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lunes, 4 de septiembre de 2017

... COSAS QUE NUNCA TE DIJE

...es el título de una película de Isabel Coixet. Recuerdo levemente el argumento, pero el título siempre me resuena. Pienso mucho en las cosas que no decimos ...sobretodo cuando son importantes.

Yo creo que de fallar, fallo por lo contrario. Digo más de lo que a veces debería. No porque sea una de esas personas que se dicen directas y que, desde mi punto de vista, a menudo son inoportunas y groseras, sino porque a veces digo cosas que otras personas no están preparadas para oír o no saben que hacer con ellas, o porque a veces, esto último, también me pasa a mi, que me pregunto ¿Y ahora que hago con esto?...

Jamás me he detenido a pensar qué efecto puede tener en otra persona el decirle un piropo o una palabra bonita en relación a sí misma..., hacerle saber el grato efecto que su presencia tiene en mi. ...hacerle saber que le veo, que le siento, y que su presencia y buen hacer, hacen mi vida mejor, más sencilla, más ilusionante. Me espanta que la vida  pueda dejarme sin la oportunidad de decírselo en la cotidianidad. No quiero decirlo porque es su cumpleaños, navidad, se va a vivir a otro país o simplemente lloro su muerte. Quiero que lo sepa, hoy y en ese instante. "Me gustas y celebro tenerte en mi vida"...y además decirle el por qué, cuáles son mis razones. No es un elogio vano, es que de verdad, le celebro.

Este verano en familia he sido consciente de las personas que celebro tener allí. Siempre lo soy pero a veces más. Esta llegada a casa tan consciente de lo efímera que es a veces la vida con tantas muertes inesperadas me ha hecho pensar mucho más en esto de hacer sentir a la gente cuan importante es para nosotros

Y así he estado muy pendiente de celebrar la vida y a los vivos. En uno de esos encuentros que el verano me regala, tras mucho rato hablando de sí mismo, mi interlocutor me preguntó ¿Y tú como estás?... su pregunta me agobió un poco porque solo pude responderle: Estoy. Y en ese momento me pareció una respuesta simple, incluso inquietante y angustiosa, insuficiente, al lado de su relato cargado de novedades. ...Pensé... "No tengo nada que contarte" terrible.... Y he estado pensando en esa conversación y esa situación, en contraste con las otras dos conversaciones, que no tuve. 

Una, por cierta cobarde prudencia que me alegro de esgrimir, todo se andará. Porque sí, a veces hay conversaciones que por comprometidas es mejor que falten. Seguro que el tiempo les resta el peso del compromiso y le sumamos picardía y risa. Está ahí pendiente, aún así espero haberte hecho sentir que eres importante.

Y la otra, que me sigue haciendo pensar. A veces no hablamos, lo que no quiere decir que no comuniquemos. No hemos hablado, cierto. Apenas hemos coincidido para hacernos promesas ...encuentros que duran un instante: y te miro y te siento... y hay algo que es diferente y se me va la cabeza en explicaciones posibles. Con lo fácil que es hablar... La primera vez que me te hablé, te lo dije: como no aproveche esta ocasión... Las cosas que nunca te dije, a veces se parecen a las cosas que no se como decirte (en este caso para tranquilizarte)...Por eso escribo, porque necesito decirtelo. Sea lo que sea, estamos aquí.

Comunicar, que importante...

Mientras fue niña mi único objetivo con H. fue hacerla sentir amada. Con la adolescencia mi único objetivo es que además de amadas (sigamos o no en ello) mantengamos la capacidad de comunicarnos...H. es muy orgullosa y yo una persona más bien silenciosa y solitaria. Hago un ejercicio consciente cada día para que, parafraseando el libro, pueda seguir hablándole de manera que me escuche y pueda seguir escuchándola para que ella me hable...

Ayer, tras un día especialmente poco comunicativo y algo tenso en confianzas, H. volvía a casa tras pasar casi tres horas con tres compañeras del cole. En ese estar conscientemente atenta le pregunté por lo que habían hecho..., lo que habían hablado.... Y tras un ratito aparecen las cosas que quiero que me diga: "Mamá porque I. dice que ella sí quiere fumar. ¿Es tonta o qué?"... Sabes qué....Ni L. ni I...quieren a sus madres ¿Por qué?....Mamá, no me sé el nombre de ninguna cerveza y ellas sí. ¿Es normal?.... Cuantas cosas para conversar y terminar el día arropadas en nuestros miedos, dudas y certezas.

Poder saber de qué habla mi hija con sus amigas cuando no es por el móvil -que puedo más o menos seguir-...Saber que sigo siendo un referente para ella, que sigue contrastando su visión del mundo conmigo, que me de la posibilidad de darle mi opinión, solo mi opinión, al respecto de esa conversación...me parece tremendamente importante...y cuanto más se mantenga mejor, porque los días que sus respuestas a mis preguntas son monosílabos, realmente me inquieta que algo esté pasando...y que haya cosas que nunca me diga.

Y no, no me olvido de que aquellas que nunca dije a mi padres. Que además de serenidad y paciencia, hay que tener memoria.




martes, 29 de julio de 2014

LA MIRADA DE LOS OTROS

"Es en la mirada de los otros donde te vuelves a construir" Jorge Font

He vuelto a ver "La vida de los otros" y he recordado este texto que escribí hace algunos años y que hoy retomo, altero, matizo. 

 "Voyeur" lo titulé y pensé al hacerlo: Somos todos, así que es plural. ¿Cuál es el plural voyeur?...nunca recibí clases de francés.
 

Antes de ser madre, iba mucho al cine. Al cine, cine, al local. Me gusta la pantalla grande. Desde entonces, aparte del precio que ha crecido para perderse, no es fácil encontrar espacios, compañías, ánimos para volver a ese formato. Pero, cuando claudico, cuando me rindo y veo algo en la pantalla del televisor o, aún peor, en la del ordenador, pienso en todo lo que me estoy perdiendo. En todas esas historias que siempre me devuelven la vida. Incluso las que me desgarran el corazón. Los campamentos de H. me han llevado a las pantallas, en los tres formatos. De esa melancolía de historias bien contadas, nace este recuerdo epistolar....

Hacía meses que no iba al cine. Fui ayer y he vuelto hoy. Dos películas buenas, una alemana "La vida de los otros" y la otra danesa "Después de la Boda". Me han gustado ambas aunque la primera más, quizás porque creo que es más real. Vuelvo a casa bajo la lluvia pensando en la grata sensación que me deja el cine. 


Desde que oí hablar de ella estoy pensando en el impacto que tiene en nuestras vidas, "La vida de los otros". Ya sea que mires o escuches. Que lo hagas furtivamente protegido por la oscuridad del cine o desde una ventana que te oculta tras la cortina. Puede que la vayas leyendo a capítulos o la escuches acompañada de melodía. Ya sea que te sientes simplemente a mirar en un parque o en una terraza, que escuches la radio o las oigas "en la consulta" ..las historias que otros viven o nos cuentan, nos atrapan y transforman, y eso da miedo pero es una suerte. 


Nos metemos en la vida de la gente y dejamos que la gente entre en la nuestra, a menudo de forma poco precavida, y entonces sus vidas nos tocan y nos transforman, se quedan con nosotros cuando ellos se van, tiñen nuestros paisajes, cambian nuestras referencias, perturban nuestras certezas y quedamos atrapados entre el miedo que eso nos provoca y la fascinación de ver transformarse el mapa de nuestro certero mundo.


Las historias ajenas nos distraen de las propias y eso es sencillo, que se queden a vivir con nosotros ya es algo más perturbador. He pasado el fin de semana con muchas personas para lo que es habitual. La mitad "oficialmente" desconocidas y me sorprendía conocer tantos detalles íntimos de sus vidas, reconociendo que paralelamente y por simple deducción lógica, seguramente ellas sabrán otros tantos de la mía. Conozco detalles muy personales de compañeros de camino simplemente porque antes fueron personas con las que trabajé o con quienes compartí momentos de intimidad en otras circunstancias alejadas de las actuales (y de alguna manera de esto hablamos en "Después de la Boda"), de cómo la gente se queda en nuestras vidas incluso cuando no está en ellas.


Soy una voyeur, lo reconozco. Se me da mejor mirar y escuchar que hablar. Tengo una extraña capacidad para hurgar en la intimidad de la gente sin que esta se sienta agredida (al menos eso creo porque pocas veces he recibido una señal de que así fuera)...

Pienso en las historias que vivimos, y en cómo las narramos. 

Y sabes qué, las cosas que nos dijimos, con palabras o sin ellas, por decirlas, y también por omitirlas, están esta noche conmigo; mientras tomo un café, entre la luz tenue... con los claros sonidos de este hogar de paredes de papel!...

viernes, 18 de abril de 2014

SE VAN...

Ha muerto Gabriel García Márquez. Llevo días pensando en su muerte que solo ayer se ha concretado. Que empeño tenemos ultimamente en esta crónica de muertes anunciadas!!!. 

He estado preguntándome cuál es el sentido. Hablar y seguir hablando de que pronto nos dejaran aquellos que amamos o admiramos, es como si al anunciar lo que nos causará dolor, quisiéramos mitigarlo, prepararnos mejor, que no nos pille la muerte por sorpresa...

Como si así lográramos exorcizar nuestros fantasmas.

Estarán de fiesta otra vez en el cielo dicen los que creen en él, yo pienso en múltiples alternativas, incluida esa. Todas buenas, así de sencillo es mi vinculo con la muerte. Un no lo sé que hay. Y un, como siempre en lo desconocido y novedoso, el valor en sí mismo, sin que eso signifique que se le desea.

A mi me inquietan más los supervivientes, esas viudas, esos hijos e hijas, esos hermanos y hermanas  de sangre y de vida que hoy tienen que aprender a vivir con su ausencia, con su nostalgia, con la consciencia de que ya no será más, aquí y de esta manera...

Es colombiano, se parece fisicamente a mi padre, me hechizó con sus palabras. Lo recuerdo como mi primer amor literario, ese que nunca se olvida, ese que nos hizo explorar, descubrir, tranochar y saborear,...Siempre me pregunto ante una muerte cómo hacer del duelo y del luto algo útil. Caeremos en el tópico de releer sus libros como quien revisa emocionado un álbum familiar tras la muerte de un ser querido. Y lo disfrutaremos otra vez, incluso más...

Hoy con su muerte pensé que me estaba haciendo mayor.  He sido consciente de que se está muriendo gente irremplazable (siempre ha sido así) pero estos y estas, que se están muriendo ahora, que se mestán muriendo, han sido mios en vida, desde su plenitud vital y mientras yo iba creciendo. Ellos y ellas han sido en vida, compañeros y compañeras de viaje, personas que se inspiraban y escribían a la par de mis lecturas, que componían a la par de las horas en las que yo les escuchaba, que grababan sus discos a la par de mi escucha, mis bailes, mis aplausos. Gente grande que hacia conciertos en los que yo participé como público, a los que aplaudí, grité, recomendé y alabé. Les he visto hacerse mayores, como a mis padres y me han hecho tan feliz., que estoy en deuda con ellos y les echo de menos sí. Como no puedes echar de menos a alguien que aunque maravilloso te ha sido desconocido en vida.
 
Intentaremos, por respeto, serte fieles, seguir allí y hacer por no echarte de menos, sino más bien por sentirte de más. 

Aquí, con nosotros, haciendo honor a tu sabiduría. Como bien decias, manteniendote vivo porque "...es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites" 

Adiós maestro...




viernes, 21 de marzo de 2014

UN PADRE

H. entra a mi habitación rápidamente. Me está contando algo y de pronto su mirada se gira y dice asombrada ¿Quién es?...me giro hacia la cama y veo la silueta. Ciertamente, el nórdico enredado lateralmente sobre si mismo, en el lado de la cama que yo no ocupo, da la sensación de que alguien aun duerme allí. La miro sonriendo y le digo...el nórdico enrollado!. Me responde con un suspiro: Ay que susto mamá!.... pensé que era un padre!. Nos reímos, y sólo atino a decirle. Te lo hubiera dicho ¿no?.


A H. le falta un padre, es lo que ella piensa a menudo. Yo lo pienso también, pero sólo en algunas ocasiones. Y siempre lo hago desde mismo punto: nos gustaría tener un padre en la familia, un compañero que enriqueciera lo que ya tenemos, que es mucho, y a quien aportar nosotras, lo mucho que ya somos. 

Pero no está. No sé si existe, no tengo evidencias de ello, tampoco de lo contrario. Según los días, tengo esperanzas (para el amor de pareja siempre hay tiempo) o soy escéptica (por qué iba a aparecer ahora si no lo ha hecho antes). 

Lo que veo a mi alrededor en hombres, en compañeros/maridos/novios, en padres, no me genera grandes emociones a favor y sí, muchas veces, en contra. Entre otras cosas gracias a sus mujeres/compañeras/novias/esposas que no son especialmente felices con su presencia y lo están diciendo todo el tiempo. Digo yo, quéjate menos o dejale.

Implacable que soy a veces. Parece que soy fácil de querer pero no, lo cierto es que no lo soy. Soy exigente y soy pura emoción. Aprendí a estar sola y sentirme muy a gusto. Por eso me cuesta mucho sentirme bien acompañada. Sólo quiero compañía si, en general,  mejoro esa sensación personal. Estar a gusto en soledad es una gran ventaja vital y es, a veces, una trampa. 

Una trampa que también padece mi hija que se ha cansado de enseñarme candidatos...

Con el tiempo, el deseo de tener un padre se ha equiparado el deseo de tener hermanos. Cuando encontramos un diente de león, las dos pedimos con fuerza el mismo deseo: "queremos un "buen" padre con un/unos "bueno/s" hijo/s". A mi me enseñaron que hay que pedir bien los deseos porque a veces la vida se anima y nos complace.

Pienso mucho en todas las decisiones que he tomado en nombre de mi hija. En la responsabilidad que tengo de educarla y formarla para que sea capaz de asumir y vivir las mismas, desde la certeza de que tiene una vida completa y plena (...aunque es mujer, aunque es negra, aunque es adoptada,...aunque no tiene padre,...). 

Pienso en ello desde la fortaleza que me da el conocer tantas historias más o menos felices e infelices de madres y padres, de familias, de las que lo son y lo ejercen bien, aprendiendo como todos cada día. Pero sobretodo,por conocer las historias de los muchos que lo hacen mal, yo diría fatal y dañan, y mucho...

Creo en lo personal pero cuesta en lo social, que no hay un modelo único, completo, correcto, sano, valido de ser familia. Hay solo posibilidades y en nosotros está el hacerlo lo mejor posible. Y el educar en esa visión...

Por algunos desfases vitales personales, la mayor parte de mis amigos más cercanos se esta enfrentando al reto de ser madres y padres recientemente, por eso pienso mucho en las emociones que rondaron mi decisión de adoptar y en el camino recorrido desde entonces. Pienso en las consecuencias que de tal decisión se han derivado. En lo difícil que es aceptar la renuncia a ciertas cosas y el acierto que ha supuesto el seguir adelante con otras.

Un padre H. Sí, un buen padre para ti. Yo también lo quiero y lo deseo. No es nada fácil, no. Además antes de ser tu padre tendrá que ser otras cosas. A veces siento que el tiempo es breve y las opciones escasas, pero ahí están el azar y la esperanza. 



Habrá que darle oportunidad a la vida y abrir los ojos que, a veces, lo sé, los tengo cerrados.






sábado, 16 de noviembre de 2013

EMOCIONARIO...

MIEDO: J. me pide una cita para hablar conmigo. "Creo que vuelvo a estar mal". Me encuentro con ella y su aspecto externo no denota ese malestar. Se le ve bien. Sonríe. Habla pausadamente. No llora. Me relata cómo están sus historias y siguen reflejando logros. Señalo todas las fortalezas que sigo viendo. Hago énfasis en todas las que ella narra. Termina diciendo "Me quejo de vicio" y sonríe, pero a veces me asusto y necesito venir a contártelo, eso, que estoy asustada, pero al escuchar mis palabras, cuando me escuchas y me escucho, me tranquilizo. Y entonces sé que estoy bien.

He visto muchas veces las cicatrices que J. tiene en sus muñecas, en sus brazos. Sus cicatrices reflejan el daño que, siendo aún una adolescente, se autoinflingía. Así descargaba su miedo y su ansiedad. Han pasado más de dos décadas desde entonces. Cuando la conocí, hace una, ya no se hacía daño pero tenía mucho a favor para recaer. Juntas y gracias a muchas cosas, además de mi apoyo, fue saliendo adelante, encontrando la manera de reconciliarse con su pasado, de encontrar recursos internos - que tiene muchos- y externos, en los que apoyarse; de ver posibilidades donde antes sólo fue capaz de encontrar inconvenientes. J es una superviviente y una mujer muy resiliente.

DESCONSUELO: Mientras tengo esta entrevista escucho en el pasillo un llanto desconsolado. Es tan profundo que súbitamente se encoge mi corazón. Desvío mi atención para tratar de percibir si alguien acude en su auxilio. Oigo voces alrededor pero el llanto continua. Sólo cuando veo salir a C. me tranquilizo. Ella sin duda manejará la situación si se requiere. A los pocos minutos vuelve a entrar, me mira porque sabe que estoy con ella. Su mirada me calma. Poco a poco el llanto se serena. Al terminar mi entrevista le pregunto a C. por lo que ha pasado. "Ha sido G."... G. viene a vernos. Ha sido su primer encuentro con nosotros.

G. acaba de tener un grave accidente de coche mientras estaba de vacaciones en un país bastante lejano, a los pocos días a llegar allí. Con su bebé de pocos meses. Sin hablar el idioma. Sin red afectiva de apoyo salvo su pareja que también viajaba en el coche. Vuelven a casa vivos, que al parecer no es poco, con daños visibles en sus cuerpos, salvo el bebé al que aparentemente no le ha pasado nada. Llegan con daños que no soy capaz de medir en trascendencia pero desde luego con un daño emocional intenso. Daño por lo que ha sido realmente. Por lo que podía haber sido. Por lo que no sabemos si será. Estrés postraumático lo llaman. Normal, ante una situación anormal. Pequeños o grandes accidentes emocionales que G. ha tenido que ir sumando a sus espaldas en los últimos años. Situaciones que requieren de tiempo para ser asimiladas. Que requieren de apoyo. Que demandan toda nuestra capacidad de ver lo positivo, en medio de tantas cosas negativas.

VALENTIA: A E. le dijeron que tenía una bomba de tiempo en su cabeza y valientemente decidió que había que desactivarla a pesar de los riesgos que eso implicaba y que todos conocíamos. Desenredar las venas que en tu cabeza han decidido enredarse requiere de grandes dosis de sabiduría, serenidad y valentía. Y E las tiene, las tres aunque, como todos, unos ratos más que otros. Esta semana comenzaba así, con ella apostando por vivir, por bien vivir. Nuestros corazones latiendo a su compás. Todo fue bien, los sabios doctores dicen que están desenredadas, y su evolución de estos días ha sido muy favorable, tanto, que E está en casa y ayer la hemos ido a ver. Se ve bien. Ella también ha sido desde niña, un ser muy resiliente.


INSEGURIDAD: Y, claro, está H. que vive conmigo y esta semana se ha sumado a mis tormentas. Ella que es la más significativa. La que está creciendo y aprendiendo. En quien tengo que serenar mareas, calmar daños, ofrecer herramientas. Su corazón tan intenso se enfrenta a todas las batallas (relacionales) dándolas por perdidas. Sintiéndose una víctima. Doliéndose en sus miedos. Y yo, que la sé fuerte, sin embargo tengo que aprender a ir despacio, porque ella es un león herido que siempre se defiende de su fragilidad. Sabe que está tocada. Y sabe también que ha de protegerse para no estar muerta, así que saca su furia y no deja que calme sus heridas, que son pequeñitas, pero aún así le recuerdan que pueden llegar a ser mayores. 

De terapeuta sí, desde que amanece el día hasta que se oculta el sol. Y estoy cansada, tratando de mantener la calma y atender cada cosa en su momento. Y dándole a cada una su espacio. 

Sin pretenderlo, acabando la semana, me encontré con esto que me parece un buen material para trabajar emociones con niños. Y, porque no, con adultos!



viernes, 27 de septiembre de 2013

A BOCAJARRO

En esta semana nos acongoja esta noticia.

Y yo la he seguido, pensándola mucho, sabiendo lo que me esperaba.

He descartado la TV y la he seguido en prensa para tener más tiempo de pensar en la respuesta. Cinco días ha tardado.

Dice H. 

 "Te quiero decir algo pero me da vergüenza..." "Quiero decirte que te quiero"

Y un milisegundo después añade:  

"Mamá, si los abuelos me dan dinero ¿tu me vas a matar?...Es que sabes que ha pasado...unos padres han matado a su hija de China"

Mamá,...si hubiera nacido en su barriga ¿ también la hubieran matado?


Respiro profundo. Pienso en las ideas sencillas y seguras que debo aportarle. Quisiera saber si me equivoco. Aprendo desde la necesidad, pero a veces estoy aturdida por ella.

Fuente: quiero saber de donde le ha llegado la información. 

"Me lo ha contado L."... una compañerita del cole que parece que se ha leído la prensa!!!. Tienen 8 años, que rabia siento por cada cosa que les hace perder la inocencia

Primera idea. La presunción de inocencia.  Esa es una de las hipótesis que está investigando la policía. No saben si han sido sus padres pero son sospechosos. Reconozco que me cuesta creer en esa inocencia según están las cosas, pero la concederé hasta el final.

Segunda idea. Por ser adoptada, no es diferente la valoración de lo que sucedido. Si eso es verdad, seguramente habrían hecho lo mismo aunque el hijo hubiera nacido en su barriga. Esto no tiene que ver con lo que ha hecho (o con lo que es) la niña (y mucho menos con su condición de adoptada) sino con que esos padres están enfermos o son malos. Muy malos.

Tercera idea. Empatía. En el mundo hay gente mala pero también gente buena, gente que ahora está triste por lo que ha pasado, que están intentando descubrir la verdad para que si esos padres han hecho eso, lo paguen y vayan a la cárcel. Por eso, cuando escucho la noticia, me pongo triste y me preocupo. ¿Estas triste y preocupada con la noticia, verdad? No me extraña, yo también lo estoy.

Cuarta idea. Acompañamiento. Que bueno que lo hemos hablado. Me gusta que cuando algo te preocupa me lo cuentas. Yo también he estado pensando en lo que decían las noticias y estaba esperando para entender un poco que había pasado de verdad y así explicártelo mejor. Ahora esperaremos juntas.


Quinta idea. Incondicionalidad y bondades del Amor. Sabes qué, yo también te quiero, te quiero más que a mi vida. Y no me da vergüenza decírtelo porque es lo mejor que tengo. Me hace feliz saber que me quieres. Gracias por vencer a la vergüenza.

La abrazo. Respiro hondo. Siento y respondo como mejor puedo, a esa pregunta a bocajarro, en este primer día de otoño, lleno de viento y de lluvia. 

Llenas de muerte y de amor.




martes, 3 de septiembre de 2013

DEL LLANTO AL CONSUELO

H. y yo habitualmente vivimos solas. Compartimos y negociamos nuestro espacio, nuestro tiempo. Lo compartido y lo concedido. No ha sido fácil encontrar la medida en la que ambas nos sentimos cómodas. Ni siquiera afirmo que sea algo estable. Es algo en lo que ya conocemos nuestro margen de maniobra. A veces, ese equilibrio de márgenes conocidos recibe visitas y no siempre resulta fácil adaptarse a los cambios.

En estos días nos visitan los abuelos. Veo a mis padres dos veces al año, todo el tiempo que puedo en esos dos períodos, un tiempo que siempre me sabe a poco. Sé que es lo que elegí. Irme lejos de casa y eso ha tenido muchas ganancias. No por alejarme del lugar en el que estaba (y en el que era feliz) sino porque las posibilidades de esa felicidad eran muchas más, estaban en muchas otras cosas. Lo sé, incluso lo celebro. Otra cosa, es el precio.

El precio tiene que ver con el tiempo, que pasa. Les echo de menos. Sí, mucho, por eso disfruto tanto de sus visitas. Y les dedico tiempo y les cuido y una parte de mi atención hacia H. se distrae en ellos. Ella lo lleva fatal.

A H. le cuesta compartir mi atención y creo que hace esfuerzos importantes por llevarlo bien, cada día mejor, durante períodos cortos. Sin embargo, compartir todo el tiempo, convivir día tras día con dos personas que le restan mi atención, es una prueba de hierro. Y le está costando.

En estos días H. está irritable, frágil emocionalmente y con una frecuencia inusual llora por las cosas más nimias. Llora sintiéndose desatendida, cuestionada, abandonada frente a otros y es que H. es así de intensa. O estás conmigo o estás contra mi.

 Y así, llorando, la he dejado un par de veces.  Voy un ratito después a consolarla y acompañarla en el camino de regreso. Porque H. se va llorando y corriendo -emocionalmente hablando- y luego,... sigue llorando, porque aunque quiere, no sabe volver.

Cuando H. llegó a mi vida tenía pocas rabietas pero las que tuvo fueron intensas. Al principio, yo sin querer, las alimentaba, esperando una calma que ella no sabía conseguir sola. Todo, hasta que descubrí que sólo se calmaba cuando yo iba a su lado y la consolaba. Ella rápidamente había elaborado la situación y la entendía, pero no sabía "recomponerla". Empezaba llorando por una cosa y, lista como es, la podía resolver, entender, manejar emocionalmente con éxito, pero luego lloraba por haberse perdido, ya que no sabía volver. 

Cuando unos minutos después acudo a buscarla, me recibe llorando pero el motivo ya es otro. Siempre me cuenta que está "perdida", que reconoce sus fallos y no sabe cómo remediarlos. No pasa nada, le dijo. Ya lo tienes claro, eres una chica lista. Eso es una alegría. Mamá te acompañará. Podemos regresar juntas. Y siempre pasa que esa certeza, trae la calma.

Creo que el que los niños lloren es inevitable. Que no nos complazcan en todo, suele generar malestar y no está mal sentirlo y aprender a manejarlo. No está mal que a veces se frustren nuestros deseos y lloremos de rabia. Sin embargo, ningún niño debe llorar indefinidamente. No deben llorar de más y, al "más" se llega rápido. Los niños necesitan consuelo y éste debe llegar más temprano que tarde. Debe siempre llegar pronto. 

Y somos los adultos los que tenemos la obligación de proporcionárselo. Para eso hace falta calma frente a su llanto, aunque este nos irrite. Los adultos somos nosotros y la obligación de mantener la calma, es nuestra. A nosotros corresponde enseñarles el camino de regreso. 

No hay lágrimas que merezcan ser compañía permanente. Algunas, sólo música de fondo. Y es que esta versión me emociona.

martes, 30 de julio de 2013

MIL NOCHES Y UN INSTANTE







En las últimas semanas he estado escuchando con pasión a este chico. Llegó a mi vida de la mano de una cinta de casette cuando corría el año 1991.

Este mes ha iniciado su última gira. La ha llamado "Mil noches y un instante". Como es medio poeta, nos dice:

"Aquí estamos.
Una noche entre mil.
Un instante irrepetible.
Como el que hace nacer la canción.
Como el que ve brotar el amor.
Una noche más reunidos para el rito que disuelve el tiempo
y lo rearma a su gusto, con gusto a eternidad.
Hay cosas que toman una vida para decirse,
o un solo momento.
Este puñado de canciones atraviesa años de amor
a la música en una sola noche.
Y el alma de esa noche florece en un instante.
Pedro"
(Mil noches y un instante - Gran Rex 28/06/2013)







Y yo pienso en esa vida que se forma de instantes. Unos que se suman, para dar continuidad a tu vida y otros, que marcan un final. A veces el final es obvio, otras es incierto, a veces ambiguo y, en este caso, es triste. Quiero pensar que solo marca el comienzo de otros instantes mejores. Sé que es así, ahora sólo tengo que sentirlo.


Mientras lo siento, viene a mi memoria este poema de Borges y de él tomo fuerzas, porque, ciertamente, tengo bastantes años menos y puedo hacerlo.


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sábado, 22 de junio de 2013

REFUGIO

...hace un par de días, el 20 de Junio se celebró el día Mundial del Refugiado. 

A mi los días Mundiales de...me provocan una sensación ambivalente. Creo que hay realidades y circunstancias que no tienen que tenerse presentes un día, sino todos los días. Tener que institucionalizar la conmemoración, refleja la tendencia al olvido. Y hay cosas que no deben ser olvidadas.

Cuando ya anochecía y yo pensaba en ello, en medio de la particular reflexión que conlleva el final del día, he traído a mi memoria los rostros de todos los refugiados y solicitantes de asilo con los que me ha tocado trabajar en estos años, desde Vietnam hasta Albania, pasando por Etiopía. Esa sucesión de rostros, de historias, de tristezas, miedos y alegrías, volvió a erizarme la piel. Como no podía ser de otra manera, volví a pensar en F. preguntándome dónde estará. Cómo estará.


Conocí a F. con alrededor de 18 años, en Mayo del 2007. Tuvimos que esperar casi cuatro años para ver reconocido su estatuto de Refugiado. Recuerdo las entrevistas con él con particular emoción, y agradezco a M. su ayuda como interprete en las primeras etapas de la intervención, su compañía en el dolor de la narración de esa historia de vida. 

La vida de F. se rompió cuando tenía 9 años. Perdió a sus padres y fue separado de sus hermanos. La muerte de sus padres le duele pero el no saber qué fue de la vida de sus hermanos le persigue.

Las entrevistas con F. son inolvidables. No he conocido a nadie con tanta necesidad de narrarse (y justificarse en sus acciones), alguien que necesitara tanto salvarse de la culpa que era de otros y el sentía como propia. Nadie que me reflejara tanto lo que era sobrevivir a la barbarie. Y F. era un niño, un niño de la misma edad que mi hija. Un niño soldado.

Un niño que no pudo elegir. O sí, eligió sobrevivir. Sin embargo, durante el tiempo que caminamos juntos he visto volver a sus fantasmas. Sigo preguntándome como logró durante tanto tiempo mantenerlos alejados. Porque la realidad siempre supera a la ficción.





martes, 18 de junio de 2013

PRUEBA DE VIDA

H., como le ha tocado muchas veces este año, ha pasado el fin de semana con unos amigos que son nuestra familia en esta tierra. Yo estaba fuera de la ciudad por razones importantes. Seguimos más o menos el mismo patrón de contacto que en ocasiones anteriores pero el sábado en la noche no pude hablar con ella, ni siquiera hice el intento, pues sabía que estaba bien.

El domingo apenas abandonamos la casa de nuestros amigos y estuvimos a solas me dice...

- Mamá ayer casi me pongo a llorar....pensaba en por qué no me llamaste. Después me dijo A. que habías llamado.
 

- Sí?. Lo siento, aunque a veces tienes que reconocer que cuando te llamo no quieres hablar conmigo, y eso lo entiendo, porque estás jugando, pero también a mi me da tristeza.


- Tienes razón mamá, porque anoche yo estaba jugando y no quería hablar contigo, pero es que si no llamas tu, me preocupo porque pienso que te ha pasado algo. 


En realidad no llamé, solo contesté a un sms a la maravillosa A., que quiere a mi hija como si fuera su madre. Ella me había mandado un mensaje para decirme que estuviera tranquila, que ellos, a tardías horas, seguían en el jardín con diez niños jugando al escondite.

Yo me sentía algo culpable de haber olvidado ese deber. Olvido basado en la certeza de lo bien que está H. con ellos. Y, ciertamente, a mí no me había pasado nada (al menos nada malo) pero aprender de sus necesidades (que yo demuestre que sigo ahí) me hace aplacar las mias (que a veces dudan de que le importe en medio de la diversión). 

Y agrada, saber que nos echan de menos, sobretodo; cuando después, existe la posibilidad de darse abrazos de más... Y en ello hemos andado hoy.

 

viernes, 10 de mayo de 2013

EL OFICIO DEL PENSAMIENTO...

Hace un par de semanas un amigo me contó algo muy importante, por trascendental y, para mi, por inesperado. Algo muy significativo para su vida y, necesariamente, para la nuestra. Algo que me emociona. Por eso he estado pensando mucho en él y en aquello que me ha contado.

Desde entonces este par de semanas se diferencian fundamentalmente en que durante la primera he compartido mi cotidianidad con H. y con sus vivencias, necesidades, urgencias, alegrías y angustias. En la segunda, H. ha estado fuera de casa haciendo una actividad de Aulas de la Naturaleza con su clase así que yo he vuelto a estar nuevamente cuatro días sola, sola conmigo misma y mis pensamientos.

Sola, por decir algo.

El fin de semana que media entre ambas semanas hemos estado con P., nuestro amigo, y nos hemos disfrutado como siempre que nos encontramos. Muchísimo. Tras el adiós, porque P. vive lejos, bastante lejos, nos hemos quedado bajitos afectivamente, con esa nostalgia elaborada ya en miles de despedidas físicas, que sólo hacen evidente cuan unidos estamos emocionalmente. Y así bajitas, y en soledad, hemos estado pensando.

Anoche soñé con P. y el tema que nos ocupa y pensé: no puedo sacarme lo contado del pensamiento.

Antes de tener hijos yo no podía sacarme de la cabeza (o más bien del corazón) las cosas que me inquietaban. Cuando algo me importaba seguía acompañandome, atormentándome, acariciándome (según fuera el caso), durante horas, días,...  Rumiación*, según lo denominan los que saben.

Entre las miles de virtudes que tiene mi vida con H., hay una que valoro en el Top Ten. Y es que H. me libera de mi misma. Me distrae de mi misma, de mis trampas y mis angustias.

Tras estar con ella, cuando vuelvo a mi, me reencuentro con mis pensamientos pero han perdido fuerza, se han relativizado, se han matizado en el contraste vital que me supone compararlos, acompañarlos, redefinirlos con aquello que H., y mi vida con H, me ha aportado en el camino. Desde que estoy con H. he dejado de rumiar. Ahora, sólo pienso el tiempo necesario para darle utilidad al pensamiento, porque ella siempre llega antes.

Pero H. no está y por eso te pienso compañero. Te pienso, con todos los rostros en los que te miro, incluso en este con el que me sorprendes. Y te pienso a todas horas y como siempre te celebro, por no decirte una vez más, que te echo de menos. Y es que cuando estás, estás tanto. 

Y lo que nos queda.


* Pensamiento intrusivo, fruto de emociones intensas pasadas, de carácter muy persistente, recurrente (que vuelve, se repite…), y ajeno a la voluntad del individuo, que suele ir acompañado de un cierto malestar y que se mantiene hasta que el individuo logra resolver la situación

jueves, 25 de abril de 2013

CARTAS E HISTORIAS

Como parte de un entrenamiento que realizo para mejorar mis competencias profesionales, este fin de semana he recuperado las enseñanzas de Michael White sobre los medios narrativos con fines terapéuticos. 

Michael White, trabajó en los servicios de psiquiatría para niños y adolescentes de hospitales psiquiátricos públicos de Adelaide, en Australia. Durante toda su vida, se mantuvo en la obligación de cuestionar los tratamientos que patologizaban las vidas de las personas, y siempre buscó desarrollar formas de trabajo colaborativas. Se mostraba fascinado por cómo influyen las narrativas vitales en las personas, y por cómo dichas narrativas podían modificarse y resultar más adaptativas. Entendía la terapia como un proceso de transformación del discurso. 

Las personas, decía, cuentan su historia personal desde un determinado punto de vista, olvidan que la interpretación que le dan a esa historia marca las emociones, los pensamientos, los sentimientos, etc. que esa historia les produce a ellos y a los demás.

Una de las técnicas que utiliza este modelo, es la del envío de cartas a los pacientes/clientes. Creen que al escribirlas, siempre ofrecen posibilidades que complementan a la palabra hablada y permiten en la narrativa, construir nuevas historias complementarias a la historia dominante que es la que habitualmente ésta cargada del problema. 

Pensando en todo esto me encontró la semana y, con los hechos que le siguieron, puestos a elegir, elegí escribir una carta.

Un lunes cualquiera, tras una comida plácida, volvemos al cole. H. decide bajar las escaleras de espaldas. Sí, le parece mejor, es más divertido. Ya sabemos, si no hay riesgo, no hay diversión. Tras llamarle la atención un par de veces, tras girarla para evitar el riesgo de caida y tras recibir su molestia e incluso furia por mi impertinencia de corregirla, di la batalla por perdida. En ese punto el desgaste era mayor que el riesgo, faltaban cinco escalones en el peor de los aterrizajes. 

Le hablé de mi enfado y H. decidió utilizar toda su artillería: "Hay que ver como te pones", "Si lo estoy haciendo con cuidado"...y un largo etc. que sólo provocaba que mi enfado creciera. Por ello decidí penalizarla quitándole algo agradable que le había entregado minutos antes. Ella respondió, como lo hace muchas veces, huyendo hacia adelante: ...me quedó retrasada, ....camino despacio, ....pongo morritos...yo, una vez declarada la guerra, decidí respirar profundo pues brillaba el sol y había una temperatura maravillosa

Avanzamos treinta pasos, una breve tregua, huele a hierba recién cortada, uno de los aromas que más me relajan, se lo cuento y me habla con normalidad. Pensé que la batalla había acabado, pero me equivoqué.

Cuando llegamos al cole volvemos a la escalada. "H. bájate de ese árbol que se puede partir la rama"...Se baja a la tercera llamada de atención, pero enfadada. La llamo para hablar con ella y me mira durante un segundo y se va "porque yo no le hablo". Cuando debe entrar al colegio se va sin despedirse. Está molesta conmigo y debe ser mucho porque es la primera vez que lo hace. 

Mi furia se hace mayor.

La dejo allí y me voy a trabajar, no puedo dejar de preguntarme cómo, de la nada, habíamos generado "una batalla campal" en menos de quince minutos. 

Hora y media después me encuentro con ella y le doy un beso preparada para continuar la guerra. Me saluda con un beso y tras hablar de otras cosas me pregunta ¿sigues enfadada?. No, le digo, sólo me sigue preocupando que nos pasen estas cosas, pero podemos hablarlo después con más tranquilidad. La dejo en  Baloncesto y pienso que quizás es buena idea escribirle una carta contandole lo que he ido sintiendo, por qué y lo que me gustaría que hubiera sucedido en cada momento, asumiendo yo la responsabilidad...

"Me hubiera gustado que bajaras las escaleras de frente, cuando no lo haces, tengo miedo de que te hagas daño...

Me hubiera gustado que al darte cuenta de que habías cometido un error, pudieras reconocerlo como yo reconozco cuando los hago...

Me gusta que te subas a los árboles y sabes que siempre te dejo, pero te olvidas que estas creciendo y que tu peso es mayor y esa rama no parecía poder resistirlo. Temo que tu y el árbol se hagan daño, tus brazos y sus ramas rotos, causan mucho dolor...

Me hubiera gustado que me dieras tiempo para hablarte porque no siempre sé encontrar las palabras para que me entiendas, mejor y más rápido 

Y, sobretodo, me gusta despedirme de ti con un beso, porque eso me hace sentir que más allá de los malentendidos o las dificultades, siempre logramos encontrarnos y nuestro amor es más fuerte que ellos..."

Estas eran algunas de las ideas de esa carta que escribí mientras ella se duchaba. Al terminar, se la dí diciendole "te he escrito una carta" y me fui a preparar la cena. Cuando nos sentamos a cenar me dijo con una sonrisa: ya la he leído. Sonreí también. "¡Que es en serio que la he leído! y me la recitó. "Ahora entiendo qué te pasaba y como te preocupas porque yo este bien" Le pregunté si creía que podíamos hacer las cosas mejor la siguiente vez. Sí, me contestó. La próxima vez no bajaré las escaleras de espaldas, tu no te enfadarás, ...podremos caminar juntas al cole, ...volverás a oler la hierba...

Tras la tormenta, la calma. Tras la teoría, la práctica. El efecto terapéutico que tuvo sobre la situación me sorprende. El efecto terapéutico y de aprendizaje personal al escribirla, sobretodo por el esfuerzo de hacerlo en términos positivos y de aprendizaje para el futuro, me resultó muy sanador por las malas sensaciones con las que me quedé en la tarde. Me sorprendió la rapidez con la que se quedaron en su memoria las cosas que señalé en la carta. 

Igual tienen razón los terapeutas que defienden los modelos narrativos, cada historia, tiene dentro muchas historias y, sobre todo muchas formas de ser contada y de otorgarle significado a la experiencia.

Somos, según nos contamos...







domingo, 3 de marzo de 2013

LAS PEQUEÑAS TRAGEDIAS



Esta semana que hoy acaba ha comenzado con lo que creo es una gran tragedia. Ha muerto el padre de un gran compañero de vida. Si muere quien te ha dado la vida y te ha ayudado a transitar por ella, y lo ha hecho estupendamente bien, vives una gran tragedia. 

Y eso duele, duele enormemente, aunque ese padre tenga 81 años y a lo largo de los últimos cinco hayas visto como su luz, poquito a poco, dejaba de brillar. Eso le ha pasado a P. esta semana y como yo quiero tanto a P., pues digamos que he estado también expuesta a su dolor, que se ha hecho un poco mío.


Para equilibrar ese sentimiento, esta semana ha nacido H. un niño muy deseado que, como no podía ser de otra manera, ha traído mucha alegría a su hogar que, por familiar, es también un poco el mío. H. ha llegado para devolvernos la ternura y la alegría de esta semana.


Con ambas noticias hemos visto oscilar el péndulo de nuestras emociones de un extremo a otro, en un período de tiempo muy corto.


Frente a estas noticias mi hija ha reaccionado con más preguntas que emociones. El origen de la vida y su desaparición son dos procesos que a la bella H. le generan enormes interrogantes. Como siempre, he estado expuesta a su infinita curiosidad y a la batería de preguntas. Creo he salido más o menos airosa de ellas. 


Paralelamente, la semana de H., más bien las últimas semanas, han estado plagadas de pequeñas tragedias que provocan en ella una gran movilización emocional. 

En los últimos dos meses, hemos estado expuestas a un sinfín de pequeños “traspiés” (unos menores y otros mayores) pero que, por suerte, se han resuelto de la mejor manera posible y sin grandes daños colaterales. 

Resumiendo:

....un incendio en nuestra cochera quemó nuestras bicis, pero no nuestro coche, que el azar quiso que no estuviera allí cuando la norma es que esté.
... su cuidadora un día a la semana no va a recogerla en el cole pero  madres conocidas pueden acogerla y llamarme.
...nos dan un golpe en el coche por detrás sin daños más allá del susto.
... se cierra la puerta de nuestra casa con las llaves olvidadas dentro pero un vecino amable logra abrirla en poco minutos.
...tras generarles muchas expectativas, un fallo de la ONG que organiza la Operación Bocata deja a su colegio a última hora, sin la actividad. 
.... su maestra decide cambiarla de asiento en su clase para ver si deja de distraerse.
.... suspende en Mates.
...el equipo rival del último partido de baloncesto, es superior en destrezas deportivas pero, sobretodo superior, en mala intención y conducta antideportiva...

.... y estoy segura que alguna más que se me escapa. Leáse, menudo año llevamos de pequeñas tragedias!!. Y esas pequeñas tragedias a H. la hacen sufrir. Y yo estoy pensando en ello.

Creo que H. es una niña fuerte y sana emocionalmente, disfruta de la vida, sonríe con frecuencia y sobretodo tiene la capacidad de generar sonrisas a su alrededor.  Sin embargo, observo ciertamente con curiosidad como esas experiencias de daño “posible”, el que la roza, pero no se concreta; le crean un enorme desasosiego, que a veces, le dura días, que incluso a veces llega al llanto. 


Habitualmente pensamos que las personas expuestas a condiciones adversas de vida se encuentran más dañadas emocionalmente. Y sí, tienen más billetes en esa lotería negativa, pero también es cierto que estar expuestas a esas circunstancias, si se dan otras condiciones, puede ayudarles a fortalecerse en sus herramientas emocionales para manejar la adversidad. 

Las capacidades resilientes, nacen, o al menos se hacen conscientes, en la exposición a eventos dolorosos o traumáticos que logran superarse, pero me pregunto si esa consciencia de lo que puede llegar a doler una experiencia traumática, no te hace a menudo más sensible o frágil ante la posibilidad de experimentarlos. Es como si te hicieran más fuerte si los vives y los superas, porque te dan herramientas para manejar los siguientes y, sobretodo, te dan la conciencia de que puedes sobrevivir a ellos, pero también te hacen más vulnerable.


Me pregunto, si esas herramientas útiles para prevenir el daño no pueden estar a veces descompensadas, activando en demasía tus procesos de alarma previos a la posibilidad de daño, creando un desasosiego demasiado intenso frente a las posibilidades de “perder” el bienestar del que ahora disfrutas, que tanto te costó conseguir y sin el que ahora te sentirías más frágil.


Y, sobretodo, me pregunto, ¿Cómo regular esta inversión emocional? ¿Cómo ayudar a H. a vivir más serenamente estos pequeños traspiés? ¿Cómo rescatar todas las lecturas en positivo que tienen estos pequeños eventos negativos?

Y no encuentro más respuesta que mi propia calma, la serenidad de reflejarle todas las posibilidades de hacer frente a esa pequeña tragedia que fue, o frente a la gran tragedia que podría haber sido. Pero no sé si eso es suficiente. No sé si hay algo más que puedo hacer para ayudarla a asumir con entereza esas experiencias.

Y me gustaría saberlo...