Colombia, un país que he aprendido a querer en la distancia.
La primera mano tendida que sentí en esta tierra era colombiana. Nos unió esta ciudad en la que los dos acabábamos de aterrizar. Fue N. alguien tan especial, tan significativo en mi vida en aquel momento, de hace casi un cuarto de siglo, que a través de sus ojos aprendí a amar y a sentir aquella tierra vecina, justo cuando había dejado de serlo.
He estado allí dos veces, para enamorarme de la forma más romántica que uno puede amar en América: olvidándose de lo demás. En uno de esos viajes, recuerdo que no fuimos a donde quisimos sino a donde era posible ir sin riesgos. Los militares en la mesa con nosotros, organizando las vacaciones.
Unos años después de que Colombia entrara en mi corazón, comencé a escuchar y leer historias de víctimas del conflicto armado que llegaron aquí buscando refugio y futuro. Y a través de ellos y de algunas otras personas colombianas, mi amor por su país se hizo incondicional. No sólo amo su belleza como país, sino también la extraordinaria calidad humana de sus gentes, que han tenido que lidiar a lo largo de su vida contra tantos estigmas negativos.
En estos días convulsos pienso en ellos. Y en las lecturas que hice sobre reconciliación política cuando Guatemala me tenía hechizada. Sobre la reconstrucción del tejido social, cuando se habían cometido en ese mismo tejido, tantas atrocidades. Cómo perdonar, cómo aceptar esa presencia compartida con tus propios verdugos en nombre de una paz mayor...
Ignatieff, uno de los autores que más ha escrito sobre este tema, leemos ...reconciliarse significa romper la espiral de la
venganza intergeneracional, sustituir la viciosa espiral descendente de la
violencia, por la virtuosa espiral ascendente del respeto mutuo.
Sé muy poco, por no decir nada, de política, así en general, pero sé mucho de sentimientos. He visto llorar y sufrir a mucha gente que huyó del conflicto y lo ha vivido en carne propia a lo largo de su vida. He pensado en ellos cuando veo que en las zonas donde el conflicto ha hecho más daño, ha ganado el SI a la Paz. Pienso en cómo se vive, que a pesar de tu SÍ, otros digan NO a tu paz, porque no les convence en sus mínimos, en sus costes...o aún peor, porque les da igual y no han salido a posicionarse.
Y así llevo días pensando en esas víctimas que SI querían la PAZ frente a una guerra que sobretodo ellos han padecido...No dejo de preguntarme...¿Donde acaban los derechos de las víctimas? ¿Donde está su poder de perdonar, de reconciliarse con su propia historia si son otros (y no necesariamente los agresores) los que se lo niegan?
Le han dado a Juan Manuel Santos el premio Nobel de la Paz....porque por lo menos lo está intentando...ojalá que como quienes le precedieron: Rigoberta Menchú, Oscar Arias, ...muchos otros; nunca deje de intentarlo.
* Carlos Martín Beristain es médico y especialista en educación para la salud. Desde 1989 ha trabajado en El Salvador, México, Guatemala, y en Colombia, en programas de atención a personas y comunidades afectadas por la violencia, y apoyo a los grupos de derechos humanos. Fue asesor de salud mental del Proyecto de Reconstrucción de la Memoria Histórica y coordinador del informe Guatemala Nunca Más.
Este blog es un regalo. Yo quería tenerlo y alguien que me quiere me lo regaló. Yo quería que mi casa tuviera ventanas y puertas y él me regaló una casa entera. El lo llenó de sol y yo de otoño. Todo tiene su momento. Este es el mío. No tiene un tema, solo tiene un fin aunque todavía no sé cuál es. Está aquí, es mi regalo. Cuidaré de él.
martes, 11 de octubre de 2016
RECONCILIACIÓN
Publicado por
Montse Hernández P.
en
00:21
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lunes, 26 de septiembre de 2016
TIC TAC
Hace unos días comenzó el otoño...
Tres estaciones sin escribir.
Casi a diario he tenido la sensación, la idea, de escribir sobre algo: una conversación con la bella etíope, una imagen, el eco de una canción, una rabia inoportuna, una mirada que te golpea, un lugar en el mapa que te ilusiona...pero finalmente no tuvieron la suficiente fuerza y allí se quedaron adormecidas, mientras a mi me costaba respirar.
Tres estaciones para asumir que hay algo que no me gusta en todo esto que llamamos vida a pesar de todas las cosas buenas que tengo, disfruto y valoro, en la vida que me ha tocado o me he construido. Esa vida que tiene etapas y ésta claramente es una de inflexión. Y, tras sentir a lo largo de los meses muchas cosas, tras reencontrarme, aquí estoy otra vez, pensando en lo vivido.
En este INVIERNO...frío por dentro y por fuera. En invierno, dejé el despacho en el que había trabajado por quince años. No he cambiado de trabajo sino de lugar de trabajo. Me fui a otro sitio para hacer lo mismo y en ese acto se rompieron algunas cosas importantes. La nostalgia de otros momentos en los que tuvimos más ilusión por lo que hacíamos, en los que eramos más inocentes y queríamos cambiar el mundo (nuestro mundo)...desfilaron en ese "hacer limpieza" los rostros de mucha gente, las sensaciones de muchos lugares y la tibieza de muchas presencias valiosas pero perdidas. Y se rompió una de mis certezas, la solidez de una presencia colectiva que hasta ese momento había sido una fortaleza inexpugnable. Ahora, en un lugar más intimo, tan luminoso como aquel que dejamos, calentito en invierno, que hemos hecho nuestro antes de que nos obligaran a que fuera de otros, vamos haciendo lo mejor que podemos y nos dejan, tratando de centrarnos en lo importante, aunque a veces nos cueste verlo en medio de tanto ruido.
...y el invierno pasó sin hacer otros estragos y dio paso a LA PRIMAVERA. Y con el duelo elaborado, dejé atrás las tristezas de la ausencia. Esa que se había extendido de una forma sutil por buena parte de mi ser y no quedó otra, sincronías vitales de por medio, que darle una oportunidad a las cosas que brotaron entonces, intentando quedarnos con la parte bonita, esa en la que todo esta por hacer. Con un eco mediático que nos ayudó a pensar y crecer sin aburrirnos. Refugiados a la vista. Una bocanada de aire fresco. Todo por hacer y yo formaba parte de ese proceso. Construimos la alianza que ha firmado la paz o que al menos marcó una tregua en otras batallas laborales y le dio ilusión
Para entonces, la vida estaba en otros lugares. Nos regalamos el primer viaje sanador. Cruzamos fronteras que falta nos hacia y volvimos bien. Mejor. Con ganas. Volvimos a escuchar música. Decidimos dejar de forzar las cosas. Y aunque el "afuera" en tristezas se había apaciguado. Tuvimos que volver la mirada dentro para acompañar el proceso externo.
El VERANO... lo trajo, nos regalamos vínculos certeros, exploramos nuevos vínculos Un tiempo de asumir las cosas que fuimos viviendo y perdiendo en el camino, para elegir que todo lo que fue, valió la pena, aunque quizás ahora no sea (locuras incluidas). Y es que hay cosas que no son, aunque fueron. Y otras que pudiendo ser, no me apetece que sean....pero todas nos han enseñado a reconocernos en el sentir, sabernos en la capacidad de hacer, de rehacer. Respirar y seguir.
Nos vemos, en este espejo...
Tres estaciones sin escribir.
Casi a diario he tenido la sensación, la idea, de escribir sobre algo: una conversación con la bella etíope, una imagen, el eco de una canción, una rabia inoportuna, una mirada que te golpea, un lugar en el mapa que te ilusiona...pero finalmente no tuvieron la suficiente fuerza y allí se quedaron adormecidas, mientras a mi me costaba respirar.
Tres estaciones para asumir que hay algo que no me gusta en todo esto que llamamos vida a pesar de todas las cosas buenas que tengo, disfruto y valoro, en la vida que me ha tocado o me he construido. Esa vida que tiene etapas y ésta claramente es una de inflexión. Y, tras sentir a lo largo de los meses muchas cosas, tras reencontrarme, aquí estoy otra vez, pensando en lo vivido.
En este INVIERNO...frío por dentro y por fuera. En invierno, dejé el despacho en el que había trabajado por quince años. No he cambiado de trabajo sino de lugar de trabajo. Me fui a otro sitio para hacer lo mismo y en ese acto se rompieron algunas cosas importantes. La nostalgia de otros momentos en los que tuvimos más ilusión por lo que hacíamos, en los que eramos más inocentes y queríamos cambiar el mundo (nuestro mundo)...desfilaron en ese "hacer limpieza" los rostros de mucha gente, las sensaciones de muchos lugares y la tibieza de muchas presencias valiosas pero perdidas. Y se rompió una de mis certezas, la solidez de una presencia colectiva que hasta ese momento había sido una fortaleza inexpugnable. Ahora, en un lugar más intimo, tan luminoso como aquel que dejamos, calentito en invierno, que hemos hecho nuestro antes de que nos obligaran a que fuera de otros, vamos haciendo lo mejor que podemos y nos dejan, tratando de centrarnos en lo importante, aunque a veces nos cueste verlo en medio de tanto ruido.
...y el invierno pasó sin hacer otros estragos y dio paso a LA PRIMAVERA. Y con el duelo elaborado, dejé atrás las tristezas de la ausencia. Esa que se había extendido de una forma sutil por buena parte de mi ser y no quedó otra, sincronías vitales de por medio, que darle una oportunidad a las cosas que brotaron entonces, intentando quedarnos con la parte bonita, esa en la que todo esta por hacer. Con un eco mediático que nos ayudó a pensar y crecer sin aburrirnos. Refugiados a la vista. Una bocanada de aire fresco. Todo por hacer y yo formaba parte de ese proceso. Construimos la alianza que ha firmado la paz o que al menos marcó una tregua en otras batallas laborales y le dio ilusión Para entonces, la vida estaba en otros lugares. Nos regalamos el primer viaje sanador. Cruzamos fronteras que falta nos hacia y volvimos bien. Mejor. Con ganas. Volvimos a escuchar música. Decidimos dejar de forzar las cosas. Y aunque el "afuera" en tristezas se había apaciguado. Tuvimos que volver la mirada dentro para acompañar el proceso externo.
El VERANO... lo trajo, nos regalamos vínculos certeros, exploramos nuevos vínculos Un tiempo de asumir las cosas que fuimos viviendo y perdiendo en el camino, para elegir que todo lo que fue, valió la pena, aunque quizás ahora no sea (locuras incluidas). Y es que hay cosas que no son, aunque fueron. Y otras que pudiendo ser, no me apetece que sean....pero todas nos han enseñado a reconocernos en el sentir, sabernos en la capacidad de hacer, de rehacer. Respirar y seguir.
Y estás aquí OTOÑO, con todo lo que me gustas y enamoras y yo sé que te recibo mejor, serena, consciente y me parece que no es poco a juzgar de donde venimos.
Nos vemos, en este espejo...
domingo, 3 de enero de 2016
CAMAS
Hace unos días, un nuevo viaje nos obligaba a cambiar de cama.
Pensaba en esa última noche, en la cama habitual, además de en el madrugón que me tocaba, en lo que supone la tibieza de los espacios conocidos. Lo reparador que es un sueño tranquilo cuando liberados de las obligaciones, las urgencias y las censuras del día, uno se entrega a los brazos de Morfeo, sabiéndose protegido y resguardado en un rincón amigo...
En esos días, como sucede siempre a la víspera, mientras me acuno en mi cama para dormir esa última noche, tengo una exagerada consciencia del "Mañana no dormiré aquí"... y esa evocación de un amanecer del día siguiente en otro lecho, me extraña; pero también me gusta. Es como si mis sueños fueran distintos, mis sensaciones se renovaran y ese nuevo despertar supusiera siempre una nueva forma de mirar el día...Ese amanecer del ¿Dónde estoy?...¿para qué he venido hasta aquí?...¿qué es lo que toca hacer ahora?
En tu cama estas acostumbrado a su textura, a su olor, a su tibieza, a sus sonidos, que son los de tu noche, esas sensaciones en las que siempre te reconoces. Pensaba en esa cama velando mis sueños, acompañando mis desvelos, en las noches de soledad y de compañía que he pasado en ella. En las veces que la he cedido en nombre de la comodidad y la libertad.
Y como una cosa lleva a la otra, entonces pensé en las camas de este año, las camas ajenas, que albergaron mi sueño. Esas camas ocasionales de los hoteles que velaron nuestro transito viajero y laboral. En las camas de las casas amigas que posibilitan la continuidad del contacto. Camas tras sobremesas eternas, camas que llegaron tras apagarse el ruido del día, camas que son ese hogar compartido con los amigos y la familia de roce. Camas planificadas y alguna que otra sobrevenida.
Que suerte tener amigos que te ofrezcan una cama...pienso en cuantos de mis amigos de hoy han nacido de la posibilidad de un hogar que velara nuestros sueños compartidos...y cuando digo cama, digo sofá, tienda de campaña o hamaca...porque para dormir solo hace falta tener sueño y sueños, sentirte segura de dejarte caer en brazos del rey de los sueños, tener en quién y qué pensar...
Duermo poco, pero duermo bien. Y eso es un regalo. Y es un regalo también mi cama de estos días que me regala directamente un amanecer con solo abrir los ojos. Sí, en estos días, todos los días... "Amanece, que no es poco"
Pensaba en esa última noche, en la cama habitual, además de en el madrugón que me tocaba, en lo que supone la tibieza de los espacios conocidos. Lo reparador que es un sueño tranquilo cuando liberados de las obligaciones, las urgencias y las censuras del día, uno se entrega a los brazos de Morfeo, sabiéndose protegido y resguardado en un rincón amigo...
En esos días, como sucede siempre a la víspera, mientras me acuno en mi cama para dormir esa última noche, tengo una exagerada consciencia del "Mañana no dormiré aquí"... y esa evocación de un amanecer del día siguiente en otro lecho, me extraña; pero también me gusta. Es como si mis sueños fueran distintos, mis sensaciones se renovaran y ese nuevo despertar supusiera siempre una nueva forma de mirar el día...Ese amanecer del ¿Dónde estoy?...¿para qué he venido hasta aquí?...¿qué es lo que toca hacer ahora?
En tu cama estas acostumbrado a su textura, a su olor, a su tibieza, a sus sonidos, que son los de tu noche, esas sensaciones en las que siempre te reconoces. Pensaba en esa cama velando mis sueños, acompañando mis desvelos, en las noches de soledad y de compañía que he pasado en ella. En las veces que la he cedido en nombre de la comodidad y la libertad.
Y como una cosa lleva a la otra, entonces pensé en las camas de este año, las camas ajenas, que albergaron mi sueño. Esas camas ocasionales de los hoteles que velaron nuestro transito viajero y laboral. En las camas de las casas amigas que posibilitan la continuidad del contacto. Camas tras sobremesas eternas, camas que llegaron tras apagarse el ruido del día, camas que son ese hogar compartido con los amigos y la familia de roce. Camas planificadas y alguna que otra sobrevenida.
Que suerte tener amigos que te ofrezcan una cama...pienso en cuantos de mis amigos de hoy han nacido de la posibilidad de un hogar que velara nuestros sueños compartidos...y cuando digo cama, digo sofá, tienda de campaña o hamaca...porque para dormir solo hace falta tener sueño y sueños, sentirte segura de dejarte caer en brazos del rey de los sueños, tener en quién y qué pensar...
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