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domingo, 26 de marzo de 2017

REGALOS...

El viernes pasado, H.,  como viene siendo habitual, fue a un cumpleaños. Indicador de pertenencia al que todo padre debería estar atento...

Cómo me parece recomendable en todo adulto referente de un hijo preadolescente, un rato después de llegar le pedí me enseñara las fotos del evento. Yo sabía con quien iba y a qué lugar pero me interesa, además, la letra pequeña que tanta información aporta... Vi fotos que en nada se distancian de los clásicos y vi un vídeo que se habían grabado mientras entregaban los regalos a la cumpleañera.N. a quien hemos conocido este año, invitó a su cumple, a mi hija y cuatro compañeras más... 

H. ha pasado al Instituto este año y eso ha supuesto un cambio de centro, por suerte nada traumático. En el Instituto, va a un grupo que sigue una metodología especial (es un Aula TIC donde las asignaturas se imparten a través de nuevas tecnologías). Ese hecho hace, que a veces no sea especialmente valorado al elegir la continuidad de los estudio. Se le presupone un nivel más exigente (nada más alejado de la realidad) y muchos padres piensan que ya tienen suficiente con pasar a la ESO como para añadir más dificultad.

Gracias a una campaña previa a favor, esa fama hizo que al elegirla se mantuviera el mismo grupo de niños que venía del cole, casi en su totalidad. Es un grupo muy cohesionado y, sobretodo, un grupo de padres muy conocido. Así, el tránsito al Instituto ha sido sencillo y sin traumas. A mi me preocupaban un poquito más los niños que se incorporaban...Desde el primer día estoy atenta a ellos y he ido viendo como se incorporan nombres a los relatos cotidianos de H. que es como el telediario a la hora de informar de la realidad

En relación a N. que es la que nos ocupa, H. siempre me ha hablado bien de ella aunque es cierto que la relación parece requerir ciertas dosis de paciencia. N. es una chica muy insegura académicamente hablando, que necesita ser reforzada constantemente, que siempre teme no estar a la altura a pesar de lo mucho que se esfuerza. N. tiene buenas notas en todas las asignaturas pero con las Mates necesita apoyo escolar extra, al que también acude mi hija.

N. tiene también desde el punto de vista de H. unos padres muy exigentes, al menos eso me cuenta afirmando que no valoran sus esfuerzos sino los resultados que la niña obtiene. H., que se sorprende ante los grandes esfuerzos que hace su compañera para lograr satisfacer las expectativas de sus padres, se pasa todo el día reivindicando que no debe ser así. A pesar de ello, también es cierto que H., se queja de tener que esgrimir una paciencia enorme (que no tiene) por responder a las demandas de su amiga buscando comprobación a si está haciendo las cosas bien...Cuando H. me habla de N. yo siempre me acuerdo de Dory, el entrañable personaje de "Buscando de Nemo"...porque según mi hija N. habla con angustia, se mueve constantemente, necesita comprobarlo todo, tiene una risa nerviosa...

El cumpleaños nos pilló sin mucho margen para pensarlo...Mamá, mañana a las 16.30 celebramos el cumpleaños de N. en tal sitio. Y, partir de ahí, he sido espectadora de todo lo demás.

H. me contó que le había hecho una caja sorpresa de regalo donde ella tenía que meter la mano por un agujero y podía sacar pequeños presentes y papelitos con mensajes. Se esmeró mucho en la decoración (pensó más en eso el día anterior que en su examen de Mates...) pero bueno, lo importante, porque sí, es lo importante, es el vídeo que se grabaron.


En él se ve a la cumpleañera rodeada por sus cinco amigas, siendo regalada y sonriendo mucho, con la algarabía algo exagerada pero propia de estos tiempos. En él, ella sonreía con los pequeños regalos y leía los papelitos que sacaba de la caja: "N. te queremos", "N. no cambies, eres especial". "Gracias por hacernos sonreír con tu risa contagiosa"...y con cada frase una piña de abrazo entre todas.

Es un acto simple, unas frases sencillas, edulcoradas por esta fase de exaltación de la amistad adolescente, pero realmente me ha emocionado verlas. Allí, haciendo esto espontáneamente por una niña nueva, una niña con tantas inseguridades. H. llegó muy feliz y creo que N. esa noche se fue a su cama con la sensación de que era una persona especial e importante y que sus amigas la querían mucho.

Y yo pensé: realmente en la vida no necesitas nada más que sentir que te quieren y a veces eso solo depende de que alguien se atreva a decirlo. Y ya si además te dan un abrazo y lo correspondes, pues es la gloria. Tan simple. A menudo, tan escaso.

Además hay que decir que H. volvió diciendo "Y sus padres también son majos..." ...porque entre otras cosas, pienso yo,  a los padres nos da paz saber que a nuestros hijos les quieren, aunque no siempre aprueben Matemáticas. Digo yo, porque lo contrario, aprobar y no ser querido, seguro que no te ayuda a ser feliz.

Feliz Cumpleaños N....gracias por regalarnos la oportunidad de vernos reflejados en ti.





miércoles, 15 de febrero de 2017

AFRO Y SAN VALENTÍN

Tengo en casa una preadolescente de pelo Afro.

...y no es solo que lo tenga afro, sino que tiene pelo para dos cabezas.

...a lo largo de estos años (doce) hemos trabajado un día sí y otro también porque se quiera a si misma, en todas sus circunstancias, con sus bondades y desdichas, siempre subjetivas, en cuanto a los determinantes de su dotación genética. Y ese es un trabajo que se construye a base de presencias, de discursos, de miradas y de convicciones.

Su melena afro desde mi punto de vista es espectacular pero coincido con ella en que, para estudiar, más vale que la lleve recogida, por su bienestar académico y, sobretodo, por el de la persona que se sienta detrás de ella. Así, a lo largo de toda primaria; al cole, su cabello ha ido recogido con trenzas (made in home) que sus esfuerzos físicos y emocionales nos han costado, o; con coleta, una solución rápida, sencilla y en un momento dado autogestionable (lo que se agradece en el día a día).

En el último año, con ese despertar a veces radical y a veces sutil de la preadolescencia, H. ya no quiere llevar trenzas (una opción válida), y como con todo, prefiere acabar rápido, para dedicarse el resto del tiempo que parecía sobrarnos, a mirarse en el espejo.

Yo, que desde siempre trabajo para que su autoestima le permita vivir plenamente, sintiéndose maravillosa en todas sus circunstancias, celebro de puertas adentro y con ella, todos sus procesos de reconciliación y enamoramiento, con aquello que es como es y no puede cambiarse.

Ayer, en su instituto, celebraban San Valentín. Con esa excusa, los chicos de los últimos cursos de la ESO organizaron una actividad para recaudar fondos para su viaje de fin de curso. La actividad consistía en encargar semanas atrás, flores (claveles) o chucherías (piruletas o gominolas de corazón) para regalárselos por sorpresa a sus amigos el día de San Valentín . En torno al hecho, se fue creando un clima de expectación y emoción muy gracioso, porque es que H. se emociona con la vida.

Lo interesante del evento para mi ha sido verla vestirse por la mañana y descubrir que había decidido llevar su melena al viento, léase suelto, en todo su esplendor. Entonces he caído en cuenta que a lo largo del año, en aquellas ocasiones en las que quería verse especialmente guapa y llamativa, su opción ha sido llevar ese pelo del que de niña ha renegado "lo suficiente", ese pelo "que sólo le gusta así a los mayores", sí, ese mismo, llevarlo libre y en toda su magnitud. Transformar ese "es que todos me miran" en tono de vergüenza de hace unos años, en "es que me gusta que me miren y tengo con qué"...

Y volvió a casa sí, rodeada de claveles, con las gominolas en el estómago y con "un todo el mundo me dijo que bonito!"; sí, los mayores pero también los menores como ella, que la quieren mucho y que se abren a otros conceptos de lo que es hermoso más allá de lo habitual

H. siempre ha sido poderosa en su ser; pero hay cosas que ha tenido y tiene que conquistar en su empoderamiento personal: su condición de adoptada, el color de su piel, su cabello...y en ello estamos y no nos va mal.




sábado, 28 de enero de 2017

CRECIENDO

...es difícil oír el crecimiento de las cosas.

...por eso estamos calladas, para escuchar mejor y acompañar ese susurro imperceptible con lo que vemos.

Me falta tiempo para llegar como quisiera a todo...y a veces, todo, va demasiado rápido. Pero estoy aquí, lo mejor que puedo, viéndola crecer, a pasos agigantados. Y ese vivir en medio de sus referentes me hace pensar en lo relativas que son muchas cosas, y en lo valiosa que es la diversidad de experiencias.

Mi vida con H. la comparto con otros dos grandes referentes. Por un lado, está su Instituto y antes el cole, donde pasa 40 horas a la semana (esta semana las mismas que yo en mi trabajo, cada una a lo suyo). Por otro, está el equipo de Baloncesto en el que juega desde hace cinco años. Con él pasa entre juegos, partidos y convivencia (...entre 8 y ....muchas horas a la semana). El resto se nos va como a todos, en la gestión doméstica y lo puntual que, por suerte, es diferente cada semana. Así que, además de conmigo, con esos otros, también se educa y crece como ser humano.

Y pienso en ello porque ambos mundos, formados de forma aparentemente igual, por niñas, pre-adolescentes y adolescentes de 12 años, no puede ser más dispar....

M. la madre de una de las chicas del Instituto se mostraba asombrada cuando el otro día le comentaba que ellas podían ir al cine solas, no entrar solas que ya lo hacen hace tiempo, sino ir desde nuestra casa al cine, ver la película y volver, todo esto sin nuestra compañía...El cine está a 15-20 minutos de nuestra casa andando, en un entorno que ellas conocen bien pues está el cole donde han estudiado y unas calles por las que muchas veces han ido y han vuelto en nuestra compañía. Ella se reía y me decía ¿Estas segura?

Me llamaban la atención sus dudas frente a la otra realidad, la del baloncesto, donde las chicas, en grupo, llevan haciendo salidas solas desde hace varios meses, por períodos mucho más largos de tiempo, y hacia zonas mucho más distantes de la ciudad (en relación a nuestra casa) ...ciertamente con la mirada entre inquieta y tolerante de los padres, pero...con la consecuencia, desde mi punto de vista, de que son mucho más autónomas y, sobretodo, y según como cada quien lo trabaje, mucho más reflexivas y responsables (o no) con su quehacer. Ganar en libertad (léase desde mi punto de vista) es obligatoriamente, obligar a ganar en responsabilidad. Y en ello trabajo.

M. me decía que por qué estas niñas no se quedaban en su barrio, que no había necesidad de ir tan lejos, siendo aún tan niñas. Y la explicación más evidente, es que no tienen un barrio común (porque el equipo es un club independiente y no asociado a ningún centro educativo) y cada una vive en un sitio distinto. Ciertamente, veo muchas ventajas en que hagan esto (y también algunos riesgos) por eso intento acompañar (en el caso de mi hija) un poco más de cerca. Contrastando caminos, compañías ajenas al club (que ya aparecen en esas salidas los del equipo de baloncesto masculino independiente de la ciudad) y conversando mucho y más que nunca. También y a veces lo olvidamos, y es importante, recordando como eramos nosotros entonces....

Tras esas salidas, con H. hacemos un recorrido nominal de las zonas transitadas, hablamos de lo hecho, de lo visto, de los encuentros con otros conocidos, y siempre los hay!!! porque las calles recorridas son las del Centro de la Ciudad,  de las anécdotas del día o de la tarde-noche, de las picardías del emparejamiento con los del equipo masculino...que les llegan a todas del hombro para abajo!!, de su opinión y la mía, del hacer o dejar de hacer...Y sigo de cerca también a esos padres y madres que no son, en su mayoría, de mi barrio, ni de mi escuela, ni de mi entorno vital,...y aprendo con ellos porque me dan pistas también de los espacios relacionales por los que se mueve mi hija.

En algo más de seis meses han sido muchos los cambios, pasamos al instituto de forma fluida y liberándonos de los razonables miedos o dudas iniciales, hemos entrado de lleno al mundo de las nuevas tecnologías y de algunas redes sociales, pasamos a jugar en la Liga Autonómica por lo que los partidos son cada quince días fuera de la ciudad y a veces muy lejos con jornadas de convivencia de todo el día, su entrenadora habla directamente con ellas para organizar detalles de la logística de los partidos y (a veces, solo a veces) con los padres. H y yo, cada vez más, salimos a lugares diferentes (donde su tiempo social y el mio son distintos)...a lo largo del día hablamos (esa fue la principal razón para darle el móvil), nos mandamos alguna foto y sobretodo en la noche las vemos todas...Digamos que el "acompañamiento" ha pasado en gran medida de ser físico a ser -aún más que antes- emocional. Y es ahora cuando más veo la fortaleza del vinculo que nos une.

A mi hija le están creciendo las alas (cuanto lo celebro por ella y por mí)....pero cuido siempre, y cada día más, las raíces que la mantienen sujeta a la tierra. Una tierra que yo me encargo de cuidar, a diario no, a instantes. Que la vida es un suspiro, el tiempo pasa rápido y las posibilidades de perder el rumbo, son infinitas...





lunes, 29 de diciembre de 2014

ADVERSIDAD

P. siempre me dice "para sufrir solo hay que querer". Y yo creo que tiene razón.

Es verdad que a algunas personas el sufrimiento les llega por razones obvias pero, para la gran mayoría de la gente, el sufrimiento es una actitud. Una actitud que viene determinada por su tendencia a creer que lo que les sucede es el peor de los males, algo irreparable y dejará en su vida una huella que permanecerá para siempre. 

Sí, da igual que sea que no les sonó el despertador, su catarro haya empeorado, les hayan puesto una multa, o la persona de la que están enamoradas no sienta lo mismo por ellas. Sea lo que sea, les amarga el día, lo cual ya está mal, pero es que además tienen el arte de amargarselo (o al menos eso intentan) a los demás. Esos, a los que casi nunca les pasa algo que sea tan malo, tan grave o tan descorazonador, como a ellos.

H. tiene esa tendencia natural. Sufre. Anticipa males. Focaliza defectos. Es sensible a lo que no funciona de la vida y, en ese orden de ideas pare usted de contar. En general, es una niña jovial, solo hasta que una pequeña circunstancia le amarga el día, entonces  ella se transforma rumiando y rumiando su desgracia. 

Yo, por genética o educación, soy lo contrario. Y eso me hace feliz, ser como soy. Por eso reconozco que ver esa tendencia en H. me hace sufrir, porque la veo sufrir a ella. Ya sabéis, mimetismo materno filial.

Sin embargo, algo está cambiando. 

Hace unas semanas H. preparaba un baile para el acto de Navidad del Colegio. La indumentaria del baile, decidieron incluiría un sombrero de copa, de estos cargados de brillantina. Inicialmente, plateada, porque H. y yo ya lo habíamos comprado para otro baile. A dos días del baile una de sus amigas me escribe preguntándome cual de los dos sombreros dorados que me enseñaba en una fotografía era el que debía comprarse, le indiqué cuál pero le recordé que era color plata. Me dijo entonces: "...pero si H. nos ha dicho dorado". Sonreí. Otra más de sus virtudes..."Dorado o Plateado, da igual, mamá"...



Y sí da igual, en ciertas ocasiones, pero si quieren ir todas iguales más te vale que digas el color correcto. Y así terminaba el día, todas con el sombrero dorado, como H. había indicado y ella con uno plateado. Serenidad que se avecina un tsunami.

Le expliqué lo que sucedía y la responsabilidad que ella tenía en ello porque nunca le había importado distinguir ciertas cosas. Odia que la corrijan, pero eso no la lleva a aprender (para evitar la corrección) sino a rechazar a quien la corrige. Serenidad y Paciencia. ¿O no era eso criar,? un acto de paciencia infinito y de tesón y constancia inigualable. Pues sí, en eso creo, en eso estamos.

Ella no lo pidió explícitamente, pero anticipando la tragedia le dije: "Tiene remedio, falta un día, podemos comprar otro". El precio era insignificante y sin duda mucho menor que el pagaría H. por su error remarcando con ello su diferencia y, sobretodo, dejando de disfrutar del baile que con tanto entusiasmo había preparado con sus amigas. 
A mi me esperaba un día terrible y sin margen laboral para la compra en horario comercial pero ponderando costes y logros, con una torre de trabajo para casa, salí de trabajar a las ocho de la tarde, a buscar el sombrero dorado a la tienda que hay al lado de casa, esa en la que días antes habíamos comprado el plateado. 

"No hay, se han agotado" nos dice el dependiente. Me miró con cierta tristeza y le ofrecí: ¿Quieres que probemos en otro sitio? Sí, por favor. 

Mientras, en el trayecto, comenzó serena a explicarme que lamentaba su error, que nunca más olvidaría la diferencia entre ambos colores. Y que si no encontrábamos pues no pasaba nada. Segunda tienda: "Están agotados". 

Yo, asombrada con su serenidad y la ausencia de catastrofismo, con la visión constructiva que le estaba dando al asunto, le dije 

-¿Lo intentamos en otra? 
- Sí. 
 - Tendrás que entrar y mirar sola porque tendré que aparcar en doble fila
Ella, a veces aprehensiva para estas cosas contestó: "Sí, no hay problema". 

Lo hizo buscando y nada en su cara reflejaba sufrimiento. Tercer intento: Tampoco había. 

Entró al coche, la miré esperando su derrumbe pero estaba entera. 

Cariño, son casi las nueve y media, sólo tendremos tiempo de intentarlo en un sitio más pero será más difícil porque para ir a ese, sí tendré que aparcar. "Lo intentamos", me dijo sonriendo. 

Como mi buena estrella es inmensa, tras una vuelta, en hora punta para buscar un sitio donde aparcar, en un barrio donde los aparcamientos brillan por su ausencia.  Allí estaba, en la calle de atrás de la tienda, un sitio para aparcar nos estaba esperando. 

Entramos corriendo a la tienda. Buscamos con la mirada y nada. Ya rendida la busqué y le dije: nos vamos. Y ella me miró sonriendo: Míralos, están ahí!!!. Lo tenemos!!!, un sombrero de copa dorado.

Bailó con su sombrero. Feliz, sonriente, segura.


Antes, tuvimos una conversación interesante. Gracias mamá, me dijo, por ayudarme a buscarlo. Yo sonreí jugando con ella a distinguir dorado y plateado en mil ejemplos de imágenes. Y señalando al final que no es lo mismo, ni esa ni muchas otras cosas a las que ella, por no aceptar la corrección, no les da importancia.  Y no aceptarlo, no aprenderlo, tiene sus consecuencias.

Y hablamos también de lo importante que es pensar en las soluciones y no en los problemas. Buscar con constancia y con esperanza. Confiar, insistir. Atraer hacia nosotros las posibilidades, enfrentarnos a aquello que nos cuesta, para lograr aquello que queremos. 

Esa noche me tocó trasnochar algo para terminar el trabajo que me llevé a casa pero lo hice feliz. Orgullosa de ella. Y se lo dije muchas veces esa noche. Si tu te hubieras rendido a la primera, si hubieras empezado a quejarte, a hablar de la mala suerte que tenías, a echarle la culpa a otro por la confusión; seguramente yo hubiera regresado a casa, cargando tanto tu desaliento como el mio. Pero no, esta vez no, esta vez fuiste más fuerte que la adversidad y por eso tuviste una recompensa. No siempre es así, le dije, y también hay que aceptarlo pero, por esta vez, lo hemos logrado y vamos a disfrutarlo.



domingo, 11 de agosto de 2013

DORMIR

No hay muchos nombres de mujer que empiecen por H. Mi hija tiene uno de ellos pero hay otros.

Hay otros como el de H. que tiene un nombre precioso y una historia dolorosa. No en balde le han reconocido el estatuto de refugiado y me alegro de ello. Lo merece sí, como muchos otros a quienes se lo han denegado, con parecidos desgraciados méritos. Pero esa como siempre, es otra historia.

La conocí hace meses cuando no dejaba de llorar. Lloraba con angustia aunque sus circunstancias eran otras y la amenaza había cesado. Estrés post-traumático. Que fácil de decir, que duro de vivir. Lloraba porque la emoción cubría los recuerdos y no la dejaba articular el pensamiento. Y esa congoja era inhabilitante para lo que nos pedía. Pedía lo que sabía necesitaba, la forma de cubrir sus necesidades básicas y ese apoyo que sólo podía ser puntual necesitaba que ella se recuperara de lo que no nos pedía, de lo que creía la atormentaría para siempre. Sin embargo tenía que sobrevivir a su historia y sus circunstancias. Resurgir de las cenizas. Seguir.

La última vez que la vi, la semana pasada, no paraba de sonreír. Ha sido un proceso, llevamos meses trabajando y han sido muchas las cosas que han influido en su mejoría. Yo sólo soy parte de ese conjunto, pero me hace feliz ser copartícipe de esos avances.

Cuando la conocí una de las cosas que le agobiaban era que no dormía. Sólo podía hacerlo durante 2-3 horas cada noche. Dormía poco y mal. Al dormir, volvían las pesadillas. Tenía tantos recuerdos dolorosos, y los sentía de forma tan vívida  que re-experimentaba el terror de lo vivido cada noche. Y entonces no descansaba, dormir la angustiaba. Si no duermes ¿Cuándo descansas, cuándo repones fuerzas, cuándo te recuperas?. Más, cuando ni siquiera te atreves a encender la luz para que no se den cuenta de tu infierno quienes duermen contigo. Me dice ahora que duerme el doble, pero que sobretodo duerme bien, descansa, las pesadillas no aparecen ya en el discurso. Me siento bien porque la veo sentirse bien.

Y pienso en ello, en la importancia de un sueño sosegado, no sólo por ella sino también por mi. Por nosotras, por mis noches con H., mi hija.



Ha vuelto sana y feliz del campamento. Y el echarnos de menos es una de las cosas que nos invita al colecho, uno de los temas polémicos de la maternidad. Uno de aquellos en los que he cambiado de opinión tras ser madre. Yo creía y creo que cada persona necesita un espacio físico y emocional; y creía y creo que hay que educar a los hijos en la autonomía. Siempre me pareció que aquellos padres que mantenían a sus hijos en sus camas por períodos prolongados no favorecían dichos procesos. Observaba el hecho y opinaba sobre sus consecuencias. Hoy en día, por experiencia, creo en sus beneficios.

H. y yo no hacemos colecho siempre pero sí a veces, a veces en su habitación, a veces en la mía, casi siempre vinculado a situaciones que nos vuelven frágiles y en las que necesitamos sentir más cerca la presencia física y emocional de la otra (enfermedades, ausencias, broncas, días malos y días buenos que nos desbordan en emotividad....). Hacemos colecho y nos parece bien, lo disfrutamos.

En estos días me sorprendía que pudiéramos hacerlo toda la noche porque no siempre ha sido así. No sé en qué momento ha dejado de suceder pero me he dado cuenta de que H. ha dejado de dar patadas. H. siempre ha dormido bien. Nunca ha tenido pesadillas pero se movía mucho y si había alguien a su lado lo pateaba hasta echarlo de la cama.

Y entonces pienso en todos esos fantasmas que se aplacan y dejan de venir a visitarnos cada vez que bajamos la guardia. Pienso en lo duro que es vivir en estado de alerta, defenderte de cualquier contacto porque temes o te inquietan otras presencias. 

Me alegro de ver que H. duerme tranquila y me abraza. Me alegro de compartir su lecho y que pueda compartir el mio. Me alegro de su conquistada serenidad y de su reposo. Creo que si existe un perjuicio en el colecho, nunca superará los beneficios que aporta a un niño que necesita ser arropado.  Y yo que utilicé siempre el verbo arropar en sentido metafórico, ahora también lo utilizo en sentido literal.


lunes, 15 de julio de 2013

DE LA ZONA DE CONFORT AL LUGAR SEGURO

Una de las herramientas de intervención terapéutica más potentes que han surgido en los últimos años para trabajar con el trauma, es el EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing). Se basa en el modelo del Procesamiento Adaptativo de la Información, que considera que todas las personas somos capaces, en las condiciones adecuadas, de gestionar situaciones traumáticas.

Según este modelo, los recuerdos se archivan en redes neuronales interconectadas entre si, pero en el caso de las experiencias traumáticas, la intensa reacción fisiológica de estrés y terror, bloquea el procesamiento de la información del suceso y la información queda fragmentada en el sistema nervioso.   

Esta técnica por la que cada vez siento más curiosidad, destapa de forma intensa y rápida recuerdos y experiencias, mensajes o programaciones antiguas que se han mantenido, por dolorosos, alejados de la consciencia durante mucho tiempo, pero que son importantes para la resolución de  situaciones del presente ya que sin acceder a ellos la persona se encuentra bloqueada o con imporantes resistencias al cambio y, por lo tanto, al crecimiento.

El procedimiento para la aplicación de la técnica, incluye una serie de pasos que se inician en los primeros momentos, entre otras cosas, con la construcción en la imaginación de "un lugar seguro". La visualización de éste busca que el paciente sepa que existe un espacio en el que podrá refugiarse en el caso de que los recuerdos dolorosos que se evocan, amenacen con desestructurarle. Este oasis emocional puede ser usado como un descanso temporal durante el procesamiento, como un elemento de apoyo para disminuir la perturbación y concluir la sesión, y como una manera de manejar el material perturbador que pudiera aflorar entre las distintas sesiones.

Pensaba hoy en la importancia de ese lugar seguro en nuestras vidas. En la necesidad que tenemos todos de que exista un espacio emocional, incluso a veces un espacio físico, donde podamos estar tranquilos por las sensaciones que evocamos en relación a nosotros mismos a partir de nuestras experiencias previas. Y pensaba en la relación entre ese lugar seguro, que nos calma, que nos alivia y protege; y con ello nos garantiza nuestra posibilidad de supervivencia emocional, y ese otro concepto del que se ha hablado mucho también en Internet, y que es la zona de confort.
  

La zona de confort es aquella zona en la que nos encontramos seguros, en la que controlamos lo que sucede, nada se nos escapa y  conocemos de principio a fin. Mientras hacemos cosas o estamos en sitios que nos resultan “familiares” nos sentimos cómodos, relajados. La zona de confort es todo aquello que nos rodea y a lo que nos hemos acostumbrado. Es el espacio de vida que conocemos y validamos. Aquello que no nos inquieta y que, más bien al contrario, nos calma.


A veces pasa que tras esas fronteras de la zona de confort, de ese lugar seguro hay todo un mundo de posibilidades de crecimiento no exploradas, por miedo, real o imaginado, que nos limita y no nos deja crecer. Y crecer es importante.

Hoy H. se ha ido de campamento dos semanas. Abandona sin convicción su zona de confort y lo he sentido con toda intensidad esta mañana al dejarla en el autobús. Lo hace de la mano de un grupo con el que ha estado compartiendo cada semana a lo largo del año académico. Un grupo que sé, porque me lo dice, que le gusta en las actividades que realiza; pero con el que también sé que le cuesta conectar socialmente. "A veces me siento sola" es su expresión sobre esos momentos. Y quince días es mucho tiempo para sentirse sola.

Tras media hora de espera, torturante para ella y para mí, se ha subido al autobús. Al hacerlo, una niña delante de ella se ha girado y le ha dicho "H. ¿te sientas conmigo?". Y con esta frase oída en la lejanía, casi leída en los labios yo he respirado algo más tranquila.  No está sola. Sólo tiene que aprender a acercarse. Y cómo le cuesta!

Confío en que estos días sea capaz de encontrar en alguno de los que le rodean ese lugar seguro que a veces es tan necesario para seguir avanzando. Y que cuando vuelva, su zona de confort sea más amplia y parte de sus miedos hayan desaparecido. 

Inshalá, por ella. Y también por mi. Que responsabilidad tan grande es la maternidad.


martes, 11 de junio de 2013

LO IMPORTANTE ES LA ACTITUD...


H. y yo estudiamos matemáticas, sí estudiamos ambas, reconozco que aún soy capaz de reaprender cosas que había olvidado por desuso. Estudiamos, entonces, de buen grado, queremos -más ella que yo- sacar un diez. Ella lo anhela, pero lo cree imposible. Un diez que a mi me da igual, pero del que la creo capaz. Dos formas de ver la vida, así somos de entrada.


Quiero ayudarla a conseguirlo y me topo con sus dificultades, que creo están menos en sus posibles capacidades, y más en sus tajantes actitudes y percepciones frente al aprendizaje escolar, o tendré que decir ¿ante el fracaso?.

Último tema de Matemáticas de 3º de Primaria, "Los datos y su representación gráfica". Ella misma me lo dice: "Esto es muy fácil mamá, es como dibujar". Exactamente querida, es decir cosas con dibujos y a ti te encanta dibujar.

Repasamos uno de los dos conceptos teóricos: La Moda. "La moda es el dato que más se repite dentro de una Tabla de datos"....Leemos, memorizamos, decimos con otras palabras, repetimos la información fundamental del concepto "más"... Creo que lo tenemos. Dejo pasar unos minutos mientras hacemos otras cosas. Y vuelvo.

- ¿Qué es la Moda?. Me mira. Titubea...
- "...es el dato que está en la tabla de datos..."
- Veo que tienes la idea pero hay algo importante que se te olvida. Piénsalo.
- Es el dato de la tabla, ya te lo he dicho!
- H. dicho así no está bien,  te falta algo pequeño pero muy importante, sin esa parte no estás hablando de la moda, sino de todos los datos.

Se enfada, se tensa...
 - Ya te lo he dicho!!!
 Para evitar la escalada....Le pido volver a leerlo....

Lo lee y me dice.
- Ves! es lo que dije!!
- No me has dicho lo que pone el libro. A lo que tu dices le falta esto: "más se repite" y eso es lo más importante. Lo puedes decir con otras palabras pero esa idea debe estar y en tu explicación no estaba.
- Pues no lo dije, pero lo pensé!!!
- Puede ser...pero si no logras decir o escribir lo que piensas, los profesores no pueden evaluarte en todo lo que sabes.

Y respiro y trato de quitarle hierro al asunto pero me preocupa. Porque cada vez más, "es el dato que más se repite". Esa resistencia, no a aceptar sus dificultades, sino a aceptar su falta de éxito a la primera. Y se está volviendo frágil frente a su sensación de fracaso porque no se está dando la oportunidad de pensar, de reflexionar, de aprender. Puede con ella la necesidad de ganar. Y empieza a ver estas pérdidas como algo esencial e irremediable y no como algo circunstancial, y con posibilidades de cambiar. Y de cambiar para mejor.

¿Cómo puede corregir un error, suplir una carencia o resolver un problema si le cuesta aceptar su existencia? Y creo que le cuesta porque piensa que la define. No lo vive como un reto, sino como un estigma. Y nuestro sistema escolar tan proclive a estigmatizar se lo va a poner en bandeja de plata así que no necesitamos ayudarlo. Al contrario, debemos luchar contra él. Pero no se bien como hacerlo.

Mi hija se está convirtiendo en su enemiga y tendrá que vencer sus miedos para ser tan grande como puede ser. Me pregunto si desde mis certezas y mi amor incondicional sabré guiarla para que transite ese camino de piedras. Cruzo los dedos para que encuentre maestros que sepan entenderlo y modelarlo sanamente. Porque sí, tristemente, creo que es una cuestión de suerte. Y no debería.







domingo, 31 de marzo de 2013

PERDER...

A todos nos gusta ganar. Sin embargo aprender a perder es una cosa imprescindible en la educación emocional de cualquier ser humano.

Hace seis meses H. empezó a jugar al baloncesto. Tras un primer intento de vincularla al deporte a través del atletismo aprovechando sus evidentes capacidades, las más obvias fantasías y los más tangibles recuerdos de Addis Abeba, descartamos esa opción por algunas dificultades prácticas y también por su individualismo. H. necesitaba un equipo para competir desde el esfuerzo conjunto, y no competir desde lo individual frente a otros.

Seis meses después, sólo puedo afirmar que hemos sido muy sabias.

Ya he hablado en otras ocasiones de las cosas buenas que esta decisión ha propiciado pero ahora quería hablar de otro de los muchas aprendizajes que H. ha tenido que hacer en este camino y sobre el que yo, su madre, he tenido que ir trabajando y también aprendiendo.

Hace cinco meses que empezaron a jugar partidos, uno por semana, salvo alguna excepción. Los hemos perdido todos menos uno. Todo hay que decir que hemos ganado el más importante. Ganamos el que jugamos el día de su cumpleaños, así que celebramos el doble cuando todavía sentíamos que ésto de ganar o perder podía ser una cuestión de alternancia...

Sin embargo la experiencia de cada sábado, nos está curtiendo en  la derrota. Y a mi, madre observadora y cómplice con otros padres y madres, que a diferencia mía, son casi todos hijos e hijas del baloncesto; me está haciendo aprender mucho. Hemos tenido partidos de todo tipo, los perdidos por paliza, los perdidos por dejadez, los perdidos de forma ajustada, los perdidos tras ir ganando, los perdidos porque ni nos enteramos de los errores, los perdidos porque nos faltó definición, los perdidos porque madrugamos mucho, y pare usted de contar...siempre son varias las razones...En cada derrota muchas cosas que aprender y en ello trabajamos cada una/uno con su hija...


Pero quizás lo más importante es que tejiéndose sobre cada derrota, yo observo que el mejor aprendizaje es: jugamos porque nos gusta, si ganamos, mejor, pero no es lo que pereguimos, al menos a estas alturas, que todo se andará. Llegará un momento en que será preciso competir, dejarte la piel en la victoria y llorar de rabia en las derrotas pero aún tienen ocho años y creo que son otras las cosas de las que han de alimentarse.

Yo las veo sonreír cada vez que llegan a la cancha tras cinco meses de partidos perdidos, las veo jugar con inocencia y celebrar al equipo y casi siempre a los rivales. Me sorprende que H. tan dolida en la derrota y tan competitiva siempre, tras estos cinco meses vuelva de cada partido hablando con relativa objetividad de los errores cometidos, observando en detalle las cosas que provocaron el resultado adverso, señalando alternativas a lo hecho para haber cambiado el resultado del partido, manteniéndose atenta a esos errores la vez siguiente, valorando esa nueva oportunidad que le brinda cada sábado. Me parece que esa actitud inteligente, ante el mal sabor de una derrota, la hace más fuerte y es un aprendizaje que, al formar parte de una actitud, se amplía y extiende a otros contextos, en los que necesitará la misma o mayor templanza.

Hoy he visto perder a unos de mis chicos del tenis español. Lo he visto emocionarse al hablar y sin embargo mantener la frente en alto, sonreír, saludar desde un agradecido "nos vemos aquí, otra vez, el año que viene". La vida siempre nos da nuevas oportunidades para poder demostrar lo que hemos aprendido a partir de la experiencia. Más nos vale haberlo hecho.





miércoles, 26 de diciembre de 2012

UN PASO ADELANTE

Tratadme como un ser excepcional, y lo seré. Sí señor.

Tras muchos temores por los posibles retos que suponía pasar a 3ro de primaria; tras múltiples, en este caso “terrores”,  que inspiraban los candidatos a profesor tutor; la suerte y la vida nos hicieron un regalo: nos encontrarnos a R. dándonos la bienvenida el primer día de clase.

R. tiene, como media, 15 años menos que el resto de la plantilla de profesores de la escuela pública a la que va H. La edad no es imprescindible, pero ayuda a tener ganas. Y ella las tiene. El primer día, no sabíamos lo que ella sería, pero ese desconocimiento ya era una buena noticia frente a las fantasías que nos acompañaron todo el verano.

Durante días escuché a H. alabar a su nueva profesora y tras la primera reunión confirmé que ese desconocimiento se estaba llenando de cosas buenas. La escuché hablar de nuestros hijos y no pude más que sonreír.  Nos habló de sus defectos pero sobretodo les elogió y alabó tanto, que me preguntaba si eran los mismos niños que el curso anterior. Su maestra de entonces no dejó de hablar mal de ellos en dos años.  

Personalmente, me gusta que me señalen mis errores. Sin embargo, con la misma agudeza que espero identifiquen y me hablen de éstos para poder corregirlos; deseo que me señalen las cosas buenas que tengo y de las que puedo echar mano para superarlos. Cuando alguien sólo es capaz de hablar de tu parte mala, a mi me parece una persona de alma pobre y peor espíritu. Y a esos, hay que silenciarlos o cuanto menos, mantenernos alejados. Más lejos si del sistema educativo hablamos.

Pero no, tenemos a R. Tenemos la enorme alegría de tener a R. Tras dos años de desencanto académico, nunca he visto a mi hija tan motivada por el aprendizaje. Es cierto que ha sido agotador porque la cantidad de deberes nos ha superado muchos días, pero en ningún momento la he visto renegar de su profe o de sus propias capacidades. Sólo ha estado cansada -mejor hago el plural-, pero nunca he sentido que tuviera falta de ganas.

La reflexión que motiva estas líneas tiene que ver con un comentario reiterado que me hace sonreír: “Mamá, R. nos ha dicho que somos tan listos que ha tenido que enseñarnos unas cosas de 4to. Y ya las hemos aprendido! Sabes? 4to. va a ser mucho más fácil”. Tendremos un verano optimista.

Y pensar en eso me hace recordar a todos los que vieron cuánto habíamos conseguido, y lo celebraron con nosotros. En los que aprendieron de nuestras fortalezas para amortiguar nuestras debilidades y animarnos a superarlas. En todos los que creyeron que podíamos dar más y nos lo pidieron. En todos los que nos motivaron para esforzarnos e ir más allá de lo mucho que ya habíamos logrado. 

Pienso en R. y el bien que le está haciendo a mi hija a fuerza de afecto y exigencia. Vamos a tener que seguir dando las gracias. Las GRACIAS en mayúsculas porque ésto no es algo anecdótico son las bases de la autoestima de mi hija. Y no puedo trabajarlas sola y únicamente desde este lado del espejo.

GRACIAS R. que afortunados son tus alumnos. Y nosotros, sus madres y padres.  

domingo, 23 de diciembre de 2012

...DE TU MANO

H. a veces necesita que le tiendan la mano para sentirse más cómoda.

Algún tiempo después de verse muchas veces reflejada en un espejo, H. se dio cuenta de que era negra y eso comenzó a interrogarla. Comenzó a tener dudas, incluso, a tener temores.

Mientras no lo supo, se movía con soltura. Amaba a la gente, así en general. Regalaba besos a diestra y siniestra, a propios y extraños, y se relacionó sin dudas ni temores. El mejor ejemplo, sus compañeros de clase a quienes quiere y la quieren con entusiasmo. 

En algún momento, sin embargo, ese reflejo de su negritud la llenó de dudas. Y con esas dudas, no ha sabido claramente manejar el significado que el color de su piel le reflejaba. 

Por un lado, recibe un mensaje normalizador de mi parte, de una parte importante de su entorno, que reconoce su diferencia en el marco de otras diferencias posibles, y le otorga un significado amplio, enriquecedor. Tan condicionante como muchos otros, que te colocan en situación de minoría, que no de desventaja. 

Por otro lado, sin embargo, recibe un mensaje más subliminal (social), o explícito de algunos niños del cole (curiosamente pertenecientes a otra minoría) en negativo. Y ese segundo mensaje "cala". Y hace que a menudo, su respuesta a mi pregunta sobre el por qué teme hacer algo absolutamente normal a nivel de relación social, es. "...pero es que yo soy negra". 

H. tiene dudas y no sabe si puede andar espontáneamente por el mundo...

Debido a los condicionantes que en ocasiones genera eso en su primer encuentro con otros niños, este año la he apuntado a dos actividades extraescolares que implicaban necesariamente relaciones con niños ajenos a su entorno habitual (y protegido) del colegio.

El primer día de una de ellas, conocimos a V., otra niña de su edad a quien veíamos por primera vez, sin ningún tipo de referencia previa. V. sin la mediación de ningún adulto le sonrió y le dijo...que trenzas tan bonitas!...y, nos minutos más tarde,..que piel más suave!...y así cada día, todos los días, a lo largo de estos tres meses. V. le sonríe, le alaba, se le iluminan los ojos cuando la ve, la elige cuando hay que hacer pareja y la hace sentir valiosa. 

V. no sabe cuanto le debemos!!!.


Esa respuesta de V. ha favorecido que H. se relajara. Al relajarse, se ha mostrado más dispuesta a dar el tiempo que las relaciones necesitan para iniciarse, crecer, consolidarse. Tres meses después, no es sólo V., son la mayoría de las compañeras las que hacen que H. sonría, bromee, se desinhiba, abrace...Yo la veo hacerlo y sonrío. Ella me lo cuenta porque le parece un hecho excepcional (habrá que darle tiempo también para que relativice). H. se siente importante para el grupo. 

H. se ha olvidado de que pertenece a una minoría. Ahora se ha vuelto más importante para ella sentir que forma parte de ese algo que forman todas. Creo que ha dejado de pensar en el color de su piel. Eso la vuelve la niña que es y de la que a veces se olvida: una niña alegre y feliz, una niña capaz y competente, una niña a la que le gusta mucho la gente

V. no me cansaré nunca de dártelas:....GRACIAS.... GRACIAS... GRACIAS...


lunes, 10 de diciembre de 2012

DE LA AUSENCIA Y DE TÍ...

S. y yo no nos veíamos desde hace 12 años. La cuarta parte de nuestras vidas, que abrumador. Por suerte, nos encuentra una ciudad que nos gusta mucho a ambos.

Hay gente que pasa por tu vida sin pena ni gloria. Hay otra, que con la misma cualidad, se queda. Que condena!!. Y hay otra; es el caso de S., que pasa con pena y con gloria. Entonces, les tienes presentes, e incluso, a ratos, les añoras.

Yo siento que S. y yo nos tenemos mucho cariño. Y siempre he sido conciente de lo mucho que tuvimos de otras cosas, breves pero intensas. 

Tras unos años de ausencia, hace algunos que tenemos encuentros epistolares. Encuentros dedicados a narrar las cosas que nos pasaron desde la última vez que nos vimos. Me sorprende que el encuentro en persona nos haga narrar tanto lo que nos sucedió en las semanas/meses previos a la despedida. Es como si quisieramos constatar recuerdos y evitar idealizarlos con la nostalgia del tiempo.

Creo que sin ser concientes de ello, necesitabamos re-nombrar el momento en que tomamos las decisiones (o dejamos de tomarlas) que evitaban la ausencia. Entender cómo, en medio de un "buen amor", a veces se toman buenas decisiones que, aún así, causan dolor.

S. y yo hemos sido padres al mismo tiempo, aunque mi hija es mayor que la de él. A ambos la vida nos ha tratado bien desde entonces. Lo que se nota, entre otras cosas, en la posibilidad de encontrarnos con tanta frescura. 

Este encuentro, probablemente ha sido en su cualidad, único. Habrá más encuentros, seguramente, pero ninguno será como este. 

Y pienso en ello.

Unos días antes de este encuentro, E. ha vuelto a traer a mi memoria Vete y Vive. Sé que hay encuentros y despedidas que nos marcan para siempre. Ella me proponía verla con H. y he estado pensando en ello. Sobretodo en la escena final. 

H. y yo hablamos con naturalidad de esa posibilidad. Esa posibilidad de encuentros que nos confrontan con las decisiones que se tomaron al separarnos de las personas que fueron/son significativas en nuestra vida. 

¿Cómo se explica que abandonemos a los que queremos? ¿Cómo se acepta que la vida mejor que le deseamos, sea lejos de nosotros? ¿Cómo explicamos las decisiones que tomamos y las razones que las fundamentaron, cuando al hacerlo causamos tristeza? 

Requiere valentía y serenidad enfrentarse al pasado y asumir lo mucho que nos quisieron, e incluso nos siguen queriendo, aquellos que eligieron no estar con nosotros. Requiere amor y mucho respeto entender los motivos de su ausencia.

Siempre he dicho que H. fue una niña querida. Yo también. 

Saberlo casi siempre es suficiente. En ocasiones puntuales, no. 

La conciencia de estas últimas en mi propia piel, creo que me hace mucho más sensible a su dolor. Me mantendrá atenta a esas ocasiones en las que no basta saber que nos quisieron. En que hay tristezas que sólo se pueden acompañar cuando aparecen.

Y todo ello, aunque sigamos validando lo vivido.





domingo, 18 de noviembre de 2012

RÁPIDO

En la clase de Lengua de H. están aprendiendo de adjetivos...

Yo como madre, también. Mis ojos y nuestro pediatra lo ven. H. crece quizás demasiado rápido. Con la ayuda de la ciencia agudizamos nuestra mirada y parece que sí, que crece un poquito más rápido de lo recomendable. En otros tiempos la reflexión era "te ha tocado crecer rápido" pero, estamos en estos. Ahora, parece que hay algunas cosas que podemos decidir, en estos tiempos la ciencia nos permite sopesar si la dejamos crecer según le ha tocado o la ayudamos a ir más despacio, que igual así saborea más la vida y cada cosa llega a su momento.

Cuando conocí a H. ya había crecido demasiado rápido. Le había tocado la mala lotería de perder a sus cuidadores primarios y cuando no tienes quien te cuide, aprendes (por supervivencia) a cuidar de ti mismo. H. a los dos años y medio, hacía cosas que no hacen en este lado del mundo, ni los niños de seis. Era asombrosa, que también es un adjetivo.

Como madre, incluso sin las últimas noticias, pienso que crece demasiado rápido. Su niñez, como la de muchos niños de muchas madres, se me escapa entre los dedos. Me enfrento a la ambivalencia de añorar a la niña que fue, que está siendo aún, frente a la ilusión que me supone el verla crecer en todos los ámbitos. Soy yo la que quizás se ha vuelto lenta para asimilar a la misma velocidad, la vorágine del día a día.

Llegué a la maternidad tarde para la norma social. A tiempo, para el criterio personal. A veces pienso que podía haberme animado antes porque hubiera sido madre más veces, pero no nos sobraban los motivos. Ahora todavía pienso que seré madre más veces pero me lo planteo de formas alternativas. A las familias de hoy, les ha dado por seguir nuevos modelos y escaparse de los tradicionales, igual eso nos beneficia. En algunos de ellos podría estar mi contraparte. A ver si tenemos suerte. Más, quiero decir, que suerte tenemos ya y mucha. Claro! no ha sido de gratis. La hemos trabajado mucho. Y nos alegramos. La suerte también es algo que se conquista

Me entristece ese crecer a toda prisa. Sobretodo cuando es el cuerpo el que manda. Cuando creces irremediablemente, cuando tu pantalón preferido deja al descubierto algo más que tu talón, cuando ya no puedes ponerte esa camiseta que te quedaba tan bonita, cuando las zapatillas del verano no te sirven para el otoño, cuando ya no estás cómoda en la playa sólo con la parte de abajo del traje de baño. Quizás desde la consciencia de que la vida sólo va en una dirección y que cada etapa vivida, no se vuelve a recuperar. Ese crecer rápido me produce nostalgia.


Quiero disfrutarte pequeña. Pero te miro de cerca y descubro que ese crecer físico que me inquieta, viene de la mano de una madurez que nos ayuda a ambas, de una asombrosa capacidad de mirarte, de reconocerte y regularte, que habla mucho y muy bien de ti. Creces y crecemos querida mía habrá que asumirlo, sonreír, animarte y acompañarte. En eso estamos.

domingo, 11 de noviembre de 2012

CENTRADOS EN SOLUCIONES

Hace unas semanas retomé, tras varios (muchos) años, mi formación como terapeuta. Lo hago de la mano de M. y M. Igual que hace veinte años renovada de ilusiones, con un gran rodaje a las espaldas, y con la humildad de quien siempre ha sentido que sabe infinitamente menos de lo que debería.

Nuevamente me encuentro con M. Me deslumbra de la misma manera que lo hizo entonces y, probablemente, lo hace por las mismas razones, que con en el tiempo, se han magnificado.

El trabajo de ambos me gusta porque lo hacen desde el concepto de FAMILIA como concepto real pero, sobretodo, emocional. En estos veinte años, he crecido exponencialmente en lo familiar, he tenido más cerca a la familia extensa y hemos hecho sólido nuestro vínculo desde la experiencia interpersonal y no sólo desde la biología. También he crecido por tener más lejos a la familia nuclear, por no tener-nos siempre que quisimos, y, sobretodo porque desde la maternidad me he posicionado en un lugar distinto en la experiencia de la construcción de vínculos. Yo en estos años sólo he multiplicado la convicción de que la familia, esa en sentido amplio y desde distintos modelos, es el germen y el guardián de lo que eres y no puedes comprenderte si no es en relación a tu historia familiar.

Me gustan por que trabajan desde un profundo respeto por lo que los clientes nos cuentan, por el DOLOR que traen a terapia. Sin ser personas suaves, más bien lo contrario, toman entre algodones las historias de daño, tristeza y angustia que se traen a terapia. Luego los diseccionan agudamente, infinitamente, tanto, que los transforman en su opuesto. Diseccionan para fundirse en la comprensión emocional del otro. Y, una vez allí, siguiendo la voz del cliente que les guía, van encontrando el camino de regreso a estos espacios de luz donde a veces, sólo a veces, parece más confortable vivir.

Y, finalmente, me gustan por ese esfuerzo deliberado que nos invitan a hacer a los terapeutas: ayudar a las personas a encontrar LAS SOLUCIONES que ya tienen en ellos cuando se encuentran con nosotros. Buscan y buscan hasta encontrar esa senda de regreso de la que el cliente va dándonos datos. Sigues su voz, que escucha tus indicaciones, tu no ves, pero sí sabes, ellos ven pero no conocen el camino. Sólo te siguen y juntos encontráis el camino de regreso. 

Es imposible conseguirlo si no partes de la convicción de que ese camino existe y que son ellos los que te guían hacia ella. Los clientes sólo dan buenas respuestas a nuestras preguntas, somos nosotros los que tenemos que transformarlas en respuestas útiles. No tenemos que descubrir nada, sólo de reconocerlo.