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domingo, 6 de septiembre de 2020

FIESTA

Hoy han publicado oficialmente el Programa de las "No fiestas" de nuestra ciudad. Nuestro Ayuntamiento, dicen, ha querido mantener el compromiso de contratación con los artistas, mayoritariamente locales. El público no podrá estar en las actuaciones, que podrán visualizarse a través del canal de YouTube de la corporación local.

¿Tiene sentido?

Me suena tan absurdo. No llego a decir que este mal, solo forma parte de la distopía en la que estamos inmersos.

Normalmente, no estamos aquí en ferias, pero cuando estamos, las disfruto. Disfruto la vida en la calle en las postrimerías del verano. Aunque algunos años, para  la llegada de las ferias ya había comenzado el otoño climatológico. Así es esta ciudad. Extrañaré ser público. Los fuegos artificiales, los pinchos fuera de los bares y a cualquier hora del día, el teatro para todos los públicos, los conciertos gratuitos en las plazad de la ciudad, las actuaciones de calle. Cuando acaben las ferias, yo volveré a trabajar a jornada partida. Menuda ilusión. Porque sí, es oficial, algunas buenas cosas que hemos aprendido con la pandemia se mantendrán. Y otras no. Y no compensa, porque me da a mi que perdemos siempre del mismo lado.

Soy fuerte y templada, pero comienzo a extrañar tantas cosas. No sé si es porque este estado de semiconfinamiento consciente no tiene un final tan claro, como para mí lo tenía el confinamiento. El estado de alarma está regulado legalmente.

He disfrutado del verano. Mucho, dadas las circunstancias....pero este no poder hacer planes. Este no poder propiciar, disfrutar, de los encuentros con TODA la gente que queremos, "no conviviente" y que vive en esta ciudad. No poder hacerlo con libertad, sin sentir que estamos haciendo algo que nos perjudica a todos, sin mascarillas, sin pensar en nuestras patologías y riesgos, a ratos, me agobia.

Diez días y les mandaremos al cole como si no pasara nada. Volvemos al trabajo (algunos), como si no pasara nada. Pero, la verdad es que pasa, nos está pasando. Esta doble tabla de medir según a quien convenga. Según hasta donde tengamos que invertir dinero, asumir responsabilidades, argumentar, me desencanta, por no decir enfada. 

De la responsabilidad individual a la colectiva. De la responsabilidad de la base a la cima. Distopía sí, pero siempre desigual.


Por lo demás, el sol sigue surcando el cielo. Ya no tan alto y no supera la pared lateral del edificio. Ya no da de frente en la ventana de nuestro salón. Mi termostato latino lo nota. Ha refrescado, como diría mi madre. Pienso en ella y en todos y como el mantra de "Los 100", repito...que volvamos a vernos.

domingo, 19 de julio de 2015

AGENDA

Me sé el número de teléfono de la casa de mis padres y el de la mía, dudando a veces, porque ese lo uso poco.

Podría reconocer con dudas alguno más...hasta allí llego.

Me sé mi teléfono móvil y ninguno más. Tendré que aprenderme el de H. cuando lo tenga y espero tardar un poco en dárselo.

Si pierdo la agenda de teléfonos, mi escasa memoria me dejará incomunicada. Por suerte, hoy en día hay otros medios y otras habilidades para poder recuperar los números, pero seguramente serán sólo aquellos que hayan sobrevivido el paso del tiempo. Recuperaré los que tenga en el móvil.

Mi agenda de teléfonos en papel tiene más de veinte años...Y a veces, cuando la veo, cuando recurro a ella, sonrío. No es una agenda es simplemente un cuadernillo de papel reciclado, de hojas muy finas, algunas ya sueltas. En ellas he ido apuntando números de teléfono y direcciones de veinte años de vida...que digo veinte, deben ser treinta o cuarenta porque cuando la empecé...hace veinte, ya apunté los acumulados en años previos.



Recuerdo aquellas tardes en tu compañía, en aquel piso sin muebles que parecía un chollo*. Nuevo, bien situado, a estrenar pero... sin muebles. Ninguno de los tres los necesitó. Con lo que teníamos sobrevivimos aquel año. Uno de los más importantes de mi vida. Aquella vida contigo, aquellas charlas, se convirteron en un acicate para cambiar la mia. A mejor. Y también la tuya. Por eso seguimos aquí juntos, aunque separados.

Pues sí, recuerdo aquellas tardes, cortando las esquinas del cuadernillo con un cúter para poder identificar las letras, escribiendo en verde y rojo; nombres, teléfonos, direcciones (de aquellas escribir cartas y postales, aún era un placer que me permitía). Cada cierto tiempo pienso que debo cambiarla, actualizarla, pero casi nunca empiezo. Bueno sí empiezo, pero no termino...

Hace unos años hice el mejor de los intentos. Organicé el primer paso: tachar las que no tendría que pasar, aquellas que no eran actuales, aquellos con los que ya no tendría contacto, aquellos -algunos- que ni siquiera reconocía quienes eran!!!. Terminé agotada y con dolor de corazón; decidida a no desprenderme nunca de mi vieja agenda que contenía tanta vida...tantos recuerdos...tanta gente que fue, es y algunos seguirán siendo, tremendamente significativos...

Una agenda que atesora afectos en tres continentes, veinte países, casi un centenar de ciudades. Ciudades que tienen rostros, vidas compartidas, recuerdos permanentes o fugaces pero vida al fin y al cabo. Me cuesta "hacer limpieza de números". Cada vez que lo intento, con cada nombre, aparece un recuerdo. La mente y el corazón se van de paseo a revivir y yo, siempre dada a la ensoñación, me emociono pensando en esos compañeros de viaje y en toda esa vida. Que suerte tengo.


Me pregunto ahora... a mi ¿quién podrá seguirme la pista?...me faltan algunos años para cumplir cincuenta...he tenido nueve hogares y uno más de préstamo (el familiar, al que siempre se puede volver). No sé cuántos números de teléfono fijo porque creo que no tuve en todas las casas en las que he vivido (qué memoria desdibujada la mía), y sólo dos móviles, uno laboral (cuando trabajé en cooperación) y el actual...ese otro que, como mi agenda, atesora teléfonos que no me sé. Por suerte, sigo recordando quienes son todos los que están allí.

Y que la vida me dan. Aunque no les llame nunca. No me gusta hablar por teléfono. Me gusta escribir. Aunque ya no escribo cartas, otra asignatura pendiente. Las redes sociales que nos han hecho mucho bien pero también han traído algunos males....

* Según la RAE "Cosa apreciable que se adquiere a poca costa"



domingo, 26 de enero de 2014

TAMBIÉN SOLA

Hace ya algún tiempo escribí un post que tenía un titulo parecido a este. En él hablaba de las cosas que podía hacer y sentía desde mi soledad. H. se había ido unos días de campamento y para mi, esa soledad recuperada, era un estado extraño, tan acostumbrada me encontraba ya su compañía cotidiana.

Ahora, la que tiene que hacer cosas sola es ella. Porque H. crece y la vida nos lo va pidiendo.

Hace unos meses atendí a una mujer que me contaba que su hija había empezado a ir al colegio sola con 7 años. Desde su casa al colegio, que estará a unos 20 minutos andando, debe atravesar dos importantes avenidas y varias calles pequeñas. Inicialmente esa niña hacia cada mañana ese trayecto sola porque su madre, monoparental y con escasos apoyos, trabajaba y no podía llevarla. Poco tiempo después ella perdió el trabajo pero lo niña siguió yendo al colegio sola "porque ya sabía hacerlo". Y a mi me trasmitía ese relato una sensación de desamparo e incluso una valoración de negligencia que no he podido sacarme de la cabeza desde entonces.

He tardado mucho en dejar a H. hacer cosas sola (bajar a tirar la basura, ir a la tienda de la calle trasera a comprar,...). Siento temor pues no puedo acompañarla con la mirada (mis ventanas dan a un luminoso patio interior pero no a la calle). Y siento temor pero creo que ya es necesario. Es necesario porque en algo más de dos años irá al instituto sola (ahora su cole queda en dirección a mi trabajo pero el instituto queda en otra dirección). Estoy segura que todos los niños que acuden andando al centro lo hacen solos y ella lo hará también. Y también porque había empezado a temerle a la calle: "Y si me roban", "Y si alguien me lleva" (cosas que yo nunca le de dicho). Y yo no quiero que le tema.

Siempre he pensado que uno de los grandes retos de la crianza es trasmitir que hay que esperar de la vida cosas buenas aunque exista la posibilidad de que sucedan cosas malas, ante las que debemos estar preparados y con herramientas que nos permitan solucionarlas. No quiero que H. le tema a la calle, porque me parece que es mayoritariamente un lugar seguro pero reconozco que tengo que trabajarme la templanza y la serenidad.

"Un niño acompañado es un asunto privado. Un niño solo es un asunto colectivo". Francesco Tonucci     





















































Curiosamente uno de los días que le pedí que bajara sola a llevar las cosas del reciclaje, frente a los dos caminos posibles yo le pedí que fuera por el menos transitado (me parece más seguro en relación al tráfico) pero ella me pidió ir por el otro. "Hay más gente, me conocen, puedo pedirles ayuda.". "Si me pasa algo tendrás a quien preguntar si me ha visto"...La escucho y sonrio, sabia que es.

Provoca una enorme ambivalencia ver cómo se van de nuestro amparo seguro. Esa mezcla  de temor difuso al daño que puedan recibir y el orgullo de verles crecer, ampliar horizontes, salir de la zona de confort. 

Los hijos crecen y nos hacen crecer. Que difícil es saber a veces cuál es el momento exacto, el mejor momento para exponerlos a esas cosas que, aún suponiendo un esfuerzo emocional, les ayudarán a estar mejor preparados para enfrentar los retos de individuación que tan importantes son en el desarrollo de un adulto sano y equilibrado. En ello estoy, estamos...

Porque si se tienen alas, es para volar... 






 

domingo, 19 de mayo de 2013

ANA Y LAS CASAS

Ayer Ana celebró su cumpleaños. Bueno ayer fue el cumpleaños de dos de las Anas que forman parte de mi vida. Ambas tan significativas. 

Una, Ana C. compañera de mil batallas laborales y de mil experiencias vitales, a diario frente a mi mesa. La otra, Ana M., pronto hará catorce años que no la veo. Después de verla poco, pero intenso. Ella representó muchode lo mejor que tuvimos mientras vivimos en el lugar del mundo que nos encontró.


Ruimas Mayas de Copán
Ana M., llegó a mi vida cuando vivir era trabajar. Y llenó el trabajo, de vida. De buena vida y de sonrisas. A través de sus ojos, sus relatos y su compañía conocimos lo mejor su país que sigue siendo algo mío. Un país que llegó en el momento propicio, formando parte de una de esas grandes buenas decisiones que tomé en la vida.

A.M. es arquitecto y cuando la vida nos reunió, eramos parte del mismo equipo de trabajo. Equipo que se formó intentando apoyar, entre otras, a parte de las 285 mil personas que perdieron sus viviendas como consecuencia de uno de los más desoladores huracanes que ha azotado el Mar Caribe. Allí dejé aparcada  mi idea romántica de la cooperación y descubrí su complejidad y sus riesgos. Pero en eso no entraré, porque me duele y estamos de cumpleaños.

Ella me preguntaba hace unos días a propósito de un trabajo en el que está inmersa ¿Por qué crees, desde el punto de vista humano, no económico, que un damnificado insiste en volver a una vivienda a pesar del riesgo?. Con su pregunta, como casi siempre, pasa el interruptor y retrocedo catorce años de mi vida. Pensé en aquellos cerros y los de mi tierra que tantas veces son noticia por los deslizamientos, pensé en nuestra experiencia de trabajo, en los damnificados de los CHAT* que fueron construidos para tres meses y tres años después seguían allí. Pero esa, también es otra historia. 

Yo le contesté, pero he seguido dándole vueltas. 

Creo -le dije- que tiene que ver con que los lugares que habitamos no son sólo espacios físicos sino que son lugares emocionales. Al abandonarlos, es como si abandonaramos parte de nuestra historia y de lo que somos. No dejamos cuatro paredes, dejamos lo que hemos vivido en ellas. Eso, si miramos de puertas adentro. Después hay algo que tiene que ver con los lugares conocidos y con el miedo a lo desconocido. En tu barrio tu te mueves fluidamente en tus rutinas, en tus hábitos: sabes dónde están las tiendas, dónde para el autobús, dónde puedes conseguir algo o alguien que necesitas: qué vecina me cuida los niños, quién me puede regalar huevos, dónde puedo estacionar y cuáles son las rutas más seguras...En un territorio nuevo, la casa es más segura quizás, pero todo lo demás, es más frágil. Al menos, de entrada. Creo que minimizamos el riesgo real en el plano físico que una nueva riada o deslizamiento puede provocar, porque lo que perdemos emocionalmente, es mayor.

No sé si hay algo cierto en ésto que intuyo. Sin embargo su pregunta ha levantado el polvo de mis recuerdos y he estado recordando las casas que han cobijado mis días. Los hogares (que no es lo mismo) que en ellas he formado a base de relaciones, sentimientos, emoción. En la riqueza de lo vivido en los espacios físicos que fueron y cuanto de la persona que soy se forjó en cada uno de ellos.

Anoche, celebrando el cumpleaños de A.C. vimos un vídeo que su compañero le regaló. Un vídeo con deseos de feliz cumpleaños que le han llegado de distintas partes del mundo. Ha sido un momento muy emotivo pero es que A.C. -como yo-, ha vivido mucho y bien (y lo que nos queda!) y ha decidido hacerlo en muchos sitios y eso se celebra pero también se llora. Y lloras sí, de tristeza por los que no están al alcance de tu mano y tanto anhelas abrazar; pero también de alegría porque formar un hogar no es fácil, y ella (yo también) hemos tenido la enorme suerte, la inmensa fortuna, de haberlo podido (y sabido) disfrutar.

Y me despido de ambas de otra forma compartida en la que siempre os tengo presente

* Centros Habitacionales de Alojamiento Temporal


lunes, 7 de enero de 2013

EN TRANSITO II

En el post de hace unos días, me sumaba al transito colectivo que supone el inevitable cambio de año. Las reflexiones que evoca, las promesas a las que invita, los sueños que se permite.

Como cada año, desde hace muchos, yo he comenzado hace un par de días mi segundo transito, ese proceso lento y sutil que me lleva de un lado a otro de mi vida....

Mañana, saldremos de este hogar para llegar al nuestro. Aunque éste, de alguna forma, también lo es. Aquí también nos sentimos en casa, aunque nunca hemos vivido en ella. Esta casa nos conoce como ave de paso, pero aquí tenemos a nuestra familia. Quizás por eso, ésta, es también mi casa. Creo que puedo tener esa idea porque yo no me fui de este hogar sino de otro. Esta no es la casa de mi niñez, ni de mi adolescencia, es otra. Esta no es la casa de mis padres (aunque lo es) es sólo, nuestra casa en este lado del mundo. Un hogar en préstamo afectivo en el que hemos tenido que echar raíces, mis padres reincidiendo, mi hermano y yo, esforzándonos por hacerlo, aunque hoy nos parezca tan natural la vida en ella.


Mañana, nuestro paisaje se transformará radicalmente. Eso a veces me duele hasta físicamente. Dejaré de ver el mar que ha formado siempre parte de mi añoranza y dejaré de ver montañas entre las que me siento cobijada. Mi mundo se volverá de secano y mi vista se perderá en el horizonte. Buscaremos la hermosura también en ello, porque es un ejercicio de salud emocional amar los lugares en los que permanecemos. 


Mañana, cambiarán los colores de mi paisaje, desde estos verdes y azules en todos los matices, a los amarillos y ocres de las tierras de Castilla. Dejaré el pueblo con encanto, para volver a la ciudad que también lo tiene. Y se agradece.

Mañana, descansaran mi oídos de los gritos y la algarabía que llenan las horas de esta casa, y los cambiaré por el silencio y la conversación a pares con la bella etíope. Y aún anhelando el silencio, añoraré sus voces y, sirva de inciso, también la tuya.

En unas horas pasaremos de ser diez, a ser dos, y en esa división familiar, ganaremos y perderemos. Nunca llueve a gusto de todos, ni siquiera de nosotros mismos.

Dejaré los senderos y paseare por las calles repletas de coches y de rostros. Dejare el mar infinito por el río, a falta de aquel, bienvenido sea....y todo ésto, incluso antes de pensar que dejaré los 20ºC para enfrentarme a los 10ºC. Y lo que nos queda. Aunque los días crecen y su luz vale casi tanto como cualquier verano.

Dejaré todo este modelo de crianza que tan poco se parece a la mía. Preguntándome por enésima vez en la vida donde residen las razones de tanta diferencia, cuál es mi papel en esa crianza ajena y cual será el destino de la misma. Y cada vez, las mismas rabias, las mismas dudas, la misma impotencia y al mismo tiempo, la misma inevitable ternura.

Desde hace días estoy en ello, con la cabeza puesta ya en la despedida y el destino. Mañana se irá mi cuerpo. Y el corazón que viaja en las nubes de este mar, llegará unos días más tarde. Siempre llega. Debe seguir, es lo que toca. Confiando en el siguiente transito. Esos que tanto nos transponen pero, cierto es, tanta adicción nos generan.

Hasta pronto. Nunca es tarde si la dicha es buena




lunes, 10 de diciembre de 2012

DE LA AUSENCIA Y DE TÍ...

S. y yo no nos veíamos desde hace 12 años. La cuarta parte de nuestras vidas, que abrumador. Por suerte, nos encuentra una ciudad que nos gusta mucho a ambos.

Hay gente que pasa por tu vida sin pena ni gloria. Hay otra, que con la misma cualidad, se queda. Que condena!!. Y hay otra; es el caso de S., que pasa con pena y con gloria. Entonces, les tienes presentes, e incluso, a ratos, les añoras.

Yo siento que S. y yo nos tenemos mucho cariño. Y siempre he sido conciente de lo mucho que tuvimos de otras cosas, breves pero intensas. 

Tras unos años de ausencia, hace algunos que tenemos encuentros epistolares. Encuentros dedicados a narrar las cosas que nos pasaron desde la última vez que nos vimos. Me sorprende que el encuentro en persona nos haga narrar tanto lo que nos sucedió en las semanas/meses previos a la despedida. Es como si quisieramos constatar recuerdos y evitar idealizarlos con la nostalgia del tiempo.

Creo que sin ser concientes de ello, necesitabamos re-nombrar el momento en que tomamos las decisiones (o dejamos de tomarlas) que evitaban la ausencia. Entender cómo, en medio de un "buen amor", a veces se toman buenas decisiones que, aún así, causan dolor.

S. y yo hemos sido padres al mismo tiempo, aunque mi hija es mayor que la de él. A ambos la vida nos ha tratado bien desde entonces. Lo que se nota, entre otras cosas, en la posibilidad de encontrarnos con tanta frescura. 

Este encuentro, probablemente ha sido en su cualidad, único. Habrá más encuentros, seguramente, pero ninguno será como este. 

Y pienso en ello.

Unos días antes de este encuentro, E. ha vuelto a traer a mi memoria Vete y Vive. Sé que hay encuentros y despedidas que nos marcan para siempre. Ella me proponía verla con H. y he estado pensando en ello. Sobretodo en la escena final. 

H. y yo hablamos con naturalidad de esa posibilidad. Esa posibilidad de encuentros que nos confrontan con las decisiones que se tomaron al separarnos de las personas que fueron/son significativas en nuestra vida. 

¿Cómo se explica que abandonemos a los que queremos? ¿Cómo se acepta que la vida mejor que le deseamos, sea lejos de nosotros? ¿Cómo explicamos las decisiones que tomamos y las razones que las fundamentaron, cuando al hacerlo causamos tristeza? 

Requiere valentía y serenidad enfrentarse al pasado y asumir lo mucho que nos quisieron, e incluso nos siguen queriendo, aquellos que eligieron no estar con nosotros. Requiere amor y mucho respeto entender los motivos de su ausencia.

Siempre he dicho que H. fue una niña querida. Yo también. 

Saberlo casi siempre es suficiente. En ocasiones puntuales, no. 

La conciencia de estas últimas en mi propia piel, creo que me hace mucho más sensible a su dolor. Me mantendrá atenta a esas ocasiones en las que no basta saber que nos quisieron. En que hay tristezas que sólo se pueden acompañar cuando aparecen.

Y todo ello, aunque sigamos validando lo vivido.





viernes, 5 de octubre de 2012

EN LAS DISTANCIAS CORTAS...



Nací en una ciudad de casi 6 millones de habitantes y he vivido allí casi la mitad de mi vida. Cuando vives en un lugar tan grande, tan lleno, (y tan hermoso en mi recuerdo), es fácil que los espacios en los que desarrollas tu vida, no te sean del todo cercanos. Además de grande, todo fue siempre “lejos”. Desde niña me pasé una parte significativa del día de aquí para allá. En bus, en coche, pagando, haciendo autostop...,de aquí para allá, como parte de la vida. Con algunas ventajas de las que he sido consciente según me he hecho mayor, pero también con importantes desventajas. 

Me he pasado veintitantos años lejos de las cosas más significativas del día a día…de la escuela, del trabajo, de los amigos, de la familia. La distancia limitaba posibilidades de encuentros, de cosas compartidas, del mejor aprovechamiento. El tiempo de los traslados nos quitaba media vida. Recuerdo haber sentido que, salvo los fines de semana, yo nunca veía el sol en mi casa. Salía de noche, volvía de noche. Es lo que tienen los días tropicales, son cortos.

Por mis ansias de tener un mundo más amplio, he pasado buena parte de la otra media vida en una ciudad que no llega a los 160 mil habitantes. Cuando llegué a ella, esa sensación de moverme a pie, (esa y muchas otras), me hacía flotar de felicidad. Caminaba media hora y me salía de la ciudad!!!. Todo, absolutamente todo, me parecía cerca. Y esas ansias de un mundo amplio nunca adormecidas, se dieron cuenta de la calidad de vida que suponía en el día a día que entre mi casa, la escuela de mi hija y el lugar donde trabajo no hubiera más de 15 minutos a pie. 

Durante el mismo día en el que antes no veía el sol en mi casa, hoy veo tantas cosas: amanece, vamos al trabajo y de camino nos encontramos la escuela; en ese camino y sus pequeñas variantes dos parques infantiles, el carril bici, varias plazas, una gran superficie, farmacia, banco, quiosco de prensa, gasolinera, cafeterías y bares, el bazar de los chinos, que no falte…un poquito, de todo lo necesario. Eso es calidad de vida, no lo que tienes sino lo que puedes saborear.

Me gusta que muchos servicios y muchos contactos sean posibles al alcance de la mano, a la medida de nuestros pasos. Pensaba en ello porque he caído en cuenta del privilegio que me supone cuando pienso en la locura que desee siempre: vivir en la capital!!!. Allí es donde sucede todo. Y es cierto, sucede, pero no siempre puedes disfrutarlo; que vivir en una ciudad grande tiene sus costes.

Las distancias físicas de mis días, son cortas y lo celebro.

Hay, sin embargo, otras distancias que pesan más. Aquellas que te separan del abrazo de tus afectos más sólidos.  

Me descubro a menudo preguntándome cuánto tiempo más pasaré aquí. Como si no tuviera dudas en relación a que éste, es un lugar de tránsito. Y cuando pienso en ello, acontece de un tiempo a esta parte, que el lugar definitivo es un lugar aún más pequeño, muy pequeño, más abarcable aún que este. Un pueblo diminuto lleno de montañas y de mar. El pueblo de los abuelos y así… vuelta a empezar. El que ha tenido cercanía quiere amplitud…

Ciertamente para unir unas necesidades y otras, benditas sean las nuevas tecnologías!

sábado, 15 de septiembre de 2012

RUTINA


Pregunta P. qué tal llevo la rutina de la semana. Esa en la que ha empezado el cole y, sin abuelos, vuelvo a tener horarios irremediables. Tiene razón en preguntar, el domingo tuvo que cargar con mi tristeza ante la inminencia del duro cambio de los buenos hábitos veraniegos.

Lo pienso. Inmediatamente sé que no es rutina lo que he sentido esta semana, al contrario, es “afán”, como dirían mis amigos colombianos. Hay días que envidio la soledad de P. Él trabaja sólo en su oficina –con su planta, que le hace compañía- pero no cambio este frenesí por esa soledad. Cuando estás con otros, cuando miras a otro y escuchas las historias que te narran, tu vida nunca es rutinaria. Porque no dejas de pensar y sentir con él o con ella. No dejas de repensarte.

Desde hace cinco años tengo otra viviendo conmigo 24h. Vaya diferencia. No me aburro insisto, aunque a ratos extrañe algo de soledad. H. me hace sentir y pensar mucho. Sí, aún más de lo que ya lo hacía solita. Y no era poco.

Trabajo en equipo y tengo suerte. Mi vida laboral está acompañada. Tengo compañía y contraste y eso es bueno y sano. Allí, ampliando la mirada, somos muchos más. Allí van a vernos otros muchos que esperan que podamos ayudarles. Es lo que tiene trabajar en una ONG, te da fama de bueno. Y eso terrible.

A lo largo de este mes estaremos al 50% por diversas, buenas y merecidas circunstancias, así que los que estamos recibimos el doble. El doble de historias. El doble de angustias. Y es imposible estar angustiado y aburrido por la rutina al mismo tiempo. P., de la rutina, ni rastro.

En momentos difíciles, y éstos lo son, siempre me pregunto cuánto dolor puedo recibir sin que surja el mío. Cuanta angustia, sin que desaparezca mi serenidad. Cuanta rabia, sin gritar las mías. Pero siempre, cuando parece que te vas a romper, aparece alguien y te alegra el día. O tu vas y buscas la alegría si has aprendido a cuidarte (es lo que tiene la experiencia). Estamos en Ferias en esta bella ciudad, sigue haciendo calor. Y eso me produce una alegría inmensa.


Entonces, en el trabajo y en la calle, ves una sonrisa, un logro, una decisión firme –aunque sea mala-. Ves el camino a seguir en ese campo minado que es la vida de los que vienen a vernos y te sientes útil. A veces, en aquello que vienen a pedirte. Otras, en aquello que vienen necesitando y no saben pedir. Alguien con quien compartir, que les escuche, les ayude a pensar, a priorizar, a decidir, a llorar, o a rabiar…Y hacer todo eso no es rutina.

Cuando anticipas lo peor, sólo pueden sucederte cosas buenas. Ha sido una buena semana.

P. siento mi tensión y mi tristeza. Yo no soy así, sólo que a veces me asusto. Y claro, está todo lo demás.



martes, 28 de agosto de 2012

SENTIDO Y SENSIBILIDAD...


8.00 a.m.

-Mamá… a D. le gusta K. y a ella también le gusta él.   

Ambos tienen 7 años y son niños de la clase de mi hija. Me sale del corazón la misma frase de siempre:

- Qué suerte! Un amor correspondido!

Los padres de K. se han vuelto a vivir a un país europeo tras haber regresado de él hace unos ocho años. Él llevaba más de dos años en paro y la situación era insostenible para la familia así que se han convertido después de mucho pensarlo en “Emigrantes Retornados re-emigrados”. Terrible.

Como a mi hija le ha entristecido mucho la ausencia en el próximo curso de su compañera le he preguntado.

-¿Está triste D. porque K. se ha ido?

-Sí, pero no dice nada porque como es chico, no quiere que se burlen de él.

Casi me atraganto. No es eso lo que he enseñado a mi hija. No es eso lo que ha visto en mi familia, ni en mi entorno. Amamos a los hombres que sienten y lo dicen. Amamos a los hombres sensibles y sentimentales que siguen siendo tan fuertes como las mujeres sensibles y sentimentales que apechugan con la vida como la más fuerte y la más valiente. Y es que se puede ser todo y sin que sea un paquete exclusivo a disposición sólo de uno de los géneros!.

Y entonces pienso en todos los educadores de mi hija que están ajenos a mi control y me da rabia, mucha!, no ser capaz de frenar estas ideas tontas sobre las diferencias entre sexos que tanto daño han hecho a los hombres y mujeres de todas las generaciones vividas y por vivir.

Me emocionan los hombres que se emocionan. D. se lo pierde y sobretodo se lo pierde ella K. que suficiente tendrá ya con lo que le espera a nivel sentimental.

Qué tristeza y qué frustración.