El viernes pasado, H., como viene siendo habitual, fue a un cumpleaños. Indicador de pertenencia al que todo padre debería estar atento...
Cómo me parece recomendable en todo adulto referente de un hijo preadolescente, un rato después de llegar le pedí me enseñara las fotos del evento. Yo sabía con quien iba y a qué lugar pero me interesa, además, la letra pequeña que tanta información aporta... Vi fotos que en nada se distancian de los clásicos y vi un vídeo que se habían grabado mientras entregaban los regalos a la cumpleañera.N. a quien hemos conocido este año, invitó a su cumple, a mi hija y cuatro compañeras más...
H. ha pasado al Instituto este año y eso ha supuesto un cambio de centro, por suerte nada traumático. En el Instituto, va a un grupo que sigue una metodología especial (es un Aula TIC donde las asignaturas se imparten a través de nuevas tecnologías). Ese hecho hace, que a veces no sea especialmente valorado al elegir la continuidad de los estudio. Se le presupone un nivel más exigente (nada más alejado de la realidad) y muchos padres piensan que ya tienen suficiente con pasar a la ESO como para añadir más dificultad.
Gracias a una campaña previa a favor, esa fama hizo que al elegirla se mantuviera el mismo grupo de niños que venía del cole, casi en su totalidad. Es un grupo muy cohesionado y, sobretodo, un grupo de padres muy conocido. Así, el tránsito al Instituto ha sido sencillo y sin traumas. A mi me preocupaban un poquito más los niños que se incorporaban...Desde el primer día estoy atenta a ellos y he ido viendo como se incorporan nombres a los relatos cotidianos de H. que es como el telediario a la hora de informar de la realidad
En relación a N. que es la que nos ocupa, H. siempre me ha hablado bien de ella aunque es cierto que la relación parece requerir ciertas dosis de paciencia. N. es una chica muy insegura académicamente hablando, que necesita ser reforzada constantemente, que siempre teme no estar a la altura a pesar de lo mucho que se esfuerza. N. tiene buenas notas en todas las asignaturas pero con las Mates necesita apoyo escolar extra, al que también acude mi hija.
N. tiene también desde el punto de vista de H. unos padres muy exigentes, al menos eso me cuenta afirmando que no valoran sus esfuerzos sino los resultados que la niña obtiene. H., que se sorprende ante los grandes esfuerzos que hace su compañera para lograr satisfacer las expectativas de sus padres, se pasa todo el día reivindicando que no debe ser así. A pesar de ello, también es cierto que H., se queja de tener que esgrimir una paciencia enorme (que no tiene) por responder a las demandas de su amiga buscando comprobación a si está haciendo las cosas bien...Cuando H. me habla de N. yo siempre me acuerdo de Dory, el entrañable personaje de "Buscando de Nemo"...porque según mi hija N. habla con angustia, se mueve constantemente, necesita comprobarlo todo, tiene una risa nerviosa...
El cumpleaños nos pilló sin mucho margen para pensarlo...Mamá, mañana a las 16.30 celebramos el cumpleaños de N. en tal sitio. Y, partir de ahí, he sido espectadora de todo lo demás.
H. me contó que le había hecho una caja sorpresa de regalo donde ella tenía que meter la mano por un agujero y podía sacar pequeños presentes y papelitos con mensajes. Se esmeró mucho en la decoración (pensó más en eso el día anterior que en su examen de Mates...) pero bueno, lo importante, porque sí, es lo importante, es el vídeo que se grabaron.
En él se ve a la cumpleañera rodeada por sus cinco amigas, siendo regalada y sonriendo mucho, con la algarabía algo exagerada pero propia de estos tiempos. En él, ella sonreía con los pequeños regalos y leía los papelitos que sacaba de la caja: "N. te queremos", "N. no cambies, eres especial". "Gracias por hacernos sonreír con tu risa contagiosa"...y con cada frase una piña de abrazo entre todas.
Es un acto simple, unas frases sencillas, edulcoradas por esta fase de exaltación de la amistad adolescente, pero realmente me ha emocionado verlas. Allí, haciendo esto espontáneamente por una niña nueva, una niña con tantas inseguridades. H. llegó muy feliz y creo que N. esa noche se fue a su cama con la sensación de que era una persona especial e importante y que sus amigas la querían mucho.
Y yo pensé: realmente en la vida no necesitas nada más que sentir que te quieren y a veces eso solo depende de que alguien se atreva a decirlo. Y ya si además te dan un abrazo y lo correspondes, pues es la gloria. Tan simple. A menudo, tan escaso.
Además hay que decir que H. volvió diciendo "Y sus padres también son majos..." ...porque entre otras cosas, pienso yo, a los padres nos da paz saber que a nuestros hijos les quieren, aunque no siempre aprueben Matemáticas. Digo yo, porque lo contrario, aprobar y no ser querido, seguro que no te ayuda a ser feliz.
Feliz Cumpleaños N....gracias por regalarnos la oportunidad de vernos reflejados en ti.
Este blog es un regalo. Yo quería tenerlo y alguien que me quiere me lo regaló. Yo quería que mi casa tuviera ventanas y puertas y él me regaló una casa entera. El lo llenó de sol y yo de otoño. Todo tiene su momento. Este es el mío. No tiene un tema, solo tiene un fin aunque todavía no sé cuál es. Está aquí, es mi regalo. Cuidaré de él.
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domingo, 26 de marzo de 2017
miércoles, 15 de febrero de 2017
AFRO Y SAN VALENTÍN
Tengo en casa una preadolescente de pelo Afro.
...y no es solo que lo tenga afro, sino que tiene pelo para dos cabezas.
...a lo largo de estos años (doce) hemos trabajado un día sí y otro también porque se quiera a si misma, en todas sus circunstancias, con sus bondades y desdichas, siempre subjetivas, en cuanto a los determinantes de su dotación genética. Y ese es un trabajo que se construye a base de presencias, de discursos, de miradas y de convicciones.
Su melena afro desde mi punto de vista es espectacular pero coincido con ella en que, para estudiar, más vale que la lleve recogida, por su bienestar académico y, sobretodo, por el de la persona que se sienta detrás de ella. Así, a lo largo de toda primaria; al cole, su cabello ha ido recogido con trenzas (made in home) que sus esfuerzos físicos y emocionales nos han costado, o; con coleta, una solución rápida, sencilla y en un momento dado autogestionable (lo que se agradece en el día a día).
En el último año, con ese despertar a veces radical y a veces sutil de la preadolescencia, H. ya no quiere llevar trenzas (una opción válida), y como con todo, prefiere acabar rápido, para dedicarse el resto del tiempo que parecía sobrarnos, a mirarse en el espejo.
Yo, que desde siempre trabajo para que su autoestima le permita vivir plenamente, sintiéndose maravillosa en todas sus circunstancias, celebro de puertas adentro y con ella, todos sus procesos de reconciliación y enamoramiento, con aquello que es como es y no puede cambiarse.
Ayer, en su instituto, celebraban San Valentín. Con esa excusa, los chicos de los últimos cursos de la ESO organizaron una actividad para recaudar fondos para su viaje de fin de curso. La actividad consistía en encargar semanas atrás, flores (claveles) o chucherías (piruletas o gominolas de corazón) para regalárselos por sorpresa a sus amigos el día de San Valentín . En torno al hecho, se fue creando un clima de expectación y emoción muy gracioso, porque es que H. se emociona con la vida.
Lo interesante del evento para mi ha sido verla vestirse por la mañana y descubrir que había decidido llevar su melena al viento, léase suelto, en todo su esplendor. Entonces he caído en cuenta que a lo largo del año, en aquellas ocasiones en las que quería verse especialmente guapa y llamativa, su opción ha sido llevar ese pelo del que de niña ha renegado "lo suficiente", ese pelo "que sólo le gusta así a los mayores", sí, ese mismo, llevarlo libre y en toda su magnitud. Transformar ese "es que todos me miran" en tono de vergüenza de hace unos años, en "es que me gusta que me miren y tengo con qué"...
Y volvió a casa sí, rodeada de claveles, con las gominolas en el estómago y con "un todo el mundo me dijo que bonito!"; sí, los mayores pero también los menores como ella, que la quieren mucho y que se abren a otros conceptos de lo que es hermoso más allá de lo habitual
H. siempre ha sido poderosa en su ser; pero hay cosas que ha tenido y tiene que conquistar en su empoderamiento personal: su condición de adoptada, el color de su piel, su cabello...y en ello estamos y no nos va mal.
...y no es solo que lo tenga afro, sino que tiene pelo para dos cabezas....a lo largo de estos años (doce) hemos trabajado un día sí y otro también porque se quiera a si misma, en todas sus circunstancias, con sus bondades y desdichas, siempre subjetivas, en cuanto a los determinantes de su dotación genética. Y ese es un trabajo que se construye a base de presencias, de discursos, de miradas y de convicciones.
Su melena afro desde mi punto de vista es espectacular pero coincido con ella en que, para estudiar, más vale que la lleve recogida, por su bienestar académico y, sobretodo, por el de la persona que se sienta detrás de ella. Así, a lo largo de toda primaria; al cole, su cabello ha ido recogido con trenzas (made in home) que sus esfuerzos físicos y emocionales nos han costado, o; con coleta, una solución rápida, sencilla y en un momento dado autogestionable (lo que se agradece en el día a día).
En el último año, con ese despertar a veces radical y a veces sutil de la preadolescencia, H. ya no quiere llevar trenzas (una opción válida), y como con todo, prefiere acabar rápido, para dedicarse el resto del tiempo que parecía sobrarnos, a mirarse en el espejo.
Yo, que desde siempre trabajo para que su autoestima le permita vivir plenamente, sintiéndose maravillosa en todas sus circunstancias, celebro de puertas adentro y con ella, todos sus procesos de reconciliación y enamoramiento, con aquello que es como es y no puede cambiarse.
Ayer, en su instituto, celebraban San Valentín. Con esa excusa, los chicos de los últimos cursos de la ESO organizaron una actividad para recaudar fondos para su viaje de fin de curso. La actividad consistía en encargar semanas atrás, flores (claveles) o chucherías (piruletas o gominolas de corazón) para regalárselos por sorpresa a sus amigos el día de San Valentín . En torno al hecho, se fue creando un clima de expectación y emoción muy gracioso, porque es que H. se emociona con la vida.
Lo interesante del evento para mi ha sido verla vestirse por la mañana y descubrir que había decidido llevar su melena al viento, léase suelto, en todo su esplendor. Entonces he caído en cuenta que a lo largo del año, en aquellas ocasiones en las que quería verse especialmente guapa y llamativa, su opción ha sido llevar ese pelo del que de niña ha renegado "lo suficiente", ese pelo "que sólo le gusta así a los mayores", sí, ese mismo, llevarlo libre y en toda su magnitud. Transformar ese "es que todos me miran" en tono de vergüenza de hace unos años, en "es que me gusta que me miren y tengo con qué"...
Y volvió a casa sí, rodeada de claveles, con las gominolas en el estómago y con "un todo el mundo me dijo que bonito!"; sí, los mayores pero también los menores como ella, que la quieren mucho y que se abren a otros conceptos de lo que es hermoso más allá de lo habitual
H. siempre ha sido poderosa en su ser; pero hay cosas que ha tenido y tiene que conquistar en su empoderamiento personal: su condición de adoptada, el color de su piel, su cabello...y en ello estamos y no nos va mal.
Publicado por
Montse Hernández P.
en
22:27
6 comentarios:
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martes, 8 de diciembre de 2015
DEFENDER LA ALEGRIA
Estoy alegre.
Llevo días sintiendo y, sobretodo pensando alegrías, pequeñas alegrías.
Llevo meses sin escribir pero llevo días pensando en hacerlo. En escribir para celebrar la alegría.

Hace días, al llegar a casa, cuando se abrieron las puertas del ascensor, la navidad nos golpeó en la cara. A H. que venía conmigo y a mi, nos dio un ataque de risa. Era otra vez ella. Ella que no sé como se llama pero es mi vecina desde hace unos pocos años. Ella, la misma que llenó nuestro largo y anodino pasillo de hermosas plantas, y con eso le dio una calidez de la que soy consciente cuando subo al resto de pisos y los veo vacíos. Ella que nunca deja de sonreír. Ella que habla con una dulzura enorme. Sí, ella lo había vuelto a hacer....había llenado nuestro pasillo de adornos de Navidad.
Nada más abrir la puerta del ascensor...un belén, guirnaldas, colgantes con motivos navideños en cada ventana del patio interior.... Una exageración, incluso algo de mal gusto por lo recargado, pero ciertamente una exageración llena de vida. Y de alegría.
Cuando llegué a esta casa hace más de una década, ella no vivía aquí. Vivía él, con otra, que intuyo le hizo sufrir. A él le vi poco en esa época, lo suficiente para verle adelgazar, entristecer y desaparecer. La que fue su pareja se quedó en el piso. A los dos o tres años él volvió y entonces la que conocí como su pareja, desapareció. A ella, intuyo, le dolió menos la separación. Y no digo más porque no lo sé. Sólo se que me alegró verle volver a él porque parecía un buen chico y ella no lo parecía tanto.
Llegó, volvió a ser él, a sonreír. Y a su lado apareció mi actual vecina, dulce, sonriente, con sus perritas mellizas, que siempre nos saludan al llegar a casa. Ella que lo llenó de vida. A él, a nuestro pasillo, a nuestra navidad. Ella que rompe mis moldes con su delicadeza en el trato, sus horarios a destiempo ¿enfermera?, con sus atuendos de motera o sus abrigos talle largo, sus tacones o sus atuendos de runner. Ella, que sea lo que sea, siempre nos hace sonreír.
Que importante es rodearte de aquellos que te aportan alegrías. Que importante es tenerlas y, sobretodo, saber verlas.
Diciembre de por sí me supone alegrías, las alegrías propias de las celebraciones vitales, que no navideñas, aunque también. Diciembre celebra el inicio de un proceso migratorio que ha llenado mi vida de oportunidades y aprendizajes, que me ha convertido en una persona con la que me siento a gusto. Me gusta recordar esa fecha tan llena de simbolismos nacionales. Yo tenía que haber llegado en Noviembre pero un intento de golpe de estado en mi patria de origen demoró el viaje. Y llega Diciembre y con él, el cumpleaños de H., mi niña bonita que va haciéndose mujer. H. que cada día me supone más alegrías. Diciembre es para mi un mes de comienzos y no solo de finales.
Pero es verdad que andamos vital y laboralmente corriendo para "cerrar" el año adecuadamente y yo llevo días con un ojo en este presente y otro en el futuro que nos llega, tratando de no perder en esa disparidad de miradas, el paso y el ritmo que nos permita seguir avanzando. Escucho, descifro, intuyo, anticipo...
No es fácil sincronizar y acompasar emociones. Menos, hacerlo en medio de tantas urgencias e intensidades, en medio de tanto desaliento colectivo. Pero, es verdad, que si sabemos mirar, si sabemos rodearnos bien, quizás estemos mejor preparados para resistir los embates, y estoy segura que las cosas se nos harán un poco menos cuesta arriba.
Siento mucho desencanto por muchas cosas que me rodean, podría regodearme en ello...pero salgo al pasillo y mi vecina me alegra el día con su exagerada navidad. Voy a una reunión a la que no quiero ir y soy consciente de todas las cosas buenas que en ella recibo. Me regalo unos días de buena y elegida compañía, esa que me arropa y me hace sonreír. Simplemente duermo más y como mejor. Por unos días me obligo a pocos horarios y esas cosas sencillas me recuerdan lo facil que resulta a veces proveerse de pequeñas dosis de bienestar y alegría.
...y entonces la vida me regala una alegría inmensa, que no es mía, sino de otros que la han luchado y que merecen disfrutarla. Y estoy alegre sí, mucho. Y dure lo que dure quiero ser consciente de ella y disfrutarla en cada poro. Ya vendrán tiempos peores, sí. Y entonces seguiremos resistiendo al desaliento. Como ahora.
Yo también elijo y pienso, como recitaba en sus noches de desaliento alguien inmenso, "soy el amo de mi destino"... y sobretodo, "...soy el capitán de mi alma".
Llevo días sintiendo y, sobretodo pensando alegrías, pequeñas alegrías.
Llevo meses sin escribir pero llevo días pensando en hacerlo. En escribir para celebrar la alegría.
Hace días, al llegar a casa, cuando se abrieron las puertas del ascensor, la navidad nos golpeó en la cara. A H. que venía conmigo y a mi, nos dio un ataque de risa. Era otra vez ella. Ella que no sé como se llama pero es mi vecina desde hace unos pocos años. Ella, la misma que llenó nuestro largo y anodino pasillo de hermosas plantas, y con eso le dio una calidez de la que soy consciente cuando subo al resto de pisos y los veo vacíos. Ella que nunca deja de sonreír. Ella que habla con una dulzura enorme. Sí, ella lo había vuelto a hacer....había llenado nuestro pasillo de adornos de Navidad.
Nada más abrir la puerta del ascensor...un belén, guirnaldas, colgantes con motivos navideños en cada ventana del patio interior.... Una exageración, incluso algo de mal gusto por lo recargado, pero ciertamente una exageración llena de vida. Y de alegría.
Cuando llegué a esta casa hace más de una década, ella no vivía aquí. Vivía él, con otra, que intuyo le hizo sufrir. A él le vi poco en esa época, lo suficiente para verle adelgazar, entristecer y desaparecer. La que fue su pareja se quedó en el piso. A los dos o tres años él volvió y entonces la que conocí como su pareja, desapareció. A ella, intuyo, le dolió menos la separación. Y no digo más porque no lo sé. Sólo se que me alegró verle volver a él porque parecía un buen chico y ella no lo parecía tanto.
Llegó, volvió a ser él, a sonreír. Y a su lado apareció mi actual vecina, dulce, sonriente, con sus perritas mellizas, que siempre nos saludan al llegar a casa. Ella que lo llenó de vida. A él, a nuestro pasillo, a nuestra navidad. Ella que rompe mis moldes con su delicadeza en el trato, sus horarios a destiempo ¿enfermera?, con sus atuendos de motera o sus abrigos talle largo, sus tacones o sus atuendos de runner. Ella, que sea lo que sea, siempre nos hace sonreír.
Que importante es rodearte de aquellos que te aportan alegrías. Que importante es tenerlas y, sobretodo, saber verlas.
Diciembre de por sí me supone alegrías, las alegrías propias de las celebraciones vitales, que no navideñas, aunque también. Diciembre celebra el inicio de un proceso migratorio que ha llenado mi vida de oportunidades y aprendizajes, que me ha convertido en una persona con la que me siento a gusto. Me gusta recordar esa fecha tan llena de simbolismos nacionales. Yo tenía que haber llegado en Noviembre pero un intento de golpe de estado en mi patria de origen demoró el viaje. Y llega Diciembre y con él, el cumpleaños de H., mi niña bonita que va haciéndose mujer. H. que cada día me supone más alegrías. Diciembre es para mi un mes de comienzos y no solo de finales.
Pero es verdad que andamos vital y laboralmente corriendo para "cerrar" el año adecuadamente y yo llevo días con un ojo en este presente y otro en el futuro que nos llega, tratando de no perder en esa disparidad de miradas, el paso y el ritmo que nos permita seguir avanzando. Escucho, descifro, intuyo, anticipo...
No es fácil sincronizar y acompasar emociones. Menos, hacerlo en medio de tantas urgencias e intensidades, en medio de tanto desaliento colectivo. Pero, es verdad, que si sabemos mirar, si sabemos rodearnos bien, quizás estemos mejor preparados para resistir los embates, y estoy segura que las cosas se nos harán un poco menos cuesta arriba.
Siento mucho desencanto por muchas cosas que me rodean, podría regodearme en ello...pero salgo al pasillo y mi vecina me alegra el día con su exagerada navidad. Voy a una reunión a la que no quiero ir y soy consciente de todas las cosas buenas que en ella recibo. Me regalo unos días de buena y elegida compañía, esa que me arropa y me hace sonreír. Simplemente duermo más y como mejor. Por unos días me obligo a pocos horarios y esas cosas sencillas me recuerdan lo facil que resulta a veces proveerse de pequeñas dosis de bienestar y alegría.
...y entonces la vida me regala una alegría inmensa, que no es mía, sino de otros que la han luchado y que merecen disfrutarla. Y estoy alegre sí, mucho. Y dure lo que dure quiero ser consciente de ella y disfrutarla en cada poro. Ya vendrán tiempos peores, sí. Y entonces seguiremos resistiendo al desaliento. Como ahora.Yo también elijo y pienso, como recitaba en sus noches de desaliento alguien inmenso, "soy el amo de mi destino"... y sobretodo, "...soy el capitán de mi alma".
viernes, 26 de junio de 2015
LA MEDIDA DEL TIEMPO
MAS DE DOS MESES...ausente de este blog. De este espacio de encuentro. De este lugar de reflexión. Es el tiempo suficiente para echarlo de menos. He estado muda, avocada a una única tarea, bueno a dos, sin fuerzas para más. Concentrada en la tarea de acompañar a H. en el proceso de salvar este curso escolar sin daños colaterales y, también, para equilibrar balanzas, en uno de sus logros...disfrutar jugando al Baloncesto.
A veces en la vida lo tienes muy claro, algo se vuelve fundamental, requiere tus esfuerzos y energías, obliga a postergar unas cosas, insistir en otras, replantearte el resto. No ha podido ser de otra manera, pero ahora estoy aquí. Otra vez. Con la mirada centrada en otros rumbos. Pensando en la medida del tiempo.
UN SIGLO...de año escolar. Un año académico para olvidar. La sensación de ficción de estar en una pelicula de la escuela de los años 50, con una docente de las que castigaban físicamente, ponía líneas de frases torpes como castigo y usaba el autoritarismo como argumento de respeto. Y no, no ha sido una mala película de Cine de Barrio, era clase de mi hija. Nueve largos meses. Infinitos meses.
Ver aniquilada la curiosidad, la iniciativa y la motivación para el aprendizaje, no de H. sino de todos sus compañeros. Tener que soportar en el día a día a una mujer que ha sacado mis peores reflexiones sobre el sistema educativo español en su gestión (por tolerarla). Desde una mirada constructiva, que es como me gusta vivir el pasado, nos ha ofrecido la oportunidad de aprender dos cosas:
Una, que se puede ser mediocre, muy mediocre y parecer normal y eso en educación es peligroso.
Y dos; la más importante, que no importa cuán difícil parezca una batalla, si crees que debes lucharla, tienes que hacerlo aunque la pierdas, ...porque a veces ganas.
Con un poco de suerte, aún por confirmar, el año que viene no será "como establece el sistema" la tutora de mi hija. Y no lo será porque los padres transformamos las quejas de pasillo, de patio, de las afueras del colegio, en una voz mayoritaria que presentó una queja formal al centro, que tras el intento de mediación, siguió insistiendo ante las autoridades educativas ajenas al centro. Porque los padres seguimos insistiendo en que se nos diera una respuesta a la confrontación de su mediocridad e incluso maldad. Una respuesta por escrito o en entrevista personal. Porque dejamos claro que no íbamos a tolerar ninguna más, porque les recordamos que la mediocridad se mantiene porque todos callamos frente a ella y miramos para otro lado. Porque su "no es para tanto"...obtuvo siempre de nuestra boca un "Si, sí lo es. Y es mucho".
El resto es sólo quejarse. Quejarse de cómo están los jóvenes, como está la sociedad, como va el mundo. Y yo creo que el mundo de mi hija está hoy un poco mejor, porque algunos -muchos- padres y madres como yo, reivindicamos su derecho a tener otra opción mejor.
Pero acabó por ahora.
Y ella PROMOCIONA sí, y bien. Gracias a ella, gracias a mi. A pesar de ti.
Bienvenidas sean las vacaciones escolares.
OCHO AÑOS...hará en unos días, ocho años de vida compartida.
-Mamá...cuando yo tenga dieciocho años....
- Pronto. Le contesté. Era claro que le sonaba a que sería en una eternidad.
- Te faltan ocho años
- ¿Sí?......Es verdad!!
El mismo tiempo que llevamos juntas. Y entonces fue a mi a quien se le convirtió la vida en un segundo. Hemos vivido tanto desde entonces. Cabe tanta vida en tan poco espacio de tiempo. El tiempo irá diciendo lo siguiente porque yo me voy a concentrar en quererte hoy. Vivirte hoy. Emocionarme hoy.
UN INSTANTE...y sí, hoy un instante, me ha emocionado. Más bien convulsionado.
Duró unos segundos pero fue aplastante.
Conocí de D. hace algo más de tres meses. Mujer africana, Analfabeta. De edad indefinida, con otras dos pequeñas mujeres a cargo, ambas nacidas de su vientre. Irregular. Indocumentada. La más vulnerable de las vulnerables. De rostro endurecido que se ha ido cargando de gratitudes innecesarias. De carta de presentación, un papel que me entrega sin saber lo que dice, y en el que yo leo el riesgo de que la separen de su hijas. Me pongo en alerta, seguro que hay alguien a quien proteger...Hace tres meses no sabía si a ella, de las autoridades que pensaban que sus hijas estarían mejor en otro lugar o, a sus hijas; que puede que efectivamente necesitasen estar lejos de ella.
Tres meses nada más y todo cuanto ha podido ser una catástrofe, ha ido saliendo hacia adelante. Con su constancia y sin apenas apoyo nuestro. La he visto cumplir con compromiso y esfuerzo todo cuanto le hemos pedido. He visto su amor incondicional por sus hijas, su deseo de mejorar, sus esfuerzos. He visto aparecer la sonrisa en su rostro normalmente endurecido por la vida y la angustia de perder. Y después, solo mucho después, de que las certezas se hicieran fuertes, hemos entregado una insignificante ayuda económica (antes hemos dado otros apoyos).
Hoy al darle el dinero para que pueda pagar la habitación en la que reside, no le bastó regalarme su sonrisa, mas que suficiente para mi. Lo hizo, pero además, se arrodilló para darme las gracias como si yo fuera su Dios. Duró un instante, enseguida tomé su mano y la alcé...pero me tiene aterrada la sensación.
No la merezco y, sobretodo, no se la merece ella que está haciendo lo más difícil desde un lugar en el que siento la hemos colocado el resto. Nosotros y nuestras leyes. Nosotros y nuestra economía. Nosotros y nuestra moral.
La vida, está llena de instantes maravillosos y de otros, que son tremendamente míseros.
Y así andamos, haciendo equilibrios, digiriendo emociones....a ratos.
A veces en la vida lo tienes muy claro, algo se vuelve fundamental, requiere tus esfuerzos y energías, obliga a postergar unas cosas, insistir en otras, replantearte el resto. No ha podido ser de otra manera, pero ahora estoy aquí. Otra vez. Con la mirada centrada en otros rumbos. Pensando en la medida del tiempo.
UN SIGLO...de año escolar. Un año académico para olvidar. La sensación de ficción de estar en una pelicula de la escuela de los años 50, con una docente de las que castigaban físicamente, ponía líneas de frases torpes como castigo y usaba el autoritarismo como argumento de respeto. Y no, no ha sido una mala película de Cine de Barrio, era clase de mi hija. Nueve largos meses. Infinitos meses.
Ver aniquilada la curiosidad, la iniciativa y la motivación para el aprendizaje, no de H. sino de todos sus compañeros. Tener que soportar en el día a día a una mujer que ha sacado mis peores reflexiones sobre el sistema educativo español en su gestión (por tolerarla). Desde una mirada constructiva, que es como me gusta vivir el pasado, nos ha ofrecido la oportunidad de aprender dos cosas:
Una, que se puede ser mediocre, muy mediocre y parecer normal y eso en educación es peligroso.
Y dos; la más importante, que no importa cuán difícil parezca una batalla, si crees que debes lucharla, tienes que hacerlo aunque la pierdas, ...porque a veces ganas.
Con un poco de suerte, aún por confirmar, el año que viene no será "como establece el sistema" la tutora de mi hija. Y no lo será porque los padres transformamos las quejas de pasillo, de patio, de las afueras del colegio, en una voz mayoritaria que presentó una queja formal al centro, que tras el intento de mediación, siguió insistiendo ante las autoridades educativas ajenas al centro. Porque los padres seguimos insistiendo en que se nos diera una respuesta a la confrontación de su mediocridad e incluso maldad. Una respuesta por escrito o en entrevista personal. Porque dejamos claro que no íbamos a tolerar ninguna más, porque les recordamos que la mediocridad se mantiene porque todos callamos frente a ella y miramos para otro lado. Porque su "no es para tanto"...obtuvo siempre de nuestra boca un "Si, sí lo es. Y es mucho".
El resto es sólo quejarse. Quejarse de cómo están los jóvenes, como está la sociedad, como va el mundo. Y yo creo que el mundo de mi hija está hoy un poco mejor, porque algunos -muchos- padres y madres como yo, reivindicamos su derecho a tener otra opción mejor.
Pero acabó por ahora.
Y ella PROMOCIONA sí, y bien. Gracias a ella, gracias a mi. A pesar de ti.
Bienvenidas sean las vacaciones escolares.
OCHO AÑOS...hará en unos días, ocho años de vida compartida.
-Mamá...cuando yo tenga dieciocho años....
- Pronto. Le contesté. Era claro que le sonaba a que sería en una eternidad.
- Te faltan ocho años
- ¿Sí?......Es verdad!!
El mismo tiempo que llevamos juntas. Y entonces fue a mi a quien se le convirtió la vida en un segundo. Hemos vivido tanto desde entonces. Cabe tanta vida en tan poco espacio de tiempo. El tiempo irá diciendo lo siguiente porque yo me voy a concentrar en quererte hoy. Vivirte hoy. Emocionarme hoy.
UN INSTANTE...y sí, hoy un instante, me ha emocionado. Más bien convulsionado.
Duró unos segundos pero fue aplastante.
Conocí de D. hace algo más de tres meses. Mujer africana, Analfabeta. De edad indefinida, con otras dos pequeñas mujeres a cargo, ambas nacidas de su vientre. Irregular. Indocumentada. La más vulnerable de las vulnerables. De rostro endurecido que se ha ido cargando de gratitudes innecesarias. De carta de presentación, un papel que me entrega sin saber lo que dice, y en el que yo leo el riesgo de que la separen de su hijas. Me pongo en alerta, seguro que hay alguien a quien proteger...Hace tres meses no sabía si a ella, de las autoridades que pensaban que sus hijas estarían mejor en otro lugar o, a sus hijas; que puede que efectivamente necesitasen estar lejos de ella.
Tres meses nada más y todo cuanto ha podido ser una catástrofe, ha ido saliendo hacia adelante. Con su constancia y sin apenas apoyo nuestro. La he visto cumplir con compromiso y esfuerzo todo cuanto le hemos pedido. He visto su amor incondicional por sus hijas, su deseo de mejorar, sus esfuerzos. He visto aparecer la sonrisa en su rostro normalmente endurecido por la vida y la angustia de perder. Y después, solo mucho después, de que las certezas se hicieran fuertes, hemos entregado una insignificante ayuda económica (antes hemos dado otros apoyos).
Hoy al darle el dinero para que pueda pagar la habitación en la que reside, no le bastó regalarme su sonrisa, mas que suficiente para mi. Lo hizo, pero además, se arrodilló para darme las gracias como si yo fuera su Dios. Duró un instante, enseguida tomé su mano y la alcé...pero me tiene aterrada la sensación.
No la merezco y, sobretodo, no se la merece ella que está haciendo lo más difícil desde un lugar en el que siento la hemos colocado el resto. Nosotros y nuestras leyes. Nosotros y nuestra economía. Nosotros y nuestra moral.
La vida, está llena de instantes maravillosos y de otros, que son tremendamente míseros.
Y así andamos, haciendo equilibrios, digiriendo emociones....a ratos.
lunes, 23 de diciembre de 2013
RUIDO SIGNIFICATIVO
Hace unos años, envuelta en los avatares que me han vuelto a convertir en estudiante, incluso digo más, en psicóloga; conocí una pagina de facebook llamada así Ruido Significativo, una pagina comunitaria sobre la Terapia Centrada en Soluciones. Y hoy pienso en ella porque en eso estoy, en hacer significativo el ruido que me ronda.
Desde hace unos días estoy en casa de mis padres. Su hogar esta situado aproximadamente 2 mil kilómetros del mío. Y no por repetido el transito de esa distancia deja de afectarme, sorprenderme. Los kilómetros que recorro para llegar aquí, me requieren de muchos ajustes. Los de carácter práctico (billetes, equipajes, estancias intermedias,...) son pesados, pero se llevan cada vez con mejor habilidad, pero; los emocionales, me siguen costando. Los sé, los anticipo, pero me cuestan.
Probablemente lo que más, acostumbrarme al ruido de este hogar. Mis padres viven en un lugar que es un remanso de paz, un lugar geográfico tan o más silencioso que aquel que me sirve de morada cotidiana pero, a diferencia del mío, este hogar tiene muchas más personas dentro. Personas que, en general, hablan poco, pero hacen un ruido inmenso, un ruido que ellos no oyen y a mi me aturde. Un ruido con una parte hermosa pero con muchas otras que me obligan a huir a estos montes, o a este mar, que tanto me emocionan y acompañan, desde la soledad o, mejor aún, desde la intimidad de aquello que se disfruta con pocos.
Por eso los primeros días estoy aturdida con el ruido (se habla a voces, la T.V. esta al triple del volumen necesario, se cocina para diez y al cocinar se hace ruido, sopla el viento con intensidad, hay móviles y maquinitas por todos lados, mientras más niños más peleas, más carreras, más algarabía,...ruido, ruido, ruido...). Y siempre me pasa lo mismo, las primeras horas no lo escucho emocionada por los encuentros, por los abrazos y besos, la posibilidad de mirar a mis padres, a mis sobrinos y compartir la cotidianidad con ellos que anhelo con locura. Pero luego, pasados pocos días, comienzo a sentir el malestar de no encontrar el silencio que siempre ha sido mi refugio.
Crecí en un entorno silencioso y solitario y en ambas condiciones me muevo con serenidad y facilidad. Por mucho que añore lo contrario en determinados momentos me cuesta, cuando llevo muchos días rodeada de mucha gente y mucho ruido. De pronto lo noto, no me siento bien. Tengo que echarme al monte o irme al mar. Sola o con dos o tres voces. Para conversar con mis pensamientos, en voz baja, elaborando el ruido para que se vuelva significativo, para quedarme sólo con la parte buena, con esa que añoro cuando vuelvo a realizar este camino en sentido inverso.
Llevo un tiempo callada porque he tenido demasiado ruido alrededor. Antes, en casa, un ruido cargado de necesidad, la de la pequeña H. que no sabía que hacer con sus historias del cole, pero esas son otras historias que hoy no tocan. Ruido por los cierres que acompañan el final del año. Ruido por las noticias que rompen la paz en los ámbitos en los que nos movemos. Ruido por las bienvenidas a los que vienen de lejos cargados de compañía y buenas noticias, pero todos a las mismas horas, los mismos días.
Dotar de significado positivo, útil, a las cosas que nos inquietan es un ejercicio de salud mental, un trabajo que nos hace sanar y en ello estamos...escribiendo para empezar, pensando en hablarlo para seguir, y seguro que no pasan dos días sin que me tire al estos montes que tanto bien me hacen para aliviarme de mi.
Desde hace unos días estoy en casa de mis padres. Su hogar esta situado aproximadamente 2 mil kilómetros del mío. Y no por repetido el transito de esa distancia deja de afectarme, sorprenderme. Los kilómetros que recorro para llegar aquí, me requieren de muchos ajustes. Los de carácter práctico (billetes, equipajes, estancias intermedias,...) son pesados, pero se llevan cada vez con mejor habilidad, pero; los emocionales, me siguen costando. Los sé, los anticipo, pero me cuestan.
Probablemente lo que más, acostumbrarme al ruido de este hogar. Mis padres viven en un lugar que es un remanso de paz, un lugar geográfico tan o más silencioso que aquel que me sirve de morada cotidiana pero, a diferencia del mío, este hogar tiene muchas más personas dentro. Personas que, en general, hablan poco, pero hacen un ruido inmenso, un ruido que ellos no oyen y a mi me aturde. Un ruido con una parte hermosa pero con muchas otras que me obligan a huir a estos montes, o a este mar, que tanto me emocionan y acompañan, desde la soledad o, mejor aún, desde la intimidad de aquello que se disfruta con pocos.Por eso los primeros días estoy aturdida con el ruido (se habla a voces, la T.V. esta al triple del volumen necesario, se cocina para diez y al cocinar se hace ruido, sopla el viento con intensidad, hay móviles y maquinitas por todos lados, mientras más niños más peleas, más carreras, más algarabía,...ruido, ruido, ruido...). Y siempre me pasa lo mismo, las primeras horas no lo escucho emocionada por los encuentros, por los abrazos y besos, la posibilidad de mirar a mis padres, a mis sobrinos y compartir la cotidianidad con ellos que anhelo con locura. Pero luego, pasados pocos días, comienzo a sentir el malestar de no encontrar el silencio que siempre ha sido mi refugio.
![]() |
| http://www.santossaul.com/image/landscapes-1/4268 |
Llevo un tiempo callada porque he tenido demasiado ruido alrededor. Antes, en casa, un ruido cargado de necesidad, la de la pequeña H. que no sabía que hacer con sus historias del cole, pero esas son otras historias que hoy no tocan. Ruido por los cierres que acompañan el final del año. Ruido por las noticias que rompen la paz en los ámbitos en los que nos movemos. Ruido por las bienvenidas a los que vienen de lejos cargados de compañía y buenas noticias, pero todos a las mismas horas, los mismos días.
Dotar de significado positivo, útil, a las cosas que nos inquietan es un ejercicio de salud mental, un trabajo que nos hace sanar y en ello estamos...escribiendo para empezar, pensando en hablarlo para seguir, y seguro que no pasan dos días sin que me tire al estos montes que tanto bien me hacen para aliviarme de mi.
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martes, 30 de julio de 2013
MIL NOCHES Y UN INSTANTE
En las últimas semanas he estado escuchando con pasión a este chico. Llegó a mi vida de la mano de una cinta de casette cuando corría el año 1991.
Este mes ha iniciado su última gira. La ha llamado "Mil noches y un instante". Como es medio poeta, nos dice:
"Aquí estamos.
Una noche entre mil.
Un instante irrepetible.
Como el que hace nacer la canción.
Como el que ve brotar el amor.
Una noche más reunidos para el rito que disuelve el tiempo
y lo rearma a su gusto, con gusto a eternidad.
Hay cosas que toman una vida para decirse,
o un solo momento.
Este puñado de canciones atraviesa años de amor
a la música en una sola noche.
Y el alma de esa noche florece en un instante.
Pedro"
(Mil noches y un instante - Gran Rex 28/06/2013)

Y yo pienso en esa vida que se forma de instantes. Unos que se suman, para dar continuidad a tu vida y otros, que marcan un final. A veces el final es obvio, otras es incierto, a veces ambiguo y, en este caso, es triste. Quiero pensar que solo marca el comienzo de otros instantes mejores. Sé que es así, ahora sólo tengo que sentirlo.
Mientras lo siento, viene a mi memoria este poema de Borges y de él tomo fuerzas, porque, ciertamente, tengo bastantes años menos y puedo hacerlo.
viernes, 26 de julio de 2013
TIERRA
Hace diez años viajé a Argentina con dos amigas. Al final de ese viaje G. me regaló una botellita pequeña con tierra rojiza que había recogido en Iguazú. Ese viaje, fue una celebración de la vida y de la amistad. La cumplida promesa de conocer un lugar con el que soñaba desde niña.
Ese regalo marcó el comienzo de una tradición. Desde entonces, intento traerme un trocito de tierra de los lugares que me son especialmente significativos. Esos centimetros cúbicos de arena que van del blanco al negro pasando por diversos matices. También del terracota al amarillo, y varias gamas de marrones. Todos muestra de la diversidad que tanto me gusta. Esas botellas llenas de tierra y arena me recuerdan la vida vivida en esos lugares. Que casi siempre, es una buena vida.
La tierra habitualmente representa el suelo firme, las certezas, los nutrientes que nos ofrece la naturaleza, nuestro alimento y cobijo, el lugar de nuestras raíces. Raíces que nos dan certezas incluso a los que tenemos alas y no hemos dejado de volar -ni queremos-.
Tres de esos botes tienen una relevancia emocional importante para mí.
La primera es blanca y la recogí en una hermosa playa del Caribe Venezolano en el último viaje que hice a mi tierra. Lo hice acompañada de los amigos de la infancia que han permanecido en mi vida adulta. Amigos que sólo llenan mi vida de sonrisas y lugares que sólo llenan mi corazón de amor por la belleza de la tierra en que nací, a pesar de aquello en lo que se ha convertido.
La segunda es negra. Es arena volcánica de la Playa del Faro en la Isla de La Palma. La playa del pueblo en el que nacieron mis padres y deseo acabar mis días en esa visión tan romántica que atesoro de mi vejez. Esa playa de aguas cristalinas que tantas imágenes familiares me evoca.
La tercera es la arena que recogía junto a H. en el monte Entoto, a 3000 metros de altitud y con la ciudad de Addis Abeba a nuestros pies. Lo hicimos unos días antes de regresar a nuestra casa. En medio de un paisaje natural plagado de eucaliptos, y de un paisaje humano cargado de sonrisas y grandes esfuerzos físicos.
Me gustan las cosas que me nutren. Me gusta sentir que en el salón de mi casa, situada en plena meseta castellana, lejos de esas montañas y de esos mares, hay un trozo pequeño de los mundos que viven en mi.
Por cierto, me acabo de dar cuenta, no tengo ninguna botellita con tierra, de esta "tierra". Habrá que poner remedio.
Ese regalo marcó el comienzo de una tradición. Desde entonces, intento traerme un trocito de tierra de los lugares que me son especialmente significativos. Esos centimetros cúbicos de arena que van del blanco al negro pasando por diversos matices. También del terracota al amarillo, y varias gamas de marrones. Todos muestra de la diversidad que tanto me gusta. Esas botellas llenas de tierra y arena me recuerdan la vida vivida en esos lugares. Que casi siempre, es una buena vida.
La tierra habitualmente representa el suelo firme, las certezas, los nutrientes que nos ofrece la naturaleza, nuestro alimento y cobijo, el lugar de nuestras raíces. Raíces que nos dan certezas incluso a los que tenemos alas y no hemos dejado de volar -ni queremos-.
Tres de esos botes tienen una relevancia emocional importante para mí.
La primera es blanca y la recogí en una hermosa playa del Caribe Venezolano en el último viaje que hice a mi tierra. Lo hice acompañada de los amigos de la infancia que han permanecido en mi vida adulta. Amigos que sólo llenan mi vida de sonrisas y lugares que sólo llenan mi corazón de amor por la belleza de la tierra en que nací, a pesar de aquello en lo que se ha convertido.
La segunda es negra. Es arena volcánica de la Playa del Faro en la Isla de La Palma. La playa del pueblo en el que nacieron mis padres y deseo acabar mis días en esa visión tan romántica que atesoro de mi vejez. Esa playa de aguas cristalinas que tantas imágenes familiares me evoca.
La tercera es la arena que recogía junto a H. en el monte Entoto, a 3000 metros de altitud y con la ciudad de Addis Abeba a nuestros pies. Lo hicimos unos días antes de regresar a nuestra casa. En medio de un paisaje natural plagado de eucaliptos, y de un paisaje humano cargado de sonrisas y grandes esfuerzos físicos.
Me gustan las cosas que me nutren. Me gusta sentir que en el salón de mi casa, situada en plena meseta castellana, lejos de esas montañas y de esos mares, hay un trozo pequeño de los mundos que viven en mi.
Por cierto, me acabo de dar cuenta, no tengo ninguna botellita con tierra, de esta "tierra". Habrá que poner remedio.
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Sonrisas,
Tiempo.
viernes, 31 de mayo de 2013
CICLOS Y CICLONES....
Hace unos meses yo sentía que me ahogaba...
...pero sucede otra vez, el tiempo pasa, todo es un ciclo que se cumple riguroso. Cuando llega el otoño, mi estación preferida del año, yo inicio un ciclo que me llena de tormentas, me clavo como nunca un reloj al pecho y al cerebro, y empiezo a sacar cuentas, a contar minutos, a hacer encaje de bolillos entre trabajo y escuela. En esos largos meses siento el viento como un ciclón que siempre amenaza, que siempre me lleva (nos lleva), corriendo de un lado a otro, o quizás no corriendo, pero sí a un ritmo más rápido que el deseado. Con lo que a mi me gusta pasear!.
...pero hoy acaba Mayo y yo recupero buena parte de mi vida. No en horas, que al final son las
mismas, sino en rutinas. A partir de hoy, mis tardes son mías. Ya no juego al tetrics sino más bien al mikado y realmente me gusta más, cada vez es distinto y hay más posibilidades y retos. No todo es encajar, no todo es correr para encajar, sino que es una sorpresa y una posibilidad, y tu eres más dueño de tus posibilidades. Es estrategia y riesgo. Y eso me resulta sin duda más apetecible.
Y me acuerdo como si fuera hoy de la tristeza que sentía en aquella tarde que me despedía de muchas cosas. Y pienso en lo vivido desde entonces. Pienso, en que las cosas que perdía aquella tarde, están aquí otra vez, porque son mías, sólo tengo que dejar que el tiempo pase. Y pienso que este es, este año más que nunca, un año de aprendizaje.
Porque este ha sido un año escolar compartido. Madre e hija, cada una a su escuela, a experimentar y aprender. H. ha descubierto con pasión y con dolor el mundo de los deberes. Por suerte, lo ha hecho de la mano de la mejor de las maestras posibles. Este año nos asoma a lo que será un camino difícil, un anticipo de los esfuerzos y de la constancia que necesitaremos para avanzar.
Yo, por mi parte, he vuelto a estudiar, o más bien a aprender, que no es lo mismo. Y, realmente, con buenos maestros, es una delicia. Y M. sigue siendolo pero tiene razón, los años a los dos nos han hecho mejores. Más sabios pero también más humildes. Y se nota. En estos meses, además de ser madre he sido más cosas. He vuelto a pensar en mi de forma sostenida. En mi como mujer, en mi como profesional. Vuelvo a confiar en el valor de aquello que tanto me ha gustado hacer siempre y se estaba desdibujando entre papeles de auditorías. Me gusta la psicología y me gusta sentirme útil. En este tiempo de emociones exacerbadas ha venido muy bien agudizar la mirada y organizar la estrategia para ver todo lo positivo que seguimos teniendo.
Así que dio mucho de sí, a pesar de mi tristeza. Avancé, crecí, maduré, cerré y abrí, recuperé y despedí, reí y lloré. Abracé. Escribí. Ayudé, pedí,...hice tantas cosas y el tiempo pasó y estamos aquí, otra vez... Vivas y con muchas ganas.
Verano, aunque estás indeciso, bienvenidas sean tus tardes...por echarnos unas risas siempre en buena compañía. Por todos los viajes que llegarán. Por todo el tiempo que nos dedicaremos a jugar, a brillar y, sin duda, a amar.
...pero sucede otra vez, el tiempo pasa, todo es un ciclo que se cumple riguroso. Cuando llega el otoño, mi estación preferida del año, yo inicio un ciclo que me llena de tormentas, me clavo como nunca un reloj al pecho y al cerebro, y empiezo a sacar cuentas, a contar minutos, a hacer encaje de bolillos entre trabajo y escuela. En esos largos meses siento el viento como un ciclón que siempre amenaza, que siempre me lleva (nos lleva), corriendo de un lado a otro, o quizás no corriendo, pero sí a un ritmo más rápido que el deseado. Con lo que a mi me gusta pasear!.
...pero hoy acaba Mayo y yo recupero buena parte de mi vida. No en horas, que al final son las
mismas, sino en rutinas. A partir de hoy, mis tardes son mías. Ya no juego al tetrics sino más bien al mikado y realmente me gusta más, cada vez es distinto y hay más posibilidades y retos. No todo es encajar, no todo es correr para encajar, sino que es una sorpresa y una posibilidad, y tu eres más dueño de tus posibilidades. Es estrategia y riesgo. Y eso me resulta sin duda más apetecible.
Y me acuerdo como si fuera hoy de la tristeza que sentía en aquella tarde que me despedía de muchas cosas. Y pienso en lo vivido desde entonces. Pienso, en que las cosas que perdía aquella tarde, están aquí otra vez, porque son mías, sólo tengo que dejar que el tiempo pase. Y pienso que este es, este año más que nunca, un año de aprendizaje.
Porque este ha sido un año escolar compartido. Madre e hija, cada una a su escuela, a experimentar y aprender. H. ha descubierto con pasión y con dolor el mundo de los deberes. Por suerte, lo ha hecho de la mano de la mejor de las maestras posibles. Este año nos asoma a lo que será un camino difícil, un anticipo de los esfuerzos y de la constancia que necesitaremos para avanzar.
Yo, por mi parte, he vuelto a estudiar, o más bien a aprender, que no es lo mismo. Y, realmente, con buenos maestros, es una delicia. Y M. sigue siendolo pero tiene razón, los años a los dos nos han hecho mejores. Más sabios pero también más humildes. Y se nota. En estos meses, además de ser madre he sido más cosas. He vuelto a pensar en mi de forma sostenida. En mi como mujer, en mi como profesional. Vuelvo a confiar en el valor de aquello que tanto me ha gustado hacer siempre y se estaba desdibujando entre papeles de auditorías. Me gusta la psicología y me gusta sentirme útil. En este tiempo de emociones exacerbadas ha venido muy bien agudizar la mirada y organizar la estrategia para ver todo lo positivo que seguimos teniendo.
Así que dio mucho de sí, a pesar de mi tristeza. Avancé, crecí, maduré, cerré y abrí, recuperé y despedí, reí y lloré. Abracé. Escribí. Ayudé, pedí,...hice tantas cosas y el tiempo pasó y estamos aquí, otra vez... Vivas y con muchas ganas.
Verano, aunque estás indeciso, bienvenidas sean tus tardes...por echarnos unas risas siempre en buena compañía. Por todos los viajes que llegarán. Por todo el tiempo que nos dedicaremos a jugar, a brillar y, sin duda, a amar.
viernes, 10 de mayo de 2013
EL OFICIO DEL PENSAMIENTO...
Hace un par de semanas un amigo me contó algo muy importante, por trascendental y, para mi, por inesperado. Algo muy significativo para su vida y, necesariamente, para la nuestra. Algo que me emociona. Por eso he estado pensando mucho en él y en aquello que me ha contado.
Desde entonces este par de semanas se diferencian fundamentalmente en que durante la primera he compartido mi cotidianidad con H. y con sus vivencias, necesidades, urgencias, alegrías y angustias. En la segunda, H. ha estado fuera de casa haciendo una actividad de Aulas de la Naturaleza con su clase así que yo he vuelto a estar nuevamente cuatro días sola, sola conmigo misma y mis pensamientos.
Sola, por decir algo.
El fin de semana que media entre ambas semanas hemos estado con P., nuestro amigo, y nos hemos disfrutado como siempre que nos encontramos. Muchísimo. Tras el adiós, porque P. vive lejos, bastante lejos, nos hemos quedado bajitos afectivamente, con esa nostalgia elaborada ya en miles de despedidas físicas, que sólo hacen evidente cuan unidos estamos emocionalmente. Y así bajitas, y en soledad, hemos estado pensando.
Anoche soñé con P. y el tema que nos ocupa y pensé: no puedo sacarme lo contado del pensamiento.
Antes de tener hijos yo no podía sacarme de la cabeza (o más bien del corazón) las cosas que me inquietaban. Cuando algo me importaba seguía acompañandome, atormentándome, acariciándome (según fuera el caso), durante horas, días,... Rumiación*, según lo denominan los que saben.
Entre las miles de virtudes que tiene mi vida con H., hay una que valoro en el Top Ten. Y es que H. me libera de mi misma. Me distrae de mi misma, de mis trampas y mis angustias.
Tras estar con ella, cuando vuelvo a mi, me reencuentro con mis pensamientos pero han perdido fuerza, se han relativizado, se han matizado en el contraste vital que me supone compararlos, acompañarlos, redefinirlos con aquello que H., y mi vida con H, me ha aportado en el camino. Desde que estoy con H. he dejado de rumiar. Ahora, sólo pienso el tiempo necesario para darle utilidad al pensamiento, porque ella siempre llega antes.
Pero H. no está y por eso te pienso compañero. Te pienso, con todos los rostros en los que te miro, incluso en este con el que me sorprendes. Y te pienso a todas horas y como siempre te celebro, por no decirte una vez más, que te echo de menos. Y es que cuando estás, estás tanto.
Y lo que nos queda.
* Pensamiento intrusivo, fruto de emociones intensas pasadas, de carácter muy persistente, recurrente (que vuelve, se repite…), y ajeno a la voluntad del individuo, que suele ir acompañado de un cierto malestar y que se mantiene hasta que el individuo logra resolver la situación
Desde entonces este par de semanas se diferencian fundamentalmente en que durante la primera he compartido mi cotidianidad con H. y con sus vivencias, necesidades, urgencias, alegrías y angustias. En la segunda, H. ha estado fuera de casa haciendo una actividad de Aulas de la Naturaleza con su clase así que yo he vuelto a estar nuevamente cuatro días sola, sola conmigo misma y mis pensamientos.
El fin de semana que media entre ambas semanas hemos estado con P., nuestro amigo, y nos hemos disfrutado como siempre que nos encontramos. Muchísimo. Tras el adiós, porque P. vive lejos, bastante lejos, nos hemos quedado bajitos afectivamente, con esa nostalgia elaborada ya en miles de despedidas físicas, que sólo hacen evidente cuan unidos estamos emocionalmente. Y así bajitas, y en soledad, hemos estado pensando.
Anoche soñé con P. y el tema que nos ocupa y pensé: no puedo sacarme lo contado del pensamiento.
Antes de tener hijos yo no podía sacarme de la cabeza (o más bien del corazón) las cosas que me inquietaban. Cuando algo me importaba seguía acompañandome, atormentándome, acariciándome (según fuera el caso), durante horas, días,... Rumiación*, según lo denominan los que saben.
Entre las miles de virtudes que tiene mi vida con H., hay una que valoro en el Top Ten. Y es que H. me libera de mi misma. Me distrae de mi misma, de mis trampas y mis angustias.
Tras estar con ella, cuando vuelvo a mi, me reencuentro con mis pensamientos pero han perdido fuerza, se han relativizado, se han matizado en el contraste vital que me supone compararlos, acompañarlos, redefinirlos con aquello que H., y mi vida con H, me ha aportado en el camino. Desde que estoy con H. he dejado de rumiar. Ahora, sólo pienso el tiempo necesario para darle utilidad al pensamiento, porque ella siempre llega antes. Pero H. no está y por eso te pienso compañero. Te pienso, con todos los rostros en los que te miro, incluso en este con el que me sorprendes. Y te pienso a todas horas y como siempre te celebro, por no decirte una vez más, que te echo de menos. Y es que cuando estás, estás tanto.
Y lo que nos queda.
* Pensamiento intrusivo, fruto de emociones intensas pasadas, de carácter muy persistente, recurrente (que vuelve, se repite…), y ajeno a la voluntad del individuo, que suele ir acompañado de un cierto malestar y que se mantiene hasta que el individuo logra resolver la situación
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lunes, 1 de abril de 2013
CELEBRANDO ABRIL...
Nací un día como hoy, hace muchos años. Llegué con prisas, dos meses antes de lo previsto y aunque eso trajo sus consecuencias, por suerte ninguna fue de lamentar.
Mi memoria es bastante frágil a estas alturas, así que mi "desde siempre" no suele ser un plazo temporal muy largo. Sin embargo, a mi me vale. "Desde siempre" celebro con una ilusión que me supera este aniversario y, en mi "desde siempre", no puedo más que celebrar el nacer, el sobrevivir y el bienvivir de los años que le han seguido.
Hoy, como no podía ser de otra manera, hemos celebrado muchas cosas, la mayoría de ellas, alegrías compartidas.
Quiero suponer que al igual que yo, cada una de las personas que ha transitado conmigo alguna parte del camino, tiene algún recuerdo para mí. Me lleva en su memoria y al hacerlo me regala lo que yo quería, que era quedarme con, y en, él o ella.
Algunas veces, coincide que me recuerdan por el cumpleaños (Facebook ayuda), otras; por Navidad. En esos casos habitualmente te lo dicen (y lo digo) ya sabeis: fase etílica "Exaltación de la amistad". Otras veces, sin excusas, sin ni siquiera motivos, algo sucede, alguien viene a tu memoria y al recordarle, como dice el sabio de Galeano, volvemos a pasarle por el corazón.
Hoy, es mi cumpleaños y lo celebro. Los que me hicieron saber que compartían mi celebración y, otros tantos que lo han olvidado hoy, pero no mañana, o pasado, o..., han vuelto a pasar por mi corazón y eso me hace, en definitiva, una mujer un poco (más bien mucho) más feliz.
GRACIAS a todos y todas, no por la felicitación (que también) sino por la parte de camino que habeis decidido compartir conmigo.
Que la vida nos encuentre, muchas veces y, sobretodo; en muchos sitios.
Mi memoria es bastante frágil a estas alturas, así que mi "desde siempre" no suele ser un plazo temporal muy largo. Sin embargo, a mi me vale. "Desde siempre" celebro con una ilusión que me supera este aniversario y, en mi "desde siempre", no puedo más que celebrar el nacer, el sobrevivir y el bienvivir de los años que le han seguido.
Hoy, como no podía ser de otra manera, hemos celebrado muchas cosas, la mayoría de ellas, alegrías compartidas.
Quiero suponer que al igual que yo, cada una de las personas que ha transitado conmigo alguna parte del camino, tiene algún recuerdo para mí. Me lleva en su memoria y al hacerlo me regala lo que yo quería, que era quedarme con, y en, él o ella.
Algunas veces, coincide que me recuerdan por el cumpleaños (Facebook ayuda), otras; por Navidad. En esos casos habitualmente te lo dicen (y lo digo) ya sabeis: fase etílica "Exaltación de la amistad". Otras veces, sin excusas, sin ni siquiera motivos, algo sucede, alguien viene a tu memoria y al recordarle, como dice el sabio de Galeano, volvemos a pasarle por el corazón.
Hoy, es mi cumpleaños y lo celebro. Los que me hicieron saber que compartían mi celebración y, otros tantos que lo han olvidado hoy, pero no mañana, o pasado, o..., han vuelto a pasar por mi corazón y eso me hace, en definitiva, una mujer un poco (más bien mucho) más feliz.
GRACIAS a todos y todas, no por la felicitación (que también) sino por la parte de camino que habeis decidido compartir conmigo.
Que la vida nos encuentre, muchas veces y, sobretodo; en muchos sitios.
sábado, 16 de febrero de 2013
CANGURO
El viernes pasado fuimos a conocer a S. que nació hace un mes y medio. A los padres de S. no les vemos mucho pero es cierto que H. ha tenido la oportunidad de ver crecer la barriga de L, la madre de S. Conocerlo fuera de la barriga, es algo que todavía le maravilla y que, como no, alborota sus sentidos y sus pensamientos.
En este caso no sólo lo ha visto. Por suerte para H., el padre de S. es un valiente, que cree en el poder de la experiencia sobre el poder de la palabra. No tardó una hora en tomar a su hijo y ponerlo en el regazo de mi hija. A ella, inmediatamente le brillaron los ojos y se le hinchó el pecho de la emoción. Mientras, el resto de mujeres de la sala (madre, abuela y tías afectivas de S.) vigilábamos de cerca todos sus movimientos, no ocurriera la desgracia de que el niño se le cayera. Pero no, allí estuvo S., cómodo y sonriente. Y a su lado la bella H., hipnotizada.
En un momento dado de ese tiempo mágico, S. protestó y la reacción instintiva de mi hija fue acunarle, palmearle y mecerle suavemente, y ese gesto tan inmediato, provocó en todos nosotros una sonrisa, aplaudiendo su buen hacer como madre. Para tranquilidad de mi niña, S. respondió a sus cuidados y se quedó placidamente adormilado.
Así acabó nuestro domingo, frío muy frío, ventoso y lluvioso por fuera. Pero cálido, tremendamente cálido, por dentro. Rodeadas de amigos que entrelazamos orígenes distintos pero unidos en los azares de la vida que nos mezclan. Celebrando al recién llegado, tomando chocolate caliente especialmente traído de la tierra de su madre. Me gustan los domingos así.
Lunes y martes de carnaval, días festivos para los estudiantes pero laborables para sus padres, H. acude a un centro con niños de distintas edades en un proyecto gestionado por la institución en la que trabajo. Lo llamamos "El Canguro". Esa actividad se realiza en una sala anexa de las instalaciones en las que tenemos una Guardería. Así que lunes y martes H. estuvo compartiendo con niños de entre 3 y 10 años pero viendo también a los de 0 a 3 que están en la Guardería y las rutinas que giran en torno a ellos.
Léase, hemos tenido sobredosis de maternidad. Como no podía esperarse de otra manera, nada más llegar a casa empezaba a ejercer de madre con sus muñecas. En este caso, dos mellizas (son iguales pero regaladas por separado) negras y guapas, como la bella etíope que vive conmigo.
Ciertamente como madre me emociona verla ejerciendo de madre. Ver las cosas que se plantea en cuanto a embarazos, partos y familias; como asume la crianza de sus hijos, las preguntas que me hace y las respuestas que me da. Verla en ello me hizo recordar que antes de que tuviera el primer coche de paseo de muñecas, cuando aún llevaba muy poco tiempo aquí, cuando apenas hablaba, me pidió con señas que le atara la muñeca que hacía de hija, a su espalda. Mi instinto inicial fue colocarle el bebé en la parte delantera, sobre su pecho, pero ella lo rechazaba y lo colocaba detrás. En estos días esta imagen de El Armario de Yaivi un blog interesantísimo también ha hecho que viniera a mi memoria. Echadle un vistazo, desde distintos ámbitos ofrece mucha información que invita a la reflexión y a la emoción.
Para mi sorpresa, buscando imágenes de lo que pensaba era un privilegio africano me encontré con este blog . Está en inglés pero como las imágenes no tienen idioma, me sirven para darme cuenta de que esa necesidad emocional (de contacto piel con piel) y funcional (de tener dos manos libres para trabajar) no es exclusiva de África, y ni siquiera es actual. Mujeres (y sí, creo que sólo más recientemente hombres) de todos los lugares y todos los tiempos, han apostado por esta forma de sentir y compartir la vida y las emociones al lado de sus hijos e hijas. De cerca. De piel a piel. No en balde dicen que el roce hace el cariño. Disfrutenlas, que merece a pena. Y como muestra un botón...
En este caso no sólo lo ha visto. Por suerte para H., el padre de S. es un valiente, que cree en el poder de la experiencia sobre el poder de la palabra. No tardó una hora en tomar a su hijo y ponerlo en el regazo de mi hija. A ella, inmediatamente le brillaron los ojos y se le hinchó el pecho de la emoción. Mientras, el resto de mujeres de la sala (madre, abuela y tías afectivas de S.) vigilábamos de cerca todos sus movimientos, no ocurriera la desgracia de que el niño se le cayera. Pero no, allí estuvo S., cómodo y sonriente. Y a su lado la bella H., hipnotizada.
En un momento dado de ese tiempo mágico, S. protestó y la reacción instintiva de mi hija fue acunarle, palmearle y mecerle suavemente, y ese gesto tan inmediato, provocó en todos nosotros una sonrisa, aplaudiendo su buen hacer como madre. Para tranquilidad de mi niña, S. respondió a sus cuidados y se quedó placidamente adormilado.
Así acabó nuestro domingo, frío muy frío, ventoso y lluvioso por fuera. Pero cálido, tremendamente cálido, por dentro. Rodeadas de amigos que entrelazamos orígenes distintos pero unidos en los azares de la vida que nos mezclan. Celebrando al recién llegado, tomando chocolate caliente especialmente traído de la tierra de su madre. Me gustan los domingos así.
Lunes y martes de carnaval, días festivos para los estudiantes pero laborables para sus padres, H. acude a un centro con niños de distintas edades en un proyecto gestionado por la institución en la que trabajo. Lo llamamos "El Canguro". Esa actividad se realiza en una sala anexa de las instalaciones en las que tenemos una Guardería. Así que lunes y martes H. estuvo compartiendo con niños de entre 3 y 10 años pero viendo también a los de 0 a 3 que están en la Guardería y las rutinas que giran en torno a ellos.
Léase, hemos tenido sobredosis de maternidad. Como no podía esperarse de otra manera, nada más llegar a casa empezaba a ejercer de madre con sus muñecas. En este caso, dos mellizas (son iguales pero regaladas por separado) negras y guapas, como la bella etíope que vive conmigo.
Ciertamente como madre me emociona verla ejerciendo de madre. Ver las cosas que se plantea en cuanto a embarazos, partos y familias; como asume la crianza de sus hijos, las preguntas que me hace y las respuestas que me da. Verla en ello me hizo recordar que antes de que tuviera el primer coche de paseo de muñecas, cuando aún llevaba muy poco tiempo aquí, cuando apenas hablaba, me pidió con señas que le atara la muñeca que hacía de hija, a su espalda. Mi instinto inicial fue colocarle el bebé en la parte delantera, sobre su pecho, pero ella lo rechazaba y lo colocaba detrás. En estos días esta imagen de El Armario de Yaivi un blog interesantísimo también ha hecho que viniera a mi memoria. Echadle un vistazo, desde distintos ámbitos ofrece mucha información que invita a la reflexión y a la emoción.
Para mi sorpresa, buscando imágenes de lo que pensaba era un privilegio africano me encontré con este blog . Está en inglés pero como las imágenes no tienen idioma, me sirven para darme cuenta de que esa necesidad emocional (de contacto piel con piel) y funcional (de tener dos manos libres para trabajar) no es exclusiva de África, y ni siquiera es actual. Mujeres (y sí, creo que sólo más recientemente hombres) de todos los lugares y todos los tiempos, han apostado por esta forma de sentir y compartir la vida y las emociones al lado de sus hijos e hijas. De cerca. De piel a piel. No en balde dicen que el roce hace el cariño. Disfrutenlas, que merece a pena. Y como muestra un botón...lunes, 31 de diciembre de 2012
EN TRANSITO...
Nos despedimos de un tiempo intenso... dicen que entramos en otro que también lo será. Esperemos que en cualidad distintos y que, en todos los casos, nos suponga aprendizajes en positivo.
Me acuna el lugar de siempre, rodeada de mis certezas y de las cosas que me unen y diferencian de ellos.
He tenido una familia y cada día soy más conciente de la suerte que he tenido con ello. Tengo más de cuatro decadas a los hombros, mi padres casi el doble. Mi hermano menor, el único, ese extraño del que formo parte sólo por el contraste que nos une. Ambos, el sol y la luna, igualmente importantes para que el mundo gire y orden familiar se mantenga. Nuestros hijos en blanco y negro, en femenino y en masculino, en el amor y desamor que han supuesto, en lo demasiado y en lo poco que se sienten, en la algarabia que nos regalan, en el corazón que tienen, en la trascendencia que nos dan.
Me acuna esta tierra que no es mia pero se parece a la que sí lo es pero no puede cobijarme.
Tengo una familia. Tengo salud, trabajo y amor. Me faltan cosas sí pero tengo las más importantes.
Bienvenido seas Año Nuevo.
Gracias Año Viejo, gracias a todos los finales de año que tanta felicidad me han dado. Bailando o durmiendo. Amaneciendo, acompañada; con chocolate y pan dulce. O acostada sola en una casa ajena. A ver qué toca esta vez.
Estoy viva y estoy bien.
En esencia, estoy agradecida. Pero quiero más, eso también.
Manos a la obra.
Me acuna el lugar de siempre, rodeada de mis certezas y de las cosas que me unen y diferencian de ellos.
He tenido una familia y cada día soy más conciente de la suerte que he tenido con ello. Tengo más de cuatro decadas a los hombros, mi padres casi el doble. Mi hermano menor, el único, ese extraño del que formo parte sólo por el contraste que nos une. Ambos, el sol y la luna, igualmente importantes para que el mundo gire y orden familiar se mantenga. Nuestros hijos en blanco y negro, en femenino y en masculino, en el amor y desamor que han supuesto, en lo demasiado y en lo poco que se sienten, en la algarabia que nos regalan, en el corazón que tienen, en la trascendencia que nos dan.
Me acuna esta tierra que no es mia pero se parece a la que sí lo es pero no puede cobijarme.
Tengo una familia. Tengo salud, trabajo y amor. Me faltan cosas sí pero tengo las más importantes.
Bienvenido seas Año Nuevo.
Gracias Año Viejo, gracias a todos los finales de año que tanta felicidad me han dado. Bailando o durmiendo. Amaneciendo, acompañada; con chocolate y pan dulce. O acostada sola en una casa ajena. A ver qué toca esta vez.
Estoy viva y estoy bien.
En esencia, estoy agradecida. Pero quiero más, eso también.
Manos a la obra.
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Montse Hernández P.
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domingo, 23 de diciembre de 2012
...DE TU MANO
H. a veces necesita que le tiendan la mano para sentirse más cómoda.
Algún tiempo después de verse muchas veces reflejada en un espejo, H. se dio cuenta de que era negra y eso comenzó a interrogarla. Comenzó a tener dudas, incluso, a tener temores.
Mientras no lo supo, se movía con soltura. Amaba a la gente, así en general. Regalaba besos a diestra y siniestra, a propios y extraños, y se relacionó sin dudas ni temores. El mejor ejemplo, sus compañeros de clase a quienes quiere y la quieren con entusiasmo.
En algún momento, sin embargo, ese reflejo de su negritud la llenó de dudas. Y con esas dudas, no ha sabido claramente manejar el significado que el color de su piel le reflejaba.
Por un lado, recibe un mensaje normalizador de mi parte, de una parte importante de su entorno, que reconoce su diferencia en el marco de otras diferencias posibles, y le otorga un significado amplio, enriquecedor. Tan condicionante como muchos otros, que te colocan en situación de minoría, que no de desventaja.
Por otro lado, sin embargo, recibe un mensaje más subliminal (social), o explícito de algunos niños del cole (curiosamente pertenecientes a otra minoría) en negativo. Y ese segundo mensaje "cala". Y hace que a menudo, su respuesta a mi pregunta sobre el por qué teme hacer algo absolutamente normal a nivel de relación social, es. "...pero es que yo soy negra".
H. tiene dudas y no sabe si puede andar espontáneamente por el mundo...
Debido a los condicionantes que en ocasiones genera eso en su primer encuentro con otros niños, este año la he apuntado a dos actividades extraescolares que implicaban necesariamente relaciones con niños ajenos a su entorno habitual (y protegido) del colegio.
El primer día de una de ellas, conocimos a V., otra niña de su edad a quien veíamos por primera vez, sin ningún tipo de referencia previa. V. sin la mediación de ningún adulto le sonrió y le dijo...que trenzas tan bonitas!...y, nos minutos más tarde,..que piel más suave!...y así cada día, todos los días, a lo largo de estos tres meses. V. le sonríe, le alaba, se le iluminan los ojos cuando la ve, la elige cuando hay que hacer pareja y la hace sentir valiosa.
V. no sabe cuanto le debemos!!!.
Esa respuesta de V. ha favorecido que H. se relajara. Al relajarse, se ha mostrado más dispuesta a dar el tiempo que las relaciones necesitan para iniciarse, crecer, consolidarse. Tres meses después, no es sólo V., son la mayoría de las compañeras las que hacen que H. sonría, bromee, se desinhiba, abrace...Yo la veo hacerlo y sonrío. Ella me lo cuenta porque le parece un hecho excepcional (habrá que darle tiempo también para que relativice). H. se siente importante para el grupo.
H. se ha olvidado de que pertenece a una minoría. Ahora se ha vuelto más importante para ella sentir que forma parte de ese algo que forman todas. Creo que ha dejado de pensar en el color de su piel. Eso la vuelve la niña que es y de la que a veces se olvida: una niña alegre y feliz, una niña capaz y competente, una niña a la que le gusta mucho la gente
V. no me cansaré nunca de dártelas:....GRACIAS.... GRACIAS... GRACIAS...
Algún tiempo después de verse muchas veces reflejada en un espejo, H. se dio cuenta de que era negra y eso comenzó a interrogarla. Comenzó a tener dudas, incluso, a tener temores.
Mientras no lo supo, se movía con soltura. Amaba a la gente, así en general. Regalaba besos a diestra y siniestra, a propios y extraños, y se relacionó sin dudas ni temores. El mejor ejemplo, sus compañeros de clase a quienes quiere y la quieren con entusiasmo.
En algún momento, sin embargo, ese reflejo de su negritud la llenó de dudas. Y con esas dudas, no ha sabido claramente manejar el significado que el color de su piel le reflejaba.
Por un lado, recibe un mensaje normalizador de mi parte, de una parte importante de su entorno, que reconoce su diferencia en el marco de otras diferencias posibles, y le otorga un significado amplio, enriquecedor. Tan condicionante como muchos otros, que te colocan en situación de minoría, que no de desventaja.
Por otro lado, sin embargo, recibe un mensaje más subliminal (social), o explícito de algunos niños del cole (curiosamente pertenecientes a otra minoría) en negativo. Y ese segundo mensaje "cala". Y hace que a menudo, su respuesta a mi pregunta sobre el por qué teme hacer algo absolutamente normal a nivel de relación social, es. "...pero es que yo soy negra".
H. tiene dudas y no sabe si puede andar espontáneamente por el mundo...
Debido a los condicionantes que en ocasiones genera eso en su primer encuentro con otros niños, este año la he apuntado a dos actividades extraescolares que implicaban necesariamente relaciones con niños ajenos a su entorno habitual (y protegido) del colegio.
El primer día de una de ellas, conocimos a V., otra niña de su edad a quien veíamos por primera vez, sin ningún tipo de referencia previa. V. sin la mediación de ningún adulto le sonrió y le dijo...que trenzas tan bonitas!...y, nos minutos más tarde,..que piel más suave!...y así cada día, todos los días, a lo largo de estos tres meses. V. le sonríe, le alaba, se le iluminan los ojos cuando la ve, la elige cuando hay que hacer pareja y la hace sentir valiosa.
V. no sabe cuanto le debemos!!!.
Esa respuesta de V. ha favorecido que H. se relajara. Al relajarse, se ha mostrado más dispuesta a dar el tiempo que las relaciones necesitan para iniciarse, crecer, consolidarse. Tres meses después, no es sólo V., son la mayoría de las compañeras las que hacen que H. sonría, bromee, se desinhiba, abrace...Yo la veo hacerlo y sonrío. Ella me lo cuenta porque le parece un hecho excepcional (habrá que darle tiempo también para que relativice). H. se siente importante para el grupo.
H. se ha olvidado de que pertenece a una minoría. Ahora se ha vuelto más importante para ella sentir que forma parte de ese algo que forman todas. Creo que ha dejado de pensar en el color de su piel. Eso la vuelve la niña que es y de la que a veces se olvida: una niña alegre y feliz, una niña capaz y competente, una niña a la que le gusta mucho la gente
V. no me cansaré nunca de dártelas:....GRACIAS.... GRACIAS... GRACIAS...
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jueves, 6 de diciembre de 2012
CON PATAS...
Como ha sido el cumpleaños de H. una amiga me ha preguntado si podía regalarle una tortuga. La verdad, no lo he dudado ni un momento, he dicho que sí. "Tortugas" pasa la estricta criba que determina quien viene a a casa a vivir con nosotros.
Vivimos en un piso pequeño así que el uso del espacio es importante. Tambien, por tiempos, a veces tenemos dificultades para cuidarnos a nosotras mismas. No podemos entonces asumir muchas más responsabilidades en el cuidado de otros. Con nuestras plantitas, que a veces notan nuestra falta de mimos, es suficiente.
Hace años vi una pelicula indiferente de las que pasan los domingos por la tarde. En ella, el terapeuta de un centro de desintoxicación, al darle el alta a sus pacientes, les regalaba una planta y les decía algo así: cuídala, si dentro de un año está viva, estás preparado para iniciar una relación afectiva. Esa frase, sí ha trascendido en mi memoria.
La capacidad de cuidarnos a nosotros mismos va de la mano de nuestra capacidad de cuidar a otros. Creo que cuidar a otros seres vivos, durante cierto tiempo y a cambio de nada, puede ser el paso previo a comprometernos y ofrecer garantías de relaciones humanas estables y sólidas. Por eso pienso que es importante que en la vida de los niños exista esa posibilidad de cuidar a otros. Y eso, las mascotas, lo posibilitan.
A pesar de haber crecido buena parte de mi vida entre animales, no soy de las que los quiere en casa. Siempre he tenido la excusa del tamaño de estas para no tenerlos. Me gustán, sí, pero los prefiero en libertad. Como testigo, sin embargo, me emociona que alguien los trate como un miembro más de la familia.
Hemos celebrado la llegada de Rita (la tortuga) porque H. vive suspirando por una mascota, como vive celebrando la mayor parte de los animales. Eso sí, en la distancia. En la cercanía, les teme. Siente fascinación y curiosidad ante su presencia pero en los espacios cortos, se asusta. Se siente vulnerable ante ellos.
Rita es una bebé pero en estos días que lleva en casa no he logrado que se anime a cogerla entre sus manos. No tolera el hormigueo de sus pies e incluso noto que se pone nerviosa cuando la ve caminar sobre mi mano.
Hace algunas semanas me contó que en el colegio, un niño llevó castañas a la clase y aprovechando que estamos hablando de las plantas, hablaron del castaño y sus partes. Al llegar al fruto abrieron la castaña y tenía un gusano lo que provocó asombro (y asco) en muchos niños, pero es que H. se puso a llorar de la impresión y el miedo. Ni el gusano ni Rita pueden hacerle daño, pero ella les teme.
H. tiene una cicatriz grande en la frente. Cuando comenzaba a hablar en la lengua que compartimos y sus recuerdos aún eran frescos, le pregunté qué le había pasado. Contestó: "La vaca". Ante mi cara de sorpresa insistió: Sí, mi vaca, me pegó con su pata cuando estábamos jugando. Ya comenté hace tiempo en esta entrada sobre aquello que suponen las ausencias en nuestros recuerdos y en cómo los llenamos.
La vaca es la parte más estable de los recuerdos desdibujados de mi hija en esos primeros dos-tres años que no compartimos. Y a mi ciertamente me pareció siempre inverosimil que ella, en sus orígenes, tuviera una vaca.
Hace unos meses, contacté con esta ONG . Ellos trabajan a lo largo del año, pero especialmente en verano, cerca de la localidad en la que H. nació. A través de un par de mujeres infinitamente amables y entregadas al buen hacer, he vuelto a tener un contacto directo con la familia extensa de mi hija. Por lo que me cuentan estas mujeres, es posible, incluso es más que probable, que su familia pudiera tener una vaca en casa. Si hay vaca, posible ha sido el golpe de la importante cicatriz. Si con dos años, una vaca te ha golpeado con su pata en la frente, es comprensible que le tengas miedo a todo lo que tiene patas.
A pesar de ello, la vaca también evoca sus sonrisas y su ilusión y la ha defendido en su memoria más que a los humanos que también formaron parte de ella. No tengo dudas de su deseo de disfrutar de los animales...de Rita, de los perros y gatos de los muchos amigos, de los caballos, conejos, pajaritos y gallinas que nos han rondado en estos años y de todos los muchos animales vivos y en libertad, que nos toparemos por el camino, sólo hay que darle tiempo al tiempo. El camino de regreso del miedo a veces es muy lento pero siempre es posible.
Vivimos en un piso pequeño así que el uso del espacio es importante. Tambien, por tiempos, a veces tenemos dificultades para cuidarnos a nosotras mismas. No podemos entonces asumir muchas más responsabilidades en el cuidado de otros. Con nuestras plantitas, que a veces notan nuestra falta de mimos, es suficiente.
Hace años vi una pelicula indiferente de las que pasan los domingos por la tarde. En ella, el terapeuta de un centro de desintoxicación, al darle el alta a sus pacientes, les regalaba una planta y les decía algo así: cuídala, si dentro de un año está viva, estás preparado para iniciar una relación afectiva. Esa frase, sí ha trascendido en mi memoria.
A pesar de haber crecido buena parte de mi vida entre animales, no soy de las que los quiere en casa. Siempre he tenido la excusa del tamaño de estas para no tenerlos. Me gustán, sí, pero los prefiero en libertad. Como testigo, sin embargo, me emociona que alguien los trate como un miembro más de la familia.
Hemos celebrado la llegada de Rita (la tortuga) porque H. vive suspirando por una mascota, como vive celebrando la mayor parte de los animales. Eso sí, en la distancia. En la cercanía, les teme. Siente fascinación y curiosidad ante su presencia pero en los espacios cortos, se asusta. Se siente vulnerable ante ellos.Rita es una bebé pero en estos días que lleva en casa no he logrado que se anime a cogerla entre sus manos. No tolera el hormigueo de sus pies e incluso noto que se pone nerviosa cuando la ve caminar sobre mi mano.
Hace algunas semanas me contó que en el colegio, un niño llevó castañas a la clase y aprovechando que estamos hablando de las plantas, hablaron del castaño y sus partes. Al llegar al fruto abrieron la castaña y tenía un gusano lo que provocó asombro (y asco) en muchos niños, pero es que H. se puso a llorar de la impresión y el miedo. Ni el gusano ni Rita pueden hacerle daño, pero ella les teme.
H. tiene una cicatriz grande en la frente. Cuando comenzaba a hablar en la lengua que compartimos y sus recuerdos aún eran frescos, le pregunté qué le había pasado. Contestó: "La vaca". Ante mi cara de sorpresa insistió: Sí, mi vaca, me pegó con su pata cuando estábamos jugando. Ya comenté hace tiempo en esta entrada sobre aquello que suponen las ausencias en nuestros recuerdos y en cómo los llenamos.
La vaca es la parte más estable de los recuerdos desdibujados de mi hija en esos primeros dos-tres años que no compartimos. Y a mi ciertamente me pareció siempre inverosimil que ella, en sus orígenes, tuviera una vaca.
Hace unos meses, contacté con esta ONG . Ellos trabajan a lo largo del año, pero especialmente en verano, cerca de la localidad en la que H. nació. A través de un par de mujeres infinitamente amables y entregadas al buen hacer, he vuelto a tener un contacto directo con la familia extensa de mi hija. Por lo que me cuentan estas mujeres, es posible, incluso es más que probable, que su familia pudiera tener una vaca en casa. Si hay vaca, posible ha sido el golpe de la importante cicatriz. Si con dos años, una vaca te ha golpeado con su pata en la frente, es comprensible que le tengas miedo a todo lo que tiene patas.
A pesar de ello, la vaca también evoca sus sonrisas y su ilusión y la ha defendido en su memoria más que a los humanos que también formaron parte de ella. No tengo dudas de su deseo de disfrutar de los animales...de Rita, de los perros y gatos de los muchos amigos, de los caballos, conejos, pajaritos y gallinas que nos han rondado en estos años y de todos los muchos animales vivos y en libertad, que nos toparemos por el camino, sólo hay que darle tiempo al tiempo. El camino de regreso del miedo a veces es muy lento pero siempre es posible.
domingo, 18 de noviembre de 2012
RÁPIDO
En la clase de Lengua de H. están aprendiendo de adjetivos...
Yo como madre, también. Mis ojos y nuestro pediatra lo ven. H. crece quizás demasiado rápido. Con la ayuda de la ciencia agudizamos nuestra mirada y parece que sí, que crece un poquito más rápido de lo recomendable. En otros tiempos la reflexión era "te ha tocado crecer rápido" pero, estamos en estos. Ahora, parece que hay algunas cosas que podemos decidir, en estos tiempos la ciencia nos permite sopesar si la dejamos crecer según le ha tocado o la ayudamos a ir más despacio, que igual así saborea más la vida y cada cosa llega a su momento.
Cuando conocí a H. ya había crecido demasiado rápido. Le había tocado la mala lotería de perder a sus cuidadores primarios y cuando no tienes quien te cuide, aprendes (por supervivencia) a cuidar de ti mismo. H. a los dos años y medio, hacía cosas que no hacen en este lado del mundo, ni los niños de seis. Era asombrosa, que también es un adjetivo.
Como madre, incluso sin las últimas noticias, pienso que crece demasiado rápido. Su niñez, como la de muchos niños de muchas madres, se me escapa entre los dedos. Me enfrento a la ambivalencia de añorar a la niña que fue, que está siendo aún, frente a la ilusión que me supone el verla crecer en todos los ámbitos. Soy yo la que quizás se ha vuelto lenta para asimilar a la misma velocidad, la vorágine del día a día.
Llegué a la maternidad tarde para la norma social. A tiempo, para el criterio personal. A veces pienso que podía haberme animado antes porque hubiera sido madre más veces, pero no nos sobraban los motivos. Ahora todavía pienso que seré madre más veces pero me lo planteo de formas alternativas. A las familias de hoy, les ha dado por seguir nuevos modelos y escaparse de los tradicionales, igual eso nos beneficia. En algunos de ellos podría estar mi contraparte. A ver si tenemos suerte. Más, quiero decir, que suerte tenemos ya y mucha. Claro! no ha sido de gratis. La hemos trabajado mucho. Y nos alegramos. La suerte también es algo que se conquista
Me entristece ese crecer a toda prisa. Sobretodo cuando es el cuerpo el que manda. Cuando creces irremediablemente, cuando tu pantalón preferido deja al descubierto algo más que tu talón, cuando ya no puedes ponerte esa camiseta que te quedaba tan bonita, cuando las zapatillas del verano no te sirven para el otoño, cuando ya no estás cómoda en la playa sólo con la parte de abajo del traje de baño. Quizás desde la consciencia de que la vida sólo va en una dirección y que cada etapa vivida, no se vuelve a recuperar. Ese crecer rápido me produce nostalgia.
Quiero disfrutarte pequeña. Pero te miro de cerca y descubro que ese crecer físico que me inquieta, viene de la mano de una madurez que nos ayuda a ambas, de una asombrosa capacidad de mirarte, de reconocerte y regularte, que habla mucho y muy bien de ti. Creces y crecemos querida mía habrá que asumirlo, sonreír, animarte y acompañarte. En eso estamos.
Yo como madre, también. Mis ojos y nuestro pediatra lo ven. H. crece quizás demasiado rápido. Con la ayuda de la ciencia agudizamos nuestra mirada y parece que sí, que crece un poquito más rápido de lo recomendable. En otros tiempos la reflexión era "te ha tocado crecer rápido" pero, estamos en estos. Ahora, parece que hay algunas cosas que podemos decidir, en estos tiempos la ciencia nos permite sopesar si la dejamos crecer según le ha tocado o la ayudamos a ir más despacio, que igual así saborea más la vida y cada cosa llega a su momento.
Cuando conocí a H. ya había crecido demasiado rápido. Le había tocado la mala lotería de perder a sus cuidadores primarios y cuando no tienes quien te cuide, aprendes (por supervivencia) a cuidar de ti mismo. H. a los dos años y medio, hacía cosas que no hacen en este lado del mundo, ni los niños de seis. Era asombrosa, que también es un adjetivo.
Como madre, incluso sin las últimas noticias, pienso que crece demasiado rápido. Su niñez, como la de muchos niños de muchas madres, se me escapa entre los dedos. Me enfrento a la ambivalencia de añorar a la niña que fue, que está siendo aún, frente a la ilusión que me supone el verla crecer en todos los ámbitos. Soy yo la que quizás se ha vuelto lenta para asimilar a la misma velocidad, la vorágine del día a día.
Llegué a la maternidad tarde para la norma social. A tiempo, para el criterio personal. A veces pienso que podía haberme animado antes porque hubiera sido madre más veces, pero no nos sobraban los motivos. Ahora todavía pienso que seré madre más veces pero me lo planteo de formas alternativas. A las familias de hoy, les ha dado por seguir nuevos modelos y escaparse de los tradicionales, igual eso nos beneficia. En algunos de ellos podría estar mi contraparte. A ver si tenemos suerte. Más, quiero decir, que suerte tenemos ya y mucha. Claro! no ha sido de gratis. La hemos trabajado mucho. Y nos alegramos. La suerte también es algo que se conquista
Me entristece ese crecer a toda prisa. Sobretodo cuando es el cuerpo el que manda. Cuando creces irremediablemente, cuando tu pantalón preferido deja al descubierto algo más que tu talón, cuando ya no puedes ponerte esa camiseta que te quedaba tan bonita, cuando las zapatillas del verano no te sirven para el otoño, cuando ya no estás cómoda en la playa sólo con la parte de abajo del traje de baño. Quizás desde la consciencia de que la vida sólo va en una dirección y que cada etapa vivida, no se vuelve a recuperar. Ese crecer rápido me produce nostalgia.
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martes, 6 de noviembre de 2012
PEDIR
En mis mundos, este es el verbo que escucho con mayor frecuencia. Cada día más, con más matices.
Hace unos días mi amiga de Marte nos contaba en este post sus particulares malabares. Su objetivo, lograr que sus hijos estuvieran atendidos y cuidados, uno de esos días festivos en los que a ella le toca trabajar y sus ellos no tienen cole. Solo leer el post ya cansaba mentalmente ese encaje de bolillos, pero, además, en los comentarios ella hablaba y decía " una de las grandes enseñanzas de la monoparentalidad es que aprendes a pedir ayuda". Yo añado: te conviertes en un maestro de las posibilidades y aprendes que estás mucho más acompañado de lo que a veces crees. Que sin tener consciencia de ello, formas parte de una tribu que hace las veces de familia (y encantados están!!!) ... Claro!, siempre que tu te animes a pedirlo.
A mi pedir siempre me ha costado mucho. Crecí en un entorno en el que no era fácil pedir ayuda (por soledad que no por hostilidad) y aprendí a necesitar sólo aquello que yo misma podía proveerme. Eso no suena bien, pero lo cierto es que eso me hizo una mujer autónoma, independiente y valiente, digo, por ver el lado bueno. Quizás se me ha ido la mano muchas veces: si quieres que alguien te regale flores, quizás tengas que esperar un poco antes de salir a buscarlas tu. En la misma línea y por la misma época, el hombre más especial de cuantos me han rodeado, me decía, tu no has tenido hijos antes porque no has podido fertilizarte a tí misma...y razón tenía!!! comentario que ha dado para muchas risas y otras tantas lágrimas.
Pues bien, a mi también mi hija me ha enseñado a pedir, mucho más de lo que hubiera deseado (y soy consciente de que es aún poco), pero ese acto me está suponiendo un proceso de aprendizaje bonito como ser humano. Te vuelves mucho más sensible al valor de los demás y se lo reflejas, y te haces mucho más humilde frente a tus fortalezas, y por tanto, te vuelves mucho más humano.
Hace unos meses comencé a participar someramente del Banco del Tiempo de mi ciudad. Antes de hacerlo coincidí en un foro de reflexión con uno de sus promotores y él me decía: el que dinamiza la sociedad es el que pide, no el que da. Pidamos pues!
Reconforta encontrarte la bondad de alguien dispuesto a dar y a compartir. Reconforta sentir que el bien que te hace le otorga valía a su gesto y a él como persona. Sólo tu pidiéndole posibilitas su valor. Si no lo demandas, nunca podrá expresarlo.
Trabajo en un servicio de atención a personas en situación de vulnerabilidad. Como podéis imaginar en los últimos cuatro años han crecido exponencialmente las demandas de ayudas para la cobertura de necesidades cada vez más básicas. A menudo, una de las cosas que tenemos que trabajar con las personas que atendemos es la dignidad que implica el que pidan. Definitivamente pedir está mal visto. Los que pueden evitarlo, lo evitan y quienes no pueden hacerlo porque la necesidad obliga, se sienten indignos, merecedores sólo de la mirada lastimosa del otro y eso es totalmente falso. No hay de qué avergonzarse. Pedir si necesitas es sano.
Hay que ser valiente para pedir y reconocer que el otro te hace falta.
Y eso creo, que nos hacemos falta. Y cada vez más.
Pues por pedir, que no quede
Hace unos días mi amiga de Marte nos contaba en este post sus particulares malabares. Su objetivo, lograr que sus hijos estuvieran atendidos y cuidados, uno de esos días festivos en los que a ella le toca trabajar y sus ellos no tienen cole. Solo leer el post ya cansaba mentalmente ese encaje de bolillos, pero, además, en los comentarios ella hablaba y decía " una de las grandes enseñanzas de la monoparentalidad es que aprendes a pedir ayuda". Yo añado: te conviertes en un maestro de las posibilidades y aprendes que estás mucho más acompañado de lo que a veces crees. Que sin tener consciencia de ello, formas parte de una tribu que hace las veces de familia (y encantados están!!!) ... Claro!, siempre que tu te animes a pedirlo.A mi pedir siempre me ha costado mucho. Crecí en un entorno en el que no era fácil pedir ayuda (por soledad que no por hostilidad) y aprendí a necesitar sólo aquello que yo misma podía proveerme. Eso no suena bien, pero lo cierto es que eso me hizo una mujer autónoma, independiente y valiente, digo, por ver el lado bueno. Quizás se me ha ido la mano muchas veces: si quieres que alguien te regale flores, quizás tengas que esperar un poco antes de salir a buscarlas tu. En la misma línea y por la misma época, el hombre más especial de cuantos me han rodeado, me decía, tu no has tenido hijos antes porque no has podido fertilizarte a tí misma...y razón tenía!!! comentario que ha dado para muchas risas y otras tantas lágrimas.
Pues bien, a mi también mi hija me ha enseñado a pedir, mucho más de lo que hubiera deseado (y soy consciente de que es aún poco), pero ese acto me está suponiendo un proceso de aprendizaje bonito como ser humano. Te vuelves mucho más sensible al valor de los demás y se lo reflejas, y te haces mucho más humilde frente a tus fortalezas, y por tanto, te vuelves mucho más humano.
Hace unos meses comencé a participar someramente del Banco del Tiempo de mi ciudad. Antes de hacerlo coincidí en un foro de reflexión con uno de sus promotores y él me decía: el que dinamiza la sociedad es el que pide, no el que da. Pidamos pues!
Reconforta encontrarte la bondad de alguien dispuesto a dar y a compartir. Reconforta sentir que el bien que te hace le otorga valía a su gesto y a él como persona. Sólo tu pidiéndole posibilitas su valor. Si no lo demandas, nunca podrá expresarlo.
Trabajo en un servicio de atención a personas en situación de vulnerabilidad. Como podéis imaginar en los últimos cuatro años han crecido exponencialmente las demandas de ayudas para la cobertura de necesidades cada vez más básicas. A menudo, una de las cosas que tenemos que trabajar con las personas que atendemos es la dignidad que implica el que pidan. Definitivamente pedir está mal visto. Los que pueden evitarlo, lo evitan y quienes no pueden hacerlo porque la necesidad obliga, se sienten indignos, merecedores sólo de la mirada lastimosa del otro y eso es totalmente falso. No hay de qué avergonzarse. Pedir si necesitas es sano.
Hay que ser valiente para pedir y reconocer que el otro te hace falta.
Y eso creo, que nos hacemos falta. Y cada vez más.
Pues por pedir, que no quede
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