domingo, 22 de julio de 2012

NIDO


Del latín nidus…

Aunque el diccionario de la Real Academia no ilumina mis ideas cuando pienso en esta palabra; Wikipedia sí lo hace: “… lugar de refugio utilizado por animales para procrear y criar a su descendencia. Los ovíparos (aves, reptiles, insectos, peces) depositan sus huevos y los incuban en los nidos, mientras que los mamíferos paren en ellos, pero todos crían, posteriormente, allí a su prole”.


Hace unos meses oí hablar de un test proyectivo en el que se le pedía al paciente que dibujaran un nido. Se utiliza para explorar los procesos de apego y vinculación entre otras cosas. Los ejemplos, que ese día nos mostraron, no dejaban lugar a dudas. Como muchas otras técnicas proyectivas, es increíble la riqueza que ofrece nuestro inconsciente, cuando encuentra formas de expresión más simbólicas. Recordé entonces el famoso Síndrome del nido vacío como reflejo de esa ausencia de aquellos a quienes hemos tenido que alimentar y en quienes hemos volcado el sentido de nuestra vida. Criar es un reto que tiene su grandeza pero, sólo criar, es un error.

Mi nido, éste que me acuna desde hace once años, está lleno en estos días. Tengo a los que me criaron y a la que crío, juntos. Separadas ambas tareas por cuatro décadas. He sido una niña feliz, fui criada en un hogar lleno de afecto y salvo eso, que se me dio a borbotones, de todo lo demás tuve sólo lo necesario. Creo que esa combinación, es mi fortaleza. Mi hija está creciendo en un hogar lleno de afecto, aunque más solitario. Le faltan otros referentes. Que ya  llegarán. Crece con más abundancia de otras cosas y no sé si se da cuenta de lo que valen. Por eso veo mi fortaleza.

Ya no puedo dibujar un nido inocentemente pero estoy segura de que mi nido tendría crías y también estoy segura de que ese nido estaría asentado firmemente en las ramas de un árbol grande y frondoso. No estoy segura de que los bao-bag alberguen nidos pero ha sido allí, en África, donde yo encontré a mi cría. Y me alegro enormemente de ello.

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