Llevo un tiempo silenciosa porque tengo a mi alrededor mucho ruido. Y el ruido me paraliza. Y aquí estoy, sin parecerme a mi.
Es curioso que ese ruido exterior ha estado acompañado de una buena evolución de las malas sensaciones de la pequeña H. Está más motivada y más serena en su trabajo académico y eso nos ayuda a tener un clima más sosegado en casa. Entre su maestra y yo hemos logrado que trabaje más en clase y el volumen de deberes que trae a casa ha disminuido significativamente. Menos deberes, más tiempo. Y más tiempo, es más tiempo para jugar y no hay ser humano en el mundo que no sea más feliz si juega. Estamos felices por ello. No hay nada más gratificante que sentirte dueño de tu destino. Sentir que tienes la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas, especialmente de aquellas que no te gustan. Lo estamos viviendo. Lo estamos disfrutando.
Este mes de silencio personal, interior, mental.. se acompaña sin embargo de mucho ruido en el lugar que me vio nacer. Ese que ya no puede más con la mala gestión de sus gobernantes. Un país encontrado y destruido a lo largo de estos veinte años que he vivido en este que me acoge. Mi mail, mi teléfono, mis perfiles llenos hasta la saciedad de gritos, para que alguien escuche lo mal que estamos.
Que desesperante es que nadie te escuche cuando le estas pidiendo auxilio...
Suena el teléfono y me dicen que en este lado del mundo alguien ha muerto. Alguien que tiene un nombre y una historia. No le conozco pero se que era demasiado joven para morir. Para decidir dejar de vivir. Me entristece la noticia y me hace recordar algo que leí y escribí hace meses...
"Pienso en la cantidad de veces que he escuchado a
alguien angustiado decirme que quería quitarse la vida. En los esfuerzos
que he hecho para que no lo hicieran. Tras leer este post pienso que
ese acompañar para evitar que lo hicieran, tiene mucho que
ver con ponerme en el lugar de los que sobrevivirían y el peso que eso
dejaría sobre sus hombros. Morir es una opción respetable. Pero
sobrevivir al suicidio de alguien querido, es desolador.
"En una de las
últimas entrevistas que concedió Alfred Hitchcock le preguntaron si
existía el asesino perfecto. Después de unos momentos de duda declaró:
sí existe el crimen perfecto: el suicidio, sólo hay una muerte que deja
muchos cadáveres a su alrededor y el asesino nunca vuelve a la escena
del crimen"
Y pienso en si una vida tan joven que se trunca, vivió cosas demasiado intensas para seguir o fueron cosas normales, que sin embargo nadie le enseñó, o él no aprendió, a manejar...No importa ya. Saberlo no nos lo devolverá, porque él no esta. Y porque la culpa es un sentimiento que consume. Pero asusta la duda, porque todos estamos expuestos a esa posibilidad.
Y pienso como algo así nos enmudece. Ese si es un silencio desolador y profundo.
Sé que ha sido un tiempo difícil para tí, siento que tengas que vivir ésto ahora. Confío en que el tiempo y las palabras te devuelvan la sonrisa. Tómate tu tiempo. Déjate abrazar.
Este blog es un regalo. Yo quería tenerlo y alguien que me quiere me lo regaló. Yo quería que mi casa tuviera ventanas y puertas y él me regaló una casa entera. El lo llenó de sol y yo de otoño. Todo tiene su momento. Este es el mío. No tiene un tema, solo tiene un fin aunque todavía no sé cuál es. Está aquí, es mi regalo. Cuidaré de él.
Mostrando entradas con la etiqueta Escapar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escapar. Mostrar todas las entradas
domingo, 2 de marzo de 2014
sábado, 22 de junio de 2013
REFUGIO
...hace un par de días, el 20 de Junio se celebró el día Mundial del Refugiado.
A mi los días Mundiales de...me provocan una sensación ambivalente. Creo que hay realidades y circunstancias que no tienen que tenerse presentes un día, sino todos los días. Tener que institucionalizar la conmemoración, refleja la tendencia al olvido. Y hay cosas que no deben ser olvidadas.
Cuando ya anochecía y yo pensaba en ello, en medio de la particular reflexión que conlleva el final del día, he traído a mi memoria los rostros de todos los refugiados y solicitantes de asilo con los que me ha tocado trabajar en estos años, desde Vietnam hasta Albania, pasando por Etiopía. Esa sucesión de rostros, de historias, de tristezas, miedos y alegrías, volvió a erizarme la piel. Como no podía ser de otra manera, volví a pensar en F. preguntándome dónde estará. Cómo estará.
Conocí a F. con alrededor de 18 años, en Mayo del 2007. Tuvimos que esperar casi cuatro años para ver reconocido su estatuto de Refugiado. Recuerdo las entrevistas con él con particular emoción, y agradezco a M. su ayuda como interprete en las primeras etapas de la intervención, su compañía en el dolor de la narración de esa historia de vida.
La vida de F. se rompió cuando tenía 9 años. Perdió a sus padres y fue separado de sus hermanos. La muerte de sus padres le duele pero el no saber qué fue de la vida de sus hermanos le persigue.
Las entrevistas con F. son inolvidables. No he conocido a nadie con tanta necesidad de narrarse (y justificarse en sus acciones), alguien que necesitara tanto salvarse de la culpa que era de otros y el sentía como propia. Nadie que me reflejara tanto lo que era sobrevivir a la barbarie. Y F. era un niño, un niño de la misma edad que mi hija. Un niño soldado.
Un niño que no pudo elegir. O sí, eligió sobrevivir. Sin embargo, durante el tiempo que caminamos juntos he visto volver a sus fantasmas. Sigo preguntándome como logró durante tanto tiempo mantenerlos alejados. Porque la realidad siempre supera a la ficción.
A mi los días Mundiales de...me provocan una sensación ambivalente. Creo que hay realidades y circunstancias que no tienen que tenerse presentes un día, sino todos los días. Tener que institucionalizar la conmemoración, refleja la tendencia al olvido. Y hay cosas que no deben ser olvidadas.
Cuando ya anochecía y yo pensaba en ello, en medio de la particular reflexión que conlleva el final del día, he traído a mi memoria los rostros de todos los refugiados y solicitantes de asilo con los que me ha tocado trabajar en estos años, desde Vietnam hasta Albania, pasando por Etiopía. Esa sucesión de rostros, de historias, de tristezas, miedos y alegrías, volvió a erizarme la piel. Como no podía ser de otra manera, volví a pensar en F. preguntándome dónde estará. Cómo estará.
Conocí a F. con alrededor de 18 años, en Mayo del 2007. Tuvimos que esperar casi cuatro años para ver reconocido su estatuto de Refugiado. Recuerdo las entrevistas con él con particular emoción, y agradezco a M. su ayuda como interprete en las primeras etapas de la intervención, su compañía en el dolor de la narración de esa historia de vida.
La vida de F. se rompió cuando tenía 9 años. Perdió a sus padres y fue separado de sus hermanos. La muerte de sus padres le duele pero el no saber qué fue de la vida de sus hermanos le persigue.
Las entrevistas con F. son inolvidables. No he conocido a nadie con tanta necesidad de narrarse (y justificarse en sus acciones), alguien que necesitara tanto salvarse de la culpa que era de otros y el sentía como propia. Nadie que me reflejara tanto lo que era sobrevivir a la barbarie. Y F. era un niño, un niño de la misma edad que mi hija. Un niño soldado.
Un niño que no pudo elegir. O sí, eligió sobrevivir. Sin embargo, durante el tiempo que caminamos juntos he visto volver a sus fantasmas. Sigo preguntándome como logró durante tanto tiempo mantenerlos alejados. Porque la realidad siempre supera a la ficción.
miércoles, 29 de mayo de 2013
CALENDARIO
...en julio de 1989 terminé mi carrera y con ella abandoné el calendario escolar. Por aquel entonces yo vivía en un país sin estaciones. Lo que hacíamos o no, lo decidíamos las personas, no la climatología. Julio o Diciembre daba igual, siempre era posible escaparse al mar. El Mar es la imagen primaria de lo que son para mi las vacaciones.
...en 1992 decidí ser estudiante otra vez . Serlo desde la posición del que está de vuelta, del que ya es mayor, del que ya decide porque cumplió parte del camino, te permite ciertas licencias que por ese entonces sólo condicionaba, y cuánto!, el que yo hubiera decidido mudarme a un país con estaciones. Ya Julio y Diciembre no eran iguales. Durante un tiempo y gracias a los medios, las personas y los sueños, me escapaba al Sur huyendo de este invierno del Norte que no era nada sutil. Así, mis otoños en inviernos tuvieron mucho de suaves primaveras .
...desde que tengo hija he vuelto al calendario escolar. Y que poco me gusta ese corsé. Sí, he vuelto a ser estudiante, aunque no voy a clases.Y lo que más extraño es irme de vacaciones cuando quiero, en lugar de hacerlo cuando puedo, restringiendome a algunos meses del año. Meses en los que habitualmente toman vacaciones buena parte de los muchos habitantes de este país. Así que, somos muchos, los mismos meses, en los mismos sitios. Y a mi me atormentan los grandes grupos.
La incierta llegada de este verano, cuando hace días que nuestras horas de luz han crecido, cuando estoy a las puertas de mis tardes libres, aunque aún falten meses para mis vacaciones, me han hecho pensar en ésto nuevamente. Y como con todas esas cosas que me suponen un esfuerzo (trivial, frente a otros grandes retos) pienso que es un esfuerzo temporal porque ella también, tarde o temprano, dejará el calendario escolar.
Y sueño con que podamos irnos de vacaciones a destiempo a tu tierra y a la mía. Tierras donde son la lluvia y el sol los que marcan las diferencias. Donde son los metros de altitud sobre el nivel del mar, los que determinan el frio que sentimos. Metros que son muchos, en mi caso, si pensamos en este lugar pero que definitivamente son inmensos si pensamos en el tuyo.
Y es que tu y yo tenemos tanto en común. Y lo que nos queda... No sabes cuanto anhelo que ese sueño nos reencuentre con lo que somos, y nos alivie de lo que debemos ser, y a veces pesa. Aunque soy consciente, lo contrario, también.
...en 1992 decidí ser estudiante otra vez . Serlo desde la posición del que está de vuelta, del que ya es mayor, del que ya decide porque cumplió parte del camino, te permite ciertas licencias que por ese entonces sólo condicionaba, y cuánto!, el que yo hubiera decidido mudarme a un país con estaciones. Ya Julio y Diciembre no eran iguales. Durante un tiempo y gracias a los medios, las personas y los sueños, me escapaba al Sur huyendo de este invierno del Norte que no era nada sutil. Así, mis otoños en inviernos tuvieron mucho de suaves primaveras .
...desde que tengo hija he vuelto al calendario escolar. Y que poco me gusta ese corsé. Sí, he vuelto a ser estudiante, aunque no voy a clases.Y lo que más extraño es irme de vacaciones cuando quiero, en lugar de hacerlo cuando puedo, restringiendome a algunos meses del año. Meses en los que habitualmente toman vacaciones buena parte de los muchos habitantes de este país. Así que, somos muchos, los mismos meses, en los mismos sitios. Y a mi me atormentan los grandes grupos.
La incierta llegada de este verano, cuando hace días que nuestras horas de luz han crecido, cuando estoy a las puertas de mis tardes libres, aunque aún falten meses para mis vacaciones, me han hecho pensar en ésto nuevamente. Y como con todas esas cosas que me suponen un esfuerzo (trivial, frente a otros grandes retos) pienso que es un esfuerzo temporal porque ella también, tarde o temprano, dejará el calendario escolar.
Y sueño con que podamos irnos de vacaciones a destiempo a tu tierra y a la mía. Tierras donde son la lluvia y el sol los que marcan las diferencias. Donde son los metros de altitud sobre el nivel del mar, los que determinan el frio que sentimos. Metros que son muchos, en mi caso, si pensamos en este lugar pero que definitivamente son inmensos si pensamos en el tuyo.
Y es que tu y yo tenemos tanto en común. Y lo que nos queda... No sabes cuanto anhelo que ese sueño nos reencuentre con lo que somos, y nos alivie de lo que debemos ser, y a veces pesa. Aunque soy consciente, lo contrario, también.
viernes, 1 de febrero de 2013
DESDE EL INFIERNO...
A veces me pregunto si se puede volver desde el infierno.
Esta semana he vuelto a encontrarme con la mirada agustiada de alguien que ya no está en el infierno que le tocó vivir, pero que no puede escapar de él. Una persona que se define a sí misma en base a una dolorosa experiencia vivida, no puntual, sino sostenida y de la cual tardó mucho en escapar. ¿O será que sigue en ella?. Tiene que ser terrible la sensación de no querer cerrar los ojos porque tras esa oscuridad solo aparecerán las pesadillas.
Llevo años escuchando historias de vida. Historias que están cargadas de esperanzas de mejorar pero también historias de quienes ven en la migración la vía de escape de las pesadillas que viven. Y no hablo de peores condiciones de vida a nivel socioeconómico. Hablo de sentirte perseguido, de ser amenazado, de padecer torturas. Hay quienes logran escapar de ellas y hay otros, que siguen atrapados. E incluso hay otros, que deambulan sobre la cuerda floja de la cordura, porque a veces, enloquecer, huir de la realidad, es la única forma de resistir.
Cuando F. me contó su historia yo había visto hacía poco esta película. Y de pronto, el protagonista estaba ante mi, diciendome que era él el protogonista de esa historia, uno más. Protegiendome de su relato. No sé cómo logró aferrarse a la vida y a sus ratos de cordura. Hace mucho que no sé de él, pero nunca olvidaré su relato obsesivo, su necesidad de perdón. Un niño no merece vivir lo que a él le tocó.
La entrevista con H. de esta semana me ha provocado la misma sensación. Esa que sentí cuando vi la opera prima de Alejandro Amenabar. Ese miedo de quien imagina, anticipa, teme, de quien siente que será la siguiente víctima. H. no puede contarme su historia, no compartimos el mismo lenguaje, pero desde sus ojos, desde su llanto, siento su angustia y su miedo y estoy segura que solo puedo ayudarla desde lo primario, desde lo instintivo. A ciertos infiernos no es posible aplicarles razón.
A menudo pienso que no hay palabras que puedan representar el horror vivido por determinadas personas pero sobretodo siento que faltan palabras para hacerlo llevadero.
Pienso otra vez en "La vida secreta de las palabras", no puedo evitar recordar la película y recordar sus orígenes. Pensar en sus argumentos. Los horrores necesitan ser atestiguados para que no se repitan. Pero narrarlos en primera persona es desolador. Que importante es oirlos y que esos escuchas se conviertan en traductores de tu dolor y te ayuden a reconstruir algo que se parezca a una vida. Menudo compromiso.
Esta semana he vuelto a encontrarme con la mirada agustiada de alguien que ya no está en el infierno que le tocó vivir, pero que no puede escapar de él. Una persona que se define a sí misma en base a una dolorosa experiencia vivida, no puntual, sino sostenida y de la cual tardó mucho en escapar. ¿O será que sigue en ella?. Tiene que ser terrible la sensación de no querer cerrar los ojos porque tras esa oscuridad solo aparecerán las pesadillas.
Llevo años escuchando historias de vida. Historias que están cargadas de esperanzas de mejorar pero también historias de quienes ven en la migración la vía de escape de las pesadillas que viven. Y no hablo de peores condiciones de vida a nivel socioeconómico. Hablo de sentirte perseguido, de ser amenazado, de padecer torturas. Hay quienes logran escapar de ellas y hay otros, que siguen atrapados. E incluso hay otros, que deambulan sobre la cuerda floja de la cordura, porque a veces, enloquecer, huir de la realidad, es la única forma de resistir.
Cuando F. me contó su historia yo había visto hacía poco esta película. Y de pronto, el protagonista estaba ante mi, diciendome que era él el protogonista de esa historia, uno más. Protegiendome de su relato. No sé cómo logró aferrarse a la vida y a sus ratos de cordura. Hace mucho que no sé de él, pero nunca olvidaré su relato obsesivo, su necesidad de perdón. Un niño no merece vivir lo que a él le tocó.
La entrevista con H. de esta semana me ha provocado la misma sensación. Esa que sentí cuando vi la opera prima de Alejandro Amenabar. Ese miedo de quien imagina, anticipa, teme, de quien siente que será la siguiente víctima. H. no puede contarme su historia, no compartimos el mismo lenguaje, pero desde sus ojos, desde su llanto, siento su angustia y su miedo y estoy segura que solo puedo ayudarla desde lo primario, desde lo instintivo. A ciertos infiernos no es posible aplicarles razón.
A menudo pienso que no hay palabras que puedan representar el horror vivido por determinadas personas pero sobretodo siento que faltan palabras para hacerlo llevadero.
Pienso otra vez en "La vida secreta de las palabras", no puedo evitar recordar la película y recordar sus orígenes. Pensar en sus argumentos. Los horrores necesitan ser atestiguados para que no se repitan. Pero narrarlos en primera persona es desolador. Que importante es oirlos y que esos escuchas se conviertan en traductores de tu dolor y te ayuden a reconstruir algo que se parezca a una vida. Menudo compromiso.
viernes, 28 de septiembre de 2012
ME PIDO...
Cuando empecé a escribir estas líneas hacía una hora que terminaba mi jornada laboral oficial. Esa jornada laboral que ultimamente a nivel emocional, y a veces también a nivel práctico, no acaba. Llevo semanas de jornada continua emocionalmente hablando. A ratos me despejo porque los años me han enseñado a cuidarme, a saber darme mimos, para que no me venza el ruido de la batalla...pero a veces tampoco es fácil porque al final el ruido no está solo en nuestras mesas sino que está en la calle, en las plazas, en el telediario y en todos los espacios en los que física o emocionalmente, nos movemos...
Pero hoy es viernes y me debo un descanso. Mañana, será más y probablemente será mejor.
Yo para mañana me pido dormir, ocho horas en lugar de cinco o seis.
Me pido ver la peli que saqué de la biblioteca y no devolverla sin ver porque no encuentro el espacio de tiempo y silencio para disfrutar de algo que tanto me gusta.
Me pido leer el libro que he sacado de la biblioteca.
Y leer también el libro que tengo empezado y avanzado de las vacaciones y que es la promesa de la vida profesional futura.
Me pido pensar (y soñar) con estos meses de vida que nos esperan, y hacer planes más allá del trabajo. Planes con los amigos que me hablan de viajes, de plantas, de obras de arte, de fotografía, de niños...conversaciones con amigos que sabemos que somos más que la crisis que nos ronda y aún así honrar a los que la están viviendo tan de cerca.
Me pido, mejor, me resigno, a cambiar la ropa de verano por la de otoño y así descubrir lo que nos vale y lo que no y clasificarla y prepararla para dársela a quien ahora le pueda sacar provecho.
Me pido tener el tiempo de llevar a arreglar la bici de H. para que podamos irnos de paseo aprovechando las bondades del otoño
Me pido descansar de tantas angustias ajenas amortiguadas un poco las propias
Me pido, porque es fin de semana, descansar de esas acciones erráticas que llevan a la gente de aquí para allá sin lograr avanzar.
Me pido descansar de protocolos y burocracias para conseguir cualquier cantidad de dinero que siempre es insuficiente.
Y me pido descansar de las angustias del no me alcanza, no llego, no tengo, no puedo...porque como decía en estos días, a través de las palabras de otro, empezaré a hacer algo donde estoy, con lo que tengo y con lo que puedo.
Pido encontrar el camino más corto para llegar a la mejor respuesta de la manera más rápida. Pido ser capaz de ser justa y también sentir que soy tratada con justicia.
Pido el bien común que me toca negociar, sin embarrar todo lo que nos une, a cuenta de lo que nos separa.
Y me pido confiar en el mundo que mi hija heredará. Y no es poco el trabajo que nos queda por delante.
Pero hoy es viernes y me debo un descanso. Mañana, será más y probablemente será mejor.
Yo para mañana me pido dormir, ocho horas en lugar de cinco o seis.
Me pido ver la peli que saqué de la biblioteca y no devolverla sin ver porque no encuentro el espacio de tiempo y silencio para disfrutar de algo que tanto me gusta.
Me pido leer el libro que he sacado de la biblioteca.
Y leer también el libro que tengo empezado y avanzado de las vacaciones y que es la promesa de la vida profesional futura.
Me pido pensar (y soñar) con estos meses de vida que nos esperan, y hacer planes más allá del trabajo. Planes con los amigos que me hablan de viajes, de plantas, de obras de arte, de fotografía, de niños...conversaciones con amigos que sabemos que somos más que la crisis que nos ronda y aún así honrar a los que la están viviendo tan de cerca.
Me pido, mejor, me resigno, a cambiar la ropa de verano por la de otoño y así descubrir lo que nos vale y lo que no y clasificarla y prepararla para dársela a quien ahora le pueda sacar provecho.
Me pido tener el tiempo de llevar a arreglar la bici de H. para que podamos irnos de paseo aprovechando las bondades del otoño
Me pido descansar de tantas angustias ajenas amortiguadas un poco las propias
Me pido, porque es fin de semana, descansar de esas acciones erráticas que llevan a la gente de aquí para allá sin lograr avanzar.
Me pido descansar de protocolos y burocracias para conseguir cualquier cantidad de dinero que siempre es insuficiente.
Y me pido descansar de las angustias del no me alcanza, no llego, no tengo, no puedo...porque como decía en estos días, a través de las palabras de otro, empezaré a hacer algo donde estoy, con lo que tengo y con lo que puedo.
Pido encontrar el camino más corto para llegar a la mejor respuesta de la manera más rápida. Pido ser capaz de ser justa y también sentir que soy tratada con justicia.
Pido el bien común que me toca negociar, sin embarrar todo lo que nos une, a cuenta de lo que nos separa.
Y me pido confiar en el mundo que mi hija heredará. Y no es poco el trabajo que nos queda por delante.
domingo, 26 de agosto de 2012
PERDIDOS...
![]() |
| De Saúl, como no. http://www.santossaul.com/ |
Ayer volvió a pasar. Me perdí saliendo en coche de una
ciudad inmensa. Pero como ya sé qué pasa siempre, un rato después, a base
de intuición, me encontré.
Básicamente, se trata de pensar que no pasa nada,…Ayuda
saber que hay remedio, que no es una tragedia. Que la falta de control absoluto
tiene sus ventajas. Eso, es todo un signo de evolución personal. Y me gusta
mucho…
No está mal perderse, hacerlo es una forma de descubrir
nuevos caminos para llegar a los lugares que hemos elegido; o a otros, que
necesitábamos conocer… Claro, hay que saber perderse… Y para eso también ayuda
el haber aprendido a relativizar, haber tenido buenas compañeros en tiempos
perdidos y haber encontrado buena compañía en los momentos de angustia. La
buena vida, tanto como la mala vida, nos recuerda el deber de ser valientes,
nos devuelve la certeza de nuestras propias fortalezas.
Ser capaces de aceptar destinos inciertos es una de las
cualidades presentes en las personas propensas a la migración. Aceptar el
riesgo que supone lo desconocido, lo ajeno, lo diferente, lo lejano. Mirarlo
con unas gafas que nos hablen de las posibilidades en términos positivos es parte de la gasolina que inicia esos viajes.
Eso me hace pensar también en que he tenido que forjarme
mi propia valentía, a base del ejemplo ciertamente; pero en contra de las
palabras. La verdad es que hay momentos en la vida en los que hay que aprender
a decir que no. Pero, para los que hemos nacido prudentes a base de herencias
familiares, saber que a menudo también vale la pena decir que sí, que vale, que
nos arriesgamos, que hay que intentarlo, es una gran señal de crecimiento
personal. He aprendido a decir que sí en las últimas dos décadas y siempre me
ha ido bien, así que…sigamos adelante. ¿Quien digo que todo está perdido?. Sin
duda,... encontraremos el camino de regreso. Frases en honor a Fito Páez e Ismael Serrano, grandes compañías en tiempos de viajes vitales que nos han hecho sentir, perdidos, y felices!
lunes, 20 de agosto de 2012
MIRAR...
“No quiero verle”, me decía esta mañana.
Solo si le miras, sabrás qué sientes. Le contesté. Sólo
entonces podrás avanzar. Lo vivido será, sólo eso, una experiencia (en este
caso dolorosa y contundente) pero no será una herida abierta, un lugar
emocional en el que permanecemos anclados a algo vivido y que nos dañó.
Mirar a alguien, mirar a algo, mirarnos a nosotros…
Creo que no es posible curar los dolores del corazón en la
ausencia o en la negación de aquellas cosas que formaron parte de nuestra vida.
Aunque mirarlas, duela.¿ Alguien se ha curado una herida sin que le doliera el
alcohol o el betadine con el que intentaban desinfectarla? Pataleamos, pero por
allí hay que pasar…unos lo prefieren de golpe, de frente, contundente. Otros
despacio, distraídos, paso a paso.
A menudo cometemos el error de pensar que aquello de lo que
no se habla, no existe. Y existe. Y, lo
peor, crece en la angustia que nos provoca.
Según queremos negarlo, se hace más u más fuerte. Como el rubor.
Por supuesto que el acto de mirar o de explorar mirando,
hacia afuera y hacia adentro, requiere
de un tiempo y de unas condiciones en las que podamos sentir la seguridad de
que sobreviviremos emocionalmente y que sobretodo esta vez no será como la
anterior de la que salimos tan “adoloridos”.
Me gusta mirar la vida a mí alrededor. Me paso el día
mirando (escuchando) historias de vida y en estos tiempos duros, muy duros, si
hay algo que he aprendido es que nuestro instinto de supervivencia es infinito.
A veces, a menudo, no somos capaces de desplegar todas nuestras capacidades más
que en situaciones de emergencia. Yo tenía un profesor que decía: Morirse es
difícil y mira que lo es. Estoy segura de que muchos de nosotros no nos
creeríamos capaces de sobrevivir a muchos de los dolores que hemos tenido que
vivir.
Y aquí estamos. Intactos no, pero fortalecidos sí.
domingo, 15 de julio de 2012
ESCLAVOS
El amor, a menudo, cuando lo “mal entendemos” nos esclaviza. Cuando el vínculo entre dos personas no es
correspondido en intensidad -que no en cualidad- tiende a generar relaciones de
dependencia y esclavitud donde; uno se siente en deuda porque nunca está a la
altura del que está en frente y; el otro, se sabe poseedor de la voluntad del que
le mira al otro lado buscando complacerle.
Los hijos, al igual que muchos adultos, a veces esclavizan. Es tal nuestra necesidad de
saberlos felices, satisfechos, bien –para con nosotros, que sin ellos no
sabríamos vivir-; que con frecuencia nos volcamos en dar todo, aceptarlo todo, validarlo
todo,… A veces nos olvidamos que todo amor acompasado y maduro también pide,
demanda y exige al ritmo que da…Por eso el amor es un sentimiento que necesita cierta
correspondencia en respeto y compromiso, no para amarte en igual medida ni
mucho menos, sino para entender el valor de tu amor y cuidarlo a sabiendas del
regalo que es su ofrecimiento.
Dicen que no hay esclavo que no sueñe con
escapar y al final resulta que si no nos cuidamos le pasamos facturas a la vida.
Pero la vida sólo se vive una vez y no tiene efecto retroactivo. Aprendamos a
amar en la justa medida. Pidamos ser amados de la misma forma. Iremos
encontrando el camino y el suave equilibrio.
Mi disciplina hoy no ha funcionado adecuadamente,
exploraremos los motivos…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












