Mostrando entradas con la etiqueta África. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta África. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de diciembre de 2015

ESPERANZA DE VIDA...

En las últimas semanas me he encontrado nuevamente con él. Siempre viene a verme cuando necesita darme o decirme algo. Esta vez viene a pedirlo. No importa. Jamás pide y esta vez pide con razón.

Cuando le veo pienso en que hay algo que hace maravillosos a los negros rostros del África Subsahariana. Su sonrisa y sus ojos brillan como no lo harán nunca los rostros blancos. Su mirada y su sonrisa me iluminan.

E. es oficialmente y legalmente "Solicitante de Asilo", sí de esos que hace unos meses se han puesto de moda. Existían antes del verano y seguirán existiendo después cuando ya les hayamos olvidado en el telediario, porque sus solicitudes dependen de lo que allí les pasa y no de lo que aquí "concedemos". 

Pero el caso de E. es atípico. E. solicitó asilo de forma sobrevenida, después de muchos años en nuestro país. Le conocí hace dos años, cuando ya lo había pedido, así que nada tengo que ver en ello. Sus razones también son atípicas y la experiencia me dice que es más que probable que nunca le sea reconocido el estatuto de Refugiado aunque quizás sí la protección subsidiaria. 

Tras dos años renovando fielmente esa solicitud cada seis meses como manda el marco legal, aquí sigue, en situación de estancia legal. Más, mucho tiempo más de lo que inicialmente cabía esperar...Lo "habitual" sería que ya le hubieran dicho que de eso nada....

Le pregunté la última vez, más bien por curiosidad  ¿Cuándo solicitaste asilo... esperabas que te lo concedieran? ...No, me contestó....Tampoco esperaba entonces, seguir vivo a estas alturas. Y sonrió. No me importaba el futuro, porque no lo tenía...

Y base tiene, porque también tiene al menos una enfermedad que se suponía debía haberlo matado...pero ahí sigue. Vivo. Sonriendo. Tomando decisiones como si una vida larga le esperara.

E., con su actitud, hace crecer cada día su esperanza de vida. Lo hace con cada paso que da. Y yo celebro conocerle porque al hacerlo, os prometo que también crece en mi la esperanza...en la vida.

 

viernes, 26 de junio de 2015

LA MEDIDA DEL TIEMPO

MAS DE DOS MESES...ausente de este blog. De este espacio de encuentro. De este lugar de reflexión. Es el tiempo suficiente para echarlo de menos. He estado muda, avocada a una única tarea, bueno a dos, sin fuerzas para más. Concentrada en la tarea de acompañar a H. en el proceso de salvar este curso escolar sin daños colaterales y, también, para equilibrar balanzas, en uno de sus logros...disfrutar jugando al Baloncesto. 

A veces en la vida lo tienes muy claro, algo se vuelve fundamental, requiere tus esfuerzos y energías, obliga a postergar unas cosas, insistir en otras, replantearte el resto. No ha podido ser de otra manera, pero ahora estoy aquí. Otra vez. Con la mirada centrada en otros rumbos. Pensando en la medida del tiempo.

UN SIGLO...de año escolar. Un año académico para olvidar. La sensación de ficción de estar en una pelicula de la escuela de los años 50, con una docente de las que castigaban físicamente, ponía líneas de frases torpes como castigo y usaba el autoritarismo como argumento de respeto. Y no, no ha sido una mala película de Cine de Barrio, era clase de mi hija. Nueve largos meses. Infinitos meses.

Ver aniquilada la curiosidad, la iniciativa y la motivación para el aprendizaje, no de H. sino de todos sus compañeros. Tener que soportar en el día a día a una mujer que ha sacado mis peores reflexiones sobre el sistema educativo español en su gestión (por tolerarla). Desde una mirada constructiva, que es como me gusta vivir el pasado, nos ha ofrecido la oportunidad de aprender dos cosas: 

Una, que se puede ser mediocre, muy mediocre y parecer normal y eso en educación es peligroso.

Y dos; la más importante, que no importa cuán difícil parezca una batalla, si crees que debes lucharla, tienes que hacerlo aunque la pierdas, ...porque a veces ganas. 

Con un poco de suerte, aún por confirmar, el año que viene no será "como establece el sistema" la tutora de mi hija. Y no lo será porque los padres transformamos las quejas de pasillo, de patio, de las afueras del colegio, en una voz mayoritaria que presentó una queja formal al centro, que tras el intento de mediación, siguió insistiendo ante las autoridades educativas ajenas al centro. Porque los padres seguimos insistiendo en que se nos diera una respuesta a la confrontación de su mediocridad e incluso maldad. Una respuesta por escrito o en entrevista personal. Porque dejamos claro que no íbamos a tolerar ninguna más, porque les recordamos que la mediocridad se mantiene porque todos callamos frente a ella y miramos para otro lado. Porque su "no es para tanto"...obtuvo siempre de nuestra boca un "Si, sí lo es. Y es mucho".

El resto es sólo quejarse. Quejarse de cómo están los jóvenes, como está la sociedad, como va el mundo. Y yo creo que el mundo de mi hija está hoy un poco mejor, porque algunos -muchos- padres y madres como yo, reivindicamos su derecho a tener otra opción mejor.

Pero acabó por ahora. 

Y ella PROMOCIONA sí, y bien. Gracias a ella, gracias a mi. A pesar de ti. 

Bienvenidas sean las vacaciones escolares.


OCHO AÑOS...hará en unos días, ocho años de vida compartida. 

-Mamá...cuando yo tenga dieciocho años.... 
- Pronto. Le contesté. Era claro que le sonaba a que sería en una eternidad. 
- Te faltan ocho años
-  ¿Sí?......Es verdad!!

El mismo tiempo que llevamos juntas. Y entonces fue a mi a quien se le convirtió la vida en un segundo. Hemos vivido tanto desde entonces. Cabe tanta vida en tan poco espacio de tiempo. El tiempo irá diciendo lo siguiente porque yo me voy a concentrar en quererte hoy. Vivirte hoy. Emocionarme hoy.

UN INSTANTE...y sí, hoy un instante, me ha emocionado. Más bien convulsionado. 

Duró unos segundos pero fue aplastante. 

Conocí de D. hace algo más de tres meses. Mujer africana, Analfabeta. De edad indefinida, con otras dos pequeñas mujeres a cargo, ambas nacidas de su vientre. Irregular. Indocumentada. La más vulnerable de las vulnerables. De rostro endurecido que se ha ido cargando de gratitudes innecesarias. De carta de presentación, un papel que me entrega sin saber lo que dice, y en el que yo leo el riesgo de que la separen de su hijas. Me pongo en alerta, seguro que hay alguien a quien proteger...Hace tres meses no sabía si a ella, de las autoridades que pensaban que sus hijas estarían mejor en otro lugar o, a sus hijas; que puede que efectivamente necesitasen estar lejos de ella. 

Tres meses nada más y todo cuanto ha podido ser una catástrofe, ha ido saliendo hacia adelante. Con su constancia y sin apenas apoyo nuestro. La he visto cumplir con compromiso y esfuerzo todo cuanto le hemos pedido. He visto su amor incondicional por sus hijas, su deseo de mejorar, sus esfuerzos. He visto aparecer la sonrisa en su rostro normalmente endurecido por la vida y la angustia de perder. Y después, solo mucho después, de que las certezas se hicieran fuertes, hemos entregado una insignificante ayuda económica (antes hemos dado otros apoyos). 

Hoy al darle el dinero para que pueda pagar la habitación en la que reside, no le bastó regalarme su sonrisa, mas que suficiente para mi. Lo hizo, pero además, se arrodilló para darme las gracias como si yo fuera su Dios. Duró un instante, enseguida tomé su mano y la alcé...pero me tiene aterrada la sensación. 

No la merezco y, sobretodo, no se la merece ella que está haciendo lo más difícil desde un lugar en el que siento la hemos colocado el resto. Nosotros y nuestras leyes. Nosotros y nuestra economía. Nosotros y nuestra moral.

La vida, está llena de instantes maravillosos y de otros, que son tremendamente míseros.


Y así andamos, haciendo equilibrios, digiriendo emociones....a ratos.


sábado, 14 de marzo de 2015

VICTIMAS INVISIBLES

Se llama S. y no ha cumplido los tres años...

Esta semana ha venido otra vez a la oficina acompañando a su madre. La primera vez que la vi, intenté cogerla en brazos para llevarla a pintar en la mesa de al lado, mi mesa, dado que estaba impidiendo la entrevista que mi compañera debía tener con su madre. Antes de terminar de alzarla, ya se había girado para morderme. Y es que S. es como el Demonio de Tasmania. Un torbellino que crea el caos allá por donde pasa. Allá donde decide imponer su orden, su necesidad.

Yo, aparte de esquivar el mordisco y reírme, pensé. Qué maravilla!...es fuerte. Podrá con todo. Y es que en su caso, todo, no es poco.

Desde aquel día hace unos meses, hasta esta última vez, ha venido muchas veces...pero durante la última visita, estaba radiante. Radiante de bella, que lo ha sido siempre. Radiante de risueña, que lo es con frecuencia. Radiante de conversadora y simpática que lo es raras veces. Casi siempre nuestras normas, nuestros límites, no son de su agrado. Pero hace días, con esa sonrisa y esa mirada profunda que sólo tienen los ojos del África subsahariana, nos miraba y hablaba emocionada, con una alegría que cautivaba, ¿Cuál sería el motivo?

Y esa belleza de siempre, esa alegría y ternura de la última conversación con ella, han acompañado esta semana mi memoria visual y auditiva, mi memoria emocional haciendo contraste con otra historia, que ahora es otra pero que podría ser la de ella misma en unos años. 

Una historia diferente de las tristes muy tristes, de las mas oscuras, de las que te desarman. Y yo que la veo no he dejado de preguntarme esta semana como protegerla de ese horror.

A D. la protagonista de la otra historia la he conocido hace diez días. Llega como si nada pasara a su alrededor, como si solo existiera el trozo de conversación que ella quiere mantener conmigo y no el resto de las cosas que yo necesito saber y entender de ella. Avanzamos muy despacio para que me cuente todo lo que yo ya se porque otros me lo han contado, preguntándome una y otra vez como lograr, que me cuente lo que no sé, sino imagino. No el hecho en sí, sino los entresijos. Para preguntarme después, de qué me valdría a mi saberlo para ayudarla. Si realmente hay una ayuda efectiva y eficaz que sea posible en medio de un tema tan complejo.

La trata de seres humanos es un delito perseguido y castigado por el Código Penal Español. Un delito en el que hay que perseguir al tratante, que es un delincuente y proteger a la víctima.

En Europa son 500.000. En todo el mundo, casi tres millones las personas sometidas a trata y tráfico. Cerca de la mitad son menores de edad. En cifras económicas, que es como a veces se miran y miden las más sucias tragedias humanas, se trata del segundo negocio clandestino del mundo en beneficios, después del tráfico de armas y por delante del tráfico de drogas.




Según datos de Naciones Unidas, las dos terceras partes del las víctimas de trata detectadas en el mundo, son mujeres. Esta tendencia también se aprecia en Europa, donde el 70% de las víctimas detectadas lo son.

El 79% de las personas víctimas de trata lo son con fines de explotación sexual. Las desigualdades de género, la feminización de la pobreza y los flujos migratorios se encuentran enraizados con el origen del problema.

En España, es un problema que no se quiere ver y con el que hay una enorme tolerancia dejando en evidencia la falta de cifras fiables, la escasa coordinación policial nacional e internacional y la permisividad social hacia determinadas conductas relacionadas con el comercio sexual. 

Y entonces, escucho a D. en las palabras que no dice y veo a S. con su sonrisa fresca y amplia y pienso en toda la vida que cabe en medio, en a buena o mala vida, y en las responsabilidades que todos tenemos en medio.


http://www.redcontralatrata.org/
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/21/actualidad/1390311478_789233.html
http://pazydesarrollo.org/pdf/guia_trata_sexual_pyd.pdf

lunes, 3 de junio de 2013

VINCULO...

Hace años que conozco a E. No se cuantos exactamente, pero más o menos el mismo tiempo que llevamos esperando a nuestros hijos. Disfrutando de ellos. Pensándoles. Sintiéndoles. Un camino, a veces muy solitario, en ocasiones agradablemente acompañado.

E. tiene, al menos, dos grandes dones: Piensa y Escribe con talento. Un talento, que yo leo reflexiva. Me encuentro con ella a diario, en muchos de los espacios virtuales que compartimos. Y a base de este roce, también ha nacido el cariño. Ese que crece de sentir que alguien te entiende, sabe de lo que hablas, de lo que disfrutas -y de lo que padeces- con ciertas vivencias.

Sí, virtualmente, E. está cerca, muy cerca. Sin embargo, en la vida real E. vive lejos, suficientemente lejos para plantearse un encuentro no virtual; sí, de esos que tanto apetecen con la buena compañía.

Uno de los espacios virtuales que compartimos es un lugar llamado VINCULO. Probablemente después de las palabras madre/padre -hijo/a, la palabra vínculo es la más importante para el pronóstico de la evolución de un proceso adoptivo. Y yo siempre he creído en los vínculos. Los creo, los cuido, me emocionan.

Hace unos días supe que E. pasaría un fin de semana en otra ciudad, una ciudad grande que está algo más cerca de la mía. Un fin de semana que, por casualidad, yo había decidido viajar a la misma ciudad. Lo decidí hace meses, con el objetivo de hacer grandes cosas. Cosas que han resultado fantásticas!!.

Nunca se lo dije a E. Ella tenía sus planes y yo los mios.

Pero hay cosas que uno no puede explicar y suceden. 

Decidimos ir al mismo parque en una ciudad de tiene muchos, diversos, interesantes. Un parque que es, en extensión el segundo más grande de la ciudad que nos reunía: 150 hectáreas de terreno, paseos, zonas verdes, lagunas...pero E. y su pandilla eligieron sentarse a diez pasos del lugar elegido por mi pandilla para lo mismo. Dos árboles contiguos. Diez pasos.  

Cuando vi a B. su hijo, sonreí. Yo no creo en el azar. Creo en la magia y hay cosas que unen. Vínculos sí, definitivamente. Así que fui y me presenté.

Ahora E. tiene rostro y voz, además de lo que ya tenía antes. Cuantas veces hemos hablado de nosotras, cuantas veces hemos hablado de nuestros hijos. Ellos que se reconocieron en su origen. Ellos que juntos estuvieron volando cometas. No quisimos invadirles con una foto pero ambas coincidimos en que la tenemos grabada en la retina.

Un placer E. si lo hemos hecho una vez (coincidir), seguro que lo podemos hacer más veces!


jueves, 10 de enero de 2013

OLORES

H. me habla delante de su abuela: - Mamá, abuela utiliza también nuestra crema del cuerpo. La abuela, al escucharnos, me responde: - Sí. Los chicos (los primos de H.) me dicen que huelo a H.

Y pienso yo... sus primos sólo puede olerla tres semanas al año. Aún así, recuerdan su olor.

Llego a la casa de mis padres. Me espera un plato especial. Según lo calientan, le digo a mi madre: - Mamá, huele a Navidad.

Porque no importa donde esté ni que fecha sea. Si huele a Hallacas, es Navidad. Y degustarla ya es potenciar la magia de trasladarme a mil escenas familiares, rituales gastronómicos que señalaban que sin duda la Navidad se había instalado una vez más.

Seguro hay más ejemplos pero éstos dos, por recientes, han venido a mi memoria a partir que éste otro, que me ha estado dando qué pensar.
 
Ayer, volvíamos a casa tras varias semanas en casa de los abuelos. Cuando estábamos terminando de hacer las maletas H. me dice: -Mamá, lo que más me gusta de volver a casa, es que nuestra casa huele a Etiopía.

Yo he estado preguntándome ¿Por qué?. En esta casa, puede ver, oir, tocar... cosas etiopes. No hay, sin embargo, ningún rastro oloroso que pueda recordarle su país.

Ayer, en medio de las prisas y las despedidas, el corazón estaba algo tocado como para hurgar más, pero he seguido pensando en ello. 

Esta noche, "revisando el aterrizaje emocional" le he preguntado.  Me responde: -Es que las otras casas huelen diferente y esta huele a nosotros, es familiar. Cuando entro, después de un tiempo fuera, lo siento. Cuando pasa un rato ya no, pero al principio, sí.  

Y entonces trato de darle forma a lo que su sentido percibe. Cuando H. conoció este hogar, pasamos en él tres meses largos antes de dormir en cualquier otra habitación. Pasamos mucho tiempo juntas, tratando de crear y fortalecer el vínculo que podía llegar a unirnos. Más tarde, nos fuimos a conocer a los abuelos, tios, primos, que la esperaban con ansias. Entonces, pasamos un mes con ellos. Cuando volvimos, la reacción de H. no podré olvidarla jamás. 

Al entrar y ver que todo estaba en el sitio en el que lo habíamos dejado, no podía creerlo. Casi lloraba descubriendo que las cosas que habían sido suyas los meses anteriores: sus juguetes, su cama, su habitación, las cosas del salón, la cocina. Todo!...seguía estando allí. Mamá está todo igual!!! repetía una y otra vez, emocionada. Sus ojos abiertos de par en par, su sonrisa amplia y perfecta. Abrió todas las puertas para cerciorarse, miró todos los rincones. Sí, todo seguía allí. Y era nuestro.

Acababa de cumplir tres años. Este era el primer hogar del que se iba y al que volvía. En los dos años anteriores, vivió en tres casas diferentes, de las que salió y a las que nunca regresó. 

No me extraña que este olor le resulte familiar. Me emociona que le huela a Etiopía. En realidad es que toda ella me emociona.



jueves, 6 de diciembre de 2012

CON PATAS...

Como ha sido el cumpleaños de H. una amiga me ha preguntado si podía regalarle una tortuga. La verdad, no lo he dudado ni un momento, he dicho que sí. "Tortugas" pasa la estricta criba que determina quien viene a a casa a vivir con nosotros.

Vivimos en un piso pequeño así que el uso del espacio es importante. Tambien, por tiempos, a veces tenemos dificultades para cuidarnos a nosotras mismas. No podemos entonces asumir muchas más responsabilidades en el cuidado de otros. Con nuestras plantitas, que a veces notan nuestra falta de mimos, es suficiente.

Hace años vi una pelicula indiferente de las que pasan los domingos por la tarde. En ella, el terapeuta de un centro de desintoxicación,  al darle el alta a sus pacientes, les regalaba una planta y les decía algo así: cuídala, si dentro de un año está viva, estás preparado para iniciar una relación afectiva. Esa frase, sí ha trascendido en mi memoria. 

La capacidad de cuidarnos a nosotros mismos va de la mano de nuestra capacidad de cuidar a otros. Creo que cuidar a otros seres vivos, durante cierto tiempo y a cambio de nada, puede ser el paso previo a comprometernos y ofrecer garantías de relaciones humanas estables y sólidas. Por eso pienso que es importante que en la vida de los niños exista esa posibilidad de cuidar a otros. Y eso, las mascotas, lo posibilitan.

A pesar de haber crecido buena parte de mi vida entre animales, no soy de las que los quiere en casa. Siempre he tenido la excusa del tamaño de estas para no tenerlos.  Me gustán, sí, pero los prefiero en libertad. Como testigo, sin embargo, me emociona que alguien los trate como un miembro más de la familia.

Hemos celebrado la llegada de Rita (la tortuga) porque H. vive suspirando por una mascota, como vive celebrando la mayor parte de los animales. Eso sí, en la distancia. En la cercanía, les teme. Siente fascinación y curiosidad ante su presencia pero en los espacios cortos, se asusta. Se siente vulnerable ante ellos.

Rita es una bebé pero en estos días que lleva en casa no he logrado que se anime a cogerla entre sus manos. No tolera el hormigueo de sus pies e incluso noto que se pone nerviosa cuando la ve caminar sobre mi mano.

Hace algunas semanas me contó que en el colegio, un niño llevó castañas a la clase y aprovechando que estamos hablando de las plantas, hablaron del castaño y sus partes. Al llegar al fruto abrieron la castaña y tenía un gusano lo que provocó asombro (y asco) en muchos niños, pero es que H. se puso a llorar de la impresión y el miedo. Ni el gusano ni Rita pueden hacerle daño, pero ella les teme.

H. tiene una cicatriz grande en la frente. Cuando comenzaba a hablar en la lengua que compartimos y  sus recuerdos aún eran frescos, le pregunté qué le había pasado. Contestó: "La vaca". Ante mi cara de sorpresa insistió: Sí, mi vaca, me pegó con su pata cuando estábamos jugando. Ya comenté hace tiempo en esta entrada sobre aquello que suponen las ausencias en nuestros recuerdos y en cómo los llenamos. 

La vaca es la parte más estable de los recuerdos desdibujados de mi hija en esos primeros dos-tres años que no compartimos. Y a mi ciertamente me pareció siempre inverosimil que ella, en sus orígenes, tuviera una vaca. 

Hace unos meses, contacté con esta ONG . Ellos trabajan a lo largo del año, pero especialmente en verano, cerca de la localidad en la que H. nació. A través de un par de mujeres infinitamente amables y entregadas al buen hacer, he vuelto a tener un contacto directo con la familia extensa de mi hija. Por lo que me cuentan estas mujeres, es posible, incluso es más que probable, que su familia pudiera tener una vaca en casa. Si hay vaca, posible ha sido el golpe de la importante cicatriz. Si con dos años, una vaca te ha golpeado con su pata en la frente, es comprensible que le tengas miedo a todo lo que tiene patas.

A pesar de ello, la vaca también evoca sus sonrisas y su ilusión y la ha defendido en su memoria más que a los humanos que también formaron parte de ella. No tengo dudas de su deseo de disfrutar de los animales...de Rita, de los perros y gatos de los muchos amigos, de los caballos, conejos, pajaritos y gallinas que nos han rondado en estos años y de todos los muchos animales vivos y en libertad, que nos toparemos por el camino, sólo hay que darle tiempo al tiempo. El camino de regreso del miedo a veces es muy lento pero siempre es posible.

martes, 11 de septiembre de 2012

ENTRE EL TIEMPO Y EL DESTIEMPO...



Últimamente me fallan los recuerdos…Hace unos días me encontré, en dos momentos del día, con dos personas diferentes. Me saludaron con la mejor de las sonrisas y con alegría de verme. Yo no sabía quienes eran. He tardado algunos minutos de conversación -que se me hicieron eternos- en recordarlas. Me asusta no recordar. Por eso hago ejercicios de memoria.

Me gustan mucho los aniversarios. Me gusta celebrar y conmemorar, que son dos verbos distintos. Me gusta que existan hitos que anclen nuestra memoria y nuestra consciencia; fechas, que nos inviten a recordar, en el mejor sentido de Galeano. Que nos inviten a volver a pasar por el corazón.

En estos días de inicios de ciclos, de exploraciones buscando una sincronía en el tiempo, también nos toca celebrar nuestro año nuevo, quién sabe cuál de los dos está a destiempo.

Sin duda los mejores recuerdos de mi infancia, son las fiestas con las que celebrábamos en mi casa el Año Nuevo. Eran dos días de fiesta, cinco-seis familias migrantes, y todos los allegados, que algunas veces fueron muchos. Todos celebrando estar juntos, disfrutar de un lugar maravilloso (como extraño el buen tiempo en navidad…fresquito pero a gusto), comiendo rico, bebiendo lo suficiente, bailando lo demasiado. Al amanecer de grandes y chicos, chocolate y pan dulce. Volvería a mi infancia y adolescencia sólo por revivir esas noches viejas y años nuevos.

Margaritas Meskal
Mi papá siempre ha preferido esas fiestas a las navideñas y siempre me ha dicho: "quiero despedir un año y empezar el siguiente, junto a los míos”. Desde que H. está conmigo nuestra celebración del Año Nuevo “es doble”. Vaya suerte la mía!!. En Etiopía, una de las costumbres de ese día es regalar margaritas amarillas (la margarita Meskal que crece en las zonas altas) y cantar y bailar las canciones de Año Nuevo.


Para saber más unos y no repetirnos otros, los interesados en los motivos de esa celebración a destiempo -o no-, podéis pinchar aquí Calendario etíope

Yo por mi parte, llena de encuentros y despedidas, sólo puedo decir: Año Nuevo, bienvenido seas…Melkam Addis Amet para todos...


jueves, 6 de septiembre de 2012

ESPEJOS...

Mis amigos dicen que me parezco a mi madre. Yo, nunca lo he creído. Ella siempre me ha parecido una mujer hermosa. Sus rasgos siempre me parecieron muy delicados al lado de los mios, más bien toscos. Fantasías y certezas que tiene una.

Las miradas que nos hacen a ambas, siempre terminan con la misma frase: "cómo os parecéis!". Quizás la madurez ha permitido que yo sea capaz de ver esas similitudes mirándonos de otra manera. Quizás no se trata de que sus ojos sean verdes y los mios castaños, sino se trata de nuestra mirada que es similar. No es que sus labios sean finos y los mios más gruesos, se trata de la forma de sonreír, que es compartida. Y así, creo que me he ido convenciendo. Y sí mamá, cuando te miro, me veo.

Y pienso en esto porque H. me decía hace unos días (sí, la vida con ella, no es aburrida). Mamá ¿Yo me parezco a mi otra mamá? ¿Tu me viste cuando era un bebé? Creo que necesita mirarse en los demás y sentir que alguien le devuelve una mirada, que es un espejo. 
 
Como es normal, vamos creciendo y hay miles de interrogantes. Y cada día son más complejas y claro, si difíciles son las preguntas, las respuestas; lo son aún más. Algunas implican dolor y otras ausencia. Y ambas cosas dan, mucha pero que mucha tristeza. Aunque a veces, hay alegrías. Los que buscan siempre encuentran.

Hace unos minutos, antes de las buenas noches que estamos reaprendiendo, me decía: "Mamá, quiero que seas negra" y me daba pistas: "Si vas mucho a la playa te puedes poner (soy de las que se tuesta rápido), ...luego te pintas el pelo de negro y con los rizos, ya nos parecemos!. Entiendo esa necesidad de continuidad que ella no tiene y necesita. Continuidad, que a la mayoría de nosotros, de pura obviedad, se nos vuelve imperceptible en lo practico y en lo emocional.  De hecho, cuántos de nosotros hemos escuchado ante el nacimiento de un bebé... ¿Y a quién se parece?.  Y buscamos reconocernos en nuestros hijos o aspiramos a que no hereden tal o cual rasgo físico que nos desagrada... Sin pensarlo estamos siempre construyendo los eslabones de la cadena.

Hoy, a pesar de sus inquietudes, H. tendrá dulces sueños. Nuestra familia es grande. Primero se abren bien los ojos y luego se aprende a enfocar.






martes, 31 de julio de 2012

AUSENCIAS


La semana pasada buscando una canción que alargara la presencia de alguien en mi memoria, me encontré con este segmento de la película Princesas, de Fernando León de Aranoa (1).



 
Pensé en lo mucho que me han gustado sus películas previas: Familia, Barrio, Los Lunes al Sol...; recordé lo mucho que me gusta Candela Peña –la que habla- y; por supuesto, me emocioné recordando este diálogo…”Las cosas existen, porque piensas en ellas….” 

A  la par de esta reflexión, vino a mi memoria esa única frase de Lacan que sigo teniendo presente después del abandono de la curiosidad por el psicoanálisis: “La cosa debe perderse para poder ser representada”…Es la ausencia misma, la que al ser nombrada, recrea gracias al lenguaje, la permanencia de lo nombrado. Las palabras dan presencia a la ausencia.

Isabel Allende, una de mis escritoras favoritas, decía en su libro “Mi país inventado” que su nieta se refería a ella diciendo “Tu te acuerdas de cosas que nunca sucedieron” a lo que ella contesta: “¿No hacemos todos lo mismo? Dicen que el proceso cerebral de imaginar y el de recordar se parecen tanto, que son casi inseparables ¿Quién puede definir la realidad? ¿No es todo subjetivo? Si usted y yo presenciamos el mismo acontecimiento, lo recordaremos y lo contaremos en forma diferente”

Mi hija H. recuerda de su vida etíope lo que yo le he contado. Le cuento lo que ella me narraba cuando empezaba a balbucear en este idioma que hoy compartimos, le cuento la parte coherente de la historia que otras tres fuentes nos han contado. Me pregunto qué hacer con los matices presentes en esas tres historias, con la parte que no coincide…su edad, los familiares que la cuidaron y sus motivos, sus afectos o sus ausencias, sus hermanos o la ausencia de ellos, los motivos de que esa vida terminara para empezar esta que tiene conmigo y no otra. 

También Isabel Allende escribía “Cambiarme de lugar me ha obligado a reajustar varias veces mi historia y lo he hecho atolondrada, casi sin darme cuenta porque estaba demasiado ocupada en la tarea de sobrevivir”. Esos son nuestros hijos, y somos nosotros que decidimos acompañarles. Supervivientes de una historia que no fue. Decidimos tener esta, la asumimos, la luchamos, la estamos construyendo. Y pienso mucho en ello. En la responsabilidad que tengo frente a las ausencias de mi hija. En las horas que las y la pienso. Nos pienso. Debe ser que somos importantes.


(1(1)    Esta es su filmografía totalmente recomendable
 http://www.filmaffinity.com/es/search.php?stype=director&stext=Fernando+Le%F3n+de+Aranoa