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domingo, 13 de diciembre de 2015

ESPERANZA DE VIDA...

En las últimas semanas me he encontrado nuevamente con él. Siempre viene a verme cuando necesita darme o decirme algo. Esta vez viene a pedirlo. No importa. Jamás pide y esta vez pide con razón.

Cuando le veo pienso en que hay algo que hace maravillosos a los negros rostros del África Subsahariana. Su sonrisa y sus ojos brillan como no lo harán nunca los rostros blancos. Su mirada y su sonrisa me iluminan.

E. es oficialmente y legalmente "Solicitante de Asilo", sí de esos que hace unos meses se han puesto de moda. Existían antes del verano y seguirán existiendo después cuando ya les hayamos olvidado en el telediario, porque sus solicitudes dependen de lo que allí les pasa y no de lo que aquí "concedemos". 

Pero el caso de E. es atípico. E. solicitó asilo de forma sobrevenida, después de muchos años en nuestro país. Le conocí hace dos años, cuando ya lo había pedido, así que nada tengo que ver en ello. Sus razones también son atípicas y la experiencia me dice que es más que probable que nunca le sea reconocido el estatuto de Refugiado aunque quizás sí la protección subsidiaria. 

Tras dos años renovando fielmente esa solicitud cada seis meses como manda el marco legal, aquí sigue, en situación de estancia legal. Más, mucho tiempo más de lo que inicialmente cabía esperar...Lo "habitual" sería que ya le hubieran dicho que de eso nada....

Le pregunté la última vez, más bien por curiosidad  ¿Cuándo solicitaste asilo... esperabas que te lo concedieran? ...No, me contestó....Tampoco esperaba entonces, seguir vivo a estas alturas. Y sonrió. No me importaba el futuro, porque no lo tenía...

Y base tiene, porque también tiene al menos una enfermedad que se suponía debía haberlo matado...pero ahí sigue. Vivo. Sonriendo. Tomando decisiones como si una vida larga le esperara.

E., con su actitud, hace crecer cada día su esperanza de vida. Lo hace con cada paso que da. Y yo celebro conocerle porque al hacerlo, os prometo que también crece en mi la esperanza...en la vida.

 

martes, 8 de diciembre de 2015

DEFENDER LA ALEGRIA

Estoy alegre.

Llevo días sintiendo y, sobretodo pensando alegrías, pequeñas alegrías.

Llevo meses sin escribir pero llevo días pensando en hacerlo. En escribir para celebrar la alegría.

http://www.imagenesparabajar.com/wp-content/uploads/2014/05/Vivir.jpg

Hace días, al llegar a casa, cuando se abrieron las puertas del ascensor, la navidad nos golpeó en la cara. A H. que venía conmigo y a mi, nos dio un ataque de risa. Era otra vez ella. Ella que no sé como se llama pero es mi vecina desde hace unos pocos años. Ella, la misma que llenó nuestro largo y anodino pasillo de hermosas plantas, y con eso le dio una calidez de la que soy consciente cuando subo al resto de pisos y los veo vacíos. Ella que nunca deja de sonreír. Ella que habla con una dulzura enorme. Sí, ella lo había vuelto a hacer....había llenado nuestro pasillo de adornos de Navidad. 

Nada más abrir la puerta del ascensor...un belén, guirnaldas, colgantes con motivos navideños en cada ventana del patio interior.... Una exageración, incluso algo de mal gusto por lo recargado, pero ciertamente una exageración llena de vida. Y de alegría.

Cuando llegué a esta casa hace más de una década, ella no vivía aquí. Vivía él, con otra, que intuyo le hizo sufrir. A él le vi poco en esa época, lo suficiente para verle adelgazar, entristecer y desaparecer. La que fue su pareja se quedó en el piso. A los dos o tres años él volvió y entonces la que conocí como su pareja, desapareció. A ella, intuyo, le dolió menos la separación. Y no digo más porque no lo sé. Sólo se que me alegró verle volver a él porque parecía un buen chico y ella no lo parecía tanto. 

Llegó, volvió a ser él, a sonreír. Y a su lado apareció mi actual vecina, dulce, sonriente, con sus perritas mellizas, que siempre nos saludan al llegar a casa. Ella que lo llenó de vida. A él, a nuestro pasillo, a nuestra navidad. Ella que rompe mis moldes con su delicadeza en el trato, sus horarios a destiempo ¿enfermera?, con sus atuendos de motera o sus abrigos talle largo, sus tacones o sus atuendos de runner. Ella, que sea lo que sea, siempre nos hace sonreír.

Que importante es rodearte de aquellos que te aportan alegrías. Que importante es tenerlas y, sobretodo, saber verlas.

Diciembre de por sí me supone alegrías, las alegrías propias de las celebraciones vitales, que no navideñas, aunque también. Diciembre celebra el inicio de un proceso migratorio que ha llenado mi vida de oportunidades y aprendizajes, que me ha convertido en una persona con la que me siento a gusto. Me gusta recordar esa fecha tan llena de simbolismos nacionales. Yo tenía que haber llegado en Noviembre pero un intento de golpe de estado en mi patria de origen demoró el viaje. Y llega Diciembre y con él, el cumpleaños de H., mi niña bonita que va haciéndose mujer. H. que cada día me supone más alegrías. Diciembre es para mi un mes de comienzos y no solo de finales.


Pero es verdad que andamos vital y laboralmente corriendo para "cerrar" el año adecuadamente y yo llevo días con un ojo en este presente y otro en el futuro que nos llega, tratando de no perder en esa disparidad de miradas, el paso y el ritmo que nos permita seguir avanzando. Escucho, descifro, intuyo, anticipo...

No es fácil sincronizar y acompasar emociones. Menos, hacerlo en medio de tantas urgencias e intensidades, en medio de tanto desaliento colectivo. Pero, es verdad, que si sabemos mirar, si sabemos rodearnos bien, quizás estemos mejor preparados para resistir los embates, y estoy segura que las cosas se nos harán un poco menos cuesta arriba. 

Siento mucho desencanto por muchas cosas que me rodean, podría regodearme en ello...pero salgo al pasillo y mi vecina me alegra el día con su exagerada navidad. Voy a una reunión a la que no quiero ir y soy consciente de todas las cosas buenas que en ella recibo. Me regalo unos días de buena y elegida compañía, esa que me arropa y me hace sonreír. Simplemente duermo más y como mejor. Por unos días me obligo a pocos horarios y esas cosas sencillas me recuerdan lo facil que resulta a veces proveerse de pequeñas dosis de bienestar y alegría.

...y entonces la vida me regala una alegría inmensa, que no es mía, sino de otros que la han luchado y que merecen disfrutarla. Y estoy alegre sí, mucho. Y dure lo que dure quiero ser consciente de ella y disfrutarla en cada poro. Ya vendrán tiempos peores, sí. Y entonces seguiremos resistiendo al desaliento. Como ahora.

Yo también elijo y pienso, como recitaba en sus noches de desaliento alguien inmenso, "soy el amo de mi destino"... y sobretodo, "...soy el capitán de mi alma".




lunes, 3 de agosto de 2015

ELLA

Literalmente no fue ella quien la colocó en mis brazos. Pero yo sí siento ese hilo que desde sus brazos la llevo a los mios.

Hoy hace ocho años que abracé a mi hija por primera vez. Pienso a veces en aquel día, pero cuando esos recuerdos llegan el día del aniversario, pienso más en ella. En su madre etíope. En su madre que lo es, y que al mismo tiempo no pudo serlo.

Pensarla me hace evocar hoy el día de mi cumpleaños. Al salir al cole el amanecer parecía de cuentos. H. emocionada me dice Mira mamá!!! parece que ahí está Dios!!. Le dije, es mi cumpleaños, desde el cielo me están regalando este hermoso amanecer...

Seguro son los abuelos que de esta forma te dicen Feliz Cumpleaños. Contestó. Y también estará mi madre etíope para felicitarte.


La miro y sonrío. ¿Cómo si no?.


Los padres adoptivos tenemos que trabajar nuestro propio vínculo con la familia de origen de nuestros hijos porque al hacerlo -y no es casi nunca una tarea fácil- estamos enseñando a nuestros hijos a integrar esas dos realidades que de alguna forma dan continuidad y fluidez a la historia de vida que les acompaña.


La búsqueda de los orígenes, esos pasos que una persona adoptada o su familia adoptiva emprenden para retomar contacto con su pasado pre-adoptivo son un pilar importante sobre en el que se asentará la base de su identidad personal, de su satisfacción personal. De su felicidad.

A veces sólo se desea tener certezas sobre la identidad de los padres biológicos, otras más bien se desea (y a veces únicamente) obtener informaciones generales sobre el pasado y sus referentes (a veces sin necesidad de identificar a una persona en concreto). Saber sobre las circunstancias, decisiones y azares que les han llevado de una familia a la otra.

Siguen sin ser mayoría las familias en las que el origen, los orígenes de la vida de sus hijos o hijas y sus circunstancias inmediatamente posteriores, son abordados con naturalidad, ayudando a poner palabras a lo que se conoce o a lo que se intuye que pudo haber pasado, incluso a lo desconocido, para permitir completar el puzzle, construir la historia, y si fuera el caso, acompañar en el dolor, siempre sumando afectos que son los que posibilitan la sanación. 

Se fantasea con la idea de que las heridas sanan si no se tocan, olvidando que a veces esas heridas, si no se limpian y curan, explorándolas, pueden dar origen a una infección. Es decir, a un daño mayor. No es fácil curar heridas pero seguro que todos coincidimos en que no por difícil es recomendable dejar de hacerlo


Me alegra que podamos nombrar a la madre de H. que ella pueda entenderla (a fecha de hoy) como un personaje integrado en la narrativa de nuestras vidas. Que imagine que me regala cosas, que me pida que le cuente historias de lo que yo creo o se que pasó. 

Hablamos a veces, sí. No siempre lo hacemos en el mismo tono afectivo pero me siento segura al acompañarla en su dolor, que muchas veces se vuelve mio; sin miedo a la historia que dio origen a "nuestra" historia. Me alegro de sonreirle a lo que sabemos y de ser prudentes con lo que desconocemos. Me alegra caminar despacio aprendiendo del camino.

El amor es para mi un sentimiento incondicional. Y amo todo lo que eres pero también todo lo que eras antes de que llegaras a mi. Le tengo un profundo respeto. Y también una enorme gratitud. 

Nadie dijo que fuera fácil pero estoy segura de que vale la pena.

 



domingo, 19 de abril de 2015

LIBERTAD


YO TE NOMBRO LIBERTAD. Nací libre. Es un hecho. Condicionada en menor o mayor medida, la verdad es que nunca me he sentido esclavizada por nada. Por eso estoy segura de que, aunque la valoro, no logro dimensionarla realmente porque nunca la he perdido. Es así, la noche magnifica el día. La enfermedad, a la salud. Y de haberme sentido presa, valoraría muchisimo más la libertad de la que disfruto y siento haber disfrutado siempre. Y que dure.


LIBERTAD DE PENSAMIENTO. Crítica, solidaria e incisiva; la segunda evocación que hago de la palabra Libertad es ella. Compañera de Mafalda, pequeña y aparentemente simple, es incendiaria en sus planteamientos sociales, menos existencial aunque quizás más utópica. Representa la opción, siempre bondadosa, de tener a alguien con quien conversar. 

Pero en estos días la LIBERTAD de mis pensamientos es otra.

A Libertad la conocimos de nombre el año pasado. "Mamá ha venido una niña nueva a nuestra clase. Se llama ...Libertad". Que bonito pensé evocando las dos cosas anteriores, pero lo cierto es que la realidad no es tan bonita.

Libertad estuvo en la clase sólo un mes y luego se fue.

Este año volvió y sigue allí junto a ellos...o más bien. Sobrevive.

H. es un libro abierto y cuenta todo lo que pasa en el cole...así llevo semanas escuchándola hablar de lo que ella piensa, de lo que todo el grupo piensa...reeducando el enfoque, los pensamientos, las razones y las opciones. Y qué difícil es y que triste...

"Mamá...Libertad...

... no huele bien.
...lleva la ropa rota y sucia.
...no tiene padre, ni madre.
...nadie quiere jugar con ella.
...todos se burlan..
...tiene tetas porque es mayor.
...y por supuesto L. ha suspendido.
...va a repetir"

Y me duele, me duele esa niña  que seguramente es inocente de todo y sin embargo paga tan duramente las consecuencias.

Y con cada información una reflexión, una necesidad inmensamente mía de que mi hija sea capaz de ponerse en la piel de esa niña y defenderla. Entenderla. Ayudarla. Acompañarla. 

En las últimas semanas, L. ha ido al comedor el único día que va mi hija. El viernes pasado me contaba todo lo que estuvo hablando con Libertad...La tristeza de la niña "No traigo ningún pastel para celebrar mi cumpleaños porque a los niños les dará asco comerlo" ...y las palabras de mi hija para darle consuelo y ánimo, a pesar de no manejar aún del todo bien, el acto de defenderla en público.

Pero mis palabras de estos meses han ido calando poco a poco. Son aún insuficientes para cambiar su realidad, pero sé que a través de las palabras de mi hija le ofrecen la sensación de que no está tan sola. Para ayudarla a defenderse de esos que la juzgan (siendo la mayoría muy majos) porque desconocen la vida que ha tenido que vivir y sólo saben de las bonanzas de la vida propia.

Cuantas ganas de hacerles leer este texto inolvidable y contundente...

Ánimo, Libertad.  No estas sola.


domingo, 5 de abril de 2015

ACOMPAÑADA


Siempre me ha llamado la atención que la entrada más visitada de este blog sea una que titulé SOLA.

Pienso en la extraña atracción que ejerce esa palabra, intuyendo que quien la busca, requiere más bien de lo contrario. De compañía, en su soledad.

Por razones que no vienen al caso, he aprendido desde muy pequeña a sentirme a gusto estando sola. Y esa capacidad, la he percibido siempre como un don. Tengo habilidades sociales, me gusta la gente, de hecho, me gusta mucho, pero son dos cosas distintas. 

Para mí la compañía forma parte de lo que DESEO pero no de lo que NECESITO. Es verdad, que como todo ser humano, estoy expuesta a vaivenes en el peso que uno y otra (deseo y necesidad) tienen a lo largo del tiempo. 

Sigo contando como puntuales los momentos en que siento la necesidad de tener compañía y, por lo tanto, mi necesidad suele ser satisfecha con facilidad. Pero pienso en ello, por lo que a mi me falta y a otros sobra o viceversa. Por las implicaciones negativas, en un segundo plano, de esa virtud o ese defecto. 

Sigo pensando que la necesidad de compañía nos hace esclavos. Supongo que como cualquier necesidad. Porque las necesidades nos OBLIGAN a la búsqueda, porque en su satisfacción se nos va  la vida, a veces literalmente. En otras, sin embargo, sólo perdemos la posibilidad de vivir con mayor plenitud obsesionados por esa búsqueda. Y ésto, menuda faena es.

En estos días de vacaciones, de descanso elegido sin otro fin que olvidarnos de los excesos cotidianos, pienso en ello mirando alrededor. Consciente de las ausencias, de mis ausencias. En lo que significan para mí y en lo que significan para H.


"Yo quiero tener un padre"... ese es su deseo literal desde siempre y no me extraña, adoptada y negra, además debe cargar con mi monoparentalidad.  Y en la niñez (a veces hasta mucho más tarde) todo lo que nos hace diferentes, nos perturba. A mi esas circunstancias no me suponen ningún problema en lo personal, pero es cierto, que yo primero elaboré lo que supondrían y luego decidí. Lo que no medí, lo que no medimos, es que al decidir a menudo imponemos nuestras decisiones a nuestros hijos. Y como lo tengo claro en sus ventajas y desventajas pues trato de ayudarla a manejarlo lo mejor posible y yo creo que está yendo bien. Son nuestras circunstancias y con ellas hay que aprender a vivir.

A pesar de esto, cada vez soy más consciente de que en la tarea educativa o de la crianza, educar un hijo en solitario tiene sus dificultades añadidas. Si además, como en mi caso, se suma que no hay una red familiar a disposición (por la distancia física que me separa de mi familia, avión de por medio), la dificultad se transforma en muchas cosas:

...Miedo sí, siento miedo, un miedo enorme, a que me pase algo que me impida cuidar de ella. Trato de lúcidamente decidir a cargo de quien debe quedar en mi ausencia. Y pensar eso, más allá del afecto que tiene garantizado, es un reto enorme cuando toda tu familia vive a kilómetros, cuando en mi ausencia, perderme a mí, al menos ahora, en los siguientes años, implicaría también para ella, perder todo lo que son sus referencias: escuela, entorno, actividades, los afectos cotidianos. Y no, no se merece esa segunda pérdida masiva.

... Tristeza, por obligarla a vivir con la parte negativa que para ella tienen mis decisiones, y que la obligan desde muy joven a superar obstáculos arraigados en el imaginario popular en los que ella siempre está en situación de desventaja que la obligará a luchar más por ser mujer, tener que dar explicaciones por ser negra y adoptada y a tener que construir una identidad bicultural mucho más compleja de gestionar internamente y con el entorno ...y el que diga que no es así, miente o carece de ojos e intuición.

...Preocupación, y quizás esta es la más reciente. Yo no tengo ninguna duda de estar ejerciendo la maternidad lo mejor que puedo. Soy una persona con muchas herramientas, soy proactiva y tomo decisiones siempre. Puedo estar equivocada al hacer, pero nunca dejo de hacer. Otra cosa, es que pueda asumir tareas que deben realizar dos. Dos que se complementen.  Porque yo, soy solo una.

La vida en pareja, la buena vida en pareja, es algo que me parece sumamente complejo. Y criar en pareja seguramente (porque esta parte no la he probado nunca) lo debe ser aún más. Pero a ratos la anhelo por lo que supondría en lo personal (pero eso es otro capítulo) y en lo que supondría para H.

...extraño alguien que matice para ella (y a veces para mí) aquello digo y en lo que creo firmemente. A veces necesito que alguien desde su adultez, matice mis certezas y con ello le de a ella más opciones. "Mamá, siempre tienes la razón"...y ella la tiene a veces y se la doy cada vez que puedo. Pero a veces estaría muy bien que la razón la tuviera un tercero. Para que el hecho de que ganara una no dejara necesariamente a la otra como perdedora en solitario. Y sí, cada vez que puedo cada una tiene "una parte de razón". El problema son las otras veces.

...extraño alguien que la consuele cuando yo debo ser dura. Porque lo soy. Hay cosas que no hay que permitir pero ese rato que la dejo sufrir en soledad, me gustaría que alguien la acompañara y le ayudara a aceptar que las cosas no son como ella quiere. Ahora me toca ser dura, dejarla en su tristeza y luego retomar. Calmar, acompañar, reflexionar. Ser al mismo tiempo la mala (que genera frustración) y la buena (que calma, acompaña, acuna) sería mucho, muchísimo más sencillo, si lo hiciéramos entre dos y a poder ser alternando roles.

...extraño a alguien que me ayude a calibrar mis ideas y opiniones al respecto de las cosas, apoyar (o no) mis decisiones como algo visto desde dos visiones, y por qué no, a compartir los gastos... porque todo cuesta, no sólo tiempo, sino también esfuerzo y dinero y a menudo ni mi tiempo ni mis ingresos (incluso mis esfuerzos) alcanzan para todo lo que estaría bien hacer.


...extraño a alguien que, en la logística cotidiana, comparta lo doméstico y las atenciones que requiere H. principalmente en las tareas del cole. Yo siempre tengo que elegir, hace tiempo que asumí que no soy una supermujermadre: no puedo ayudarla a terminar los deberes, preparar la cena y llamar a los abuelos para ver como siguen al mismo tiempo. De tres cosas que siempre necesito hacer, solo hago una o dos. Y no es poco, pero no es suficiente desde lo que me gustaría.

...extraño a alguien que me ayude a tener un tiempo para mi sin sentir que ella deja de disfrutar de un tiempo compartido con adultos o con otros. Lo tiene, con otros adultos significativos, pero ella siente que si no estoy, ella está sola compartiendo con otras familias que si están juntas entre sí. Si hubiera una pareja, si ella tuviera un padre, su familia compartiría con otras familias y a veces, como suele suceder con familias amigas, hay uno de los padres que se queda en casa disfrutando de su tiempo o hace sus cosas. Y nadie tiene carencias. Ella ahora siente que las tiene por eso necesita ir/estar con su familia, que soy yo. Y yo me pierdo a mi en ese camino.

...extraño que alguien la eduque con sus vivencias, perspectivas, apetencias... además de hacerlo yo porque esa diversidad la hará más rica en sus percepciones de la realidad.

...extraño un tiempo nuestro, además de un tiempo mio. Igual que sería valioso entender la presencia de un tiempo vuestro.

Y sí, es más cómodo ideológicamente porque lo otro implica negociación no siempre fácil. Pero unos días agradecemos la comodidad y otros lamentamos la complejidad. De todo hay.

Y hoy ha tocado pensar en esto pero se que a fin de cuentas, unos días mejor y otros peor, la vida tiene sentido porque no hay nada "que nos quite lo bailao" *


* "que me quiten lo bailao" es una expresión popular que se utiliza para decir que las consecuencias negativas que puedan aparecer después de algo que ya ha sucedido, no pueden anular el placer de lo ya hecho. En otras palabras, cuando ya has vivido algo gratificante, no importa lo que suceda después porque ya nadie te lo puede arrebatar.

 

martes, 25 de noviembre de 2014

LLORAR

Hace días hablé con R. del agotamiento emocional que sentía en algunas mañanas laborales. 

La urgencia que sentía a veces de parar unos minutos, esos en los que un café me encontraba con él. 

Me dijo... hace días me fui de aquí a la otra sede y JL me preguntó ¿Qué tal? haciendo referencia al trabajo y yo le contesté: Si te contesto, me pongo a llorar. 

Y a mi que un hombre me diga que se va a poner a llorar, qué queréis que os diga, me emociona. Y más porque sus lágrimas son las lágrimas que otros no se permiten llorar, porque creen que no hay un hombro que las acompañe.



Una semana después presentamos un informe técnico sobre indicadores de vulnerabilidad en nuestro país. Nos piden recoger algunos testimonios que humanicen las estadísticas y allí estamos, acompañando historias. Veo el documento final editado. Sin esperarlo, escucho las lineas finales del vídeo con J. diciendo: aquí me he hecho duro, pero por las noches, lloro. Y es verdad, lo sé aunque no le haya visto hacerlo. J tiene uno de los corazones más bondadosos que conozco.Y lo dice allí ante todos, desde el corazón que lo siente, con la voz algo quebrada. Y todos los que le conocemos sabemos que es así, que seguramente llorará.

Y luego están los demás...los que hacen el chiste y dicen de los anteriores que "son unos flojos"

Esos que no han soltado una lágrima nunca porque no se la permiten y así les va. Esos (...y esas) que recriminan a sus hijos porque lloran y asocian el llanto a la debilidad. Esos y esas que parecen confundir el sentir (sensibilidad) con el resistir (fortaleza). Cuando lo cortés no quita lo valiente. Esos y esas realmente me enferman y me hacen llorar, pero esta vez, de rabia.






martes, 15 de julio de 2014

MIEDOS RAZONABLES...

El verano anterior a encontrame con mi hija me fui de vacaciones a Turquía. En Estambul me encontré con E., una de esas amigas que uno cuenta con los dedos de las manos. Tanto vivimos juntas que ya no hace falta vivirse, para sentirse a la perfección. Que delicia de complicidad.

Dentro de ese viaje, considerando las opciones que tenía, decidí irme tres días a Capadocia, un viaje que gestioné por mi cuenta. Y allí me fui, sin apenas hablar inglés y sin la menor consciencia de ningún mal. Como en los mejores momentos de mi vida, estaba a rebosar de fortalezas. Disfruté de Capadocia a la que volvería muchas veces más, pero recuerdo ese viaje de manera trascendental también por una sensación que nunca antes había tenido.

De repente allí, en un "hotel con encanto", sola y lejos de todo,  pensé: no hay nadie en el mundo que sepa donde estoy, si me pasa algo, si no vuelvo en el tiempo previsto, nadie sabe dónde empezar a buscarme. Y eso me pareció una negligencia. Yo hasta en las circunstancias más peligrosas y deshonrosas, siempre lo he dicho, además literalmente: "Si me muero, quiero que sepas donde ir a buscarme". Todo, claro está, para gran angustia de mi madre.

Antes de que transcurriera un año, como estaba previsto H. llegó a mi vida. Desde entonces me preocupa lo que me pasa, tanto como me preocupa lo que le pase a ella. Me cuido más, soy más prudente. Simplemente no quiero llevármela en la caída.

El año pasado cuando H. se fue de campamento por primera vez tras un par de días pensé: ninguna persona de mi entorno, sabe dónde está exactamente, quién es el responsable directo de la actividad, su teléfono de contacto o simplemente a qué hora llega  y en qué lugar hay que recogerla. Decidí darle esa información a alguien por si me pasaba algo que me impidiera estar consciente para decirlo en caso de necesidad. Pensaba yo, desde mi inquietud, que si yo faltaba quería que H. tuviera al llegar un rostro amigo y no el vacío. No pienso en grandes dramas, solo hablo de la imposibilidad de ocuparte de lo que son tus responsabilidades por circunstancias que a veces no eres capaz de prever, de evitar....Que mortales somos todos.

He vuelto a tener esa sensación más veces y la he subsanado dando información y explicando lo que motiva mi necesidad. Enseguida salta el comentario sobre el hecho de que no va a pasarme nada y las risas por lo que consideran parte de mis excentricidades. Que a veces, todo hay que decirlo, yo utilizo como introducción al por qué de las cosas. Tengo la sensación de que a veces no me toman en serio y, sin embargo, lo es.

Hace unos días me escribía uno de esos amigos a los que le doy la información y la minimiza en su trascendencia. Se ha ido de vacaciones con su pareja, como todos los años, y como algunas otras veces, esta vez tocaba irse muy lejos. Su mensaje sin embargo, no me avisaba de eso que ya sabía. 

Su mensaje decía: "Te reirás de mi, pero si llegara a pasarnos algo... es importante que alguien tenga esta información. Con este nivel de detalle no la maneja nadie de nuestro entorno". Te nombro entonces, nuestra informal albacea.

La carta seguía con cuatro párrafos de datos importantes, de carácter práctico, de inmensa utilidad en caso necesario y de graves efectos en caso de desconocerla.  Como le decía, "...la usaré en caso necesario, que espero sea dentro de veinte años, compartiendo risas con nuestras hijas, la mía ya en casa, las de ellos por llegar. Y es que los hijos comprometen y trascienden, nos vuelven frágiles frente a nuestra propia fragilidad. Nos generan miedos bastante razonables.
 
Pero también a veces, quizás por la misma razón, nos hacen fuertes y nos obligan a crecer y aprender mucho más allá de los límites que creíamos tener. Me reitero, nos hacen mejores.


miércoles, 21 de mayo de 2014

RAZÓN DE VIVIR

Esta tarde he estado con I. Tuve una sola entrevista con él hace varios años, se había acercado a pedir ayuda a la organización en la que trabajo, vino, contó su historia y no volvió. 

Ha vuelto hace unos meses y yo le recordaba. Su origen nacional es atípico en nuestro contexto y su historia personal tenía dos o tres elementos de esos que hacen inolvidable un relato, por eso se quedó en mi memoria.  Yo como todos le he atendido y escuchado. A solas y con mi equipo he analizado su historia y he estado valorando qué podíamos hacer por él.

En este tiempo le hemos aportado un par de cosas mínimas dentro de la inmensidad de sus necesidades. Mínimas fundamentalmente, porque él ya había hecho la gran mayoría de las que se podían hacer.

I. está de vuelta de muchas cosas y, como dicen, ha conocido el cielo y el infierno. La gloria y la deshonra, el amor y el desamor. El éxito y la tragedia. Y, cómo no, la riqueza y la pobreza. En términos simples ahora es bastante mayor, está lo suficientemente enfermo, más bien  sólo aunque tiene algún acompañante y dice estar triste. Triste y desanimado, tanto, como para haber sentido -y actuado en más de una ocasión-, que la vida ya no tenía sentido para él. Pero sigues vivo y a veces llegas a pensar que ese es el problema.

Su voz tiene cadencia de maestro y podría escucharle durante el doble o el triple de horas que le he dedicado. Sé no dejaría de aprender. Y el narra y se narra reflejando que cuando la vida es tan intensa y los tiempos son tan difíciles, uno ya no aspira a grandes amores.

Esta tarde he estado con I. y desde entonces pienso en él.

Cuando se sentó frente a mí, hice lo de siempre, " a ver... ¿dónde estábamos la última vez...qué ha pasado desde entonces...? ....en esa mirada fugaz a la estela que vamos dejando vi la nota que decía algo así como "ha hecho un trabajo excelente en el análisis del currículum..." Le miré sonriente y le comenté ¿Has estado con mis compañeros del Plan de Empleo? Y asintió. Yo no le había pedido que fuera porque le sentía agotado y quise cuidar más, a través de otros compañeros, de su parte emocional pero él había decidido ir!!!. 

M. me dijo, cuando en la vida has dado tantas vueltas, cuando sientes que has perdido la dignidad, cuando ya no te importa vivir y encuentras a alguien que te escucha, te acompaña. Cuando alguien repara en ti aunque tiene a este montón de gente necesitada. Cuando recibes el trato tan humano, tan amable que he recibido de tus compañeros y tuyo, entonces lo mínimo que puedes hacer es seguir. Vosotros me habéis dado una razón para vivir".

Impresiona que alguien te diga eso. Asusta realmente. Cuando es verdad e incluso cuando mienten (que también pasa y es lícito) ¿Miente? ¿Camela? ¿Engatuza? Puede ser.  No importa. Si busca hacerlo, entonces también le hemos dado una razón para vivir.

Creo que es verdad. Que lo siente y entiendo sus motivos porque creo en el valor de la compañía, en el valor de una palabra de ánimo, el valor de la escucha, de la sonrisa, de un comentario oportuno, el valor de aquellos que ven las luciérnagas en la noche más oscura. Y sí, así me siento, rodeada de luciérnagas en esta noche que no sólo es tan oscura sino que dura tanto.

Nuestro trabajo consiste sobretodo en eso, en hacer que la gente tenga ganas de seguir intentándolo. Nuestra obligación es la de ser faros que arroguen un poco de luz que les ayude a encontrar el rumbo... Ellos son mi recompensa.

Y sí, hay días muy, muy duros, pero también hay días que acaban bonito... y llevo unos cuantos seguidos. 


jueves, 24 de abril de 2014

MATERNIDADES

Ayer me decía H. "Mamá, quiero ir a una boda".

"Ya has ido" le dije. Pensó y me dijo, sí, a tres.

Y entonces pensé en esas mujeres que se casaron. S. y C. compañeras de vida y de viajes. Amigas. Estrenadas este último año como madres. Sí, finalmente la pandilla se anima a procrear.

De ambas, con pocas semanas de diferencia escuche la misma frase: "No sabes cuántas veces he pensado en ti" (desde que son madres). Dicen, que aunque siempre supieron de la valentía que suponía mi maternidad, ahora logran dimensionar mejor los esfuerzos que puede haberme supuesto. Y yo las escucho y sonrío, pero al mismo tiempo me dan ganas de llorar. Porque sí, lo volvería hacer sin dudas, que digo dudas, lo volvería a hacer con mas certezas de las que tuve, pero eso no le quita ni un ápice al esfuerzo que me ha supuesto. Que me supone. Y a veces estoy muy cansada. Otras, es que simplemente no tengo oxigeno y me quedo sin aire. Nada que no curen unas horas de sueño y de silencio. Yo, como el ave fénix.

Elegí libre y concientemente, después de pensarlo mucho. Elegí responsablemente, conmigo, con mis circunstancias.  Y ese siempre ha sido el argumento más contundente.

Lo que me emociona de la situación, es que me siento más comprendida, ahora. Porque antes, pensaban e imaginaban, y ahora sienten en propia piel. La maternidad redimensiona cosas y obliga a conjugar la revolución emocional que supone, en amor, responsabilidad y trascendencia; con la realidad que impone la gestión de la vida cotidiana, en horarios laborales, derechos laborales, la vida en pareja o la monoparentalidad, los servicios de apoyo a la conciliación, el sistema sanitario, el sistema educativo, las ayudas sociales y pare usted de contar...la gestión del día a día, día si y otro también, con alguien que depende de ti. Es complicado y  sin apoyos (y a veces hasta con ellos) requiere de tu calma y tu serenidad.

Cuando parecía que la opción era "sin compañero" yo elegí no embarazarme para ser madre porque aunque imagino un vínculo mágico, no estoy segura de haber podido soportar sola todos los cambios físicos y hormonales que supone un embarazo, el parto, los primeros meses, por muchos apoyos temporales que hubiera tenido. 


Celebro que H. haya llegado a mi vida "mayor" si puede llamarse mayor a una niña que no ha cumplido los tres años. La he celebrado cada día al acostarme y cada día al amanecer y ver que seguía a mi lado...pero eso no quita los días difíciles, que años después siguen existiendo para convencerme de que no acabarán nunca. Y no está en ellos sino en su contraste, en los muchos días maravillosos que me he permitido vivir, donde está la exacta dimensión de mi valentía...

Pero S. y C. me han hecho recordar unas líneas que escribí tras un par de semanas de convivencia y que hoy rescato en honor a los días duros...porque existen pero como todos, pasan...

Parte de guerra, veinte días después (escrito a dos o tres amigos lo suficientemente cercanos de corazón para entenderme sin entrar en pánico y lo suficientemente lejanos en distancia, como para pensarse lo de presentarse en la puerta de casa)...


...estoy agotada de no estar sola....no me queda nada que aprender 

...H. sabe que puede llorar con todo lo que represente un "no". Y eso es agotador...sobretodo cuando en seis de cada diez rabietas, molesta con mis decisiones H. decide repetir en todo agudo y por todo el tiempo que haga falta la vocal "a", a juegos de diferentes intensidades "aaaaaaaaaaaa". El otro día estuvo como media hora "taladrándome el oído" y en este caso sólo pretende demostrar que la que manda es ella y que, o le hago caso, o va a torturarme. Esto se hace día tras día y cotidianamente bastante duro. Avanzo en saber regularlas, que para eso estamos aquí, pero a veces creo que moriré en el intento...

...como es tan maravillosa, allí por donde pasa va repartiendo besos, todos quedan fascinados y la complacen en cuanto pide. Conclusión: debe pensar que le ha tocado la peor madre del mundo que es la única que no complace siempre sus deseos.

...acto seguido se va con todos menos conmigo y a mi se me arruga el corazón. Se que me quiere, pero lo sé y a veces quiero sentirlo. 

...todo el mundo quiere conocerla y hemos quedado todos los días con alguien lo cuál agrava todo lo anterior. Comenzaré un período de abstinencia porque si no voy/vamos a colapsar.

...hoy la he llevado al pediatra, para la exploración se ha puesto HISTÉRICA simplemente con que le quitara la ropa. Insisto HISTÉRICA...debía sentir que la queríamos matar: se revolcaba y retorcía como nunca y no sabéis cuánta fuerza tiene. Éramos cuatro y casi no podemos. Le ha salido hasta espuma por la boca y los gritos se deben haber oído en la Plaza Mayor. Me ha arañado todo lo que ha querido e incluso ha intentado por unos minutos morderme (de haberlo logrado me hubiera arrancado un trozo de carne seguro). Ha sido horrible, para ella y para mí.

...me han salido unas ronchas horribles en la cara, brazo y pecho. Fui al medico pero con el tratamiento no han remitido (y el médico tenía cara de preocupación), hoy me ha dicho que puede ser otra cosa y me ha mandado otro tratamiento a ver qué tal. Suena horrible y se que costará erradicar lo que sea, así que entre lo que me pican -por suerte a intervalos- y lo que significan -a nivel de estética- tengo mis fortalezas algo disminuidas.

...además de toda la gente que quiere ver a H., la otra mitad de la humanidad y la familia (duplicada en intensidad) quiere "saber de H." así que me llaman. Ella odia que me llamen al menos la mitad de las personas porque eso significa que no la miro y entonces siempre se pone a hablarme-gritarme y si la ignoro le da una rabieta en la que grita más (desquiciante...) 

...le encanta "ir de paseo" pero no le gusta caminar, con lo cuál hasta ayer, porque a partir de hoy he hecho huelga, quiere que la cargue!!! Pesa 14 kilos, de allí la huelga.

...ya lo sabía, muchas madres adoptivas hablan de eso, pero una cosa es saberlo y otra vivirlo. Es evidente que no es mi hija biológica y por lo tanto cualquier persona se siente en el derecho de preguntar por tu intimidad: En sólo una semana he tenido que oír "pobrecita" muchas veces, ¿Qué le pasó a sus padres?, ¿De donde es?, ¿Hace cuanto que está aquí?, ¿Te habrá costado mucho?... y esta partecita no hace más que empezar...

Creo que no tengo nada más de lo que quejarme...de resto sigo convencida de estar en el lugar correcto. Cuando inicie este proceso mi vida cambió y yo comencé a irradiar felicidad, era una apuesta arriesgada pero la necesitaba. 

Hoy, muchos años después, con muchos partes de guerra a cuesta, con ella, con la sociedad, con los horarios laborales y la tan cacareada conciliación, sigo afirmando que tomé la decisión correcta.
Nadie dijo que sería fácil, yo tampoco pude imaginar cuánto iba a ser de mejor.


H., gracias por hacerme vivir, en los días buenos y en los malos. Y gracias también, por enseñarme a aprender, en los días malos, porque a todos ellos siguió un día que fue mejor.

Y gracias S. y C. porque siempre he sabido que estabais allí.