
Me he pasado veintitantos
años lejos de las cosas más significativas del día a día…de la escuela, del
trabajo, de los amigos, de la familia. La distancia limitaba posibilidades de
encuentros, de cosas compartidas, del mejor aprovechamiento. El tiempo
de los traslados nos quitaba media vida. Recuerdo haber sentido que, salvo los
fines de semana, yo nunca veía el sol en mi casa. Salía de noche, volvía de
noche. Es lo que tienen los días tropicales, son cortos.
Por mis ansias de tener un mundo más amplio, he pasado buena
parte de la otra media vida en una ciudad que no llega a los 160 mil
habitantes. Cuando llegué a ella, esa sensación de moverme a pie, (esa y muchas
otras), me hacía flotar de felicidad. Caminaba media hora y me salía de la
ciudad!!!. Todo, absolutamente todo, me parecía cerca. Y esas ansias de un mundo
amplio nunca adormecidas, se dieron cuenta de la calidad de vida que suponía en
el día a día que entre mi casa, la escuela de mi hija y el lugar donde trabajo
no hubiera más de 15 minutos a pie.
Durante el mismo día en el que antes no
veía el sol en mi casa, hoy veo tantas cosas: amanece, vamos al trabajo y de
camino nos encontramos la escuela; en ese camino y sus pequeñas variantes dos
parques infantiles, el carril bici, varias plazas, una gran superficie,
farmacia, banco, quiosco de prensa, gasolinera, cafeterías y bares, el bazar de
los chinos, que no falte…un poquito, de todo lo necesario. Eso es calidad de
vida, no lo que tienes sino lo que puedes saborear.

Las distancias físicas de mis días, son cortas y lo celebro.
Hay, sin embargo, otras distancias que pesan más. Aquellas
que te separan del abrazo de tus afectos más sólidos.
Me descubro a menudo preguntándome cuánto tiempo más pasaré
aquí. Como si no tuviera dudas en relación a que éste, es un lugar de tránsito.
Y cuando pienso en ello, acontece de un tiempo a esta parte, que el lugar
definitivo es un lugar aún más pequeño, muy pequeño, más abarcable aún que
este. Un pueblo diminuto lleno de montañas y de mar. El pueblo de los abuelos y
así… vuelta a empezar. El que ha tenido cercanía quiere amplitud…
Ciertamente para unir unas necesidades y otras, benditas sean las nuevas tecnologías!
Seguramente porque soy una persona que circula a pie, soy de distancias cortas. Siempre he pensado que quizás abarcamos menos... pero abrazamos más.
ResponderEliminarLas nuevas tecnologías nos permiten no sólo tener más cerca a los que queremos... sino convertir en seres "queridos" a personas que no tendríamos cerca.
http://madredemarte.wordpress.com/
Incluso llegar a querer a gente que nunca has visto y que afortunadamente descubres. A las pruebas me remito. Tus post cada día me gustan más ;-)
ResponderEliminarLo mismo digo de los tuyos.
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