Mostrando entradas con la etiqueta Lágrimas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lágrimas. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2015

ELLA

Literalmente no fue ella quien la colocó en mis brazos. Pero yo sí siento ese hilo que desde sus brazos la llevo a los mios.

Hoy hace ocho años que abracé a mi hija por primera vez. Pienso a veces en aquel día, pero cuando esos recuerdos llegan el día del aniversario, pienso más en ella. En su madre etíope. En su madre que lo es, y que al mismo tiempo no pudo serlo.

Pensarla me hace evocar hoy el día de mi cumpleaños. Al salir al cole el amanecer parecía de cuentos. H. emocionada me dice Mira mamá!!! parece que ahí está Dios!!. Le dije, es mi cumpleaños, desde el cielo me están regalando este hermoso amanecer...

Seguro son los abuelos que de esta forma te dicen Feliz Cumpleaños. Contestó. Y también estará mi madre etíope para felicitarte.


La miro y sonrío. ¿Cómo si no?.


Los padres adoptivos tenemos que trabajar nuestro propio vínculo con la familia de origen de nuestros hijos porque al hacerlo -y no es casi nunca una tarea fácil- estamos enseñando a nuestros hijos a integrar esas dos realidades que de alguna forma dan continuidad y fluidez a la historia de vida que les acompaña.


La búsqueda de los orígenes, esos pasos que una persona adoptada o su familia adoptiva emprenden para retomar contacto con su pasado pre-adoptivo son un pilar importante sobre en el que se asentará la base de su identidad personal, de su satisfacción personal. De su felicidad.

A veces sólo se desea tener certezas sobre la identidad de los padres biológicos, otras más bien se desea (y a veces únicamente) obtener informaciones generales sobre el pasado y sus referentes (a veces sin necesidad de identificar a una persona en concreto). Saber sobre las circunstancias, decisiones y azares que les han llevado de una familia a la otra.

Siguen sin ser mayoría las familias en las que el origen, los orígenes de la vida de sus hijos o hijas y sus circunstancias inmediatamente posteriores, son abordados con naturalidad, ayudando a poner palabras a lo que se conoce o a lo que se intuye que pudo haber pasado, incluso a lo desconocido, para permitir completar el puzzle, construir la historia, y si fuera el caso, acompañar en el dolor, siempre sumando afectos que son los que posibilitan la sanación. 

Se fantasea con la idea de que las heridas sanan si no se tocan, olvidando que a veces esas heridas, si no se limpian y curan, explorándolas, pueden dar origen a una infección. Es decir, a un daño mayor. No es fácil curar heridas pero seguro que todos coincidimos en que no por difícil es recomendable dejar de hacerlo


Me alegra que podamos nombrar a la madre de H. que ella pueda entenderla (a fecha de hoy) como un personaje integrado en la narrativa de nuestras vidas. Que imagine que me regala cosas, que me pida que le cuente historias de lo que yo creo o se que pasó. 

Hablamos a veces, sí. No siempre lo hacemos en el mismo tono afectivo pero me siento segura al acompañarla en su dolor, que muchas veces se vuelve mio; sin miedo a la historia que dio origen a "nuestra" historia. Me alegro de sonreirle a lo que sabemos y de ser prudentes con lo que desconocemos. Me alegra caminar despacio aprendiendo del camino.

El amor es para mi un sentimiento incondicional. Y amo todo lo que eres pero también todo lo que eras antes de que llegaras a mi. Le tengo un profundo respeto. Y también una enorme gratitud. 

Nadie dijo que fuera fácil pero estoy segura de que vale la pena.

 



sábado, 14 de marzo de 2015

VICTIMAS INVISIBLES

Se llama S. y no ha cumplido los tres años...

Esta semana ha venido otra vez a la oficina acompañando a su madre. La primera vez que la vi, intenté cogerla en brazos para llevarla a pintar en la mesa de al lado, mi mesa, dado que estaba impidiendo la entrevista que mi compañera debía tener con su madre. Antes de terminar de alzarla, ya se había girado para morderme. Y es que S. es como el Demonio de Tasmania. Un torbellino que crea el caos allá por donde pasa. Allá donde decide imponer su orden, su necesidad.

Yo, aparte de esquivar el mordisco y reírme, pensé. Qué maravilla!...es fuerte. Podrá con todo. Y es que en su caso, todo, no es poco.

Desde aquel día hace unos meses, hasta esta última vez, ha venido muchas veces...pero durante la última visita, estaba radiante. Radiante de bella, que lo ha sido siempre. Radiante de risueña, que lo es con frecuencia. Radiante de conversadora y simpática que lo es raras veces. Casi siempre nuestras normas, nuestros límites, no son de su agrado. Pero hace días, con esa sonrisa y esa mirada profunda que sólo tienen los ojos del África subsahariana, nos miraba y hablaba emocionada, con una alegría que cautivaba, ¿Cuál sería el motivo?

Y esa belleza de siempre, esa alegría y ternura de la última conversación con ella, han acompañado esta semana mi memoria visual y auditiva, mi memoria emocional haciendo contraste con otra historia, que ahora es otra pero que podría ser la de ella misma en unos años. 

Una historia diferente de las tristes muy tristes, de las mas oscuras, de las que te desarman. Y yo que la veo no he dejado de preguntarme esta semana como protegerla de ese horror.

A D. la protagonista de la otra historia la he conocido hace diez días. Llega como si nada pasara a su alrededor, como si solo existiera el trozo de conversación que ella quiere mantener conmigo y no el resto de las cosas que yo necesito saber y entender de ella. Avanzamos muy despacio para que me cuente todo lo que yo ya se porque otros me lo han contado, preguntándome una y otra vez como lograr, que me cuente lo que no sé, sino imagino. No el hecho en sí, sino los entresijos. Para preguntarme después, de qué me valdría a mi saberlo para ayudarla. Si realmente hay una ayuda efectiva y eficaz que sea posible en medio de un tema tan complejo.

La trata de seres humanos es un delito perseguido y castigado por el Código Penal Español. Un delito en el que hay que perseguir al tratante, que es un delincuente y proteger a la víctima.

En Europa son 500.000. En todo el mundo, casi tres millones las personas sometidas a trata y tráfico. Cerca de la mitad son menores de edad. En cifras económicas, que es como a veces se miran y miden las más sucias tragedias humanas, se trata del segundo negocio clandestino del mundo en beneficios, después del tráfico de armas y por delante del tráfico de drogas.




Según datos de Naciones Unidas, las dos terceras partes del las víctimas de trata detectadas en el mundo, son mujeres. Esta tendencia también se aprecia en Europa, donde el 70% de las víctimas detectadas lo son.

El 79% de las personas víctimas de trata lo son con fines de explotación sexual. Las desigualdades de género, la feminización de la pobreza y los flujos migratorios se encuentran enraizados con el origen del problema.

En España, es un problema que no se quiere ver y con el que hay una enorme tolerancia dejando en evidencia la falta de cifras fiables, la escasa coordinación policial nacional e internacional y la permisividad social hacia determinadas conductas relacionadas con el comercio sexual. 

Y entonces, escucho a D. en las palabras que no dice y veo a S. con su sonrisa fresca y amplia y pienso en toda la vida que cabe en medio, en a buena o mala vida, y en las responsabilidades que todos tenemos en medio.


http://www.redcontralatrata.org/
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/21/actualidad/1390311478_789233.html
http://pazydesarrollo.org/pdf/guia_trata_sexual_pyd.pdf

martes, 25 de noviembre de 2014

LLORAR

Hace días hablé con R. del agotamiento emocional que sentía en algunas mañanas laborales. 

La urgencia que sentía a veces de parar unos minutos, esos en los que un café me encontraba con él. 

Me dijo... hace días me fui de aquí a la otra sede y JL me preguntó ¿Qué tal? haciendo referencia al trabajo y yo le contesté: Si te contesto, me pongo a llorar. 

Y a mi que un hombre me diga que se va a poner a llorar, qué queréis que os diga, me emociona. Y más porque sus lágrimas son las lágrimas que otros no se permiten llorar, porque creen que no hay un hombro que las acompañe.



Una semana después presentamos un informe técnico sobre indicadores de vulnerabilidad en nuestro país. Nos piden recoger algunos testimonios que humanicen las estadísticas y allí estamos, acompañando historias. Veo el documento final editado. Sin esperarlo, escucho las lineas finales del vídeo con J. diciendo: aquí me he hecho duro, pero por las noches, lloro. Y es verdad, lo sé aunque no le haya visto hacerlo. J tiene uno de los corazones más bondadosos que conozco.Y lo dice allí ante todos, desde el corazón que lo siente, con la voz algo quebrada. Y todos los que le conocemos sabemos que es así, que seguramente llorará.

Y luego están los demás...los que hacen el chiste y dicen de los anteriores que "son unos flojos"

Esos que no han soltado una lágrima nunca porque no se la permiten y así les va. Esos (...y esas) que recriminan a sus hijos porque lloran y asocian el llanto a la debilidad. Esos y esas que parecen confundir el sentir (sensibilidad) con el resistir (fortaleza). Cuando lo cortés no quita lo valiente. Esos y esas realmente me enferman y me hacen llorar, pero esta vez, de rabia.






domingo, 12 de octubre de 2014

TELEDIARIO

Mi amiga E. siempre dice una frase que a mi me parece perfecta para explicar mi necesidad, pero no resuelve mi desazón: "Haz que esperen lo mejor. Preparales para lo peor". 

Hace tiempo que no veo el telediario, la razón es clara, no me informa y me enfurece la manipulación informativa, la descompensación en los temas de interés, la parcialidad, la subjetividad,...y un largo etc. Me decanto por la prensa escrita o por la red, que ofreciéndome más alternativas (perspectivas) también me permite profundizar en lo que me interesa, en la extensión y con el rigor que deseo.

El fin de semana pasado, sin embargo, me despisté, y allí nos pilló, frente a la tele. El telediario y sus grandezas. La guerra, las epidemias, la corrupción, la pederastia. Error, enorme el descuido. O no. Por que si no, ¿cuándo hablamos de estos temas?

H. curiosa para todo lo que le rodea. Mira el telediario con atención. Y sufre, como lo hace quien no conoce de maldades y por lo tanto le preocupan y le indignan. Le asustan. ¿Cómo si no?. Nosotros ya estamos adormecidos frente abusos e injusticias. Y el peligro no lo vemos, no nos moviliza si no está tocando nuestra puerta. Y qué tristeza da esa consciencia.

H. pregunta con angustia y eso dónde es?...y por qué no hacen nada?...por qué no se hablan, por qué no se escuchan?...por qué no les dan lo que piden?...por qué se disparan?...Y yo termino realmente atormentada por su angustia y la que me provoca un mundo que mal hago en dejarle en herencia.

Y hay cosas con las que me defiendo, frente a las que no tengo argumentos pero tengo palabras y puedo explicarle las sin razones que nos llevan a muchas cosas que no entiende. Procuro educarla en valores que serán los que posibiliten que ella, y los suyos, los de las generaciones futuras, puedan construir un mundo mejor que el que les estamos dejando.

Pero hay temas en los que yo me quedo sin palabras, sin razones, sin explicaciones. 

Noticia: detienen un pederasta. Se ven las imágenes, hablan de las niñas y ella me dice ¿Qué ha pasado? ...y mis segundos de silencio le anuncian la importancia del tema. Y le digo, le doy la explicación más sencilla posible, sin faltar a la verdad. Y es mi miedo. Y es su cara el horror...pregunta y pregunta y yo siento el esfuerzo que hago por enfrentarla a lo que no tiene una explicación. Y, si eso pasa, si eso es una posibilidad de la que debo protegerla y enseñarle a protegerse, cómo trabajar con ella al mismo tiempo, que la calle es un lugar seguro y que el mundo está lleno de gente buena. 

Decía Francisco Tonucci  que "los adultos enseñan a los niños a no abrir la puerta a nadie, a no pararse con nadie, a no aceptar nada de otras personas… porque cada desconocido es un potencial enemigo; esto es terrible"...." en general tenemos miedo, un miedo del que es responsable, en muchas ocasiones, la globalización de la información". Dice es inaceptable que por noticias como la que comento y su eco en los medios de comunicación "...porque es una noticia que impacta y engancha; los adultos estemos "encarcelando" a nuestros hijos". Y cuenta esta anécdota: "Cuando en un pueblecito de Italia presenté el tema de la autonomía de los niños, una madre me decía “Eso está muy bien, pero yo tengo miedo”, ¿miedo de qué? le pregunté, “de los pedófilos, por ejemplo”. Cuántas veces habéis tenido un problema de pedofilia en vuestro pueblo, “en nuestro pueblo ¡nunca!” (queriendo decir que era inimaginable) y entonces, por qué tiene miedo, “porque lo vi en la televisión”. 

Continua Tonucci "Este es un motivo suficiente para tener miedo, pero es un miedo injustificado. Todos los años son muchos más los niños que mueren ahogados en una piscina y sin embargo a nadie se le ocurre que dejen de bañarse. Una de las experiencias más peligrosas para un niño es viajar en el coche de su madre y de su padre, y esto lo hacemos a diario…" Y visto así como que también te obligas a matizarte, pero cómo lo trasmites con este bombardeo mediatico. Por un lado, creo en la necesidad de visibilizar ciertos delictos que permanecen ocultos para terror de las víctimas silenciadas y, por otro, este bombardeo te provoca reacciones que tampoco se ajustan a la realidad.

Volviendo al origen que importante es hablar de esto a los niños, no sólo de esa violencia directa y explícita, física o sexual, sino por las cosas que se le aproximan y a las que a veces no le damos la importancia que merecen...cosas que tienen que ver con la manipulación emocional que se ejerce desde el poder de la adultez sobre la inocencia de la niñez y hablo de ser expuesto a la mirada lasciva de otro, de obligarle a ver, tocar, actuar a la fuerza o con un consentimiento que no es pleno y que muchas veces se da por miedo, o aún peor, por la relación afectiva que se tiene con el agresor.

Los abusos a menores de edad se dan en todas las clases sociales, ambientes culturales o razas. También, en todos los ámbitos sociales. En más del 70% de los casos los actores del abuso son personas que proceden del círculo familiar o de amistades del menor o distintos tipos de conocidos de la familia. Cómo protegerles de semejante estadística sin caer en la paranoia.

Pues hablando del tema, preparándoles para lo peor, quitando el acento del actor y poniéndolo en lo que provoca: sufrimiento, culpa, incomodidad. No es sólo lo que es, un beso por ejemplo; es lo que te hace sentir cuando no deseas darlo o recibirlo. Si algo te hace sufrir, te hace sentir incómodo, sentirte culpable o asqueado, entonces tienes que hablar de eso con otro adulto. 

Y ese otro adulto... 


TIENE QUE CREERLE. 

Tiene que AYUDARLE A PROTEGERSE. 

Tiene que GARANTIZARLE QUE DETENDRÁ la situación de abusos de la cual el o ella NO SON RESPONSABLES. 

Y solo así, aún conociendo de cerca o de lejos, la maldad y el horror, podrá sentir que se encuentra en un lugar seguro.

Qué difícil. Que imprescindible.


viernes, 18 de abril de 2014

SE VAN...

Ha muerto Gabriel García Márquez. Llevo días pensando en su muerte que solo ayer se ha concretado. Que empeño tenemos ultimamente en esta crónica de muertes anunciadas!!!. 

He estado preguntándome cuál es el sentido. Hablar y seguir hablando de que pronto nos dejaran aquellos que amamos o admiramos, es como si al anunciar lo que nos causará dolor, quisiéramos mitigarlo, prepararnos mejor, que no nos pille la muerte por sorpresa...

Como si así lográramos exorcizar nuestros fantasmas.

Estarán de fiesta otra vez en el cielo dicen los que creen en él, yo pienso en múltiples alternativas, incluida esa. Todas buenas, así de sencillo es mi vinculo con la muerte. Un no lo sé que hay. Y un, como siempre en lo desconocido y novedoso, el valor en sí mismo, sin que eso signifique que se le desea.

A mi me inquietan más los supervivientes, esas viudas, esos hijos e hijas, esos hermanos y hermanas  de sangre y de vida que hoy tienen que aprender a vivir con su ausencia, con su nostalgia, con la consciencia de que ya no será más, aquí y de esta manera...

Es colombiano, se parece fisicamente a mi padre, me hechizó con sus palabras. Lo recuerdo como mi primer amor literario, ese que nunca se olvida, ese que nos hizo explorar, descubrir, tranochar y saborear,...Siempre me pregunto ante una muerte cómo hacer del duelo y del luto algo útil. Caeremos en el tópico de releer sus libros como quien revisa emocionado un álbum familiar tras la muerte de un ser querido. Y lo disfrutaremos otra vez, incluso más...

Hoy con su muerte pensé que me estaba haciendo mayor.  He sido consciente de que se está muriendo gente irremplazable (siempre ha sido así) pero estos y estas, que se están muriendo ahora, que se mestán muriendo, han sido mios en vida, desde su plenitud vital y mientras yo iba creciendo. Ellos y ellas han sido en vida, compañeros y compañeras de viaje, personas que se inspiraban y escribían a la par de mis lecturas, que componían a la par de las horas en las que yo les escuchaba, que grababan sus discos a la par de mi escucha, mis bailes, mis aplausos. Gente grande que hacia conciertos en los que yo participé como público, a los que aplaudí, grité, recomendé y alabé. Les he visto hacerse mayores, como a mis padres y me han hecho tan feliz., que estoy en deuda con ellos y les echo de menos sí. Como no puedes echar de menos a alguien que aunque maravilloso te ha sido desconocido en vida.
 
Intentaremos, por respeto, serte fieles, seguir allí y hacer por no echarte de menos, sino más bien por sentirte de más. 

Aquí, con nosotros, haciendo honor a tu sabiduría. Como bien decias, manteniendote vivo porque "...es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites" 

Adiós maestro...




miércoles, 12 de marzo de 2014

12 DE MARZO

Hace diez años, dije que sí y un día como hoy me fui a Madrid, al IFEMA, como parte de uno de los Equipos Psicosociales de Respuesta en Intervenciones de Emergencia que tiene la organización en la que trabajo. 


Madrid, toda España, estaba conmocionada por los atentados del 11-M. Recuerdo el silencio de los viajes que hicimos de ida y vuelta. Silencio en medio de tanto ruido. Recuerdo la mente puesta en una sola cosa, acompañar a las víctimas y a sus familiares en esos momentos de desconcierto, negación y desazón. Y cuidarnos unos a otros del desamparo emocional que una experiencia así te provoca. Pasamos allí 3-4 días en medio de los cuales cambió el rumbo de muchas cosas y la vida de mucha gente.

No guardo un recuerdo doloroso de la experiencia, de haber estado fuera quizás serían peores, pero me toco estar dentro y pensar en el dolor de los demás para hacer el mío poco significativo. El recuerdo más claro que tengo de aquellos días es lo que pasó cuando la intervención acabó. Llegué a casa, donde entonces vivía sola y a los pocos minutos sonó el teléfono. ¿Cómo estás? Bien, respondí. Y empecé a llorar todo lo que no había llorado. Supongo que hay algún momento en el que también sabes que te toca a tí expresar tu dolor. Aprendimos mucho entonces y en las pequeñas intervenciones que vinieron después.

Hace unos meses, tras el accidente de tren de Santiago de Compostela, re-descubrí la tristeza de entonces. Y lloré mucho, a deshora, por cualquier cosa que me lo nombrara. Y fuí consciente de mi cobardía, de la incapacidad que sentía de exponerme otra vez al horror de tantas muertes. Me sentí muy frágil, yo que siempre me he sabido fuerte.

El lunes en la noche al ver los titulares de lo que sería la prensa del día siguiente pensé en lo duro que iba a ser volver a escuchar mil veces el relato de aquellas horas. Preparemonos para lo peor, pensé.

Pero no. No ha sido así. O. que estuvo conmigo en Madrid me escribió un mensaje en nuestro amanecer: "10 años después algún recuerdo triste tendremos ...pero creo que volvería a hacerlo si contara con compañeras como tu, como las demás. Gracias por ayudarme a tener recuerdos positivos y tejer una red de sostén que ha pervivido todos estos años" ....y donde esperaba una lágrima, me sacó una sonrisa. Ciertamente con ella, con ellas, volvería a hacerlo sintiéndome segura emocionalmente. Y en eso, se va la vida en estas intervenciones.

Ella me habló entonces de Vera, de sus ojos. Anoche lo ví. Y sí, es difícil sobrevivir en todos los matices y todas las consecuencias, pero la vida continua...con esa sonrisa, esas dudas, esa voz rota y quebrada de cada uno de los protagonistas entrevistados. Rescatando la experiencia emocional vista en perspectiva y sacando los aprendizajes.

Estamos vivos y es nuestra obligación seguir adelante. Trabajar con los recuerdos, no con el olvido, rescantando el valor de lo vivido.

Gracias chicas, gracias O. Porque hay cosas que nos cambian y algunas, nos hacen mejores.


domingo, 2 de marzo de 2014

SILENCIO

Llevo un tiempo silenciosa porque tengo a mi alrededor mucho ruido. Y el ruido me paraliza. Y aquí estoy, sin parecerme a mi.

Es curioso que ese ruido exterior ha estado acompañado de una buena evolución de las malas sensaciones de la pequeña H. Está más motivada y más serena en su trabajo académico y eso nos ayuda a tener un clima más sosegado en casa. Entre su maestra y yo hemos logrado que trabaje más en clase y el volumen de deberes que trae a casa ha disminuido significativamente. Menos deberes, más tiempo. Y más tiempo, es más tiempo para jugar y no hay ser humano en el mundo que no sea más feliz si juega. Estamos felices por ello. No hay nada más gratificante que sentirte dueño de tu destino. Sentir que tienes la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas, especialmente de aquellas que no te gustan. Lo estamos viviendo. Lo estamos disfrutando.

Este mes de silencio personal, interior, mental.. se acompaña sin embargo de mucho ruido en el lugar que me vio nacer. Ese que ya no puede más con la mala gestión de sus gobernantes. Un país encontrado y destruido a lo largo de estos veinte años que he vivido en este que me acoge. Mi mail, mi teléfono, mis perfiles llenos hasta la saciedad de gritos, para que alguien escuche lo mal que estamos.



Que desesperante es que nadie te escuche cuando le estas pidiendo auxilio...

Suena el teléfono y me dicen que en este lado del mundo alguien ha muerto. Alguien que tiene un nombre y una historia. No le conozco pero se que era demasiado joven para morir. Para decidir dejar de vivir. Me entristece la noticia y me hace recordar algo que leí y escribí hace meses...

"Pienso en la cantidad de veces que he escuchado a alguien angustiado decirme que quería quitarse la vida. En los esfuerzos que he hecho para que no lo hicieran. Tras leer este post pienso que ese acompañar para evitar que lo hicieran, tiene mucho que ver con ponerme en el lugar de los que sobrevivirían y el peso que eso dejaría sobre sus hombros. Morir es una opción respetable. Pero sobrevivir al suicidio de alguien querido, es desolador. 

"En una de las últimas entrevistas que concedió Alfred Hitchcock le preguntaron si existía el asesino perfecto. Después de unos momentos de duda declaró: sí existe el crimen perfecto: el suicidio, sólo hay una muerte que deja muchos cadáveres a su alrededor y el asesino nunca vuelve a la escena del crimen"

Y pienso en si una vida tan joven que se trunca, vivió cosas demasiado intensas para seguir o fueron cosas normales, que sin embargo nadie le enseñó, o él no aprendió, a manejar...No importa ya. Saberlo no nos lo devolverá, porque él no esta. Y porque la culpa es un sentimiento que consume. Pero asusta la duda, porque todos estamos expuestos a esa posibilidad. 

Y pienso como algo así nos enmudece. Ese si es un silencio desolador y profundo.

Sé que ha sido un tiempo difícil para tí, siento que tengas que vivir ésto ahora. Confío en que el tiempo y las palabras te devuelvan la sonrisa. Tómate tu tiempo. Déjate abrazar.





sábado, 16 de noviembre de 2013

EMOCIONARIO...

MIEDO: J. me pide una cita para hablar conmigo. "Creo que vuelvo a estar mal". Me encuentro con ella y su aspecto externo no denota ese malestar. Se le ve bien. Sonríe. Habla pausadamente. No llora. Me relata cómo están sus historias y siguen reflejando logros. Señalo todas las fortalezas que sigo viendo. Hago énfasis en todas las que ella narra. Termina diciendo "Me quejo de vicio" y sonríe, pero a veces me asusto y necesito venir a contártelo, eso, que estoy asustada, pero al escuchar mis palabras, cuando me escuchas y me escucho, me tranquilizo. Y entonces sé que estoy bien.

He visto muchas veces las cicatrices que J. tiene en sus muñecas, en sus brazos. Sus cicatrices reflejan el daño que, siendo aún una adolescente, se autoinflingía. Así descargaba su miedo y su ansiedad. Han pasado más de dos décadas desde entonces. Cuando la conocí, hace una, ya no se hacía daño pero tenía mucho a favor para recaer. Juntas y gracias a muchas cosas, además de mi apoyo, fue saliendo adelante, encontrando la manera de reconciliarse con su pasado, de encontrar recursos internos - que tiene muchos- y externos, en los que apoyarse; de ver posibilidades donde antes sólo fue capaz de encontrar inconvenientes. J es una superviviente y una mujer muy resiliente.

DESCONSUELO: Mientras tengo esta entrevista escucho en el pasillo un llanto desconsolado. Es tan profundo que súbitamente se encoge mi corazón. Desvío mi atención para tratar de percibir si alguien acude en su auxilio. Oigo voces alrededor pero el llanto continua. Sólo cuando veo salir a C. me tranquilizo. Ella sin duda manejará la situación si se requiere. A los pocos minutos vuelve a entrar, me mira porque sabe que estoy con ella. Su mirada me calma. Poco a poco el llanto se serena. Al terminar mi entrevista le pregunto a C. por lo que ha pasado. "Ha sido G."... G. viene a vernos. Ha sido su primer encuentro con nosotros.

G. acaba de tener un grave accidente de coche mientras estaba de vacaciones en un país bastante lejano, a los pocos días a llegar allí. Con su bebé de pocos meses. Sin hablar el idioma. Sin red afectiva de apoyo salvo su pareja que también viajaba en el coche. Vuelven a casa vivos, que al parecer no es poco, con daños visibles en sus cuerpos, salvo el bebé al que aparentemente no le ha pasado nada. Llegan con daños que no soy capaz de medir en trascendencia pero desde luego con un daño emocional intenso. Daño por lo que ha sido realmente. Por lo que podía haber sido. Por lo que no sabemos si será. Estrés postraumático lo llaman. Normal, ante una situación anormal. Pequeños o grandes accidentes emocionales que G. ha tenido que ir sumando a sus espaldas en los últimos años. Situaciones que requieren de tiempo para ser asimiladas. Que requieren de apoyo. Que demandan toda nuestra capacidad de ver lo positivo, en medio de tantas cosas negativas.

VALENTIA: A E. le dijeron que tenía una bomba de tiempo en su cabeza y valientemente decidió que había que desactivarla a pesar de los riesgos que eso implicaba y que todos conocíamos. Desenredar las venas que en tu cabeza han decidido enredarse requiere de grandes dosis de sabiduría, serenidad y valentía. Y E las tiene, las tres aunque, como todos, unos ratos más que otros. Esta semana comenzaba así, con ella apostando por vivir, por bien vivir. Nuestros corazones latiendo a su compás. Todo fue bien, los sabios doctores dicen que están desenredadas, y su evolución de estos días ha sido muy favorable, tanto, que E está en casa y ayer la hemos ido a ver. Se ve bien. Ella también ha sido desde niña, un ser muy resiliente.


INSEGURIDAD: Y, claro, está H. que vive conmigo y esta semana se ha sumado a mis tormentas. Ella que es la más significativa. La que está creciendo y aprendiendo. En quien tengo que serenar mareas, calmar daños, ofrecer herramientas. Su corazón tan intenso se enfrenta a todas las batallas (relacionales) dándolas por perdidas. Sintiéndose una víctima. Doliéndose en sus miedos. Y yo, que la sé fuerte, sin embargo tengo que aprender a ir despacio, porque ella es un león herido que siempre se defiende de su fragilidad. Sabe que está tocada. Y sabe también que ha de protegerse para no estar muerta, así que saca su furia y no deja que calme sus heridas, que son pequeñitas, pero aún así le recuerdan que pueden llegar a ser mayores. 

De terapeuta sí, desde que amanece el día hasta que se oculta el sol. Y estoy cansada, tratando de mantener la calma y atender cada cosa en su momento. Y dándole a cada una su espacio. 

Sin pretenderlo, acabando la semana, me encontré con esto que me parece un buen material para trabajar emociones con niños. Y, porque no, con adultos!



viernes, 27 de septiembre de 2013

A BOCAJARRO

En esta semana nos acongoja esta noticia.

Y yo la he seguido, pensándola mucho, sabiendo lo que me esperaba.

He descartado la TV y la he seguido en prensa para tener más tiempo de pensar en la respuesta. Cinco días ha tardado.

Dice H. 

 "Te quiero decir algo pero me da vergüenza..." "Quiero decirte que te quiero"

Y un milisegundo después añade:  

"Mamá, si los abuelos me dan dinero ¿tu me vas a matar?...Es que sabes que ha pasado...unos padres han matado a su hija de China"

Mamá,...si hubiera nacido en su barriga ¿ también la hubieran matado?


Respiro profundo. Pienso en las ideas sencillas y seguras que debo aportarle. Quisiera saber si me equivoco. Aprendo desde la necesidad, pero a veces estoy aturdida por ella.

Fuente: quiero saber de donde le ha llegado la información. 

"Me lo ha contado L."... una compañerita del cole que parece que se ha leído la prensa!!!. Tienen 8 años, que rabia siento por cada cosa que les hace perder la inocencia

Primera idea. La presunción de inocencia.  Esa es una de las hipótesis que está investigando la policía. No saben si han sido sus padres pero son sospechosos. Reconozco que me cuesta creer en esa inocencia según están las cosas, pero la concederé hasta el final.

Segunda idea. Por ser adoptada, no es diferente la valoración de lo que sucedido. Si eso es verdad, seguramente habrían hecho lo mismo aunque el hijo hubiera nacido en su barriga. Esto no tiene que ver con lo que ha hecho (o con lo que es) la niña (y mucho menos con su condición de adoptada) sino con que esos padres están enfermos o son malos. Muy malos.

Tercera idea. Empatía. En el mundo hay gente mala pero también gente buena, gente que ahora está triste por lo que ha pasado, que están intentando descubrir la verdad para que si esos padres han hecho eso, lo paguen y vayan a la cárcel. Por eso, cuando escucho la noticia, me pongo triste y me preocupo. ¿Estas triste y preocupada con la noticia, verdad? No me extraña, yo también lo estoy.

Cuarta idea. Acompañamiento. Que bueno que lo hemos hablado. Me gusta que cuando algo te preocupa me lo cuentas. Yo también he estado pensando en lo que decían las noticias y estaba esperando para entender un poco que había pasado de verdad y así explicártelo mejor. Ahora esperaremos juntas.


Quinta idea. Incondicionalidad y bondades del Amor. Sabes qué, yo también te quiero, te quiero más que a mi vida. Y no me da vergüenza decírtelo porque es lo mejor que tengo. Me hace feliz saber que me quieres. Gracias por vencer a la vergüenza.

La abrazo. Respiro hondo. Siento y respondo como mejor puedo, a esa pregunta a bocajarro, en este primer día de otoño, lleno de viento y de lluvia. 

Llenas de muerte y de amor.




martes, 3 de septiembre de 2013

DEL LLANTO AL CONSUELO

H. y yo habitualmente vivimos solas. Compartimos y negociamos nuestro espacio, nuestro tiempo. Lo compartido y lo concedido. No ha sido fácil encontrar la medida en la que ambas nos sentimos cómodas. Ni siquiera afirmo que sea algo estable. Es algo en lo que ya conocemos nuestro margen de maniobra. A veces, ese equilibrio de márgenes conocidos recibe visitas y no siempre resulta fácil adaptarse a los cambios.

En estos días nos visitan los abuelos. Veo a mis padres dos veces al año, todo el tiempo que puedo en esos dos períodos, un tiempo que siempre me sabe a poco. Sé que es lo que elegí. Irme lejos de casa y eso ha tenido muchas ganancias. No por alejarme del lugar en el que estaba (y en el que era feliz) sino porque las posibilidades de esa felicidad eran muchas más, estaban en muchas otras cosas. Lo sé, incluso lo celebro. Otra cosa, es el precio.

El precio tiene que ver con el tiempo, que pasa. Les echo de menos. Sí, mucho, por eso disfruto tanto de sus visitas. Y les dedico tiempo y les cuido y una parte de mi atención hacia H. se distrae en ellos. Ella lo lleva fatal.

A H. le cuesta compartir mi atención y creo que hace esfuerzos importantes por llevarlo bien, cada día mejor, durante períodos cortos. Sin embargo, compartir todo el tiempo, convivir día tras día con dos personas que le restan mi atención, es una prueba de hierro. Y le está costando.

En estos días H. está irritable, frágil emocionalmente y con una frecuencia inusual llora por las cosas más nimias. Llora sintiéndose desatendida, cuestionada, abandonada frente a otros y es que H. es así de intensa. O estás conmigo o estás contra mi.

 Y así, llorando, la he dejado un par de veces.  Voy un ratito después a consolarla y acompañarla en el camino de regreso. Porque H. se va llorando y corriendo -emocionalmente hablando- y luego,... sigue llorando, porque aunque quiere, no sabe volver.

Cuando H. llegó a mi vida tenía pocas rabietas pero las que tuvo fueron intensas. Al principio, yo sin querer, las alimentaba, esperando una calma que ella no sabía conseguir sola. Todo, hasta que descubrí que sólo se calmaba cuando yo iba a su lado y la consolaba. Ella rápidamente había elaborado la situación y la entendía, pero no sabía "recomponerla". Empezaba llorando por una cosa y, lista como es, la podía resolver, entender, manejar emocionalmente con éxito, pero luego lloraba por haberse perdido, ya que no sabía volver. 

Cuando unos minutos después acudo a buscarla, me recibe llorando pero el motivo ya es otro. Siempre me cuenta que está "perdida", que reconoce sus fallos y no sabe cómo remediarlos. No pasa nada, le dijo. Ya lo tienes claro, eres una chica lista. Eso es una alegría. Mamá te acompañará. Podemos regresar juntas. Y siempre pasa que esa certeza, trae la calma.

Creo que el que los niños lloren es inevitable. Que no nos complazcan en todo, suele generar malestar y no está mal sentirlo y aprender a manejarlo. No está mal que a veces se frustren nuestros deseos y lloremos de rabia. Sin embargo, ningún niño debe llorar indefinidamente. No deben llorar de más y, al "más" se llega rápido. Los niños necesitan consuelo y éste debe llegar más temprano que tarde. Debe siempre llegar pronto. 

Y somos los adultos los que tenemos la obligación de proporcionárselo. Para eso hace falta calma frente a su llanto, aunque este nos irrite. Los adultos somos nosotros y la obligación de mantener la calma, es nuestra. A nosotros corresponde enseñarles el camino de regreso. 

No hay lágrimas que merezcan ser compañía permanente. Algunas, sólo música de fondo. Y es que esta versión me emociona.

domingo, 11 de agosto de 2013

DORMIR

No hay muchos nombres de mujer que empiecen por H. Mi hija tiene uno de ellos pero hay otros.

Hay otros como el de H. que tiene un nombre precioso y una historia dolorosa. No en balde le han reconocido el estatuto de refugiado y me alegro de ello. Lo merece sí, como muchos otros a quienes se lo han denegado, con parecidos desgraciados méritos. Pero esa como siempre, es otra historia.

La conocí hace meses cuando no dejaba de llorar. Lloraba con angustia aunque sus circunstancias eran otras y la amenaza había cesado. Estrés post-traumático. Que fácil de decir, que duro de vivir. Lloraba porque la emoción cubría los recuerdos y no la dejaba articular el pensamiento. Y esa congoja era inhabilitante para lo que nos pedía. Pedía lo que sabía necesitaba, la forma de cubrir sus necesidades básicas y ese apoyo que sólo podía ser puntual necesitaba que ella se recuperara de lo que no nos pedía, de lo que creía la atormentaría para siempre. Sin embargo tenía que sobrevivir a su historia y sus circunstancias. Resurgir de las cenizas. Seguir.

La última vez que la vi, la semana pasada, no paraba de sonreír. Ha sido un proceso, llevamos meses trabajando y han sido muchas las cosas que han influido en su mejoría. Yo sólo soy parte de ese conjunto, pero me hace feliz ser copartícipe de esos avances.

Cuando la conocí una de las cosas que le agobiaban era que no dormía. Sólo podía hacerlo durante 2-3 horas cada noche. Dormía poco y mal. Al dormir, volvían las pesadillas. Tenía tantos recuerdos dolorosos, y los sentía de forma tan vívida  que re-experimentaba el terror de lo vivido cada noche. Y entonces no descansaba, dormir la angustiaba. Si no duermes ¿Cuándo descansas, cuándo repones fuerzas, cuándo te recuperas?. Más, cuando ni siquiera te atreves a encender la luz para que no se den cuenta de tu infierno quienes duermen contigo. Me dice ahora que duerme el doble, pero que sobretodo duerme bien, descansa, las pesadillas no aparecen ya en el discurso. Me siento bien porque la veo sentirse bien.

Y pienso en ello, en la importancia de un sueño sosegado, no sólo por ella sino también por mi. Por nosotras, por mis noches con H., mi hija.



Ha vuelto sana y feliz del campamento. Y el echarnos de menos es una de las cosas que nos invita al colecho, uno de los temas polémicos de la maternidad. Uno de aquellos en los que he cambiado de opinión tras ser madre. Yo creía y creo que cada persona necesita un espacio físico y emocional; y creía y creo que hay que educar a los hijos en la autonomía. Siempre me pareció que aquellos padres que mantenían a sus hijos en sus camas por períodos prolongados no favorecían dichos procesos. Observaba el hecho y opinaba sobre sus consecuencias. Hoy en día, por experiencia, creo en sus beneficios.

H. y yo no hacemos colecho siempre pero sí a veces, a veces en su habitación, a veces en la mía, casi siempre vinculado a situaciones que nos vuelven frágiles y en las que necesitamos sentir más cerca la presencia física y emocional de la otra (enfermedades, ausencias, broncas, días malos y días buenos que nos desbordan en emotividad....). Hacemos colecho y nos parece bien, lo disfrutamos.

En estos días me sorprendía que pudiéramos hacerlo toda la noche porque no siempre ha sido así. No sé en qué momento ha dejado de suceder pero me he dado cuenta de que H. ha dejado de dar patadas. H. siempre ha dormido bien. Nunca ha tenido pesadillas pero se movía mucho y si había alguien a su lado lo pateaba hasta echarlo de la cama.

Y entonces pienso en todos esos fantasmas que se aplacan y dejan de venir a visitarnos cada vez que bajamos la guardia. Pienso en lo duro que es vivir en estado de alerta, defenderte de cualquier contacto porque temes o te inquietan otras presencias. 

Me alegro de ver que H. duerme tranquila y me abraza. Me alegro de compartir su lecho y que pueda compartir el mio. Me alegro de su conquistada serenidad y de su reposo. Creo que si existe un perjuicio en el colecho, nunca superará los beneficios que aporta a un niño que necesita ser arropado.  Y yo que utilicé siempre el verbo arropar en sentido metafórico, ahora también lo utilizo en sentido literal.


sábado, 22 de junio de 2013

REFUGIO

...hace un par de días, el 20 de Junio se celebró el día Mundial del Refugiado. 

A mi los días Mundiales de...me provocan una sensación ambivalente. Creo que hay realidades y circunstancias que no tienen que tenerse presentes un día, sino todos los días. Tener que institucionalizar la conmemoración, refleja la tendencia al olvido. Y hay cosas que no deben ser olvidadas.

Cuando ya anochecía y yo pensaba en ello, en medio de la particular reflexión que conlleva el final del día, he traído a mi memoria los rostros de todos los refugiados y solicitantes de asilo con los que me ha tocado trabajar en estos años, desde Vietnam hasta Albania, pasando por Etiopía. Esa sucesión de rostros, de historias, de tristezas, miedos y alegrías, volvió a erizarme la piel. Como no podía ser de otra manera, volví a pensar en F. preguntándome dónde estará. Cómo estará.


Conocí a F. con alrededor de 18 años, en Mayo del 2007. Tuvimos que esperar casi cuatro años para ver reconocido su estatuto de Refugiado. Recuerdo las entrevistas con él con particular emoción, y agradezco a M. su ayuda como interprete en las primeras etapas de la intervención, su compañía en el dolor de la narración de esa historia de vida. 

La vida de F. se rompió cuando tenía 9 años. Perdió a sus padres y fue separado de sus hermanos. La muerte de sus padres le duele pero el no saber qué fue de la vida de sus hermanos le persigue.

Las entrevistas con F. son inolvidables. No he conocido a nadie con tanta necesidad de narrarse (y justificarse en sus acciones), alguien que necesitara tanto salvarse de la culpa que era de otros y el sentía como propia. Nadie que me reflejara tanto lo que era sobrevivir a la barbarie. Y F. era un niño, un niño de la misma edad que mi hija. Un niño soldado.

Un niño que no pudo elegir. O sí, eligió sobrevivir. Sin embargo, durante el tiempo que caminamos juntos he visto volver a sus fantasmas. Sigo preguntándome como logró durante tanto tiempo mantenerlos alejados. Porque la realidad siempre supera a la ficción.





miércoles, 5 de junio de 2013

ABANDONO


El lunes amanecí leyendo esta interesante reflexión. Pensando en cómo este compañero de viaje había encontrado una metáfora perfecta. Una metáfora que describe las dificultades con las que se encuentran muchos de nuestros hijos, cuando la escuela no sabe dar respuesta a sus necesidades específicas. Pensé en lo útil que me sería la imagen para explicar ciertas cosas en el centro educativo de mi hija. El lunes, entonces, amaneció de cuentos y con sonrisas.


Pero el martes, amaneció de pesadillas. Cuando escribí mi anterior entrada yo argumentaba que lo que representa la palabra VINCULO constituye uno de los mejores predictores de la sana evolución del proceso adoptivo vivido por una familia. Al mismo tiempo, pero ya sin escribirlo, pensé:... y la otra palabra esencial es DUELO. Como era un post sobre la magia y las cosas buenas, decidí omitir esta última parte de mis pensamientos.

Pero el horror es a veces más fuerte que el amor. El horror de la crueldad lo tengo dando vueltas en mi interior, pensando en esa madre que sufre, viendo a su hija sufrir. 

Crueldad, sí. Y ganas de llorar, también. ¿No tienen ya suficiente en su mochila?. Sí, sin duda, pero me temo que nuestros hijos tendrán que lidiar con eso y con mucho más, y muchas veces, a lo largo de su vida. Yo no sé si en el mundo hay muchas o pocas personas crueles, pero no creo que nuestros hijos se libren de encontrar alguna por el camino. Alguna que les dirá estas cosas o quizás otras peores. Alguna que, en el mejor de los casos, intentará agredirles verbalmente pero que, según la ocasión, legitimado como se siente para ello, puede llegar a más. 

Me gustaría decir que son escasas esas personas, la verdad es que no me lo creo. Aún así, para hacer daño sólo basta que te topes con una de ellas. Basta una bala en el lugar preciso para matar a alguien.

También me gustaría decir que no vale la pena hacerles caso, pero me parece imposible, por eso mi único camino es hacia adelante, mirando de frente, hablando de lo sucedido, razonando, intuyendo, opinando, cuestionando y, por su puesto, llorando, peleando, reprochando, validando,... En general, fortaleciendo a nuestros hijos para que, desde su interior, puedan generar las respuestas ante esos señalamientos del otro, buscando las palabras que pongan freno al daño. No daña quien quiere, sino quien puede.

En la mayoría de los casos eso tiene que ver con la elaboración del duelo, con sanar en lo posible la herida de esa pérdida esencial del cuidador primario, cualesquiera sean las razones de tal pérdida. Creo que como padres y madres además de abrazar y consolar, tenemos que ayudar a nuestros hijos a procesar, desde lo cognitivo y lo emocional, cada una de esas expresiones dañinas hasta que dejen de doler…porque sólo cuando dejen de doler esas palabras, habrán perdido su poder y dejarán de ser dichas.

Y eso, ¿cómo se hace?, supongo que cada historia es única y ha de ser trabajada con nuestros hijos de forma diferente y no hay recetas sino pistas, intuiciones, intentos... Si trabajamos esas posibilidades, desde el análisis de las fases del duelo, a mi se me ocurre:

Primero, facilitar en el niño su relación con esa ausencia, hablar abiertamente de abandono o de la muerte y de las posibles circunstancias que generaron ese hecho, trasladando la responsabilidad de los hechos a los adultos y eximiendoles a ellos de toda responsabilidad. Insistir en cómo determinadas circunstancias personales, sociales, familiares; elegidas o forzadas, construyen la realidad de una madre, unos padres, que no pueden cuidar a sus hijos. Y claro, según la edad, creo que lo simbólico nos ayuda mucho en la construcción de esas narrativas: cuentos que traten el tema, dibujos, obras de teatro, películas que nos inviten y nos hagan hablar él.  Tendremos que ayudarles a expresar el dolor de la injusticia, la rabia, el desconcierto, que producen el abandono y la pérdida, primero vista en otros y luego en ellos mismos.


Segundo, tendremos que aceptar que se produzca una idealización de esas figuras ausentes, permitir la posibilidad que se justifique la ausencia, la fantasía de lo que pudiera haber sido y, a veces, incluso, el cuestionamiento de nuestro papel en esa historia. A partir de allí, trabajar progresivamente en acercarnos a la realidad conocida y la responsabilidad de las decisiones de otros que posibilitaron su llegada a nuestras vidas. Validas serán también entonces, las inquietudes en relación a la situación actual de esa familia imaginada. En este apartado, es especialmente útil que los padres adoptivos tengamos elaborada (y reconciliada) nuestra relación con la familia biológica de nuestros hijos.

Tercero, llegará el momento en el que nuestros hijos cuestionaran las decisiones y las circunstancias que los llevaron a nuestras vidas. Aceptarán el dolor de la pérdida y las ausencias abiertamente. Expresarán sin miedo, su rabia y su dolor. Y protestarán. Y finalmente aceptarán estas circunstancias, con sus ganancias y sus perdidas. Validar esas emociones y canalizarlas de formar presente y constructiva es el mayor reto de esta etapa.

Finalmente, llegará el momento de asumir y asumirse, para después construirse, mejor re-construirse integrando en su identidad su realidad bi-familiar, llena de presencias y ausencias, de afectos y desafectos, de sueños y de tragedias, de suertes y desgracias.


La fotografía pertenece a Daniel López, no dejéis de visitar su web
Y creo que es una tarea compleja, un camino largo, que se vive en paralelo entre nuestros hijos y nosotros, una tarea en la que sólo les podemos brindar la certeza de amarles y acompañarles incondicionalmente. Y una tarea en la que, también como adultos, tenemos un duelo que elaborar frente la compleja realidad emocional que hemos elegido, con consciencia o no, al decidir ser madres y padres por la vía de la adopción. Más, cuando esa opción es pública, como sucede siempre en las adopciones interraciales.

Y no es poco el camino que nos queda, sin embargo toda larga caminata se alimenta de pasos pequeños y sostenidos.


domingo, 19 de mayo de 2013

ANA Y LAS CASAS

Ayer Ana celebró su cumpleaños. Bueno ayer fue el cumpleaños de dos de las Anas que forman parte de mi vida. Ambas tan significativas. 

Una, Ana C. compañera de mil batallas laborales y de mil experiencias vitales, a diario frente a mi mesa. La otra, Ana M., pronto hará catorce años que no la veo. Después de verla poco, pero intenso. Ella representó muchode lo mejor que tuvimos mientras vivimos en el lugar del mundo que nos encontró.


Ruimas Mayas de Copán
Ana M., llegó a mi vida cuando vivir era trabajar. Y llenó el trabajo, de vida. De buena vida y de sonrisas. A través de sus ojos, sus relatos y su compañía conocimos lo mejor su país que sigue siendo algo mío. Un país que llegó en el momento propicio, formando parte de una de esas grandes buenas decisiones que tomé en la vida.

A.M. es arquitecto y cuando la vida nos reunió, eramos parte del mismo equipo de trabajo. Equipo que se formó intentando apoyar, entre otras, a parte de las 285 mil personas que perdieron sus viviendas como consecuencia de uno de los más desoladores huracanes que ha azotado el Mar Caribe. Allí dejé aparcada  mi idea romántica de la cooperación y descubrí su complejidad y sus riesgos. Pero en eso no entraré, porque me duele y estamos de cumpleaños.

Ella me preguntaba hace unos días a propósito de un trabajo en el que está inmersa ¿Por qué crees, desde el punto de vista humano, no económico, que un damnificado insiste en volver a una vivienda a pesar del riesgo?. Con su pregunta, como casi siempre, pasa el interruptor y retrocedo catorce años de mi vida. Pensé en aquellos cerros y los de mi tierra que tantas veces son noticia por los deslizamientos, pensé en nuestra experiencia de trabajo, en los damnificados de los CHAT* que fueron construidos para tres meses y tres años después seguían allí. Pero esa, también es otra historia. 

Yo le contesté, pero he seguido dándole vueltas. 

Creo -le dije- que tiene que ver con que los lugares que habitamos no son sólo espacios físicos sino que son lugares emocionales. Al abandonarlos, es como si abandonaramos parte de nuestra historia y de lo que somos. No dejamos cuatro paredes, dejamos lo que hemos vivido en ellas. Eso, si miramos de puertas adentro. Después hay algo que tiene que ver con los lugares conocidos y con el miedo a lo desconocido. En tu barrio tu te mueves fluidamente en tus rutinas, en tus hábitos: sabes dónde están las tiendas, dónde para el autobús, dónde puedes conseguir algo o alguien que necesitas: qué vecina me cuida los niños, quién me puede regalar huevos, dónde puedo estacionar y cuáles son las rutas más seguras...En un territorio nuevo, la casa es más segura quizás, pero todo lo demás, es más frágil. Al menos, de entrada. Creo que minimizamos el riesgo real en el plano físico que una nueva riada o deslizamiento puede provocar, porque lo que perdemos emocionalmente, es mayor.

No sé si hay algo cierto en ésto que intuyo. Sin embargo su pregunta ha levantado el polvo de mis recuerdos y he estado recordando las casas que han cobijado mis días. Los hogares (que no es lo mismo) que en ellas he formado a base de relaciones, sentimientos, emoción. En la riqueza de lo vivido en los espacios físicos que fueron y cuanto de la persona que soy se forjó en cada uno de ellos.

Anoche, celebrando el cumpleaños de A.C. vimos un vídeo que su compañero le regaló. Un vídeo con deseos de feliz cumpleaños que le han llegado de distintas partes del mundo. Ha sido un momento muy emotivo pero es que A.C. -como yo-, ha vivido mucho y bien (y lo que nos queda!) y ha decidido hacerlo en muchos sitios y eso se celebra pero también se llora. Y lloras sí, de tristeza por los que no están al alcance de tu mano y tanto anhelas abrazar; pero también de alegría porque formar un hogar no es fácil, y ella (yo también) hemos tenido la enorme suerte, la inmensa fortuna, de haberlo podido (y sabido) disfrutar.

Y me despido de ambas de otra forma compartida en la que siempre os tengo presente

* Centros Habitacionales de Alojamiento Temporal


lunes, 6 de mayo de 2013

MATRIMONIO...

...En la salud y en la enfermedad: H. llevaba varios días sin esa vitalidad desbordante que la caracterizaba. No me extrañaba, fue una locura el ritmo de vida que asumimos ese trimestre. Normal era que nos pasara factura, no habíamos llegado a tiempo de poner en marcha las correcciones necesarias. El cuerpo, es muy sabio, y protesta nuestros excesos. 

Localizados los motivos, sin que ninguno pareciera especialmente grave, H. había estado algo malita y esa tarde finalmente había vomitado. Era la segunda vez que lo hacía en cuatro años que llevaba conmigo. Había tenido fiebre una decena de veces, como mucho. Su respuesta positiva a los medicamentos, era inmediata. H. no sabía estar enferma. Por aquel entonces ella llevaba unos días preocupada por su estado de salud, sabiendo que había algo que no estaba en su sitio. Ese día, tras vomitar, preguntó: "¿Mamá, me voy a morir?" y yo, me desvivía por explicarle que no, que solo era que había cometido algunos excesos el día anterior, y que la comida de ese día le habría sentado mal, pero que eso, que podía pasarnos a todos, no era la antesala de la muerte... 

Como por suerte yo tampoco me enfermo nunca, ese día comprendí que ella no tenía un repertorio conductual y emotivo que le ayudara a saber que eso era rutina, y que, a situaciones como esas, sobreviviríamos, probablemente, muchas veces más...Como así fue.


...En la pobreza y en la riqueza.
En la misma escena, abrazada a mi y asustada, me decía: "Mamá ¿el médico cuesta dinero o es gratis?". "Es gratis", le contesté. Y añadí: "..y aunque costara dinero, tenemos dinero. La salud es lo más importante, y siempre habrá dinero para eso" (hoy comienzo a dudarlo, como las cosas allá afuera sigan así). 

Pensé entonces que a lo mejor había estado repitiendo mucho  "No podemos, porque no tenemos tanto dinero". "Trabajo mucho porque necesitamos el dinero". "No sé si lo podrán traer los Reyes porque cuesta mucho dinero"....

O, a lo mejor, era que con su pregunta simple de unos días antes "¿Mamá pero... por qué no compra comida la gente de África para poder comer? y mi respuesta, "Por que no tienen dinero cariño" no fue suficiente, y a las pruebas (con la siguiente pregunta) me remito. "...Pues que trabajen!" contestó...Y yo repliqué: "no siempre es fácil tener trabajo..."

Y entonces, te detienes y tratas de hacer simple lo complejo (y no encuentras la forma de hacerlo)...

Pensé entonces y pienso ahora en las certezas interiores y exteriores que les dejamos a nuestros hijos en herencia, en los compromisos que asumimos (y de qué manera) con las personas que amamos. 

No creo en el acto donde nos juramentamos en matrimonio con otro, aunque respeto a quienes deciden asumirlo como ritual. Creo en los compromisos que asumimos y que mantenemos presentes en cada momento de la cotidianidad de todos los días.

Hoy he recordado esta escena. La persona con la que más cerca he estado de ese juramento (en el terreno afectivo) me cuenta de su deseo de ser padre con su pareja. 

Pienso en sus hijos y en la forma en que llegarán a él y pienso en  mi hija y en la forma en que llegó a mi. En el compromiso que me une a ella. Y sí, hija, me comprometo a velar por ti, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza...todos los días de mi vida. 

Porque la maternidad y/o paternidad es una decisión, para siempre.