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jueves, 3 de septiembre de 2020

VOLVER A EMPEZAR

 ...hace un mes aproximadamente salí de trabajar, demasiado tarde para lo establecido, siempre demasiado pronto para todo lo que quedaba por hacer. El sonido de una ambulancia, me hizo recordar lo que me había dicho A. esa mañana. "Sí, ya hemos quedado para llevarle los alimentos a casa. Está en aislamiento". Lo primero que vino a mi mente fue ... volvemos a empezar. Recordé el título de la película de Garci. Nunca la he visto pero me gusta la frase. Me vine a casa despacio, como ya me lo permite la autonomía de H. Disfrutando del cielo y del sol, "por el tiempo que nos dejen"...lo repito como un mantra desde hace meses.

...vuelvo a empezar, porque me gusta y me ayuda.

...hoy han entrado en vigor nuevas restricciones en la ciudad en la que vivo. No de movilidad, que espero que no lleguen, pero sí de aforo. Anoche, nuestro encuentro semanal tenía algo de despedida, el saber que por ahora no podemos ser más. Ahora ya somos seis. Estuvimos en una agradable terraza dentro de uno de los parques de la ciudad. Hacía una noche deliciosa en temperatura y, como los días ya son cortos, las mesas en un momento dado se iluminaron con bombillas que me recuerdan las fiestas de pueblos. Simple y hermoso. Nos reímos como todas estas semanas tras el confinamiento, que bien me ha venido el juntar este grupo distendido y diverso, lleno de humanidad y divinidad. Que importantes se vuelven las raíces para lo que hemos tenido alas. 

...en medio de tanto desaliento, son un regalo maravilloso. ¿Y un motivo para la esperanza?. 

Esperanza. Tengo una adolescente en casa desde Marzo que NECESITA volver a clases y lo valido porque su salud emocional me pesa tanto como la física. Necesita volver al grupo, a los pares. En un contexto que no es normal pero, es el que hay,... aunque sea solo por unas semanas. Necesita a sus profesores para admirarles, detestarles, cuestionarles,...Necesita a sus pares para volver a casa cada día con una telenovela. Necesita rutinas y horarios, necesita esforzarse y sentir que tiene algo por lo que luchar. Esta crisis les ha robado demasiadas cosas

Yo sigo de vacaciones por unos días más, luego volvemos a empezar, porque Septiembre es volver a empezar para todos los que tenemos hijos en edad escolar, los que somos estudiantes (o docentes). Veo las colas que han tenido que hacer en Madrid para hacerse las PCR. Convocados de hoy para hoy ¿de verdad? ¿No se podía haber hecho con más previsión? Debe ser que este año nos ha sorprendido la llegada del curso escolar. Y ellos, ¿querrán empezar?..

Mientras, ayer pedí cita con el médico de cabecera, me la han dado para el lunes, casi una semana. Lo pienso siempre. Menos mal que nunca me pasa nada grave y luego pienso, pero tienes médico y no tienes que pagar la consulta como lo hiciste la primera mitad de tu vida. Matiza.

Una vida de antes, que siempre se asoma a esta, tan distinta y tan complementaria. Agradezco pertenecer a dos mundos porque siempre me ayuda a matizar.

"Tengo el alma en pedazos...ya no aguanto esta pena..." dice el vídeo que H. me hace escuchar como parte de un meme que le han enviado. Me ha sacado una sonrisa...Es la letra de un merengue que yo bailé hasta la saciedad en ese país bailongo del que vengo. La versión de H. dice "...tanto tiempo sin verte es como una cuarentena" ...la mía, la nuestra, decía "...tanto tiempo sin verte, es como una condena". Quizás es que no son tan distintas.

Cuantas ganas de volver a bailar. 

https://www.youtube.com/watch?v=egBW2aKF5Ng

lunes, 4 de septiembre de 2017

... COSAS QUE NUNCA TE DIJE

...es el título de una película de Isabel Coixet. Recuerdo levemente el argumento, pero el título siempre me resuena. Pienso mucho en las cosas que no decimos ...sobretodo cuando son importantes.

Yo creo que de fallar, fallo por lo contrario. Digo más de lo que a veces debería. No porque sea una de esas personas que se dicen directas y que, desde mi punto de vista, a menudo son inoportunas y groseras, sino porque a veces digo cosas que otras personas no están preparadas para oír o no saben que hacer con ellas, o porque a veces, esto último, también me pasa a mi, que me pregunto ¿Y ahora que hago con esto?...

Jamás me he detenido a pensar qué efecto puede tener en otra persona el decirle un piropo o una palabra bonita en relación a sí misma..., hacerle saber el grato efecto que su presencia tiene en mi. ...hacerle saber que le veo, que le siento, y que su presencia y buen hacer, hacen mi vida mejor, más sencilla, más ilusionante. Me espanta que la vida  pueda dejarme sin la oportunidad de decírselo en la cotidianidad. No quiero decirlo porque es su cumpleaños, navidad, se va a vivir a otro país o simplemente lloro su muerte. Quiero que lo sepa, hoy y en ese instante. "Me gustas y celebro tenerte en mi vida"...y además decirle el por qué, cuáles son mis razones. No es un elogio vano, es que de verdad, le celebro.

Este verano en familia he sido consciente de las personas que celebro tener allí. Siempre lo soy pero a veces más. Esta llegada a casa tan consciente de lo efímera que es a veces la vida con tantas muertes inesperadas me ha hecho pensar mucho más en esto de hacer sentir a la gente cuan importante es para nosotros

Y así he estado muy pendiente de celebrar la vida y a los vivos. En uno de esos encuentros que el verano me regala, tras mucho rato hablando de sí mismo, mi interlocutor me preguntó ¿Y tú como estás?... su pregunta me agobió un poco porque solo pude responderle: Estoy. Y en ese momento me pareció una respuesta simple, incluso inquietante y angustiosa, insuficiente, al lado de su relato cargado de novedades. ...Pensé... "No tengo nada que contarte" terrible.... Y he estado pensando en esa conversación y esa situación, en contraste con las otras dos conversaciones, que no tuve. 

Una, por cierta cobarde prudencia que me alegro de esgrimir, todo se andará. Porque sí, a veces hay conversaciones que por comprometidas es mejor que falten. Seguro que el tiempo les resta el peso del compromiso y le sumamos picardía y risa. Está ahí pendiente, aún así espero haberte hecho sentir que eres importante.

Y la otra, que me sigue haciendo pensar. A veces no hablamos, lo que no quiere decir que no comuniquemos. No hemos hablado, cierto. Apenas hemos coincidido para hacernos promesas ...encuentros que duran un instante: y te miro y te siento... y hay algo que es diferente y se me va la cabeza en explicaciones posibles. Con lo fácil que es hablar... La primera vez que me te hablé, te lo dije: como no aproveche esta ocasión... Las cosas que nunca te dije, a veces se parecen a las cosas que no se como decirte (en este caso para tranquilizarte)...Por eso escribo, porque necesito decirtelo. Sea lo que sea, estamos aquí.

Comunicar, que importante...

Mientras fue niña mi único objetivo con H. fue hacerla sentir amada. Con la adolescencia mi único objetivo es que además de amadas (sigamos o no en ello) mantengamos la capacidad de comunicarnos...H. es muy orgullosa y yo una persona más bien silenciosa y solitaria. Hago un ejercicio consciente cada día para que, parafraseando el libro, pueda seguir hablándole de manera que me escuche y pueda seguir escuchándola para que ella me hable...

Ayer, tras un día especialmente poco comunicativo y algo tenso en confianzas, H. volvía a casa tras pasar casi tres horas con tres compañeras del cole. En ese estar conscientemente atenta le pregunté por lo que habían hecho..., lo que habían hablado.... Y tras un ratito aparecen las cosas que quiero que me diga: "Mamá porque I. dice que ella sí quiere fumar. ¿Es tonta o qué?"... Sabes qué....Ni L. ni I...quieren a sus madres ¿Por qué?....Mamá, no me sé el nombre de ninguna cerveza y ellas sí. ¿Es normal?.... Cuantas cosas para conversar y terminar el día arropadas en nuestros miedos, dudas y certezas.

Poder saber de qué habla mi hija con sus amigas cuando no es por el móvil -que puedo más o menos seguir-...Saber que sigo siendo un referente para ella, que sigue contrastando su visión del mundo conmigo, que me de la posibilidad de darle mi opinión, solo mi opinión, al respecto de esa conversación...me parece tremendamente importante...y cuanto más se mantenga mejor, porque los días que sus respuestas a mis preguntas son monosílabos, realmente me inquieta que algo esté pasando...y que haya cosas que nunca me diga.

Y no, no me olvido de que aquellas que nunca dije a mi padres. Que además de serenidad y paciencia, hay que tener memoria.




viernes, 21 de marzo de 2014

UN PADRE

H. entra a mi habitación rápidamente. Me está contando algo y de pronto su mirada se gira y dice asombrada ¿Quién es?...me giro hacia la cama y veo la silueta. Ciertamente, el nórdico enredado lateralmente sobre si mismo, en el lado de la cama que yo no ocupo, da la sensación de que alguien aun duerme allí. La miro sonriendo y le digo...el nórdico enrollado!. Me responde con un suspiro: Ay que susto mamá!.... pensé que era un padre!. Nos reímos, y sólo atino a decirle. Te lo hubiera dicho ¿no?.


A H. le falta un padre, es lo que ella piensa a menudo. Yo lo pienso también, pero sólo en algunas ocasiones. Y siempre lo hago desde mismo punto: nos gustaría tener un padre en la familia, un compañero que enriqueciera lo que ya tenemos, que es mucho, y a quien aportar nosotras, lo mucho que ya somos. 

Pero no está. No sé si existe, no tengo evidencias de ello, tampoco de lo contrario. Según los días, tengo esperanzas (para el amor de pareja siempre hay tiempo) o soy escéptica (por qué iba a aparecer ahora si no lo ha hecho antes). 

Lo que veo a mi alrededor en hombres, en compañeros/maridos/novios, en padres, no me genera grandes emociones a favor y sí, muchas veces, en contra. Entre otras cosas gracias a sus mujeres/compañeras/novias/esposas que no son especialmente felices con su presencia y lo están diciendo todo el tiempo. Digo yo, quéjate menos o dejale.

Implacable que soy a veces. Parece que soy fácil de querer pero no, lo cierto es que no lo soy. Soy exigente y soy pura emoción. Aprendí a estar sola y sentirme muy a gusto. Por eso me cuesta mucho sentirme bien acompañada. Sólo quiero compañía si, en general,  mejoro esa sensación personal. Estar a gusto en soledad es una gran ventaja vital y es, a veces, una trampa. 

Una trampa que también padece mi hija que se ha cansado de enseñarme candidatos...

Con el tiempo, el deseo de tener un padre se ha equiparado el deseo de tener hermanos. Cuando encontramos un diente de león, las dos pedimos con fuerza el mismo deseo: "queremos un "buen" padre con un/unos "bueno/s" hijo/s". A mi me enseñaron que hay que pedir bien los deseos porque a veces la vida se anima y nos complace.

Pienso mucho en todas las decisiones que he tomado en nombre de mi hija. En la responsabilidad que tengo de educarla y formarla para que sea capaz de asumir y vivir las mismas, desde la certeza de que tiene una vida completa y plena (...aunque es mujer, aunque es negra, aunque es adoptada,...aunque no tiene padre,...). 

Pienso en ello desde la fortaleza que me da el conocer tantas historias más o menos felices e infelices de madres y padres, de familias, de las que lo son y lo ejercen bien, aprendiendo como todos cada día. Pero sobretodo,por conocer las historias de los muchos que lo hacen mal, yo diría fatal y dañan, y mucho...

Creo en lo personal pero cuesta en lo social, que no hay un modelo único, completo, correcto, sano, valido de ser familia. Hay solo posibilidades y en nosotros está el hacerlo lo mejor posible. Y el educar en esa visión...

Por algunos desfases vitales personales, la mayor parte de mis amigos más cercanos se esta enfrentando al reto de ser madres y padres recientemente, por eso pienso mucho en las emociones que rondaron mi decisión de adoptar y en el camino recorrido desde entonces. Pienso en las consecuencias que de tal decisión se han derivado. En lo difícil que es aceptar la renuncia a ciertas cosas y el acierto que ha supuesto el seguir adelante con otras.

Un padre H. Sí, un buen padre para ti. Yo también lo quiero y lo deseo. No es nada fácil, no. Además antes de ser tu padre tendrá que ser otras cosas. A veces siento que el tiempo es breve y las opciones escasas, pero ahí están el azar y la esperanza. 



Habrá que darle oportunidad a la vida y abrir los ojos que, a veces, lo sé, los tengo cerrados.






martes, 4 de febrero de 2014

DILEMAS

Ser o no ser, he ahí el dilema.

"Mamá yo no soy lista"...

Esta frase lleva instalada en la cabeza de H. una buena temporada, sólo que cada día la repite más.


"Mamá no quiero ir al cole...bueno al cole sí pero no quiero hacer deberes, es que se pasan". Y sí, estoy de acuerdo con ella, se pasan. Y, como lo hacen, mi niña, que es lista, comienza a pensar que no lo es.

Convence a un niño de 9 años que suspende en el cole, de que es listo. Convéncelo, porque lo crees. H. no suspende aún, pero me temo que lo hará si no logro convencerla de que se trata de esforzarse y de seguir. Si no logro poner a su alcance los recursos de apoyo que potencien sus capacidades porque yo creo que es todo lo lista que hay que ser en la vida. Es intuitiva, es creativa, es ágil, es empática... pero el apendizaje escolar le cuesta. Convéncela en ese contexto, de su inteligencia y sus capacidades.

Veo sus dificultades, pienso...si yo tuviera más tiempo de apoyarla academicamente, si ella estuviera en una clase con menos niños, si yo tuviera a mi alcance los conocimientos y las herramientas pedagógicas y legales para defender su derecho a una educación menos competitiva y más experiencial...entonces mi hija podría tener más evidencia de cómo se expresa su inteligencia. 

Llevo días enseñándole todas las cosas que la hacen inteligente, hablándole de ese señor tan sabio que habló de las inteligencias múltiples, ayudándola con más inversión de tiempo y de paciencia (que no siempre tengo) y tratando de reeducar con serenidad su mal humor y su tristeza frente a este tema. Miedo me da el futuro. 

Miedo a no saber discriminar cuál será el punto, en el que el insistir deba dejar paso al aceptar (estamos lejos). Pienso en él por la parte de sabiduría que de mi requiere y por las importantes consecuencias que esa decisión tendrá en su futuro. "Mamá, yo no quiero ir al Instituto, cada vez va a ser más difícil". Respiro profundo.

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"Mamá, de mayor voy a vivir en África". - Muy bien, contesto, puede ser una opción.
"...pero tu vienes conmigo!!!". Por supuesto, declaro sin dudas y sonriendo.

"¿Por qué quieres vivir en África?" le pregunto.
 "...para no ser diferente". 

Todavía no es consciente de que siempre lo será. Todavía no es consciente de que la gestión de ese hecho (compleja como muchas otras) le permitirá verlo como una fortuna con el paso del tiempo. Lo creo con firmeza. Lo asumo como un tremendo reto como el referente más cercano de sus aprendizajes emocionales.

Desde hace años creo, en una de las pocas convicciones que me van quedando, que tengo la enorme suerte de ser una persona emocionalmente inteligente, como diría mi hija, una persona "lista" en ese terreno. 

Desde que soy madre, no hay día en el que me vaya a la cama sin pensar con contundencia en la necesidad que tengo de aprender más, de aprender mejor...y esa es otra de las razones por las que mi amor por ella es inconmensurable. Ella, me obliga a ser mejor. 

Lo dicho, es lista, porque en la "existencia" piensa, y mucho. Como diría su abuelo, tiene a quien salir...


viernes, 27 de septiembre de 2013

A BOCAJARRO

En esta semana nos acongoja esta noticia.

Y yo la he seguido, pensándola mucho, sabiendo lo que me esperaba.

He descartado la TV y la he seguido en prensa para tener más tiempo de pensar en la respuesta. Cinco días ha tardado.

Dice H. 

 "Te quiero decir algo pero me da vergüenza..." "Quiero decirte que te quiero"

Y un milisegundo después añade:  

"Mamá, si los abuelos me dan dinero ¿tu me vas a matar?...Es que sabes que ha pasado...unos padres han matado a su hija de China"

Mamá,...si hubiera nacido en su barriga ¿ también la hubieran matado?


Respiro profundo. Pienso en las ideas sencillas y seguras que debo aportarle. Quisiera saber si me equivoco. Aprendo desde la necesidad, pero a veces estoy aturdida por ella.

Fuente: quiero saber de donde le ha llegado la información. 

"Me lo ha contado L."... una compañerita del cole que parece que se ha leído la prensa!!!. Tienen 8 años, que rabia siento por cada cosa que les hace perder la inocencia

Primera idea. La presunción de inocencia.  Esa es una de las hipótesis que está investigando la policía. No saben si han sido sus padres pero son sospechosos. Reconozco que me cuesta creer en esa inocencia según están las cosas, pero la concederé hasta el final.

Segunda idea. Por ser adoptada, no es diferente la valoración de lo que sucedido. Si eso es verdad, seguramente habrían hecho lo mismo aunque el hijo hubiera nacido en su barriga. Esto no tiene que ver con lo que ha hecho (o con lo que es) la niña (y mucho menos con su condición de adoptada) sino con que esos padres están enfermos o son malos. Muy malos.

Tercera idea. Empatía. En el mundo hay gente mala pero también gente buena, gente que ahora está triste por lo que ha pasado, que están intentando descubrir la verdad para que si esos padres han hecho eso, lo paguen y vayan a la cárcel. Por eso, cuando escucho la noticia, me pongo triste y me preocupo. ¿Estas triste y preocupada con la noticia, verdad? No me extraña, yo también lo estoy.

Cuarta idea. Acompañamiento. Que bueno que lo hemos hablado. Me gusta que cuando algo te preocupa me lo cuentas. Yo también he estado pensando en lo que decían las noticias y estaba esperando para entender un poco que había pasado de verdad y así explicártelo mejor. Ahora esperaremos juntas.


Quinta idea. Incondicionalidad y bondades del Amor. Sabes qué, yo también te quiero, te quiero más que a mi vida. Y no me da vergüenza decírtelo porque es lo mejor que tengo. Me hace feliz saber que me quieres. Gracias por vencer a la vergüenza.

La abrazo. Respiro hondo. Siento y respondo como mejor puedo, a esa pregunta a bocajarro, en este primer día de otoño, lleno de viento y de lluvia. 

Llenas de muerte y de amor.




viernes, 26 de julio de 2013

TIERRA

Hace diez años viajé a Argentina con dos amigas. Al final de ese viaje G. me regaló una botellita pequeña con tierra rojiza que había recogido en Iguazú. Ese viaje, fue una celebración de la vida y de la amistad. La cumplida promesa de conocer un lugar con el que soñaba desde niña.

Ese regalo marcó el comienzo de una tradición. Desde entonces, intento traerme un trocito de tierra de los lugares que me son especialmente significativos. Esos centimetros cúbicos de arena que van del blanco al negro pasando por diversos matices. También del terracota al amarillo, y varias gamas de marrones. Todos muestra de la diversidad que tanto me gusta. Esas botellas llenas de tierra y arena me recuerdan la vida vivida en esos lugares. Que casi siempre, es una buena vida.

La tierra habitualmente representa el suelo firme, las certezas, los nutrientes que nos ofrece la naturaleza, nuestro alimento y cobijo, el lugar de nuestras raíces. Raíces que nos dan certezas incluso a los que tenemos alas y no hemos dejado de volar -ni queremos-. 

Tres de esos botes tienen una relevancia emocional importante para mí.

La primera es blanca y la recogí en una hermosa playa del Caribe Venezolano en el último viaje que hice a mi tierra. Lo hice acompañada de los amigos de la infancia que han permanecido en mi vida adulta. Amigos que sólo llenan mi vida de sonrisas y lugares que sólo llenan mi corazón de amor por la belleza de la tierra en que nací, a pesar de aquello en lo que se ha convertido.

La segunda es negra. Es arena volcánica de la Playa del Faro en la Isla de La Palma. La playa del pueblo en el que nacieron mis padres y deseo acabar mis días en esa visión tan romántica que atesoro de mi vejez. Esa playa de aguas cristalinas que tantas imágenes familiares me evoca.


La tercera es la arena que recogía junto a H. en el monte Entoto, a 3000 metros de altitud y con la ciudad de Addis Abeba a nuestros pies. Lo hicimos unos días antes de regresar a nuestra casa. En medio de un paisaje natural plagado de eucaliptos, y de un paisaje humano cargado de sonrisas y grandes esfuerzos físicos.



Me gustan las cosas que me nutren. Me gusta sentir que en el salón de mi casa, situada en plena meseta castellana, lejos de esas montañas y de esos mares, hay un trozo pequeño de los mundos que viven en mi. 

Por cierto, me acabo de dar cuenta, no tengo ninguna botellita con tierra, de esta "tierra". Habrá que poner remedio.


miércoles, 5 de junio de 2013

ABANDONO


El lunes amanecí leyendo esta interesante reflexión. Pensando en cómo este compañero de viaje había encontrado una metáfora perfecta. Una metáfora que describe las dificultades con las que se encuentran muchos de nuestros hijos, cuando la escuela no sabe dar respuesta a sus necesidades específicas. Pensé en lo útil que me sería la imagen para explicar ciertas cosas en el centro educativo de mi hija. El lunes, entonces, amaneció de cuentos y con sonrisas.


Pero el martes, amaneció de pesadillas. Cuando escribí mi anterior entrada yo argumentaba que lo que representa la palabra VINCULO constituye uno de los mejores predictores de la sana evolución del proceso adoptivo vivido por una familia. Al mismo tiempo, pero ya sin escribirlo, pensé:... y la otra palabra esencial es DUELO. Como era un post sobre la magia y las cosas buenas, decidí omitir esta última parte de mis pensamientos.

Pero el horror es a veces más fuerte que el amor. El horror de la crueldad lo tengo dando vueltas en mi interior, pensando en esa madre que sufre, viendo a su hija sufrir. 

Crueldad, sí. Y ganas de llorar, también. ¿No tienen ya suficiente en su mochila?. Sí, sin duda, pero me temo que nuestros hijos tendrán que lidiar con eso y con mucho más, y muchas veces, a lo largo de su vida. Yo no sé si en el mundo hay muchas o pocas personas crueles, pero no creo que nuestros hijos se libren de encontrar alguna por el camino. Alguna que les dirá estas cosas o quizás otras peores. Alguna que, en el mejor de los casos, intentará agredirles verbalmente pero que, según la ocasión, legitimado como se siente para ello, puede llegar a más. 

Me gustaría decir que son escasas esas personas, la verdad es que no me lo creo. Aún así, para hacer daño sólo basta que te topes con una de ellas. Basta una bala en el lugar preciso para matar a alguien.

También me gustaría decir que no vale la pena hacerles caso, pero me parece imposible, por eso mi único camino es hacia adelante, mirando de frente, hablando de lo sucedido, razonando, intuyendo, opinando, cuestionando y, por su puesto, llorando, peleando, reprochando, validando,... En general, fortaleciendo a nuestros hijos para que, desde su interior, puedan generar las respuestas ante esos señalamientos del otro, buscando las palabras que pongan freno al daño. No daña quien quiere, sino quien puede.

En la mayoría de los casos eso tiene que ver con la elaboración del duelo, con sanar en lo posible la herida de esa pérdida esencial del cuidador primario, cualesquiera sean las razones de tal pérdida. Creo que como padres y madres además de abrazar y consolar, tenemos que ayudar a nuestros hijos a procesar, desde lo cognitivo y lo emocional, cada una de esas expresiones dañinas hasta que dejen de doler…porque sólo cuando dejen de doler esas palabras, habrán perdido su poder y dejarán de ser dichas.

Y eso, ¿cómo se hace?, supongo que cada historia es única y ha de ser trabajada con nuestros hijos de forma diferente y no hay recetas sino pistas, intuiciones, intentos... Si trabajamos esas posibilidades, desde el análisis de las fases del duelo, a mi se me ocurre:

Primero, facilitar en el niño su relación con esa ausencia, hablar abiertamente de abandono o de la muerte y de las posibles circunstancias que generaron ese hecho, trasladando la responsabilidad de los hechos a los adultos y eximiendoles a ellos de toda responsabilidad. Insistir en cómo determinadas circunstancias personales, sociales, familiares; elegidas o forzadas, construyen la realidad de una madre, unos padres, que no pueden cuidar a sus hijos. Y claro, según la edad, creo que lo simbólico nos ayuda mucho en la construcción de esas narrativas: cuentos que traten el tema, dibujos, obras de teatro, películas que nos inviten y nos hagan hablar él.  Tendremos que ayudarles a expresar el dolor de la injusticia, la rabia, el desconcierto, que producen el abandono y la pérdida, primero vista en otros y luego en ellos mismos.


Segundo, tendremos que aceptar que se produzca una idealización de esas figuras ausentes, permitir la posibilidad que se justifique la ausencia, la fantasía de lo que pudiera haber sido y, a veces, incluso, el cuestionamiento de nuestro papel en esa historia. A partir de allí, trabajar progresivamente en acercarnos a la realidad conocida y la responsabilidad de las decisiones de otros que posibilitaron su llegada a nuestras vidas. Validas serán también entonces, las inquietudes en relación a la situación actual de esa familia imaginada. En este apartado, es especialmente útil que los padres adoptivos tengamos elaborada (y reconciliada) nuestra relación con la familia biológica de nuestros hijos.

Tercero, llegará el momento en el que nuestros hijos cuestionaran las decisiones y las circunstancias que los llevaron a nuestras vidas. Aceptarán el dolor de la pérdida y las ausencias abiertamente. Expresarán sin miedo, su rabia y su dolor. Y protestarán. Y finalmente aceptarán estas circunstancias, con sus ganancias y sus perdidas. Validar esas emociones y canalizarlas de formar presente y constructiva es el mayor reto de esta etapa.

Finalmente, llegará el momento de asumir y asumirse, para después construirse, mejor re-construirse integrando en su identidad su realidad bi-familiar, llena de presencias y ausencias, de afectos y desafectos, de sueños y de tragedias, de suertes y desgracias.


La fotografía pertenece a Daniel López, no dejéis de visitar su web
Y creo que es una tarea compleja, un camino largo, que se vive en paralelo entre nuestros hijos y nosotros, una tarea en la que sólo les podemos brindar la certeza de amarles y acompañarles incondicionalmente. Y una tarea en la que, también como adultos, tenemos un duelo que elaborar frente la compleja realidad emocional que hemos elegido, con consciencia o no, al decidir ser madres y padres por la vía de la adopción. Más, cuando esa opción es pública, como sucede siempre en las adopciones interraciales.

Y no es poco el camino que nos queda, sin embargo toda larga caminata se alimenta de pasos pequeños y sostenidos.


lunes, 6 de mayo de 2013

MATRIMONIO...

...En la salud y en la enfermedad: H. llevaba varios días sin esa vitalidad desbordante que la caracterizaba. No me extrañaba, fue una locura el ritmo de vida que asumimos ese trimestre. Normal era que nos pasara factura, no habíamos llegado a tiempo de poner en marcha las correcciones necesarias. El cuerpo, es muy sabio, y protesta nuestros excesos. 

Localizados los motivos, sin que ninguno pareciera especialmente grave, H. había estado algo malita y esa tarde finalmente había vomitado. Era la segunda vez que lo hacía en cuatro años que llevaba conmigo. Había tenido fiebre una decena de veces, como mucho. Su respuesta positiva a los medicamentos, era inmediata. H. no sabía estar enferma. Por aquel entonces ella llevaba unos días preocupada por su estado de salud, sabiendo que había algo que no estaba en su sitio. Ese día, tras vomitar, preguntó: "¿Mamá, me voy a morir?" y yo, me desvivía por explicarle que no, que solo era que había cometido algunos excesos el día anterior, y que la comida de ese día le habría sentado mal, pero que eso, que podía pasarnos a todos, no era la antesala de la muerte... 

Como por suerte yo tampoco me enfermo nunca, ese día comprendí que ella no tenía un repertorio conductual y emotivo que le ayudara a saber que eso era rutina, y que, a situaciones como esas, sobreviviríamos, probablemente, muchas veces más...Como así fue.


...En la pobreza y en la riqueza.
En la misma escena, abrazada a mi y asustada, me decía: "Mamá ¿el médico cuesta dinero o es gratis?". "Es gratis", le contesté. Y añadí: "..y aunque costara dinero, tenemos dinero. La salud es lo más importante, y siempre habrá dinero para eso" (hoy comienzo a dudarlo, como las cosas allá afuera sigan así). 

Pensé entonces que a lo mejor había estado repitiendo mucho  "No podemos, porque no tenemos tanto dinero". "Trabajo mucho porque necesitamos el dinero". "No sé si lo podrán traer los Reyes porque cuesta mucho dinero"....

O, a lo mejor, era que con su pregunta simple de unos días antes "¿Mamá pero... por qué no compra comida la gente de África para poder comer? y mi respuesta, "Por que no tienen dinero cariño" no fue suficiente, y a las pruebas (con la siguiente pregunta) me remito. "...Pues que trabajen!" contestó...Y yo repliqué: "no siempre es fácil tener trabajo..."

Y entonces, te detienes y tratas de hacer simple lo complejo (y no encuentras la forma de hacerlo)...

Pensé entonces y pienso ahora en las certezas interiores y exteriores que les dejamos a nuestros hijos en herencia, en los compromisos que asumimos (y de qué manera) con las personas que amamos. 

No creo en el acto donde nos juramentamos en matrimonio con otro, aunque respeto a quienes deciden asumirlo como ritual. Creo en los compromisos que asumimos y que mantenemos presentes en cada momento de la cotidianidad de todos los días.

Hoy he recordado esta escena. La persona con la que más cerca he estado de ese juramento (en el terreno afectivo) me cuenta de su deseo de ser padre con su pareja. 

Pienso en sus hijos y en la forma en que llegarán a él y pienso en  mi hija y en la forma en que llegó a mi. En el compromiso que me une a ella. Y sí, hija, me comprometo a velar por ti, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza...todos los días de mi vida. 

Porque la maternidad y/o paternidad es una decisión, para siempre.

domingo, 31 de marzo de 2013

PERDER...

A todos nos gusta ganar. Sin embargo aprender a perder es una cosa imprescindible en la educación emocional de cualquier ser humano.

Hace seis meses H. empezó a jugar al baloncesto. Tras un primer intento de vincularla al deporte a través del atletismo aprovechando sus evidentes capacidades, las más obvias fantasías y los más tangibles recuerdos de Addis Abeba, descartamos esa opción por algunas dificultades prácticas y también por su individualismo. H. necesitaba un equipo para competir desde el esfuerzo conjunto, y no competir desde lo individual frente a otros.

Seis meses después, sólo puedo afirmar que hemos sido muy sabias.

Ya he hablado en otras ocasiones de las cosas buenas que esta decisión ha propiciado pero ahora quería hablar de otro de los muchas aprendizajes que H. ha tenido que hacer en este camino y sobre el que yo, su madre, he tenido que ir trabajando y también aprendiendo.

Hace cinco meses que empezaron a jugar partidos, uno por semana, salvo alguna excepción. Los hemos perdido todos menos uno. Todo hay que decir que hemos ganado el más importante. Ganamos el que jugamos el día de su cumpleaños, así que celebramos el doble cuando todavía sentíamos que ésto de ganar o perder podía ser una cuestión de alternancia...

Sin embargo la experiencia de cada sábado, nos está curtiendo en  la derrota. Y a mi, madre observadora y cómplice con otros padres y madres, que a diferencia mía, son casi todos hijos e hijas del baloncesto; me está haciendo aprender mucho. Hemos tenido partidos de todo tipo, los perdidos por paliza, los perdidos por dejadez, los perdidos de forma ajustada, los perdidos tras ir ganando, los perdidos porque ni nos enteramos de los errores, los perdidos porque nos faltó definición, los perdidos porque madrugamos mucho, y pare usted de contar...siempre son varias las razones...En cada derrota muchas cosas que aprender y en ello trabajamos cada una/uno con su hija...


Pero quizás lo más importante es que tejiéndose sobre cada derrota, yo observo que el mejor aprendizaje es: jugamos porque nos gusta, si ganamos, mejor, pero no es lo que pereguimos, al menos a estas alturas, que todo se andará. Llegará un momento en que será preciso competir, dejarte la piel en la victoria y llorar de rabia en las derrotas pero aún tienen ocho años y creo que son otras las cosas de las que han de alimentarse.

Yo las veo sonreír cada vez que llegan a la cancha tras cinco meses de partidos perdidos, las veo jugar con inocencia y celebrar al equipo y casi siempre a los rivales. Me sorprende que H. tan dolida en la derrota y tan competitiva siempre, tras estos cinco meses vuelva de cada partido hablando con relativa objetividad de los errores cometidos, observando en detalle las cosas que provocaron el resultado adverso, señalando alternativas a lo hecho para haber cambiado el resultado del partido, manteniéndose atenta a esos errores la vez siguiente, valorando esa nueva oportunidad que le brinda cada sábado. Me parece que esa actitud inteligente, ante el mal sabor de una derrota, la hace más fuerte y es un aprendizaje que, al formar parte de una actitud, se amplía y extiende a otros contextos, en los que necesitará la misma o mayor templanza.

Hoy he visto perder a unos de mis chicos del tenis español. Lo he visto emocionarse al hablar y sin embargo mantener la frente en alto, sonreír, saludar desde un agradecido "nos vemos aquí, otra vez, el año que viene". La vida siempre nos da nuevas oportunidades para poder demostrar lo que hemos aprendido a partir de la experiencia. Más nos vale haberlo hecho.