a temerle a la calle: "Y si me roban", "Y si alguien me lleva" (cosas que yo nunca le de dicho). Y yo no quiero que le tema.

Siempre he pensado que uno de los grandes retos de la crianza es trasmitir que hay que esperar de la vida cosas buenas aunque exista la posibilidad de que sucedan cosas malas, ante las que debemos estar preparados y con herramientas que nos permitan solucionarlas. No quiero que H. le tema a la calle, porque me parece que es mayoritariamente un lugar seguro pero reconozco que tengo que trabajarme la templanza y la serenidad.

"Un niño acompañado es un asunto privado. Un niño solo es un asunto colectivo". Francesco Tonucci     





















































Curiosamente uno de los días que le pedí que bajara sola a llevar las cosas del reciclaje, frente a los dos caminos posibles yo le pedí que fuera por el menos transitado (me parece más seguro en relación al tráfico) pero ella me pidió ir por el otro. "Hay más gente, me conocen, puedo pedirles ayuda.". "Si me pasa algo tendrás a quien preguntar si me ha visto"...La escucho y sonrio, sabia que es.

Provoca una enorme ambivalencia ver cómo se van de nuestro amparo seguro. Esa mezcla  de temor difuso al daño que puedan recibir y el orgullo de verles crecer, ampliar horizontes, salir de la zona de confort. 

Los hijos crecen y nos hacen crecer. Que difícil es saber a veces cuál es el momento exacto, el mejor momento para exponerlos a esas cosas que, aún suponiendo un esfuerzo emocional, les ayudarán a estar mejor preparados para enfrentar los retos de individuación que tan importantes son en el desarrollo de un adulto sano y equilibrado. En ello estoy, estamos...

Porque si se tienen alas, es para volar... 






 

lunes, 15 de julio de 2013

DE LA ZONA DE CONFORT AL LUGAR SEGURO

Una de las herramientas de intervención terapéutica más potentes que han surgido en los últimos años para trabajar con el trauma, es el EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing). Se basa en el modelo del Procesamiento Adaptativo de la Información, que considera que todas las personas somos capaces, en las condiciones adecuadas, de gestionar situaciones traumáticas.

Según este modelo, los recuerdos se archivan en redes neuronales interconectadas entre si, pero en el caso de las experiencias traumáticas, la intensa reacción fisiológica de estrés y terror, bloquea el procesamiento de la información del suceso y la información queda fragmentada en el sistema nervioso.   

Esta técnica por la que cada vez siento más curiosidad, destapa de forma intensa y rápida recuerdos y experiencias, mensajes o programaciones antiguas que se han mantenido, por dolorosos, alejados de la consciencia durante mucho tiempo, pero que son importantes para la resolución de  situaciones del presente ya que sin acceder a ellos la persona se encuentra bloqueada o con imporantes resistencias al cambio y, por lo tanto, al crecimiento.

El procedimiento para la aplicación de la técnica, incluye una serie de pasos que se inician en los primeros momentos, entre otras cosas, con la construcción en la imaginación de "un lugar seguro". La visualización de éste busca que el paciente sepa que existe un espacio en el que podrá refugiarse en el caso de que los recuerdos dolorosos que se evocan, amenacen con desestructurarle. Este oasis emocional puede ser usado como un descanso temporal durante el procesamiento, como un elemento de apoyo para disminuir la perturbación y concluir la sesión, y como una manera de manejar el material perturbador que pudiera aflorar entre las distintas sesiones.

Pensaba hoy en la importancia de ese lugar seguro en nuestras vidas. En la necesidad que tenemos todos de que exista un espacio emocional, incluso a veces un espacio físico, donde podamos estar tranquilos por las sensaciones que evocamos en relación a nosotros mismos a partir de nuestras experiencias previas. Y pensaba en la relación entre ese lugar seguro, que nos calma, que nos alivia y protege; y con ello nos garantiza nuestra posibilidad de supervivencia emocional, y ese otro concepto del que se ha hablado mucho también en Internet, y que es la zona de confort.
  

La zona de confort es aquella zona en la que nos encontramos seguros, en la que controlamos lo que sucede, nada se nos escapa y  conocemos de principio a fin. Mientras hacemos cosas o estamos en sitios que nos resultan “familiares” nos sentimos cómodos, relajados. La zona de confort es todo aquello que nos rodea y a lo que nos hemos acostumbrado. Es el espacio de vida que conocemos y validamos. Aquello que no nos inquieta y que, más bien al contrario, nos calma.


A veces pasa que tras esas fronteras de la zona de confort, de ese lugar seguro hay todo un mundo de posibilidades de crecimiento no exploradas, por miedo, real o imaginado, que nos limita y no nos deja crecer. Y crecer es importante.

Hoy H. se ha ido de campamento dos semanas. Abandona sin convicción su zona de confort y lo he sentido con toda intensidad esta mañana al dejarla en el autobús. Lo hace de la mano de un grupo con el que ha estado compartiendo cada semana a lo largo del año académico. Un grupo que sé, porque me lo dice, que le gusta en las actividades que realiza; pero con el que también sé que le cuesta conectar socialmente. "A veces me siento sola" es su expresión sobre esos momentos. Y quince días es mucho tiempo para sentirse sola.

Tras media hora de espera, torturante para ella y para mí, se ha subido al autobús. Al hacerlo, una niña delante de ella se ha girado y le ha dicho "H. ¿te sientas conmigo?". Y con esta frase oída en la lejanía, casi leída en los labios yo he respirado algo más tranquila.  No está sola. Sólo tiene que aprender a acercarse. Y cómo le cuesta!

Confío en que estos días sea capaz de encontrar en alguno de los que le rodean ese lugar seguro que a veces es tan necesario para seguir avanzando. Y que cuando vuelva, su zona de confort sea más amplia y parte de sus miedos hayan desaparecido. 

Inshalá, por ella. Y también por mi. Que responsabilidad tan grande es la maternidad.


miércoles, 5 de junio de 2013

ABANDONO


El lunes amanecí leyendo esta interesante reflexión. Pensando en cómo este compañero de viaje había encontrado una metáfora perfecta. Una metáfora que describe las dificultades con las que se encuentran muchos de nuestros hijos, cuando la escuela no sabe dar respuesta a sus necesidades específicas. Pensé en lo útil que me sería la imagen para explicar ciertas cosas en el centro educativo de mi hija. El lunes, entonces, amaneció de cuentos y con sonrisas.


Pero el martes, amaneció de pesadillas. Cuando escribí mi anterior entrada yo argumentaba que lo que representa la palabra VINCULO constituye uno de los mejores predictores de la sana evolución del proceso adoptivo vivido por una familia. Al mismo tiempo, pero ya sin escribirlo, pensé:... y la otra palabra esencial es DUELO. Como era un post sobre la magia y las cosas buenas, decidí omitir esta última parte de mis pensamientos.

Pero el horror es a veces más fuerte que el amor. El horror de la crueldad lo tengo dando vueltas en mi interior, pensando en esa madre que sufre, viendo a su hija sufrir. 

Crueldad, sí. Y ganas de llorar, también. ¿No tienen ya suficiente en su mochila?. Sí, sin duda, pero me temo que nuestros hijos tendrán que lidiar con eso y con mucho más, y muchas veces, a lo largo de su vida. Yo no sé si en el mundo hay muchas o pocas personas crueles, pero no creo que nuestros hijos se libren de encontrar alguna por el camino. Alguna que les dirá estas cosas o quizás otras peores. Alguna que, en el mejor de los casos, intentará agredirles verbalmente pero que, según la ocasión, legitimado como se siente para ello, puede llegar a más. 

Me gustaría decir que son escasas esas personas, la verdad es que no me lo creo. Aún así, para hacer daño sólo basta que te topes con una de ellas. Basta una bala en el lugar preciso para matar a alguien.

También me gustaría decir que no vale la pena hacerles caso, pero me parece imposible, por eso mi único camino es hacia adelante, mirando de frente, hablando de lo sucedido, razonando, intuyendo, opinando, cuestionando y, por su puesto, llorando, peleando, reprochando, validando,... En general, fortaleciendo a nuestros hijos para que, desde su interior, puedan generar las respuestas ante esos señalamientos del otro, buscando las palabras que pongan freno al daño. No daña quien quiere, sino quien puede.

En la mayoría de los casos eso tiene que ver con la elaboración del duelo, con sanar en lo posible la herida de esa pérdida esencial del cuidador primario, cualesquiera sean las razones de tal pérdida. Creo que como padres y madres además de abrazar y consolar, tenemos que ayudar a nuestros hijos a procesar, desde lo cognitivo y lo emocional, cada una de esas expresiones dañinas hasta que dejen de doler…porque sólo cuando dejen de doler esas palabras, habrán perdido su poder y dejarán de ser dichas.

Y eso, ¿cómo se hace?, supongo que cada historia es única y ha de ser trabajada con nuestros hijos de forma diferente y no hay recetas sino pistas, intuiciones, intentos... Si trabajamos esas posibilidades, desde el análisis de las fases del duelo, a mi se me ocurre:

Primero, facilitar en el niño su relación con esa ausencia, hablar abiertamente de abandono o de la muerte y de las posibles circunstancias que generaron ese hecho, trasladando la responsabilidad de los hechos a los adultos y eximiendoles a ellos de toda responsabilidad. Insistir en cómo determinadas circunstancias personales, sociales, familiares; elegidas o forzadas, construyen la realidad de una madre, unos padres, que no pueden cuidar a sus hijos. Y claro, según la edad, creo que lo simbólico nos ayuda mucho en la construcción de esas narrativas: cuentos que traten el tema, dibujos, obras de teatro, películas que nos inviten y nos hagan hablar él.  Tendremos que ayudarles a expresar el dolor de la injusticia, la rabia, el desconcierto, que producen el abandono y la pérdida, primero vista en otros y luego en ellos mismos.


Segundo, tendremos que aceptar que se produzca una idealización de esas figuras ausentes, permitir la posibilidad que se justifique la ausencia, la fantasía de lo que pudiera haber sido y, a veces, incluso, el cuestionamiento de nuestro papel en esa historia. A partir de allí, trabajar progresivamente en acercarnos a la realidad conocida y la responsabilidad de las decisiones de otros que posibilitaron su llegada a nuestras vidas. Validas serán también entonces, las inquietudes en relación a la situación actual de esa familia imaginada. En este apartado, es especialmente útil que los padres adoptivos tengamos elaborada (y reconciliada) nuestra relación con la familia biológica de nuestros hijos.

Tercero, llegará el momento en el que nuestros hijos cuestionaran las decisiones y las circunstancias que los llevaron a nuestras vidas. Aceptarán el dolor de la pérdida y las ausencias abiertamente. Expresarán sin miedo, su rabia y su dolor. Y protestarán. Y finalmente aceptarán estas circunstancias, con sus ganancias y sus perdidas. Validar esas emociones y canalizarlas de formar presente y constructiva es el mayor reto de esta etapa.

Finalmente, llegará el momento de asumir y asumirse, para después construirse, mejor re-construirse integrando en su identidad su realidad bi-familiar, llena de presencias y ausencias, de afectos y desafectos, de sueños y de tragedias, de suertes y desgracias.


La fotografía pertenece a Daniel López, no dejéis de visitar su web
Y creo que es una tarea compleja, un camino largo, que se vive en paralelo entre nuestros hijos y nosotros, una tarea en la que sólo les podemos brindar la certeza de amarles y acompañarles incondicionalmente. Y una tarea en la que, también como adultos, tenemos un duelo que elaborar frente la compleja realidad emocional que hemos elegido, con consciencia o no, al decidir ser madres y padres por la vía de la adopción. Más, cuando esa opción es pública, como sucede siempre en las adopciones interraciales.

Y no es poco el camino que nos queda, sin embargo toda larga caminata se alimenta de pasos pequeños y sostenidos.