Colombia, un país que he aprendido a querer en la distancia.
La primera mano tendida que sentí en esta tierra era colombiana. Nos unió esta ciudad en la que los dos acabábamos de aterrizar. Fue N. alguien tan especial, tan significativo en mi vida en aquel momento, de hace casi un cuarto de siglo, que a través de sus ojos aprendí a amar y a sentir aquella tierra vecina, justo cuando había dejado de serlo.
He estado allí dos veces, para enamorarme de la forma más romántica que uno puede amar en América: olvidándose de lo demás. En uno de esos viajes, recuerdo que no fuimos a donde quisimos sino a donde era posible ir sin riesgos. Los militares en la mesa con nosotros, organizando las vacaciones.
Unos años después de que Colombia entrara en mi corazón, comencé a escuchar y leer historias de víctimas del conflicto armado que llegaron aquí buscando refugio y futuro. Y a través de ellos y de algunas otras personas colombianas, mi amor por su país se hizo incondicional. No sólo amo su belleza como país, sino también la extraordinaria calidad humana de sus gentes, que han tenido que lidiar a lo largo de su vida contra tantos estigmas negativos.
En estos días convulsos pienso en ellos. Y en las lecturas que hice sobre reconciliación política cuando Guatemala me tenía hechizada. Sobre la reconstrucción del tejido social, cuando se habían cometido en ese mismo tejido, tantas atrocidades. Cómo perdonar, cómo aceptar esa presencia compartida con tus propios verdugos en nombre de una paz mayor...
Ignatieff, uno de los autores que más ha escrito sobre este tema, leemos ...reconciliarse significa romper la espiral de la
venganza intergeneracional, sustituir la viciosa espiral descendente de la
violencia, por la virtuosa espiral ascendente del respeto mutuo.
Sé muy poco, por no decir nada, de política, así en general, pero sé mucho de sentimientos. He visto llorar y sufrir a mucha gente que huyó del conflicto y lo ha vivido en carne propia a lo largo de su vida. He pensado en ellos cuando veo que en las zonas donde el conflicto ha hecho más daño, ha ganado el SI a la Paz. Pienso en cómo se vive, que a pesar de tu SÍ, otros digan NO a tu paz, porque no les convence en sus mínimos, en sus costes...o aún peor, porque les da igual y no han salido a posicionarse.
Y así llevo días pensando en esas víctimas que SI querían la PAZ frente a una guerra que sobretodo ellos han padecido...No dejo de preguntarme...¿Donde acaban los derechos de las víctimas? ¿Donde está su poder de perdonar, de reconciliarse con su propia historia si son otros (y no necesariamente los agresores) los que se lo niegan?
Le han dado a Juan Manuel Santos el premio Nobel de la Paz....porque por lo menos lo está intentando...ojalá que como quienes le precedieron: Rigoberta Menchú, Oscar Arias, ...muchos otros; nunca deje de intentarlo.
* Carlos Martín Beristain es médico y especialista en educación para la salud. Desde 1989 ha trabajado en El Salvador, México, Guatemala, y en Colombia, en programas de atención a personas y comunidades afectadas por la violencia, y apoyo a los grupos de derechos humanos. Fue asesor de salud mental del Proyecto de Reconstrucción de la Memoria Histórica y coordinador del informe Guatemala Nunca Más.
Este blog es un regalo. Yo quería tenerlo y alguien que me quiere me lo regaló. Yo quería que mi casa tuviera ventanas y puertas y él me regaló una casa entera. El lo llenó de sol y yo de otoño. Todo tiene su momento. Este es el mío. No tiene un tema, solo tiene un fin aunque todavía no sé cuál es. Está aquí, es mi regalo. Cuidaré de él.
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martes, 11 de octubre de 2016
RECONCILIACIÓN
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Montse Hernández P.
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Argumentario,
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Dudas,
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viernes, 26 de junio de 2015
LA MEDIDA DEL TIEMPO
MAS DE DOS MESES...ausente de este blog. De este espacio de encuentro. De este lugar de reflexión. Es el tiempo suficiente para echarlo de menos. He estado muda, avocada a una única tarea, bueno a dos, sin fuerzas para más. Concentrada en la tarea de acompañar a H. en el proceso de salvar este curso escolar sin daños colaterales y, también, para equilibrar balanzas, en uno de sus logros...disfrutar jugando al Baloncesto.
A veces en la vida lo tienes muy claro, algo se vuelve fundamental, requiere tus esfuerzos y energías, obliga a postergar unas cosas, insistir en otras, replantearte el resto. No ha podido ser de otra manera, pero ahora estoy aquí. Otra vez. Con la mirada centrada en otros rumbos. Pensando en la medida del tiempo.
UN SIGLO...de año escolar. Un año académico para olvidar. La sensación de ficción de estar en una pelicula de la escuela de los años 50, con una docente de las que castigaban físicamente, ponía líneas de frases torpes como castigo y usaba el autoritarismo como argumento de respeto. Y no, no ha sido una mala película de Cine de Barrio, era clase de mi hija. Nueve largos meses. Infinitos meses.
Ver aniquilada la curiosidad, la iniciativa y la motivación para el aprendizaje, no de H. sino de todos sus compañeros. Tener que soportar en el día a día a una mujer que ha sacado mis peores reflexiones sobre el sistema educativo español en su gestión (por tolerarla). Desde una mirada constructiva, que es como me gusta vivir el pasado, nos ha ofrecido la oportunidad de aprender dos cosas:
Una, que se puede ser mediocre, muy mediocre y parecer normal y eso en educación es peligroso.
Y dos; la más importante, que no importa cuán difícil parezca una batalla, si crees que debes lucharla, tienes que hacerlo aunque la pierdas, ...porque a veces ganas.
Con un poco de suerte, aún por confirmar, el año que viene no será "como establece el sistema" la tutora de mi hija. Y no lo será porque los padres transformamos las quejas de pasillo, de patio, de las afueras del colegio, en una voz mayoritaria que presentó una queja formal al centro, que tras el intento de mediación, siguió insistiendo ante las autoridades educativas ajenas al centro. Porque los padres seguimos insistiendo en que se nos diera una respuesta a la confrontación de su mediocridad e incluso maldad. Una respuesta por escrito o en entrevista personal. Porque dejamos claro que no íbamos a tolerar ninguna más, porque les recordamos que la mediocridad se mantiene porque todos callamos frente a ella y miramos para otro lado. Porque su "no es para tanto"...obtuvo siempre de nuestra boca un "Si, sí lo es. Y es mucho".
El resto es sólo quejarse. Quejarse de cómo están los jóvenes, como está la sociedad, como va el mundo. Y yo creo que el mundo de mi hija está hoy un poco mejor, porque algunos -muchos- padres y madres como yo, reivindicamos su derecho a tener otra opción mejor.
Pero acabó por ahora.
Y ella PROMOCIONA sí, y bien. Gracias a ella, gracias a mi. A pesar de ti.
Bienvenidas sean las vacaciones escolares.
OCHO AÑOS...hará en unos días, ocho años de vida compartida.
-Mamá...cuando yo tenga dieciocho años....
- Pronto. Le contesté. Era claro que le sonaba a que sería en una eternidad.
- Te faltan ocho años
- ¿Sí?......Es verdad!!
El mismo tiempo que llevamos juntas. Y entonces fue a mi a quien se le convirtió la vida en un segundo. Hemos vivido tanto desde entonces. Cabe tanta vida en tan poco espacio de tiempo. El tiempo irá diciendo lo siguiente porque yo me voy a concentrar en quererte hoy. Vivirte hoy. Emocionarme hoy.
UN INSTANTE...y sí, hoy un instante, me ha emocionado. Más bien convulsionado.
Duró unos segundos pero fue aplastante.
Conocí de D. hace algo más de tres meses. Mujer africana, Analfabeta. De edad indefinida, con otras dos pequeñas mujeres a cargo, ambas nacidas de su vientre. Irregular. Indocumentada. La más vulnerable de las vulnerables. De rostro endurecido que se ha ido cargando de gratitudes innecesarias. De carta de presentación, un papel que me entrega sin saber lo que dice, y en el que yo leo el riesgo de que la separen de su hijas. Me pongo en alerta, seguro que hay alguien a quien proteger...Hace tres meses no sabía si a ella, de las autoridades que pensaban que sus hijas estarían mejor en otro lugar o, a sus hijas; que puede que efectivamente necesitasen estar lejos de ella.
Tres meses nada más y todo cuanto ha podido ser una catástrofe, ha ido saliendo hacia adelante. Con su constancia y sin apenas apoyo nuestro. La he visto cumplir con compromiso y esfuerzo todo cuanto le hemos pedido. He visto su amor incondicional por sus hijas, su deseo de mejorar, sus esfuerzos. He visto aparecer la sonrisa en su rostro normalmente endurecido por la vida y la angustia de perder. Y después, solo mucho después, de que las certezas se hicieran fuertes, hemos entregado una insignificante ayuda económica (antes hemos dado otros apoyos).
Hoy al darle el dinero para que pueda pagar la habitación en la que reside, no le bastó regalarme su sonrisa, mas que suficiente para mi. Lo hizo, pero además, se arrodilló para darme las gracias como si yo fuera su Dios. Duró un instante, enseguida tomé su mano y la alcé...pero me tiene aterrada la sensación.
No la merezco y, sobretodo, no se la merece ella que está haciendo lo más difícil desde un lugar en el que siento la hemos colocado el resto. Nosotros y nuestras leyes. Nosotros y nuestra economía. Nosotros y nuestra moral.
La vida, está llena de instantes maravillosos y de otros, que son tremendamente míseros.
Y así andamos, haciendo equilibrios, digiriendo emociones....a ratos.
A veces en la vida lo tienes muy claro, algo se vuelve fundamental, requiere tus esfuerzos y energías, obliga a postergar unas cosas, insistir en otras, replantearte el resto. No ha podido ser de otra manera, pero ahora estoy aquí. Otra vez. Con la mirada centrada en otros rumbos. Pensando en la medida del tiempo.
UN SIGLO...de año escolar. Un año académico para olvidar. La sensación de ficción de estar en una pelicula de la escuela de los años 50, con una docente de las que castigaban físicamente, ponía líneas de frases torpes como castigo y usaba el autoritarismo como argumento de respeto. Y no, no ha sido una mala película de Cine de Barrio, era clase de mi hija. Nueve largos meses. Infinitos meses.
Ver aniquilada la curiosidad, la iniciativa y la motivación para el aprendizaje, no de H. sino de todos sus compañeros. Tener que soportar en el día a día a una mujer que ha sacado mis peores reflexiones sobre el sistema educativo español en su gestión (por tolerarla). Desde una mirada constructiva, que es como me gusta vivir el pasado, nos ha ofrecido la oportunidad de aprender dos cosas:
Una, que se puede ser mediocre, muy mediocre y parecer normal y eso en educación es peligroso.
Y dos; la más importante, que no importa cuán difícil parezca una batalla, si crees que debes lucharla, tienes que hacerlo aunque la pierdas, ...porque a veces ganas.
Con un poco de suerte, aún por confirmar, el año que viene no será "como establece el sistema" la tutora de mi hija. Y no lo será porque los padres transformamos las quejas de pasillo, de patio, de las afueras del colegio, en una voz mayoritaria que presentó una queja formal al centro, que tras el intento de mediación, siguió insistiendo ante las autoridades educativas ajenas al centro. Porque los padres seguimos insistiendo en que se nos diera una respuesta a la confrontación de su mediocridad e incluso maldad. Una respuesta por escrito o en entrevista personal. Porque dejamos claro que no íbamos a tolerar ninguna más, porque les recordamos que la mediocridad se mantiene porque todos callamos frente a ella y miramos para otro lado. Porque su "no es para tanto"...obtuvo siempre de nuestra boca un "Si, sí lo es. Y es mucho".
El resto es sólo quejarse. Quejarse de cómo están los jóvenes, como está la sociedad, como va el mundo. Y yo creo que el mundo de mi hija está hoy un poco mejor, porque algunos -muchos- padres y madres como yo, reivindicamos su derecho a tener otra opción mejor.
Pero acabó por ahora.
Y ella PROMOCIONA sí, y bien. Gracias a ella, gracias a mi. A pesar de ti.
Bienvenidas sean las vacaciones escolares.
OCHO AÑOS...hará en unos días, ocho años de vida compartida.
-Mamá...cuando yo tenga dieciocho años....
- Pronto. Le contesté. Era claro que le sonaba a que sería en una eternidad.
- Te faltan ocho años
- ¿Sí?......Es verdad!!
El mismo tiempo que llevamos juntas. Y entonces fue a mi a quien se le convirtió la vida en un segundo. Hemos vivido tanto desde entonces. Cabe tanta vida en tan poco espacio de tiempo. El tiempo irá diciendo lo siguiente porque yo me voy a concentrar en quererte hoy. Vivirte hoy. Emocionarme hoy.
UN INSTANTE...y sí, hoy un instante, me ha emocionado. Más bien convulsionado.
Duró unos segundos pero fue aplastante.
Conocí de D. hace algo más de tres meses. Mujer africana, Analfabeta. De edad indefinida, con otras dos pequeñas mujeres a cargo, ambas nacidas de su vientre. Irregular. Indocumentada. La más vulnerable de las vulnerables. De rostro endurecido que se ha ido cargando de gratitudes innecesarias. De carta de presentación, un papel que me entrega sin saber lo que dice, y en el que yo leo el riesgo de que la separen de su hijas. Me pongo en alerta, seguro que hay alguien a quien proteger...Hace tres meses no sabía si a ella, de las autoridades que pensaban que sus hijas estarían mejor en otro lugar o, a sus hijas; que puede que efectivamente necesitasen estar lejos de ella.
Tres meses nada más y todo cuanto ha podido ser una catástrofe, ha ido saliendo hacia adelante. Con su constancia y sin apenas apoyo nuestro. La he visto cumplir con compromiso y esfuerzo todo cuanto le hemos pedido. He visto su amor incondicional por sus hijas, su deseo de mejorar, sus esfuerzos. He visto aparecer la sonrisa en su rostro normalmente endurecido por la vida y la angustia de perder. Y después, solo mucho después, de que las certezas se hicieran fuertes, hemos entregado una insignificante ayuda económica (antes hemos dado otros apoyos).
Hoy al darle el dinero para que pueda pagar la habitación en la que reside, no le bastó regalarme su sonrisa, mas que suficiente para mi. Lo hizo, pero además, se arrodilló para darme las gracias como si yo fuera su Dios. Duró un instante, enseguida tomé su mano y la alcé...pero me tiene aterrada la sensación.
No la merezco y, sobretodo, no se la merece ella que está haciendo lo más difícil desde un lugar en el que siento la hemos colocado el resto. Nosotros y nuestras leyes. Nosotros y nuestra economía. Nosotros y nuestra moral.
La vida, está llena de instantes maravillosos y de otros, que son tremendamente míseros.
Y así andamos, haciendo equilibrios, digiriendo emociones....a ratos.
sábado, 14 de marzo de 2015
VICTIMAS INVISIBLES
Se llama S. y no ha cumplido los tres años...
Esta semana ha venido otra vez a la oficina acompañando a su madre. La primera vez que la vi, intenté cogerla en brazos para llevarla a pintar en la mesa de al lado, mi mesa, dado que estaba impidiendo la entrevista que mi compañera debía tener con su madre. Antes de terminar de alzarla, ya se había girado para morderme. Y es que S. es como el Demonio de Tasmania. Un torbellino que crea el caos allá por donde pasa. Allá donde decide imponer su orden, su necesidad.
Yo, aparte de esquivar el mordisco y reírme, pensé. Qué maravilla!...es fuerte. Podrá con todo. Y es que en su caso, todo, no es poco.
Desde aquel día hace unos meses, hasta esta última vez, ha venido muchas veces...pero durante la última visita, estaba radiante. Radiante de bella, que lo ha sido siempre. Radiante de risueña, que lo es con frecuencia. Radiante de conversadora y simpática que lo es raras veces. Casi siempre nuestras normas, nuestros límites, no son de su agrado. Pero hace días, con esa sonrisa y esa mirada profunda que sólo tienen los ojos del África subsahariana, nos miraba y hablaba emocionada, con una alegría que cautivaba, ¿Cuál sería el motivo?
Y esa belleza de siempre, esa alegría y ternura de la última conversación con ella, han acompañado esta semana mi memoria visual y auditiva, mi memoria emocional haciendo contraste con otra historia, que ahora es otra pero que podría ser la de ella misma en unos años.
Una historia diferente de las tristes muy tristes, de las mas oscuras, de las que te desarman. Y yo que la veo no he dejado de preguntarme esta semana como protegerla de ese horror.
A D. la protagonista de la otra historia la he conocido hace diez días. Llega como si nada pasara a su alrededor, como si solo existiera el trozo de conversación que ella quiere mantener conmigo y no el resto de las cosas que yo necesito saber y entender de ella. Avanzamos muy despacio para que me cuente todo lo que yo ya se porque otros me lo han contado, preguntándome una y otra vez como lograr, que me cuente lo que no sé, sino imagino. No el hecho en sí, sino los entresijos. Para preguntarme después, de qué me valdría a mi saberlo para ayudarla. Si realmente hay una ayuda efectiva y eficaz que sea posible en medio de un tema tan complejo.
La trata de seres humanos es un delito perseguido y castigado por el Código Penal Español. Un delito en el que hay que perseguir al tratante, que es un delincuente y proteger a la víctima.
En Europa son 500.000. En todo el mundo, casi tres millones las personas sometidas a trata y tráfico. Cerca de la mitad son menores de edad. En cifras económicas, que es como a veces se miran y miden las más sucias tragedias humanas, se trata del segundo negocio clandestino del mundo en beneficios, después del tráfico de armas y por delante del tráfico de drogas.
http://www.redcontralatrata.org/
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/21/actualidad/1390311478_789233.html
http://pazydesarrollo.org/pdf/guia_trata_sexual_pyd.pdf
Esta semana ha venido otra vez a la oficina acompañando a su madre. La primera vez que la vi, intenté cogerla en brazos para llevarla a pintar en la mesa de al lado, mi mesa, dado que estaba impidiendo la entrevista que mi compañera debía tener con su madre. Antes de terminar de alzarla, ya se había girado para morderme. Y es que S. es como el Demonio de Tasmania. Un torbellino que crea el caos allá por donde pasa. Allá donde decide imponer su orden, su necesidad.
Yo, aparte de esquivar el mordisco y reírme, pensé. Qué maravilla!...es fuerte. Podrá con todo. Y es que en su caso, todo, no es poco.
Desde aquel día hace unos meses, hasta esta última vez, ha venido muchas veces...pero durante la última visita, estaba radiante. Radiante de bella, que lo ha sido siempre. Radiante de risueña, que lo es con frecuencia. Radiante de conversadora y simpática que lo es raras veces. Casi siempre nuestras normas, nuestros límites, no son de su agrado. Pero hace días, con esa sonrisa y esa mirada profunda que sólo tienen los ojos del África subsahariana, nos miraba y hablaba emocionada, con una alegría que cautivaba, ¿Cuál sería el motivo?
Y esa belleza de siempre, esa alegría y ternura de la última conversación con ella, han acompañado esta semana mi memoria visual y auditiva, mi memoria emocional haciendo contraste con otra historia, que ahora es otra pero que podría ser la de ella misma en unos años.
Una historia diferente de las tristes muy tristes, de las mas oscuras, de las que te desarman. Y yo que la veo no he dejado de preguntarme esta semana como protegerla de ese horror.
A D. la protagonista de la otra historia la he conocido hace diez días. Llega como si nada pasara a su alrededor, como si solo existiera el trozo de conversación que ella quiere mantener conmigo y no el resto de las cosas que yo necesito saber y entender de ella. Avanzamos muy despacio para que me cuente todo lo que yo ya se porque otros me lo han contado, preguntándome una y otra vez como lograr, que me cuente lo que no sé, sino imagino. No el hecho en sí, sino los entresijos. Para preguntarme después, de qué me valdría a mi saberlo para ayudarla. Si realmente hay una ayuda efectiva y eficaz que sea posible en medio de un tema tan complejo.
La trata de seres humanos es un delito perseguido y castigado por el Código Penal Español. Un delito en el que hay que perseguir al tratante, que es un delincuente y proteger a la víctima.
En Europa son 500.000. En todo el mundo, casi tres millones las personas sometidas a trata y tráfico. Cerca de la mitad son menores de edad. En cifras económicas, que es como a veces se miran y miden las más sucias tragedias humanas, se trata del segundo negocio clandestino del mundo en beneficios, después del tráfico de armas y por delante del tráfico de drogas.
Según datos de Naciones Unidas, las dos terceras partes del las víctimas de trata detectadas en el mundo, son mujeres. Esta tendencia también se aprecia en Europa, donde el 70% de las víctimas detectadas lo son.
El 79% de las personas víctimas de trata lo son con fines de explotación sexual. Las desigualdades de género, la feminización de la pobreza y los flujos migratorios se encuentran enraizados con el origen del problema.
En España, es un problema que no se quiere ver y con el que hay una enorme tolerancia dejando en evidencia la falta de cifras fiables, la escasa coordinación policial
nacional e internacional y la permisividad social hacia determinadas
conductas relacionadas con el comercio sexual.
Y entonces, escucho a D. en las palabras que no dice y veo a S. con su sonrisa fresca y amplia y pienso en toda la vida que cabe en medio, en a buena o mala vida, y en las responsabilidades que todos tenemos en medio.
http://www.redcontralatrata.org/
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/21/actualidad/1390311478_789233.html
http://pazydesarrollo.org/pdf/guia_trata_sexual_pyd.pdf
jueves, 29 de mayo de 2014
PERTENENCIAS
M. vive muy lejos de aquí. Como yo, no vive en el lugar que la vio nacer. Ambas fuimos emigrantes por placer y eso hizo más fácil la partida. Creo, sin embargo, que ambas hubiéramos querido volver. El devenir de los hechos fue postergando ese regreso y llegó un punto en el que lo descartamos como opción. Al menos, a corto plazo. Nunca se sabe. Y de eso sabemos mucho en mi familia.
M. hace unos días reflejaba en su muro de Facebook que cumplía diez años la asociación, que en su ciudad aglutinaba a los emigrantes de mi país. Imaginaba el lugar en el que vive, como un lugar pequeño. Me sorprendía que hubiera un volumen suficiente de expatriados para formar una asociación que quisieran mantener viva nuestra identidad cultural. Que trabajara por ayudarla, por ayudarnos, a mantener viva nuestra pertenencia.
M. y yo nacimos en un país maravilloso, que abrió siempre sus manos a los llegados de otras tierras. Lo sé, lo he sabido y sentido siempre. Somos un pueblo acogedor, aunque vivimos tiempos difíciles. Al leer la nota de M., y el trasfondo que refleja, sentí mucha tristeza. Tristeza, por todas las migraciones forzadas de las que he sido testigo todos estos años por mi trabajo. Tristeza, por las vivencias de muchos amigos que no tuvieron eso que definimos entonces como suerte o fortuna. Ellos se han ido, pero porque se sintieron expulsados.
Esa referencia también me hizo pensar en algunos nombres de mi infancia. La Hermandad Gallega, el Centro Catalán, El Club Libanés, El Centro Italo, El Hogar Canario...Nombres que no entendía en su trascendencia entonces (me parecían una versión light de una secta, de un grupo cerrado y poco animado a incorporar a los distintos) y que, ahora, desde nuestras migraciones, comprendo en su justa medida...
Cuando M. colocó la nota, yo evoqué con añoranza esos lugares porque ahora sí, desde la distancia, con la ausencia a cuestas, entiendo el rol tan importante que juegan en el mantenimiento del sentido de pertenencia...Y es que todos necesitamos "pertenecer", porque en esa pertenencia tenemos un espejo que define mucho de lo que somos...
Pertenecer y ser aceptado por un grupo es, según Maslow y otros autores, una necesidad humana fundamental. Maslow, padre de una de las principales teorías de la motivación, afirma que la mayoría de los seres humanos desea pertenecer y ser parte de algo más grande que ellos mismos. Inicialmente, esa necesidad de pertenencia se satisface en el ámbito familiar pero, a la par del desarrollo humano, se extiende progresivamente al grupo de amigos, al barrio o a la comunidad donde vivimos y, sucesivamente, a las diferentes asociaciones y redes culturales o sociales con las que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida.
Pertenecer y ser aceptado en un grupo, nos permite desarrollar relaciones sólidas y estables con otras personas y, sobretodo, participar del flujo afectivo que las recorre. Porque la necesidad de pertenencia es, en última instancia, la necesidad de dar y recibir afecto de otras personas, de ser parte de un entramado sólido de relaciones afectivas que nos nutren y que sostienen nuestra existencia.
Cuando migras, ese grupo de pertenencia en el que te reconoces se rompe. Y en ese proceso todos, unos más y otros menos, unos antes y otros despues, nos rompemos. Cada uno a su manera y con sus consecuencias. También aquí, cada historia es única y, casi siempre, es compleja.
La identidad cultural, además de proporcionar elementos concretos de referencia y comparación, resume todo el universo simbólico que caracteriza a un grupo, estableciendo patrones singulares de interpretación de la realidad, códigos de vida y de pensamiento que definen nuestro ser y nuestro sentir. La identidad nos da una realidad colectiva común, una herencia, un inconsciente colectivo que facilita ciertos procesos de relación. El sentido de pertenencia es la adscripción a ese universo simbólico común que otorga significado y sentido
Hoy, mirando atrás, reivindico el valor de esas colectividades de migrados que sin distraerte de otros procesos de socialización e integranción, constituyen el soporte afectivo sobre el cual se asienta la esencia de lo que somos más allá de la migración.
Y pienso en esto cuando pienso en mí, pero también cuando pienso en mi hija. En su identidad y su sentimiento de pertenencia. Y no logro definirlas con certeza. Le pasará como a mi, que en todos sitios soy, pero no soy. Por eso somos "raras" o, como prefiere decirme P., "especiales".
M. hace unos días reflejaba en su muro de Facebook que cumplía diez años la asociación, que en su ciudad aglutinaba a los emigrantes de mi país. Imaginaba el lugar en el que vive, como un lugar pequeño. Me sorprendía que hubiera un volumen suficiente de expatriados para formar una asociación que quisieran mantener viva nuestra identidad cultural. Que trabajara por ayudarla, por ayudarnos, a mantener viva nuestra pertenencia.
Esa referencia también me hizo pensar en algunos nombres de mi infancia. La Hermandad Gallega, el Centro Catalán, El Club Libanés, El Centro Italo, El Hogar Canario...Nombres que no entendía en su trascendencia entonces (me parecían una versión light de una secta, de un grupo cerrado y poco animado a incorporar a los distintos) y que, ahora, desde nuestras migraciones, comprendo en su justa medida...
Cuando M. colocó la nota, yo evoqué con añoranza esos lugares porque ahora sí, desde la distancia, con la ausencia a cuestas, entiendo el rol tan importante que juegan en el mantenimiento del sentido de pertenencia...Y es que todos necesitamos "pertenecer", porque en esa pertenencia tenemos un espejo que define mucho de lo que somos...
Pertenecer y ser aceptado por un grupo es, según Maslow y otros autores, una necesidad humana fundamental. Maslow, padre de una de las principales teorías de la motivación, afirma que la mayoría de los seres humanos desea pertenecer y ser parte de algo más grande que ellos mismos. Inicialmente, esa necesidad de pertenencia se satisface en el ámbito familiar pero, a la par del desarrollo humano, se extiende progresivamente al grupo de amigos, al barrio o a la comunidad donde vivimos y, sucesivamente, a las diferentes asociaciones y redes culturales o sociales con las que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida.
Pertenecer y ser aceptado en un grupo, nos permite desarrollar relaciones sólidas y estables con otras personas y, sobretodo, participar del flujo afectivo que las recorre. Porque la necesidad de pertenencia es, en última instancia, la necesidad de dar y recibir afecto de otras personas, de ser parte de un entramado sólido de relaciones afectivas que nos nutren y que sostienen nuestra existencia.
Cuando migras, ese grupo de pertenencia en el que te reconoces se rompe. Y en ese proceso todos, unos más y otros menos, unos antes y otros despues, nos rompemos. Cada uno a su manera y con sus consecuencias. También aquí, cada historia es única y, casi siempre, es compleja.
La identidad cultural, además de proporcionar elementos concretos de referencia y comparación, resume todo el universo simbólico que caracteriza a un grupo, estableciendo patrones singulares de interpretación de la realidad, códigos de vida y de pensamiento que definen nuestro ser y nuestro sentir. La identidad nos da una realidad colectiva común, una herencia, un inconsciente colectivo que facilita ciertos procesos de relación. El sentido de pertenencia es la adscripción a ese universo simbólico común que otorga significado y sentido
Hoy, mirando atrás, reivindico el valor de esas colectividades de migrados que sin distraerte de otros procesos de socialización e integranción, constituyen el soporte afectivo sobre el cual se asienta la esencia de lo que somos más allá de la migración.
Y pienso en esto cuando pienso en mí, pero también cuando pienso en mi hija. En su identidad y su sentimiento de pertenencia. Y no logro definirlas con certeza. Le pasará como a mi, que en todos sitios soy, pero no soy. Por eso somos "raras" o, como prefiere decirme P., "especiales".
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Montse Hernández P.
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viernes, 26 de julio de 2013
TIERRA
Hace diez años viajé a Argentina con dos amigas. Al final de ese viaje G. me regaló una botellita pequeña con tierra rojiza que había recogido en Iguazú. Ese viaje, fue una celebración de la vida y de la amistad. La cumplida promesa de conocer un lugar con el que soñaba desde niña.
Ese regalo marcó el comienzo de una tradición. Desde entonces, intento traerme un trocito de tierra de los lugares que me son especialmente significativos. Esos centimetros cúbicos de arena que van del blanco al negro pasando por diversos matices. También del terracota al amarillo, y varias gamas de marrones. Todos muestra de la diversidad que tanto me gusta. Esas botellas llenas de tierra y arena me recuerdan la vida vivida en esos lugares. Que casi siempre, es una buena vida.
La tierra habitualmente representa el suelo firme, las certezas, los nutrientes que nos ofrece la naturaleza, nuestro alimento y cobijo, el lugar de nuestras raíces. Raíces que nos dan certezas incluso a los que tenemos alas y no hemos dejado de volar -ni queremos-.
Tres de esos botes tienen una relevancia emocional importante para mí.
La primera es blanca y la recogí en una hermosa playa del Caribe Venezolano en el último viaje que hice a mi tierra. Lo hice acompañada de los amigos de la infancia que han permanecido en mi vida adulta. Amigos que sólo llenan mi vida de sonrisas y lugares que sólo llenan mi corazón de amor por la belleza de la tierra en que nací, a pesar de aquello en lo que se ha convertido.
La segunda es negra. Es arena volcánica de la Playa del Faro en la Isla de La Palma. La playa del pueblo en el que nacieron mis padres y deseo acabar mis días en esa visión tan romántica que atesoro de mi vejez. Esa playa de aguas cristalinas que tantas imágenes familiares me evoca.
La tercera es la arena que recogía junto a H. en el monte Entoto, a 3000 metros de altitud y con la ciudad de Addis Abeba a nuestros pies. Lo hicimos unos días antes de regresar a nuestra casa. En medio de un paisaje natural plagado de eucaliptos, y de un paisaje humano cargado de sonrisas y grandes esfuerzos físicos.
Me gustan las cosas que me nutren. Me gusta sentir que en el salón de mi casa, situada en plena meseta castellana, lejos de esas montañas y de esos mares, hay un trozo pequeño de los mundos que viven en mi.
Por cierto, me acabo de dar cuenta, no tengo ninguna botellita con tierra, de esta "tierra". Habrá que poner remedio.
Ese regalo marcó el comienzo de una tradición. Desde entonces, intento traerme un trocito de tierra de los lugares que me son especialmente significativos. Esos centimetros cúbicos de arena que van del blanco al negro pasando por diversos matices. También del terracota al amarillo, y varias gamas de marrones. Todos muestra de la diversidad que tanto me gusta. Esas botellas llenas de tierra y arena me recuerdan la vida vivida en esos lugares. Que casi siempre, es una buena vida.
La tierra habitualmente representa el suelo firme, las certezas, los nutrientes que nos ofrece la naturaleza, nuestro alimento y cobijo, el lugar de nuestras raíces. Raíces que nos dan certezas incluso a los que tenemos alas y no hemos dejado de volar -ni queremos-.
Tres de esos botes tienen una relevancia emocional importante para mí.
La primera es blanca y la recogí en una hermosa playa del Caribe Venezolano en el último viaje que hice a mi tierra. Lo hice acompañada de los amigos de la infancia que han permanecido en mi vida adulta. Amigos que sólo llenan mi vida de sonrisas y lugares que sólo llenan mi corazón de amor por la belleza de la tierra en que nací, a pesar de aquello en lo que se ha convertido.
La segunda es negra. Es arena volcánica de la Playa del Faro en la Isla de La Palma. La playa del pueblo en el que nacieron mis padres y deseo acabar mis días en esa visión tan romántica que atesoro de mi vejez. Esa playa de aguas cristalinas que tantas imágenes familiares me evoca.
La tercera es la arena que recogía junto a H. en el monte Entoto, a 3000 metros de altitud y con la ciudad de Addis Abeba a nuestros pies. Lo hicimos unos días antes de regresar a nuestra casa. En medio de un paisaje natural plagado de eucaliptos, y de un paisaje humano cargado de sonrisas y grandes esfuerzos físicos.
Me gustan las cosas que me nutren. Me gusta sentir que en el salón de mi casa, situada en plena meseta castellana, lejos de esas montañas y de esos mares, hay un trozo pequeño de los mundos que viven en mi.
Por cierto, me acabo de dar cuenta, no tengo ninguna botellita con tierra, de esta "tierra". Habrá que poner remedio.
Publicado por
Montse Hernández P.
en
19:05
2 comentarios:
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Etiquetas:
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Sonrisas,
Tiempo.
viernes, 5 de octubre de 2012
EN LAS DISTANCIAS CORTAS...
Nací en una ciudad de casi 6 millones de habitantes y he
vivido allí casi la mitad de mi vida. Cuando vives en un lugar tan grande, tan
lleno, (y tan hermoso en mi recuerdo), es fácil que los espacios en los que
desarrollas tu vida, no te sean del todo cercanos. Además de grande, todo fue siempre “lejos”. Desde niña me pasé una parte significativa del día de aquí para
allá. En bus, en coche, pagando, haciendo autostop...,de aquí para allá, como
parte de la vida. Con algunas ventajas de las que he sido consciente según me
he hecho mayor, pero también con importantes desventajas.
Me he pasado veintitantos
años lejos de las cosas más significativas del día a día…de la escuela, del
trabajo, de los amigos, de la familia. La distancia limitaba posibilidades de
encuentros, de cosas compartidas, del mejor aprovechamiento. El tiempo
de los traslados nos quitaba media vida. Recuerdo haber sentido que, salvo los
fines de semana, yo nunca veía el sol en mi casa. Salía de noche, volvía de
noche. Es lo que tienen los días tropicales, son cortos.
Por mis ansias de tener un mundo más amplio, he pasado buena
parte de la otra media vida en una ciudad que no llega a los 160 mil
habitantes. Cuando llegué a ella, esa sensación de moverme a pie, (esa y muchas
otras), me hacía flotar de felicidad. Caminaba media hora y me salía de la
ciudad!!!. Todo, absolutamente todo, me parecía cerca. Y esas ansias de un mundo
amplio nunca adormecidas, se dieron cuenta de la calidad de vida que suponía en
el día a día que entre mi casa, la escuela de mi hija y el lugar donde trabajo
no hubiera más de 15 minutos a pie.
Durante el mismo día en el que antes no
veía el sol en mi casa, hoy veo tantas cosas: amanece, vamos al trabajo y de
camino nos encontramos la escuela; en ese camino y sus pequeñas variantes dos
parques infantiles, el carril bici, varias plazas, una gran superficie,
farmacia, banco, quiosco de prensa, gasolinera, cafeterías y bares, el bazar de
los chinos, que no falte…un poquito, de todo lo necesario. Eso es calidad de
vida, no lo que tienes sino lo que puedes saborear.
Me gusta que muchos servicios y muchos contactos sean
posibles al alcance de la mano, a la medida de nuestros pasos. Pensaba en ello
porque he caído en cuenta del privilegio que me supone cuando pienso en la
locura que desee siempre: vivir en la capital!!!. Allí es donde sucede todo. Y
es cierto, sucede, pero no siempre puedes disfrutarlo; que vivir en una ciudad
grande tiene sus costes.
Las distancias físicas de mis días, son cortas y lo celebro.
Hay, sin embargo, otras distancias que pesan más. Aquellas
que te separan del abrazo de tus afectos más sólidos.
Me descubro a menudo preguntándome cuánto tiempo más pasaré
aquí. Como si no tuviera dudas en relación a que éste, es un lugar de tránsito.
Y cuando pienso en ello, acontece de un tiempo a esta parte, que el lugar
definitivo es un lugar aún más pequeño, muy pequeño, más abarcable aún que
este. Un pueblo diminuto lleno de montañas y de mar. El pueblo de los abuelos y
así… vuelta a empezar. El que ha tenido cercanía quiere amplitud…
Ciertamente para unir unas necesidades y otras, benditas sean las nuevas tecnologías!
martes, 28 de agosto de 2012
SENTIDO Y SENSIBILIDAD...
8.00 a.m.
-Mamá… a D. le gusta K. y a ella también le gusta él.
Ambos tienen 7 años y son niños de la clase de mi hija. Me sale del corazón la misma frase de siempre:
- Qué suerte! Un amor correspondido!
Los padres de K. se han vuelto a vivir a un país europeo
tras haber regresado de él hace unos ocho años. Él llevaba más de dos años en
paro y la situación era insostenible para la familia así que se han convertido
después de mucho pensarlo en “Emigrantes Retornados re-emigrados”. Terrible.
Como a mi hija le ha entristecido mucho la ausencia en el
próximo curso de su compañera le he preguntado.
-¿Está triste D. porque K. se ha ido?
-Sí, pero no dice nada porque como es chico, no quiere que
se burlen de él.
Casi me atraganto. No es eso lo que he enseñado a mi hija.
No es eso lo que ha visto en mi familia, ni en mi entorno. Amamos a los hombres
que sienten y lo dicen. Amamos a los hombres sensibles y sentimentales que
siguen siendo tan fuertes como las mujeres sensibles y sentimentales que apechugan
con la vida como la más fuerte y la más valiente. Y es que se puede ser todo y
sin que sea un paquete exclusivo a disposición sólo de uno de los géneros!.
Y entonces pienso en todos los educadores de mi hija que
están ajenos a mi control y me da rabia, mucha!, no ser capaz de frenar estas
ideas tontas sobre las diferencias entre sexos que tanto daño han hecho a los
hombres y mujeres de todas las generaciones vividas y por vivir.
Me emocionan los hombres que se emocionan. D. se lo pierde y
sobretodo se lo pierde ella K. que suficiente tendrá ya con lo que le espera a
nivel sentimental.
Qué tristeza y qué frustración.
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